jueves, 12 de julio de 2018

MARÍA: LA MADRE DEL HIJO


MEDITACIÓN SEGUNDA NOVENA DEL CARMEN 2018.

  ¡MADRE DEL HIJO!
Uno de los nombres basilares que recibió la Virgen María de los primeros creyentes fue: “Madre de Jesús”. Durante la vida pública los vecinos de Nazaret y otros lugares se preguntaban: “¿No es este el hijo de María?”.  Lo que les parecía un escándalo, toda vez que no comprendían cómo tales milagros y enseñanzas proviniesen de quien “no llamaba la atención” porque era una persona “común y corriente”…No había participado en reconocidas escuelas de liderazgo rabínico  ni exhibía títulos ni condecoraciones por doquier. Era visto como un hijo más de una joven doncella, que dio a luz a Luz del mundo en un establo para animales en la localidad de Belén, mismo lugar en la cual siglos atrás había nacido el rey David. Pero, este Jesús sólo tenía a María como su Madre. En la pregunta hecha por los nazarenos ¿No es este el hijo de María? Subyace el germen de lo que será el fundamento de toda piedad hacia la Virgen hecha veneración y reconocimiento a Jesús, el Hijo Unigénito de Dios por medio de María Santísima…La Madre del Hijo.

La maternidad de la Virgen es reconocida por los Apóstoles que “oran junto a Ella” y  “la reciben en su hogar” pues Jesús fue engendrado en el vientre de María, y durante meses se gestó y desarrolló ininterrumpidamente  como cada uno de nosotros lo hizo en el cuerpo de nuestras madres durante nueve meses.

No se trata sólo de una maternidad biológica, sino que Nuestro Señor recibió de la Virgen, su Madre verdadera,  todas las lecciones propias de cada una de las etapas de crecimiento, y no por un tiempo limitado por una mayoría de edad que tanto se suele anhelar en la actualidad  a causa del espíritu autonomista, sino que durante tres décadas vivió sujeto, escuchando y siguiendo lo que sus padres le indicaban.

En efecto, leemos que luego se ser encontrado por sus padres -José y María-  en el templo de Jerusalén, rodeado de maestros que preguntaban y escuchaban con asombro,  el joven Jesús –de sólo doce años- regresó con ellos y vivió “obediente” a su padre y su madre. Esto confiere al amor filial un valor enorme a los ojos de Dios, toda vez que si queremos imitar a Jesús, si queremos seguir al pie de la letra sus enseñanzas sería fantasioso no hacerlo respecto del amor y servicio hacia nuestros padres.

Sin duda,  la Virgen Santísima con su piedad humana respondió a Dios a la medida de Dios, lo que la llevó a  “guardar todo en su corazón” y a responder con diligencia al programa de vida, que de manera inesperada le proponía  Dios Padre. Así vemos que, el día de Anunciación pregunta: ¿Cómo será si no conozco varón?...Ante la respuesta del Arcángel la Virgen señala: “Hágase en mi según tu palabra”. Luego,  ante la realidad de dar a luz en un pesebre la Virgen responde cobijando a Jesús entre sus brazos y cubriéndolo en pañales; a los pocos días debe partir a Egipto al exilio para proteger a su Hijo y Dios a quien la sociedad y sus autoridades querían eliminar por sus leyes y protocolos… ¿Qué hizo María?  ¡Defendió al Hijo!

Jesús, en virtud del misterio de la Encarnación asumió en todo la condición humana menos el pecado, por esto,  cumplió los Diez Mandamientos, el cuarto de los cuales nos dice: “Honrarás al padre y a la madre”. No se puede ser hermano en Cristo sino se reconoce primero la maternidad de María. Así como no se habla de ser madre sin referencia al hijo, del mismo modo no se entiende ser hijo sin referencia a la madre, la cual –en el caso de la Virgen- es única tal como su Hijo y Dios lo es.

MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

Como la Virgen enseñó a Jesús,  de la misma manera las madres deben procurar ser fieles en transmitir la doctrina y el estilo de vida, que el Señor le encomienda de manera indelegable, particularmente en medio de la tempestad de apostasía en que estamos inmersos. Por cierto, María,  Madre del Hijo nos recuerda que no se puede cambiar una ley moral de origen divino, del mismo modo que no se puede cambiar las leyes de la física. Tales leyes inscritas por Dios en la naturaleza nos evidencian una gran verdad: que cuando el hombre juega a ser Dios lo termina pagando caro siempre.

