TEMA : EL CAMINO PARA LLEGAR A JESUS ES LA VIRGEN
FECHA: FESTIVIDAD PATRONAL PUERTO CLARO / 2024
“No podían llegar hasta Él a causa de la gente”.
Si el objeto prioritario de la
evangelización fuese “estar con la gente” no se entiende cómo constituyó
un obstáculo para que la Virgen y los apóstoles se acercaran a Jesús, lo cual,
se explica porque muchos se acercaban por simple curiosidad, otros porque algo
les podía reportar de beneficio…algunos “panes y pescado” recibirían, y
algunos para tender una trampa para exponer a Jesús a una sentencia adversa.
Tras la expresión del Evangelio: “No
podían llegar hasta Él” descubrimos que en la actualidad -también- hay
quienes deseando encontrar a Jesucristo, no terminan por reconocerlo porque no
encuentran a quien se los muestre, porque no están dispuestos a renunciar al
estilo de vida que se lleva, porque han recibido una enseñanza religiosa
licuada al extremo de la inconsistencia. Son múltiples las razones que se
esgrimen para no acabar de estar con Cristo, pero una sólo es necesaria para
conocerle, la cual, nace del desasimiento interior del yo para colocarse en las
manos de la divina providencia.
Aquel grupo encabezado por la
Santísima Virgen debió quedar en la antesala, esperando con fe la respuesta que
Jesucristo daría, la que estaría revestida de un aparente desconocimiento hecho
por una pregunta evasiva… ¿Quién es mi padre y mis familiares?” con el
fin de proclamar, públicamente, el mayor de los reconocimientos por medio de
una frase inclusiva.
En efecto, dice Jesús que los
lazos familiares más estrechos son aquellos que emanan de la certeza que da el
don de la fe. Por fuerte que pueda ser la pertenencia a una realidad por
razones biológicas, ancestrales, y etarias, no hay un vínculo más estrecho que
nos pueda mantener unidos que aquel que el mismo Dios ha establecido.
Recordando la Escritura Santa que afirma:
“En vano se cansan los albañiles si el Señor no construye la casa”,
diremos que todo esfuerzo en vistas a fortalecer el espíritu fraterno terminará
doblegado si acaso no es la voluntad de
Dios puesta como algo prioritario en el devenir de la sociedad, para alcanzar una fraternidad que no
se vea amenazada por la violencia, la desconfianza y el amor propio.
Insertos en una sociedad que
verifica que nunca antes han existido mas organizaciones que defiendan los
derechos, que son múltiples los medios que hablan del respeto a la persona
humana, igualmente constatamos que la vida humana jamás ha sido tan mancillada
como lo es en la vida presente, de lo cual, no sólo son responsables las
generaciones precedentes, sino que no dejan de tener autoría todas aquellas que
han olvidado que un mundo puede ser construido dejando de lado a Dios, pero
ello, no daña a Dios en nada, pero sí ocasiona en la vida humana y en la vida
social múltiples consecuencias.
El ímpetu por instalar sistemas
que han demostrado durante décadas una dinámica empobrecedora, nos hace ver
cómo -también- en aquellos días las divisiones nacían y se mantenían a causa de
que no se seguían en fidelidad los caminos que Dios había establecido desde
antiguo, y que ahora nuestro Señor explicitaría notablemente: “¿Quiénes son
mi madre y mis parientes? Aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la
cumplen”. Para un creyente el cumplir los mandamientos de Dios es como el termómetro
que nos refiere si estamos o no en el camino verdadero.
Esta Solemnidad liturgia de
Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, nos lleva a recordar que
estamos a sólo doce años de celebrar los primeros quinientos años de Valparaíso,
y que en la próxima Misa de Nochebuena iniciaremos un Año Jubilar de la
Redención que se realiza cada veinticinco años. Personalmente será para el Cura
Párroco que habla una bendición inmerecida el hecho de poder estar en una misma
comunidad parroquial en dos jubileos, donde el Cielo está abierto para impartir
la misericordia, particularmente, con la recepción del sacramento de la
confesión y de la indulgencia plenaria.
Será una oportunidad para
profundizar nuestra fe y dar testimonio del amor a Dios prodigado hacia
nuestros hermanos en la fe y a quienes están llamados a participar de ella un
día. ¡La tarea es enorme!
En modo alguno podríamos
sentirnos abrumados ante el atrio que se nos avecina puesto que, hay dos
momentos favorables para la vida de los creyentes: los de la persecución y los
de la misericordia. ! ¡Y en eso estamos!
“¿Quién es mi Madre…la que cumple
los Mandamientos de mi Padre”
El Buen Dios ha querido
mostrarnos cómo llegar a Él por medio de su Madre, la cual, fue asociada a
nuestra vida en lo alto del Calvario al decir a San Juan Evangelista: “!
Hijo, ¡he ahí a tu Madre!”, por lo que aquel joven discípulo, testigo
privilegiado de la Transfiguración en el Monte Tabor, testigo primario del
sepulcro vacío en Jerusalén, recibió a la Virgen en su hogar porque previamente
la acogió en su corazón.
Hermanos: No se puede entender la
vida espiritual del cristiano al margen de la de la Virgen Santísima. ¡Si
amamos a Cristo no podemos dejar de hacerlo con María! Es una fantasía hecha
pesadilla pretender presentar una amistad con Cristo que prescinda de la
devoción a la Madre de Dios.
De inmediato lo entendieron los
Doce Apóstoles que esperaron la venida del Espíritu Santo en Pentecostés “presididos
por la Virgen”, así lo vivieron los Padres de la Iglesia, como San Idelfonso
de Toledo que llamó a la Virgen “Mansión de Dios”, así lo han vivido los
mejores hijos de la Iglesia y de la sociedad como son los santos, uno de los
cuales, recientemente elevado a los altares escribió: “La Virgen María es la
única mujer em mi vida” (San Carlo Acutis), finalmente,
es lo que han enseñado invariablemente el Magisterio de la Iglesia en la voz de
los Pontífices, uno de los cuales nos invita a orar al “Hijo de la
Bienaventurada”: “Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la
Bienaventurada Virgen María , abre tus oídos y escúchame, así como escuchaste
al Padre en Monte Tabor; Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la
Bienaventurada Virgen María, abre tus ojos y mírame, así como miraste desde lo
alto de la Cruz a tu Madre querida, afligida de dolor; Jesucristo, mi Señor
crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tu boca y háblame,
así como le hablaste a San Juan cuando le diste por hijo a tu Madre;
Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo
de la Bienaventurada Virgen María, abre tus brazos sagrados y abrázame, así
como los abriste sobre el árbol de la Cruz para abrazar al género humano”;
Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre
tu corazón, recibe el mío y concédeme lo que te pido, si tal es tu voluntad”.
Amén” (Papa
Antonio Ghislieri, San Pio V). ¡Que
Viva Cristo Rey!
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