martes, 1 de octubre de 2024

 

TEMA  :  EL CAMINO PARA LLEGAR A JESUS ES LA VIRGEN

FECHA:  FESTIVIDAD  PATRONAL  PUERTO  CLARO  /  2024

“No podían llegar hasta Él a causa de la gente”.

Si el objeto prioritario de la evangelización fuese “estar con la gente” no se entiende cómo constituyó un obstáculo para que la Virgen y los apóstoles se acercaran a Jesús, lo cual, se explica porque muchos se acercaban por simple curiosidad, otros porque algo les podía reportar de beneficio…algunos “panes y pescado” recibirían, y algunos para tender una trampa para exponer a Jesús a una sentencia adversa.

Tras la expresión del Evangelio: “No podían llegar hasta Él” descubrimos que en la actualidad -también- hay quienes deseando encontrar a Jesucristo, no terminan por reconocerlo porque no encuentran a quien se los muestre, porque no están dispuestos a renunciar al estilo de vida que se lleva, porque han recibido una enseñanza religiosa licuada al extremo de la inconsistencia. Son múltiples las razones que se esgrimen para no acabar de estar con Cristo, pero una sólo es necesaria para conocerle, la cual, nace del desasimiento interior del yo para colocarse en las manos de la divina providencia.

Aquel grupo encabezado por la Santísima Virgen debió quedar en la antesala, esperando con fe la respuesta que Jesucristo daría, la que estaría revestida de un aparente desconocimiento hecho por una pregunta evasiva… ¿Quién es mi padre y mis familiares?” con el fin de proclamar, públicamente, el mayor de los reconocimientos por medio de una frase inclusiva.

En efecto, dice Jesús que los lazos familiares más estrechos son aquellos que emanan de la certeza que da el don de la fe. Por fuerte que pueda ser la pertenencia a una realidad por razones biológicas, ancestrales, y etarias, no hay un vínculo más estrecho que nos pueda mantener unidos que aquel que el mismo Dios ha establecido. Recordando la Escritura  Santa que afirma: “En vano se cansan los albañiles si el Señor no construye la casa”, diremos que todo esfuerzo en vistas a fortalecer el espíritu fraterno terminará doblegado si acaso  no es la voluntad de Dios puesta como algo prioritario en el devenir de la sociedad,  para alcanzar una fraternidad que no se vea amenazada por la violencia, la desconfianza y el amor propio.

Insertos en una sociedad que verifica que nunca antes han existido mas organizaciones que defiendan los derechos, que son múltiples los medios que hablan del respeto a la persona humana, igualmente constatamos que la vida humana jamás ha sido tan mancillada como lo es en la vida presente, de lo cual, no sólo son responsables las generaciones precedentes, sino que no dejan de tener autoría todas aquellas que han olvidado que un mundo puede ser construido dejando de lado a Dios, pero ello, no daña a Dios en nada, pero sí ocasiona en la vida humana y en la vida social  múltiples consecuencias.

El ímpetu por instalar sistemas que han demostrado durante décadas una dinámica empobrecedora, nos hace ver cómo -también- en aquellos días las divisiones nacían y se mantenían a causa de que no se seguían en fidelidad los caminos que Dios había establecido desde antiguo, y que ahora nuestro Señor explicitaría notablemente: “¿Quiénes son mi madre y mis parientes? Aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. Para un creyente el cumplir los mandamientos de Dios es como el termómetro que nos refiere si estamos o no en el camino verdadero.

Esta Solemnidad liturgia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, nos lleva a recordar que estamos a sólo doce años de celebrar los primeros quinientos años de Valparaíso, y que en la próxima Misa de Nochebuena iniciaremos un Año Jubilar de la Redención que se realiza cada veinticinco años. Personalmente será para el Cura Párroco que habla una bendición inmerecida el hecho de poder estar en una misma comunidad parroquial en dos jubileos, donde el Cielo está abierto para impartir la misericordia, particularmente, con la recepción del sacramento de la confesión y de la indulgencia plenaria.

Será una oportunidad para profundizar nuestra fe y dar testimonio del amor a Dios prodigado hacia nuestros hermanos en la fe y a quienes están llamados a participar de ella un día. ¡La tarea es enorme! 

En modo alguno podríamos sentirnos abrumados ante el atrio que se nos avecina puesto que, hay dos momentos favorables para la vida de los creyentes: los de la persecución y los de la misericordia. ! ¡Y en eso estamos!

 

“¿Quién es mi Madre…la que cumple los Mandamientos de mi Padre”

El Buen Dios ha querido mostrarnos cómo llegar a Él por medio de su Madre, la cual, fue asociada a nuestra vida en lo alto del Calvario al decir a San Juan Evangelista: “! Hijo, ¡he ahí a tu Madre!”, por lo que aquel joven discípulo, testigo privilegiado de la Transfiguración en el Monte Tabor, testigo primario del sepulcro vacío en Jerusalén, recibió a la Virgen en su hogar porque previamente la acogió en su corazón.

Hermanos: No se puede entender la vida espiritual del cristiano al margen de la de la Virgen Santísima. ¡Si amamos a Cristo no podemos dejar de hacerlo con María! Es una fantasía hecha pesadilla pretender presentar una amistad con Cristo que prescinda de la devoción a la Madre de Dios.

De inmediato lo entendieron los Doce Apóstoles que esperaron la venida del Espíritu Santo en Pentecostés “presididos por la Virgen”, así lo vivieron los Padres de la Iglesia, como San Idelfonso de Toledo que llamó a la Virgen “Mansión de Dios”, así lo han vivido los mejores hijos de la Iglesia y de la sociedad como son los santos, uno de los cuales, recientemente elevado a los altares escribió: “La Virgen María es la única mujer em mi vida” (San Carlo Acutis), finalmente, es lo que han enseñado invariablemente el Magisterio de la Iglesia en la voz de los Pontífices, uno de los cuales nos invita a orar al “Hijo de la Bienaventurada”: “Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María , abre tus oídos y escúchame, así como escuchaste al Padre en Monte Tabor; Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus ojos y mírame, así como miraste desde lo alto de la Cruz a tu Madre querida, afligida de dolor; Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tu boca y háblame, así como le hablaste a San Juan cuando le diste por hijo a tu Madre; Jesucristo, mi Señor  crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus brazos sagrados y abrázame, así como los abriste sobre el árbol de la Cruz para abrazar al género humano”; Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tu corazón, recibe el mío y concédeme lo que te pido, si tal es tu voluntad”. Amén” (Papa Antonio Ghislieri, San Pio V).    ¡Que Viva Cristo Rey!








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