Entonces, no es lícito “hacer el mal para que venga un bien” (Romanos III, 8). Y como toma madre la Virgen Santísima por cierto “aprendió de Jesús” –como los que escuchaban atentos en el templo cuando se extravió por tres días-, mas,  por particular designio divino,  fue Ella la que enseñó a Jesús a caminar, a ponerse de pie, a jugar, a visitar habitualmente a sus abuelos –Joaquín y Ana- a balbucear las primeras palabras, a fortalecer los vínculos familiares, como con Juan Bautista, y sus demás primos descritos en el Evangelio.

LA VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS

La “normalidad” de Jesús que para algunos era sorprendente fue dada en parte por aquella que las generaciones y generaciones no han dejado de reconocer como “Madre del Hijo” ¡Que Viva Cristo Rey!

                

lunes, 9 de julio de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, HIJA DEL PADRE


 DÍA PRIMERO SANTA NOVENA / 9 DE JULIO DEL 2018


                                                     VIRGEN MARÍA: ¡HIJA DEL PADRE!


Iniciamos este día la preparación para la celebración de la Solemnidad de Nuestra Reina y Madre, la Virgen del Carmen, que desde el inicio de la historia patria ha ocupado un lugar principal en la devoción de los creyentes y ha sido un vínculo insustituible de unidad en momentos de mayor dificultad.

La condición de “Hija del Padre” emerge directamente por un acto de amor de Dios Padre que, llegada la plenitud de los tiempos, viendo el desvarío de la humanidad,  envía a su Hijo unigénito al mundo con el fin de reconciliar al hombre con Él.

La grandeza sin par del misterio de la encarnación del verbo, nos hace descubrir la presencia de María con su Iglesia, que emerge el mismo día que Cristo viene al mundo, se inicia la Iglesia y la Virgen es reconocida como la hija de Dios Padre, por tanto no se comprende una Iglesia huérfana de madre porque la Virgen es su Madre desde el primer instante de vida.

Sin duda la experiencia que cada uno ha tenido en la condición como hijo nos lleva a mirar cómo Dios  Padre ha visto a su hija predilecta…”es la niña querida” del cielo y de la tierra, que vive consagrada a Él desde su primera infancia, y no dejará de estarlo hasta el día de su asunción en cuerpo y alma, donde es coronada como “Reina del Universo”.

En los últimos meses hemos visto, a interior de nuestra Patria una corriente ideológica que ha querido imponer una visión reductiva de la grandeza del ser femenino como opuesto al hombre, a quien se le presenta como un rival que prácticamente hay que eliminar. De hecho algunas pancartas exhibidas dicen: “mata al macho” lo que se opone a los designios divinos que al comienzo de creación hizo de la nada al hombre y la mujer a su imagen y semejanza es decir, muy parecidos a Él. Sin duda,  la aversión hacia una supuesta cultura patriarcal no sólo suele exigir la muerte del hombre sino también de toda realidad que hable de paternidad y obediencia hacia los padres.

Contra todo lo que suele ser reconocido en el slogan del denominado “feminismo profundo”, la debilidad formativa en nuestra realidad social –en general- es una madre que “manda” y un padre que obedece.

Lo anterior entra en grave conflicto cuando vemos en el Evangelio que toda la vida de Jesús, a quien procuramos imitar en sus mismos sentimientos y acciones, hizo el camino de su “realización” el cumplir en todo la voluntad del Padre que está en los cielos. Aún más, la misión de Cristo fue dar a conocer al Padre, con quien estaba permanentemente unido: “Yo y mi Padre somos uno”…”Quien me ve a mí,  ve al Padre”.

El cuestionamiento a la figura paternal actualmente en boga, marca un quiebre con la enseñanza de la Iglesia y contribuye a que muchos bautizados terminen  desfigurando la imagen de Jesucristo que en todo momento honró a su padre cumpliendo lo que  le pedía.

Un padre que nos invita al crecimiento espiritual por medio del sacrificio, con las demás virtudes de abnegación, y perseverancia. En la vida sabemos que las cosas cuestan obtenerlas, y las que más apreciamos son las que más esfuerzo nos han exigido.

El Padre eterno previendo desde la eternidad la ruina lamentable de quienes desde Adán se alzaron contra sus designios permitió que su Hijo Unigénito fuese el Redentor del género humano. La ruina de la sociedad actual,  marcada por la falta de piedad y violento egoísmo, encuentra en el desprecio a la paternidad providente una de sus primeras causas. En efecto la Biblia enseña que quien honra y obedece a sus padres vive largo tiempo: “Honra a tu padre y tu madre para que prolongues tus días sobre la tierra que tu Dios te va a dar” (Éxodo XX, 12) , lo cual no sólo se refiere a los años  numéricamente entendidos sino a la satisfacción que hay en vivirlos…no más años de vida sino más vida en los años…”Honra a tu padre y a tu madre  tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida” (Efesios VI, 1-3 y Deuteronomio V, 16).

La Virgen María vivió consagrada y obediente a los designios de Dios Padre, descubriendo su mejor intérprete en la presencia de San Joaquín –su papá- y en Santa Ana –su mamá- por lo que la Virgen nos puede enseñar con autoridad de lo que Ella vivió cotidianamente. En circunstancia que el mundo insiste en autonomías, independencias y libertinajes, la Virgen con su vida con enseña una y otra vez que Dios Padre no es rival de la humana libertad sino su primer garante.

Los designios de Dios Padre no son una imposición esclavizante,   venida de fuera sino que constituyen la senda de la libre realización que emerge de la condición de hijos de un Padre que nos ama y protege permanentemente, tal como la Virgen María vivió su libertad de hija desde el pleno cumplimiento de todos y cada uno de los mandamientos de Dios.


                                                        PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE  


La Virgen por su obediencia filial nos conduce hacia el Padre: Cumpliendo el rol dado por Dios de ser “Madre de Jesús” y teniendo presente que por la sangre de Cristo corría la sangre de su madre, que al presentarse con las heridas visibles ante el Padre Eterno, el ADN inscrito en ellas era el de su Madre Santísima, la hija predilecta del Padre porque cumple una función única –inigualable- de ser aquella que más pronta y fácilmente con ayuda a llegar al Padre por medio de su Hijo y Dios.

Según esto, la enseñanza de los mandamientos de Dios y de su Iglesia forma parte del apostolado que todo bautizado está llamado a realizar en primera persona. La búsqueda del fortalecimiento de la familia repercute siempre en la solidez de la sociedad, toda vez que siendo la célula fundamental, con las características propias que tiene la naturaleza, que fue  inscrita por Dios, confiere a cada uno un carácter insustituible.

Muchas veces hemos recordado que “el alma del apostolado es el apostolado del alma”, realidad que al hacerla extensible a la familia nos lleva a develar la urgencia pastoral de dar a conocer que el proyecto divino de buscar la santidad de  cada bautizado y de la sociedad pasa por dar a conocer fielmente todo aquello  que nuestra Iglesia enseña respecto a la vida del hombre y de la familia.

Para esto, no son los libros de sociología, de autoayuda o de sicología los que deben guiar nuestra enseñanza sino que nuestra seguridad ha de apoyarse en lo que Dios ha dicho en la Sagrada Escritura y ha hablado por medio de la creación, respecto de lo cual ¡Dios no puede engañar ni ser engañado!

La Virgen como hija del Padre es primera e inigualable a la hora de considerar la virtud de la obediencia, servicio, y cariño atento –hecho piedad- hacia su Padre del Cielo y sus padres en la tierra, fieles intérpretes del amor de Dios.

En estos días de la Santa Novena a la Virgen del Carmen recordamos que el primer templo dedicado a la Virgen María fue el que se erigió en el Monte Carmelo, pues los primeros cristianos vislumbraron que los paganos solían colocar pergaminos como hijo de tal persona, más la Virgen por antonomasia puede ser llamada por todos y en todo tiempo como la “Hija del Dios Padre”.

Con este título se refería un santo contemporáneo en uno de sus libros: “Dios te salve, María, hija de Dios Padre; Dios te salve, Madre de Dios Hijo; Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo…! Más que tú, sólo Dios! (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, número 496)
¡Que Viva Cristo rey!

 

domingo, 8 de julio de 2018


TEMA   : “AQUEL QUE TE CREO SIN TI NO SE SALVARÁ SIN TI”.

FECHA : DOMINGO DÉCIMO SÉPTIMO TIEMPO ORDINARIO/ 2018MILAGRO DE JESÚS
La comida es una característica de los pueblos. De algún modo  la historia del sabor da sabor a la historia. En la antigüedad –griega por ejemplo- el hombre era definido como un “comedor de pan”, así lo dijo Homero (Odisea IX, 191)  no el de Springfield para los más jóvenes.

En el Evangelio de este domingo vemos que hay dos preguntas: La primera dice: ¿Dónde vamos a comprar pan  para que coman estos? El pan era el alimento básico que había en Israel,  los pobres comían pan de cebada y los ricos de trigo. En general en los pueblos de Oriente, y particularmente en la Palestina  había un respeto casi sagrado hacia el pan  toda vez que si llegaba una visita y en ese momento se estaba partiendo, debía esperar la visita a la fracción del pan. No se usaba cuchillo sino se trozaba con las manos,  generalmente eran redondos y se preparaba a nivel de familia, no de modo “industrial” como acontece en nuestros días. Incluso había normas legales que establecían que no se colocara carne cruda sobre el pan, no se ubicaran  jarros sobre el pan,  ni un plato caliente a su lado, además,  el pan se preparaba cada dos o tres días. Entre los días de pascua se debía comer pan  sin levadura y el que lo hacía “seria cortado de la comunidad” (Éxodo XII, 18-20), lo cual podía llegar a ser algo literal.
La segunda pregunta, la hacen los Apóstoles, casi cómo lamento de buena crianza: “¿Qué es eso para tantos?”. A los ojos de los hombres las dos preguntas pueden entenderse como algo lógico, aterrizado, y realista. Lo mismo que escuchamos en la primera lectura cuando Baal-Salisá al profeta Eliseo le dicen: “¿Cómo voy a dar esto a cien hombres?” (2 Reyes IV, 43)  y eso que ellos tenían veinte panes.
El denario equivale a tres cuartos de dólar, que llevado a nuestra economía actual, serían unos 500 pesos, por lo que “200 denarios en pan” serían cien mil pesos. Demasiado dinero para gastar en pan de una sola familia pero el evangelista dice que “eran cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”. Entonces, deducimos que el presupuesto eran de unos diez pesos por persona, por cierto muy poquito.  Algo tenían pero era aparentemente insuficiente.
San Pablo equipara el pan ázimo a “la sinceridad y la verdad”, es decir quien coloca su seguridad en la verdad revelada y procura caminar de frente por la vida, sin suspicacias y dobles intenciones, posee un corazón disponible en el cual Dios puede escribir sus designios.

               MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y PECES



El pan ázimo implica la disponibilidad del creyente que deja actuar al Señor en su vida, en toda su vida, sin dejar que las salvaguardas humanas, las aparentes seguridades, los por si acaso, terminen por hacer que el pan sin levadura se descomponga y endurezca como una piedra sobre la cual la gracia que viene de lo alto escurra y pase de largo.
La dureza del corazón hace que el hombre que está lleno de sí mismo cierre su corazón a Jesús, por lo que frente un alma ensimismada Dios no tiene espacio. ¡Abrid las puertas del corazón a Cristo! ¡Abrid las puertas de nuestra vida a Cristo!
Dos lecciones podemos sacar de este milagro:
Dios sabe lo que necesitamos: Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, es decir, “muy parecidos a Él”, siendo la única creatura en la cual Dios ve su rostro…Si la creación nos habla de Dios, en Cristo perfecto Diosa y hombre a la vez, Dios habla de sí de manera definitiva.
Por esto, sabe perfectamente quienes somos y conoce hondamente cómo somos, incluso mejor de lo que cada uno cree conocerse. ¿Cuántas veces después de una expresión o de una acción nos arrepentimos y decimos cómo pude haber hecho eso? ¿Cómo pude pensar de esa manera? Lo cual demuestra que en ocasiones nuestro autoconocimiento no es tan perfecto ni acabado como lo solemos pensar.  Respecto de lo que otros saben de nosotros casi es mejor no profundizar porque es evidente el desconocimiento.  En consecuencia, primero que  nos debe preocupar es cómo nos conoce nuestro Dios. A Él no cautivamos con apariencias ni nuestra imagen cambia con un la aplicación de una fotofancy.
Dios puede más: Por muy adversas que sean las realidades que se nos presenten, en este caso dar alimento a una inmensa muchedumbre que andaba “como ovejas sin pastor” y “hambrientas”, en modo alguno podemos caer en la desesperación de pensar que nada puede cambiar, por el contrario, para un creyente cada momento en gracia es una nueva oportunidad de mejorar, de crecer, de ser más santos, y de ser mejores.
Recordemos lo que solía decir un niño mexicano cuando arreciaba la más cruda de las percusiones que nuestra Iglesia Católica ha padecido en el continente americano: “ánimo, nunca fue más fácil llegar al cielo”. En la actualidad, no se quita la vida a nadie…por el momento, pero se urde el manto de cuestionamiento sobre todos los creyentes, particularmente los consagrados procurando obtener con ello la desafección de unos, el abandono de otros, y el desprecio todos, hasta el extremo de lacerar con insultos a quien no  se conoce por el sólo hecho que hablar de Dios o habla con Dios.
En la primera lectura tomada  del Antiguo Testamento, en plena época de hambruna, donde las necesidades eran muy superiores a las actuales, Dios invita a la generosidad, sabiendo que quien actúa bien en tiempos de carencia recibirá múltiples bendiciones en épocas de abundancia. Por esto, el pan dado al profeta para repartirlo entre cien hombres fue más que suficiente, toda vez que sobró una gran cantidad. Recordemos que Dios siempre puede más, incluso que aquello que siquiera vamos a imaginar en el futuro. De aquí surge la confianza en su providencia, que nos acoge, nos acompaña y nos protege.
El niño descrito en el Santo Evangelio debe haber estado en etapa de crecimiento, pues su madre le preparó una “colación” consistente en “cinco panes de cebada y dos pescados”, alimento que –ciertamente- resultaba más que suficiente para una familia completa. El denominado “pez de pedro” – en árabe muscht- media cuarenta centímetros y pesaba un kilo y medio, bien podemos imaginar a un niño con “con tortillas de rescoldo y tres hilos de pescado” ¡Hambre no pasaría!
En este sentido, al ver que Jesús pide a sus discípulos su colaboración, descubrimos porque San Agustín de Hipona dice: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, por lo que nunca debemos pensar que ese sacrificio hecho, que esa contribución dada, que esa enseñanza impartida caen en el vacío, porque si Dios puede hacer todo de la nada, ¿qué no dejará de hacer desde aquello que ya ha creado? Si tiene incidencia lo que hacemos, entonces: “cuida siempre lo que piensas, porque tus pensamientos se volverán palabras. Cuida tus palabras porque estas se convertirán en tus actitudes. Cuida tus actitudes porque, más tarde o más temprano, serán tus acciones. Cuida tus acciones que terminarán transformándose en costumbres. Cuida tus costumbres, porque ellas forjarán tu carácter. Finalmente, cuida tu carácter porque esto será lo que forje tu destino eterno”…que para ello hemos sido creados y redimidos.
Hermanos, desde que Cristo asume nuestra condición humana, el Buen Dios mira a cada persona valorizada por medio de la sangre derramada por Cristo, lo que confiere a nuestras acciones una nueva condición que va de la mano con la redención, por lo que el acto de “repartir el pan” a una “muchedumbre con hambre”  implica dar a conocer la salvación querida por Dios para todo aquel que reconociéndole le acepte, se convierta sinceramente  y viva verdaderamente según los mandamientos de Dios y de su única Iglesia.
Invoquemos a la Virgen María, que así como precipitó el primer milagro con la transformación del agua en vino en Cana de Galilea haga que aumente nuestra piedad eucariótica en este Año Santo, y asumiendo nuestro apostolado con una urgencia particular de este tiempo de salvación en que estamos inmersos. ¡Que Viva Cristo Rey!

miércoles, 27 de junio de 2018

: “!YO TE LO ORDENO SAL DE VALPARAÍSO¡”

TEMA  DE  FORMACIÓN  MES  DE  JUNIO  DEL  2018.

Los testimonios impactantes que se han recordado de los hechos acontecidos en nuestra diócesis con  la secta Antares de la luz nos llevó a ver el testimonio de uno de los involucrados que reconoció la imagen del maligno en medio de las llamas el día que sacrificaron un recién nacido de dos meses. Sin duda fue un acto criminal, cuyo origen está  puesto en Satanás.

Hace unos días, en los mismos momentos que desde la santa sede se daba a conocer la aceptación de la renuncia del obispo en Valparaíso y anunciaba el administrador interino, un rayo cayó sobre Valparaíso que hizo retumbar varias localidades, haciendo percibir el sonido de alarmas por gran parte de la ciudad. Sin duda para un no creyente solo fue un signo climático no frecuente, pero para un creyente, de ayer y hoy, tomando los signos de los tiempos vinculados a la escritura santa, no puede pasar desvinculado el hecho de ser como un poderoso llamado de atención respecto de los graves acontecimientos sucedidos al interior de la nuestra diócesis de Valparaíso en las últimas décadas, particularmente originadas al interior del seminario diocesano desde el año 1992 en adelante. Las páginas más tristes pueden ser escritas en estos días al repasar tanta miseria de victimarios y sufrimiento de innumerables víctimas.



El demonio anda como “león rugiente buscando a quien devorar”. “sobre los techos de los conventos” sostuvo la gran Teresa de Ávila. Seria simplista decir que los desvíos son consecuencia de lo que es la sociedad, toda vez que en el fondo ha sido por no dedicarse,  no aceptar,  no vivir “modo fiel a Dios” y su Iglesia que ha sobrevenido una debacle, un derrumbe en la vida espiritual y por esto social.

La Torre de Babel se derrumbó porque hubo falta de sintonía, solo la división propia del Maligno hizo que el edificio se derrumbara,  de modo semejante ha acontecido al interior de una comunidad diocesana hondamente fraccionada que pretendió alzarse al margen de lo que Dios quiere. En el Antiguo Testamento se dice que “en vano se cansan los albañiles si Señor no construye la casa”, lo que evidencia la esterilidad de todo esfuerzo que margina a Dios, en su inicio y fin. Lo que para unos suena pretérito y hasta suele ser  tenido como mitológico, el verdadero creyente no deja de asumir que entre los hechos de la Iglesia, anunciados en los santos evangelios, están las consecuencias de un mundo alzado desde el orgullo y la soberbia que se desentiende de Dios, de uno mismo, del prójimo y de su entorno. 


JUGAR A SER DIOS SE PAGA CARO

El colapso de la Torre de Babel fue ruina para todos los que estaban en su interior de modo semejante la irrupción del maligno por las ventanas, puertas y rendijas de nuestra Iglesia local, sin duda es causa de males en todo ámbito de la vida humana, habida consideración que habiendo sido alzado como “imagio Dei” con su conducta a terminado reflejando el espíritu de las tinieblas con su tono indiferente ante las necesidades del prójimo y activista en todo aquello que trata de dar la  espalda a Dios y sus designios.

¡Si hasta los equipos locales de fútbol están ubicados en el fondo de la tabla de sus respectivas categorías! Igual cosa acontece con la delincuencia desatada, el altísimo índice de suicidios juveniles, la creciente tasa de nulidades, amén de una economía local muy contraída desde hace ya demasiado tiempo para los que la han debido esforzadamente  sobrellevar.

El demonio permitirá que hagamos cualquier cosa con el fin de no servir ni reconocer la primacía del Señor Jesús en nuestra vida y sociedad. Lo expuesto por San Pablo hace dos milenios tiene plena vigencia en nuestros días: ya podemos dar todos nuestros bienes, colocar techos,  usando jeans, poncho y calamorros, ya podemos sacrificarnos por largo tiempo en algo que implica despojarse de tantas cosas, pero si no hay amor en ello,  no vale de nada. Sin duda, la cultura actual ve con ojos favorables todo aquello que le acerque a las fronteras del neo-politeísmo y de una crisis social cuya raíz es espiritual.

En nuestro templo solemos cantar: “Si yo no tengo amor yo nada soy Señor”. Y es verdad: ¿Qué queda de nosotros si el amor desaparece? La respuesta es evidente al ver un noticiero nacional cada noche, el cual cada vez se extiende más y que parece no tener límite en la truculencia de crímenes y maldades.

Por esto, gratamente percibí el mensaje dado por el Administrador Diocesano en Valparaíso al decir en parte de su homilía a Satanás “¡Yo te lo mando, sal de Valparaíso!”, por lo cual,  asumimos una verdad: El demonio ha puesto su pie en nuestra ciudad, en nuestra región. Evidentemente esas palabras no fueron noticia en nuestros diarios, no fueron incluidas en el mensaje oficial publicado por Iglesia.cl, y sólo pueden ser escuchadas en el audio de la radio del Obispado porteño “Stella Maris” de aquel día.

Entonces, tan necesario como urgente hay que desterrar al Demonio por las armas que nos ha dado el Señor, por medio de nuestra Madre y Maestra, la Iglesia,  por medio de los sacramentos, de la oración, de la vivencia de la caridad fraterna,  del espíritu de penitencia, de un plan de vida ordenada hacia la santidad y  el crecimiento de las virtudes.

¡A tales males, tales remedios!  Un conocido sacerdote jesuita chileno, presenta “aspirinas” para que se remedie la extendida lacra del abuso, llegando a insinuar el fin del celibato. No dudo que San Alberto Hurtado, San Agustín Pro, o el mismo San Francisco Javier o San Ignacio de Loyola nunca hayan sabido de eventuales formas de abuso a lo largo de sus vidas, pero jamás habrían dado como solución el fin de una promesa de consagración hecha libremente hacia Dios y recibida por Dios libérrimamente; olvidando a su vez que si los fieles tienen alguna consideración hacia un sacerdote no es sino por lo que la fe les mueve a recibir su testimonio venido del Señor a quien “representan” como Alter Chistus particularmente en las celebración de los sacramentos, en la plegaria incesante, humilde y confiada, y en la asistencia a los más necesitados.

                                                                          

Nada nuevo bajo el sol…Al comienzo de la humanidad hubo un hermano (Caín)  que mató a otro (Abel)  por la envidia de entregar lo mejor para Dios; Cristo fue vendido por quien se escandalizó un día porque un pecador ungió los pies del Señor con un aroma escaso  y valioso…Sería bueno que de una vez por todas escuchemos a quien no actúa con doblez: “Cálices de oro y sayales roídos” solía decir San Francisco de AsísUna cosa es el debido esplendor de la liturgia, que nace de la convicción de tratar a Dios en medio nuestro y otra es la necesaria humildad de quien se sabe puesto como instrumento de la misericordia y presencia de Dios en medio del mundo pero…¡sin ser mundano!
¡Que Viva Cristo Rey!



lunes, 11 de junio de 2018

ESTAMOS EN LAS MANOS DE DIOS PADRE NUESTRO


HOMILÍA EXEQUIAL CARLOS IRARRÁZAVAL 06 JUNIO 2018

Queridos hermanos: Nos hemos reunido en este templo con el fin de celebrar la Santa Misa de Exequias, por el descanso eterno del alma de don Carlos Renzo Irarrázaval Faggioni, que falleció el pasado lunes 4 de junio.

Ante la llamada de Dios…ni un minuto antes ni después, de lo que Él  disponga partiremos a su encuentro. Si bien podemos hablar de un retorno hacia la casa del Padre, es El quien viene en nuestra búsqueda como un día lo hizo hacia nuestros primeros padres en el paraíso terrenal; es Él quien no dudó en nacer en el  establo betlemita para habitar en medio nuestro; es Él quien aparece perfilado en la parábola conocida como del hijo prodigo que bien podemos denominar del padre buscador, que sale al encuentro de quien regresa de un lugar lejano.

Es la muerte –para el creyente- el abrazo entre quien regresa y Aquel que sale al encuentro, muy lejana por cierto a la perpetua separación que el mundo suele tener como un muro infranqueable y definitivo, citado en el refranero popular: “todo tiene solución menos la muerte”, para el creyente no hay posibilidad a esa nostalgia sin salida, pues es la resurrección la respuesta definitiva dada por Dios al misterio de la vida humana.
ENCONTRAR A QUIEN BUSCAMOS


¡De la vida, por la vida y a la vida! Es el itinerario que como hijos de Dios debemos recorrer a lo largo de toda nuestra existencia. Así lo afirma Jesús en el Evangelio que hemos escuchado: “No es un Dios de muertos, sino de vivos”. Por lo que nuestra mirada, nuestra atención debe anclarse en la esperanza que sobresale ante la angustia; debe apoyarse en la fe que ilumina la oscuridad de lo inesperado, y no dejará de sostenerse por medio de la vivencia de la caridad, todo lo cual surge de la convicción que Dios siempre puede más ya que el amor es más fuerte.

Sin duda,  la llamada del Señor a nuestro hermano nos parece del todo inesperada, pues tendemos a pensar que hay edades y circunstancias para morir un día. El esquema nuestro tiene un itinerario donde unos antes  y otros después deben partir; olvidando que los tiempos del Señor avanzan a una hora distinta a la nuestra pues el reloj y calendario de Dios surge desde su mirada eterna y la nuestra desde la temporalidad.

Sin prisas ni pausas todos estamos invitados a la Casa del Señor, donde se encuentra nuestra carta de ciudadanía definitiva, tal como escribe San Pablo: “! Sois ciudadanos del Cielo ¡”.

Para el creyente no existe la casualidad sino la causalidad, la suerte no forma parte de los proyectos que el Señor tiene en nuestra vida, entonces,  en todo lo que nos pasa podemos descubrir la presencia y cercanía de su amor. De modo misterioso, las palabras de Santa Teresa de Los Andes recobran preclara vigencia en estos momentos: “todo lo que veo me lleva a Dios”, incluso lo que es la momentánea partida de nuestros seres queridos con los cuales nos reuniremos, no ya por unos años sino para siempre…sin fecha de término…sin tiempo…sin duración.

Vemos que nuestro hermano Carlos Renzo partió al encuentro con Dios en medio del Mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, cuya solemnidad celebramos mañana. En lo que es la devoción más segura y de esencia del evangelio, vemos que el Señor desde lo alto de la Cruz nos dejó visiblemente su Corazón, que nos exhorta a tener sus mismos sentimientos al decirnos: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”…”En mi hallareis consuelo”.

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Sin duda, a lo largo de los años de su vida procuró vivir intensamente en compañía de su esposa Catalina Canales, junto a sus hijos: Domingo, Renata y José Pablo y su señora madre Mafalda.  Sin duda, el día domingo pasado fue la última jornada que compartieron, y por cierto, como familia lo pasaron bien, fue un día completo, que le permitió plenamente compartir antes de partir, dejando una huella imborrable de un estilo de ejercer el don de la paternidad, cercana, presente y proactiva a cada uno de sus hijos de tres, cuatro y seis años.

Del mismo modo, el día que fue llamado a la Casa Paterna a lo largo del mundo se conmemora la Jornada por los Niños víctimas de agresión. Es sabido de los esfuerzos que nuestro hermano procuraba respetar la dignidad de cada uno de sus hijos, y la de todos los que los que les acompañan en el camino de la educación. Lo que en la actualidad se reconoce como un padre presente implica no sólo  una cercanía física, sino que afectivamente el hijo cuenta con su padre en quien puede confiar.

El nombre de Dios es Padre…en este sentido, recordemos que los creyentes somos los primeros en reconocer a Dios como el Padre Nuestro, tal como al concluir cada jornada nuestro hermano rezaba en inglés “The Our Father” junto a sus hijos, encomendando a cada uno a su segura, divina y paternal protección.

Jesús al momento de enseñar a sus discípulos les invito a llamar Padre a nuestro Dios, luego,  cuando Él hablaba con su Padre se refiere a Él como “mi padrecito”, tal como un niño pequeño se dirige a su padre diciéndole “papito”, lo que encierra un trato filial y tierno a la vez, que sólo se comprende porque implica una relación personal y vital cuya ausencia no deja de incidir y cuya cercanía marca honda e indeleblemente.

El padre está llamado a ser no sólo vocero de Dios sino –también- su más fiel intérprete,  lo que implica que cada padre de familia es puesto por Dios para que el hijo: busque a Dios Padre,  encuentre a Dios Padre  y viva con Dios Padre. Sublime vocación que conlleva múltiples bendiciones, que están garantizadas por Dios mismo que nos dice: “Te basta mi gracia”.

 EVITA EL MAL Y HAZ EL BIEN


La confianza depositada en Dios Padre implica dejar toda nuestra vida en sus manos, donde el poder omnímodo del Creador, cuya eternidad es inconmensurable,  parece extenderse a cada instante de nuestra vida experimentando que Dios no ama a sus criaturas porque existen sino que existimos por Él nos ha amado. ¡Esta es nuestra más honda identidad!

Imploremos que el espíritu de “fortaleza, de caridad y de templanza” vivan en el alma de la familia y amistades de nuestro  hermano Carlos Renzo. Que la alegría que había en su alma, el don de convocar y cultivar la verdadera amistad, el reunir a los suyos alrededor una buena mesa preparada con esmero por el, que la fascinación no exenta de admiración y sano orgullo  hacia su señora esposa,  a la que eligió, hoy nos lleve a dar gracias a Dios por lo que fue su vida en medio nuestro, y sea presentado por Nuestra Madre Santísima ante su Hijo y Dios. ¡Que Viva Cristo Rey!