lunes, 31 de diciembre de 2018

PORFIADOS QUIZÁS, PÉRFIDOS JAMÁS


TEMA   : “PORFIADOS QUIZÁS, PÉRFIDOS JAMÁS”.

FECHA : HOMILÍA SANTA MISA  FIN AÑO 2018 / PUERTO CLARO.

Al caer el día, nos reunimos para celebrar nuestra Santa Misa, tal como lo hemos venido haciendo los últimos veintitrés años unas nueve mil veces, lo que implica una gracia inmensa al saber que Nuestro señor cumple su promesa hecha en lka Ultima Cena de estar junto a nosotros en su cuerpo y sangre “hasta el fin de los tiempos”.
Sin duda apoyamos nuestras esperanzas, nuestras certezas, nuestras acciones e intenciones  en su gracia que no defrauda porque siempre es más generosa que nuestros anhelos y necesidades…Dios siempre puede más…Siempre nos ama más…porque es Dios.
Hemos iniciado nuestra santa Misa como habitualmente lo hacemos implorando el perdón del Señor por nuestras pecados de “pensamiento, palabra, obra y omisión”, toda vez que leemos en el libro del Apocalipsis que “nada impuro entrará en el Reino de los Cielos” (Apocalipsis XXI, 27)  del cual es un anticipo la celebración de la Santa Misa, por ello nada la puede anteceder en importancia para la vida de la Iglesia toda vez que “la Iglesia hace Eucaristía y la Eucaristía hace Iglesia”. En la vereda de la fidelidad la devoción eucarística no es un adorno para lucir ni un accesorio requerido, sino que forma parte de su esencia cual es Cristo, “el mismo ayer, hoy y siempre”.
Sería una ilusión pretender desconocer que el año civil que hoy culmina no haya estado mercado por la dificultad y dramatismo como ningún otro en el paso de la Iglesia en Chile, teniendo presente que hemos celebrado un Año Eucarístico Nacional y que tuvimos la visita del actual Romano Pontífice.

                                                                   27 AÑOS CAPELLÁN SAINT PETER’S


La prensa y las redes sociales destacaron la visita como la más compleja de todo el corto pontificado del Papa Francisco, la cual finalizó con la renuncia de la mayoría de los obispos en ejercicio, excepto de dos, que se negaron a hacerlo, uno de los cuales fue requerido por los tribunales de justicia. Han sido días donde, desde el Norte al Sur, la fe la verdadero nuevo Pueblo de Dios ha sido probada de múltiples maneras, la cual ha estado indemne tal como lo constamos el día de la Inmaculada Concepción con las Primeras Comuniones en nuestra parroquia y la masiva asistencia a la tradicional Misa de nochebuena. Dios no deja de sorprendernos por la grandeza de su bondad, por lo que “sabemos en quien hemos puesta nuestra confianza”..Scio cui credidi et certus suum. (2 Timoteo I, 12).  M h
En 1951 se celebró un Congreso Eucarístico en Valparaíso, la escuadra nacional y los pescadores realizaron una procesión naval, la misa central estuvo en la Avenida  Pedro Montt, erigiendo un altar monumental en la Plaza Italia, una cuadrilla de aviones que sobrevolaban en forma de cruz pasó sobre el lugar, miles de niños de Primera Comunión vestidos los niños de riguroso negro y las niñas de blanco dieron un marco de piedad y pureza ejemplar en el Estadio  Municipal de Playa Ancha, colmado de fieles. De ello han pasado 67 años. Por cierto, en aquel tiempo una mayoría de los chilenos reconocía su pertenencia a la Iglesia Católica, y aceptaba la mayoría de las enseñanzas de la Iglesia, aunque el germen del liberalismo masificado dos siglos antes ya erosionaba la fidelidad y pureza en vida y doctrina al interior de la familia católica.
En efecto, el naturalismo, que es como un “holding” de errores referidos a las verdades de la fe, llevan, entre otras cosas, a justificar los vicios y virtudes como algo propio de la naturaleza en la cual Dios nada tiene que ver porque, de acuerdo a la esencia del liberalismo  donde el hombre es autónomo de Dios, por lo que la vida y la fe caminan por veredas distintas, según lo cual sostienen equívocamente que el hombre como parte de la sociedad puede “tener recreo” en su vida católica, que queda encerrada en los templos y la conciencia. El acto de arrinconar a Dios conlleva algunas consecuencias muy precisas:
Según la  teología liberal se puede actuar como católico al interior de la familia, del templo y de la conciencia, sin molestar al entorno con nuestra creencia, la cual,  termina como el denario enterrado de la parábola de los talentos (San Mateo XXV, 14-30)  por cobardía y falsos respetos humanos.
Por otra parte, como miembro de la sociedad se termina aceptando todo tipo de aberraciones que van  desde el aborto, el divorcio, la eutanasia, pasando por la ideología del género, y el gaycismo. Seamos claros: El católico debe serlo estando sólo o acompañado, como individuo y como parte de la sociedad…
No se puede ser católico hasta la tarde y demonio por la noche; no se puede ser creyente católico de domingo a jueves, y vivir como paganos los viernes y sábados. O procuramos, apoyados en la gracia ser fieles en todo y siempre; o cederemos a serlo a veces y en nada, según lo cual se vive como se cree o se termina –tristemente- viviendo aquello que se vive.


                                                    PUERTO CLARO CHILE DICIEMBRE 2018


Al ser presentado Jesús al octavo día de nacido en el templo, el anciano Simeón señaló que “Este Niño será signo de contradicción” (San Lucas II, 33-34) por lo cual,  constituye  una quimera pretender implementar una vida espiritual con rebajas, y una pastoral inocua que no termina convenciendo a nadie: sin vocaciones, sin creatividad, y sin santidad, en una palabra el  abajismo teológico, moral, y social lleva a ceder antes que luchar,  a dialogar antes que profesar, lo cual es la base del creyente acomplejado que no hace apostolado, que no promueve vocaciones…que no mira hacia el Cielo, que pretende avanzar sin saber hacia  dónde y con quién lo hace.  
Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre, no es una moda pasajera que puede arbitrariamente aceptarse o desecharse por el simple acto de un gusto. Nuestras certezas nacen de la revelación que Dios ha hecho de si y de su obra en la Sagrada Escritura; nuestra fe se ve fortalecida por virtud de la participación de la Sagrada Eucaristía donde Jesús se entrega como “alimento” que nutre y une, sin el cual no es posible una verdadera vida cristiana. Ante el planteamiento de una “comunidad unionista” que haga del santo sacrificio eucarístico un acto simbólico sólo cabe una respuesta, que es repetir lo que indicaron los primeros creyentes en plena era apostólica: “non posumus”…! No se puede vivir sin la Misa! ¡No hay verdadera Iglesia sin la Misa! Y ello ha sido refrendado por la sangre de Cristo y de los mártires en el pasado, presente y no dejará de serlo en el futuro.
Precisamente en los tiempos de mayor dificultad los primeros cristianos obtuvieron su fuerza interior en torno a la participación en la  Santa Misa, en la cual escuchaban la palabra de Dios y recordaban todo lo enseñado por Cristo y sus discípulos. La fuerza de su vida “pastoral” no se sustentaba en diálogos, acuerdos y programas sino en convicciones y fidelidades mutuas: “Yo seré para ti tu único Dios, y tú serás para Mí, mi único pueblo” (Jeremías XXXII, 38).
¿Se imagina alguien a San Pablo llegando a acuerdos con los no creyentes? ¿A los discípulos transando verdades con la implementación de falsos respetos humanos? ¿A San Juan Bautista diciendo al rey inicuo que conviviera con la mujer de su hermano no más porque ello no molestaba a Dios? (San Mateo XVI, 4)  Nada de eso ocurrió porque prefirieron morir antes que mentir y procurar “porfiadamente” “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos V, 29).

                                                  MARIACHIS EN PUERTO CLARO CHILE



Sin duda,  los apóstoles fueron porfiados ante quienes cuestionaban su estilo de vida, los primeros cristianos como a lo largo de la historia de la Santa Iglesia han sido porfiados ante la cerrazón de quienes por “un simple plato de lentejas” o “unas pocas cebollas de esclavitud” han mirado el pasado petrificado por la sal de las modas y las conveniencias, las cuales – inequívocamente- claudican ante el mundo traicionando a nuestro Dios y su única Iglesia, fuera de la cual no hay salvación. Por esto, es mejor ser porfiado que terminar perdiendo el frescor de una fe de la cual somos custodios y herederos. Todo santo tuvo a lo largo de toda su vida  algo de porfiado pero nada de pérfido…
En el umbral del inicio de un Año Nuevo civil, renovamos nuestra fe con el corazón palpitando en nuestro altar, dando gracias por todos los bienes recibidos a lo largo de este año que acaba, e implorando por medio de la Santísima Virgen María, que el tiempo que viene sea propicio a la fe, particularmente al interior de la familia, donde se fragua el futuro del mundo.
Que nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, Patrona de Valparaíso, y de nuestra Sede Parroquial, nos conceda el regalo de ser fieles a las enseñanzas bimilenarias de Dios y de su Iglesia, para así poder  dar el mejor servicio que el mundo de hoy tanto necesita: buscar,  encontrar,  y vivir en Dios. ¡Que Viva  Cristo Rey! Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario