sábado, 14 de julio de 2018

“MARIA, CONSAGRADA A DIOS”


 CUARTA MEDITACIÓN NOVENA DEL CARMEN 2018
LA VIRGEN MARÍA CONSAGRADA DESDE NIÑA

La consagración implica que de un todo se separa una parte en exclusiva. Esto aplicado a la fe implica que de todo lo que el creyente dispone elige voluntariamente, en pleno uso de sus facultades superiores como son el intelecto y la voluntad, optar por Dios ¡Vale la pena dedicarse a Dios por completo! Bien podemos preguntarnos: ¿Qué es una vida entera ante la eternidad prometida?

Consagrarse implica estar en las manos de Dios, estar a su servicio, estar disponible a lo que nos pida.

La Virgen estuvo consagrada a Dios desde sus primeros años en virtud de la misión que tenía desde el día de la anunciación. Allí fue reconocida como “la llena de gracia”, que participaba de la bendición de Dios desde su misma concepción, por lo que podemos decir: Después de Dios, la Virgen.

En la Virgen Santísima no hubo pausas,  ni recreos,  ni años sabáticos en su entrega, como una cadena unida por los eslabones su disponibilidad fue ascendente según iba recibiendo las gracias del Señor. No tuvo una vida estática, o plana por el contrario fue una verdadera aventura desde lo que Dios le rebelaba, aquellos momentos de incertidumbre resultaron como un trampolín para sumergirse en la profundidad del amor de Dios.

Esto hace que la vida consagrada a Dios este enriquecida permanentemente por la novedad, por los nuevos caminos que Dios invita a seguir. Lejos del consagrado la monotonía y el quietismo anquilosante que nace de no amar de verdad toda vez que quien lo hace nunca le faltan razones para hacer algo nuevo, para descubrir otros modos de servir, para ahondar en los misterios de la fe.

La consagración implica entrega: Libremente de lo que uno es o tiene, opta por dar a Dios lo que fue, es y será, en un acto sin reservas no como quien entrega algo en custodia. El desprendimiento de los gustos, opciones, deseos, son colocados en las manos del Señor para que sea Él quien dictamine finalmente. Esta entrega libre y perpetua hizo que la Virgen María sea ejemplo para cada creyente que no puede crecer espiritualmente si no acaba de asumir a lo largo de su vida esta dimensión de total disponibilidad. Por esto,  Ella es el modelo perfecto de consagración para quien quiere entregarse a Dios y a su Iglesia totalmente.

La consagración implica comunión: Sin duda,  la Virgen María tuvo una cercanía muy especial –única- con Jesús, verdadero Dios y hombre a la vez. Nadie mejor que Ella conoció los sentimientos del Corazón de Jesús, que luego, palpitaría en la cercanía que tendría la Virgen con la Iglesia naciente fundada por Jesús. A la Virgen la encontramos presidiendo la oración  de los apóstoles al momento de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, y sin duda ocuparía un lugar privilegiado en la vida de las primeras comunidades fundadas por los Apóstoles. De hecho fue en la ciudad de Éfeso donde  la Virgen Santísima fue asunta en cuerpo y alma a los cielos donde san Pablo vivió dos años.

¿Sería espectadora la Virgen de lo que otros hacían en nombre de su Hijo?.  Por cierto que no. Por el contrario, la vemos diligente, audaz, y propositiva al momento de hablar sobre su Hijo y Dios, ajena a los falsos complejos imperantes en nuestros días a causa del espíritu liberal de tantos que hablan  sobre Dios y su Iglesia colocando una escisión cancerígena a la fe como es la pretensión modernista de separar la fe de la vida.

Sin duda la Virgen consagrada a Dios nos invita a crecer en la vida como creyentes, sabiendo que a los que Dios une a si, quiere verlos unidos entre si, para lo cual ha dejado las gracias en manos de la Virgen, para repartirlas en abundancia. Al interior de la vida de la Iglesia, todo bautizado puede estar consagrado a Dios en cualquier estado de vida, incluidos quienes no se han casado ni están ministerialmente consagrados. Así lo enseña el Apóstol San Pablo: “También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada en cambio se preocupa de las cosas de este mundo buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para bien vuestro, no para ponerles un obstáculo sino para que vosotros hagáis lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor” (1 Corintios VII, 34-35).

LA VIRGEN MARÍA: PERTENENCIA DE DIOS



La ejemplaridad de la Virgen María para la consagrada y para todos aquellos que participan de la misión apostólica de la Iglesia adquiere una luz particular cuando se presenta en las actitudes espirituales que la han caracterizado. María, la Virgen en la escucha, María la Virgen en la oración, se ofrece como modelo excelente de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo, es decir, de aquella disposición interior con la cual la Iglesia, esposa amante, se halla estrechamente unida al Señor, lo invoca y, por mediación suya, rinde culto al Padre Dios. ¡Que Viva Cristo Rey!.

  

MARÍA, ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO


 MEDITACIÓN TERCERA NOVENA DEL CARMEN 2018


                                                                                           ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO


En este tercer día de preparación a la Solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, Reina y Madre de Chile, la veneramos bajo la denominación de “Esposa del Espíritu Santo”, la cual tiene una vigencia muy especial en nuestro tiempo.

Desde el primer instante de su existencia, la Virgen estuvo llena del Espíritu Santo, por esto fue preservada del pecado original, y en vistas a que sería quien en su cuerpo llevaría al Divino Redentor del Mundo, estuvo unida permanentemente al Espíritu Santo, recibiendo gracias abundantes hasta el mismo día en que Jesús permaneció en sus entrañas fue llamada por el Arcángel Gabriel como “la llena de gracia”, vale decir: Totalmente amada y protegida por Dios.

Actualmente, muchas personas miran la relación esponsal desde una perspectiva utilitarista. Si los cónyuges son vistos como algo “usable” entonces pueden ser objeto de compra, de uso,  y de desecho, lo que hace que la vida matrimonial sea tenida como algo circunstancial, cuya esencia puede ser modificada según los sentimientos y gustos pasajeros, lo que en el ámbito de la verdadera dictadura del relativismo lleva a la permisividad de las mayores aberraciones las cuales siempre fueron tenidas como tales y que ahora, mañosamente,  se presentan como buenas y hasta dignas de orgullo.

Durante la visita que hizo el actual Sumo Pontífice a nuestra Patria, invitó a hacer una pregunta que San Alberto Hurtado realizó a los jóvenes: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?” La respuesta la encontramos en todas las enseñanzas del Nuevo Testamento, y la vemos en la concordancia de un Magisterio de la Iglesia a lo largo de una tradición de ya dos milenios. Por desgracia la teología liberacionista tiene “manos y pies de tijera”, es decir, sin asco recorta antojadizamente los evangelios, de la misma manera que no se enrojece –aunque rubicundo sean-  de parcializar la doctrina de la Iglesia según intereses particulares e ideológicos, los cuales se oponen a los designios de Dios.


Siglos atrás la aberración que constituye la unión y relación corporal de dos personas de igual sexo ha llevado a la debacle a muchas sociedades en el pasado, lo cual nuestra Iglesia Católica en su Magisterio perenne siempre ha condenado todas aquellas  conductas que traen tanto mal a los hogares y a las naciones.

Por esto resulta incomprensible que en Suecia –por ejemplo- los pastores luteranos sean obligados a dar “bendiciones” a pseudomatrimonios de personas de igual sexo, como que, en la Iglesia nuestra subsistan iniciativas que promuevan lo que los apóstoles denominaron “abominaciones” con pastorales del orgullo gaycista. ¡San Pablo de esto habló claramente! (1 Corintios VI, 9-10).

También,  en este caso tiene vigencia que no es moralmente aceptable y no se consigue el bien por medio de la aceptación de un mal objetivo, y toda pastoral encaminada hacia personas que  reconozcan una tendencia  homosexual tienen derecho a ser escuchados, a participar de la vida –litúrgica, caritativa, formativa, misionera, y pastoral- de la Iglesia, a contar con el apoyo y cercanía de los consagrados, en tanto cuanto viviendo la virtud de la castidad y buscando la santidad en la vida cotidiana, acepten las enseñanzas de la Iglesia fundamentadas en el Credo, en la Tradición viva y en el Magisterio de siempre.

Por cierto, la sola verificación de un hecho que se constate aunque sea masivo, no dice relación con lo que sea propio de la vida de un católico del siglo XXI: Lo que fue condenado por Dios en la revelación escrita no puede ser borrado por el espíritu relativista (dictatorial) imperante en nuestros días. Fuimos creados libres no para ser esclavos de las modas pasajeras ni de las conductas contrarias a lo escrito por Dios en la humana naturaleza.

En esto son los mismos santos quienes con su vida nos enseñan los criterios y modos de actuar ante los desafíos de la vida actual. Para que se convierta quien se ha alejado no se requiere incentivar su espíritu evasivo incentivando el extravío sino ofreciendo el verdadero cambio de vida y conversión que lleva esforzarse por ser fiel a Dios.

Lo anterior hace que –en ocasiones- el matrimonio no sea ya visto como la unión perpetua de un hombre y una mujer que a los pies del altar imploran la bendición de Dios, sino que sea una supuesta convivencia hasta que resulte. Seamos claros: Dios no bendice a los esposos con fecha de vencimiento, lo hace de una vez para siempre. No borra con el “codo” lo que escribe con su diestra.

  


Por muy extendido que se encuentre  un error no podemos callar una sola coma de lo que Cristo nos ha enseñado y de lo que la Iglesia ha enseñado siempre, por esto es el camino de la fidelidad la genuina novedad que los católicos debemos ofrecer para nuestros días. Eso espera Dios, y eso necesita el hombre de hoy. En consecuencia,  oponerse a los dictámenes mundanos que hablan de “géneros”,  de “gaycismo” es un mperativo para quien desee ser apóstol, discípulo, y misionero.

Al contemplar a la Virgen María como “Esposa del Espíritu Santo” imploramos en este día tercero de la Novena a la Virgen del Carmen, para que la vida matrimonial en nuestra Patria se viva de acuerdo a la grandeza que Dios inscribió en el hombre y la mujer para ser anuncios vivos de su amor divino en el mundo de hoy, del cual la Santísima Virgen es un ícono perfecto,  a la que honramos como la “Esposa del Espíritu Santo”. ¡Que Viva Cristo Rey!

jueves, 12 de julio de 2018

MARÍA: LA MADRE DEL HIJO


MEDITACIÓN SEGUNDA NOVENA DEL CARMEN 2018.

  ¡MADRE DEL HIJO!
Uno de los nombres basilares que recibió la Virgen María de los primeros creyentes fue: “Madre de Jesús”. Durante la vida pública los vecinos de Nazaret y otros lugares se preguntaban: “¿No es este el hijo de María?”.  Lo que les parecía un escándalo, toda vez que no comprendían cómo tales milagros y enseñanzas proviniesen de quien “no llamaba la atención” porque era una persona “común y corriente”…No había participado en reconocidas escuelas de liderazgo rabínico  ni exhibía títulos ni condecoraciones por doquier. Era visto como un hijo más de una joven doncella, que dio a luz a Luz del mundo en un establo para animales en la localidad de Belén, mismo lugar en la cual siglos atrás había nacido el rey David. Pero, este Jesús sólo tenía a María como su Madre. En la pregunta hecha por los nazarenos ¿No es este el hijo de María? Subyace el germen de lo que será el fundamento de toda piedad hacia la Virgen hecha veneración y reconocimiento a Jesús, el Hijo Unigénito de Dios por medio de María Santísima…La Madre del Hijo.

La maternidad de la Virgen es reconocida por los Apóstoles que “oran junto a Ella” y  “la reciben en su hogar” pues Jesús fue engendrado en el vientre de María, y durante meses se gestó y desarrolló ininterrumpidamente  como cada uno de nosotros lo hizo en el cuerpo de nuestras madres durante nueve meses.

No se trata sólo de una maternidad biológica, sino que Nuestro Señor recibió de la Virgen, su Madre verdadera,  todas las lecciones propias de cada una de las etapas de crecimiento, y no por un tiempo limitado por una mayoría de edad que tanto se suele anhelar en la actualidad  a causa del espíritu autonomista, sino que durante tres décadas vivió sujeto, escuchando y siguiendo lo que sus padres le indicaban.

En efecto, leemos que luego se ser encontrado por sus padres -José y María-  en el templo de Jerusalén, rodeado de maestros que preguntaban y escuchaban con asombro,  el joven Jesús –de sólo doce años- regresó con ellos y vivió “obediente” a su padre y su madre. Esto confiere al amor filial un valor enorme a los ojos de Dios, toda vez que si queremos imitar a Jesús, si queremos seguir al pie de la letra sus enseñanzas sería fantasioso no hacerlo respecto del amor y servicio hacia nuestros padres.

Sin duda,  la Virgen Santísima con su piedad humana respondió a Dios a la medida de Dios, lo que la llevó a  “guardar todo en su corazón” y a responder con diligencia al programa de vida, que de manera inesperada le proponía  Dios Padre. Así vemos que, el día de Anunciación pregunta: ¿Cómo será si no conozco varón?...Ante la respuesta del Arcángel la Virgen señala: “Hágase en mi según tu palabra”. Luego,  ante la realidad de dar a luz en un pesebre la Virgen responde cobijando a Jesús entre sus brazos y cubriéndolo en pañales; a los pocos días debe partir a Egipto al exilio para proteger a su Hijo y Dios a quien la sociedad y sus autoridades querían eliminar por sus leyes y protocolos… ¿Qué hizo María?  ¡Defendió al Hijo!

Jesús, en virtud del misterio de la Encarnación asumió en todo la condición humana menos el pecado, por esto,  cumplió los Diez Mandamientos, el cuarto de los cuales nos dice: “Honrarás al padre y a la madre”. No se puede ser hermano en Cristo sino se reconoce primero la maternidad de María. Así como no se habla de ser madre sin referencia al hijo, del mismo modo no se entiende ser hijo sin referencia a la madre, la cual –en el caso de la Virgen- es única tal como su Hijo y Dios lo es.

MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

Como la Virgen enseñó a Jesús,  de la misma manera las madres deben procurar ser fieles en transmitir la doctrina y el estilo de vida, que el Señor le encomienda de manera indelegable, particularmente en medio de la tempestad de apostasía en que estamos inmersos. Por cierto, María,  Madre del Hijo nos recuerda que no se puede cambiar una ley moral de origen divino, del mismo modo que no se puede cambiar las leyes de la física. Tales leyes inscritas por Dios en la naturaleza nos evidencian una gran verdad: que cuando el hombre juega a ser Dios lo termina pagando caro siempre.

Entonces, no es lícito “hacer el mal para que venga un bien” (Romanos III, 8). Y como toma madre la Virgen Santísima por cierto “aprendió de Jesús” –como los que escuchaban atentos en el templo cuando se extravió por tres días-, mas,  por particular designio divino,  fue Ella la que enseñó a Jesús a caminar, a ponerse de pie, a jugar, a visitar habitualmente a sus abuelos –Joaquín y Ana- a balbucear las primeras palabras, a fortalecer los vínculos familiares, como con Juan Bautista, y sus demás primos descritos en el Evangelio.

LA VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS

La “normalidad” de Jesús que para algunos era sorprendente fue dada en parte por aquella que las generaciones y generaciones no han dejado de reconocer como “Madre del Hijo” ¡Que Viva Cristo Rey!

                

lunes, 9 de julio de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, HIJA DEL PADRE


 DÍA PRIMERO SANTA NOVENA / 9 DE JULIO DEL 2018


                                                     VIRGEN MARÍA: ¡HIJA DEL PADRE!


Iniciamos este día la preparación para la celebración de la Solemnidad de Nuestra Reina y Madre, la Virgen del Carmen, que desde el inicio de la historia patria ha ocupado un lugar principal en la devoción de los creyentes y ha sido un vínculo insustituible de unidad en momentos de mayor dificultad.

La condición de “Hija del Padre” emerge directamente por un acto de amor de Dios Padre que, llegada la plenitud de los tiempos, viendo el desvarío de la humanidad,  envía a su Hijo unigénito al mundo con el fin de reconciliar al hombre con Él.

La grandeza sin par del misterio de la encarnación del verbo, nos hace descubrir la presencia de María con su Iglesia, que emerge el mismo día que Cristo viene al mundo, se inicia la Iglesia y la Virgen es reconocida como la hija de Dios Padre, por tanto no se comprende una Iglesia huérfana de madre porque la Virgen es su Madre desde el primer instante de vida.

Sin duda la experiencia que cada uno ha tenido en la condición como hijo nos lleva a mirar cómo Dios  Padre ha visto a su hija predilecta…”es la niña querida” del cielo y de la tierra, que vive consagrada a Él desde su primera infancia, y no dejará de estarlo hasta el día de su asunción en cuerpo y alma, donde es coronada como “Reina del Universo”.

En los últimos meses hemos visto, a interior de nuestra Patria una corriente ideológica que ha querido imponer una visión reductiva de la grandeza del ser femenino como opuesto al hombre, a quien se le presenta como un rival que prácticamente hay que eliminar. De hecho algunas pancartas exhibidas dicen: “mata al macho” lo que se opone a los designios divinos que al comienzo de creación hizo de la nada al hombre y la mujer a su imagen y semejanza es decir, muy parecidos a Él. Sin duda,  la aversión hacia una supuesta cultura patriarcal no sólo suele exigir la muerte del hombre sino también de toda realidad que hable de paternidad y obediencia hacia los padres.

Contra todo lo que suele ser reconocido en el slogan del denominado “feminismo profundo”, la debilidad formativa en nuestra realidad social –en general- es una madre que “manda” y un padre que obedece.

Lo anterior entra en grave conflicto cuando vemos en el Evangelio que toda la vida de Jesús, a quien procuramos imitar en sus mismos sentimientos y acciones, hizo el camino de su “realización” el cumplir en todo la voluntad del Padre que está en los cielos. Aún más, la misión de Cristo fue dar a conocer al Padre, con quien estaba permanentemente unido: “Yo y mi Padre somos uno”…”Quien me ve a mí,  ve al Padre”.

El cuestionamiento a la figura paternal actualmente en boga, marca un quiebre con la enseñanza de la Iglesia y contribuye a que muchos bautizados terminen  desfigurando la imagen de Jesucristo que en todo momento honró a su padre cumpliendo lo que  le pedía.

Un padre que nos invita al crecimiento espiritual por medio del sacrificio, con las demás virtudes de abnegación, y perseverancia. En la vida sabemos que las cosas cuestan obtenerlas, y las que más apreciamos son las que más esfuerzo nos han exigido.

El Padre eterno previendo desde la eternidad la ruina lamentable de quienes desde Adán se alzaron contra sus designios permitió que su Hijo Unigénito fuese el Redentor del género humano. La ruina de la sociedad actual,  marcada por la falta de piedad y violento egoísmo, encuentra en el desprecio a la paternidad providente una de sus primeras causas. En efecto la Biblia enseña que quien honra y obedece a sus padres vive largo tiempo: “Honra a tu padre y tu madre para que prolongues tus días sobre la tierra que tu Dios te va a dar” (Éxodo XX, 12) , lo cual no sólo se refiere a los años  numéricamente entendidos sino a la satisfacción que hay en vivirlos…no más años de vida sino más vida en los años…”Honra a tu padre y a tu madre  tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida” (Efesios VI, 1-3 y Deuteronomio V, 16).

La Virgen María vivió consagrada y obediente a los designios de Dios Padre, descubriendo su mejor intérprete en la presencia de San Joaquín –su papá- y en Santa Ana –su mamá- por lo que la Virgen nos puede enseñar con autoridad de lo que Ella vivió cotidianamente. En circunstancia que el mundo insiste en autonomías, independencias y libertinajes, la Virgen con su vida con enseña una y otra vez que Dios Padre no es rival de la humana libertad sino su primer garante.

Los designios de Dios Padre no son una imposición esclavizante,   venida de fuera sino que constituyen la senda de la libre realización que emerge de la condición de hijos de un Padre que nos ama y protege permanentemente, tal como la Virgen María vivió su libertad de hija desde el pleno cumplimiento de todos y cada uno de los mandamientos de Dios.


                                                        PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE  


La Virgen por su obediencia filial nos conduce hacia el Padre: Cumpliendo el rol dado por Dios de ser “Madre de Jesús” y teniendo presente que por la sangre de Cristo corría la sangre de su madre, que al presentarse con las heridas visibles ante el Padre Eterno, el ADN inscrito en ellas era el de su Madre Santísima, la hija predilecta del Padre porque cumple una función única –inigualable- de ser aquella que más pronta y fácilmente con ayuda a llegar al Padre por medio de su Hijo y Dios.

Según esto, la enseñanza de los mandamientos de Dios y de su Iglesia forma parte del apostolado que todo bautizado está llamado a realizar en primera persona. La búsqueda del fortalecimiento de la familia repercute siempre en la solidez de la sociedad, toda vez que siendo la célula fundamental, con las características propias que tiene la naturaleza, que fue  inscrita por Dios, confiere a cada uno un carácter insustituible.

Muchas veces hemos recordado que “el alma del apostolado es el apostolado del alma”, realidad que al hacerla extensible a la familia nos lleva a develar la urgencia pastoral de dar a conocer que el proyecto divino de buscar la santidad de  cada bautizado y de la sociedad pasa por dar a conocer fielmente todo aquello  que nuestra Iglesia enseña respecto a la vida del hombre y de la familia.

Para esto, no son los libros de sociología, de autoayuda o de sicología los que deben guiar nuestra enseñanza sino que nuestra seguridad ha de apoyarse en lo que Dios ha dicho en la Sagrada Escritura y ha hablado por medio de la creación, respecto de lo cual ¡Dios no puede engañar ni ser engañado!

La Virgen como hija del Padre es primera e inigualable a la hora de considerar la virtud de la obediencia, servicio, y cariño atento –hecho piedad- hacia su Padre del Cielo y sus padres en la tierra, fieles intérpretes del amor de Dios.

En estos días de la Santa Novena a la Virgen del Carmen recordamos que el primer templo dedicado a la Virgen María fue el que se erigió en el Monte Carmelo, pues los primeros cristianos vislumbraron que los paganos solían colocar pergaminos como hijo de tal persona, más la Virgen por antonomasia puede ser llamada por todos y en todo tiempo como la “Hija del Dios Padre”.

Con este título se refería un santo contemporáneo en uno de sus libros: “Dios te salve, María, hija de Dios Padre; Dios te salve, Madre de Dios Hijo; Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo…! Más que tú, sólo Dios! (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, número 496)
¡Que Viva Cristo rey!

 

domingo, 8 de julio de 2018


TEMA   : “AQUEL QUE TE CREO SIN TI NO SE SALVARÁ SIN TI”.

FECHA : DOMINGO DÉCIMO SÉPTIMO TIEMPO ORDINARIO/ 2018MILAGRO DE JESÚS
La comida es una característica de los pueblos. De algún modo  la historia del sabor da sabor a la historia. En la antigüedad –griega por ejemplo- el hombre era definido como un “comedor de pan”, así lo dijo Homero (Odisea IX, 191)  no el de Springfield para los más jóvenes.

En el Evangelio de este domingo vemos que hay dos preguntas: La primera dice: ¿Dónde vamos a comprar pan  para que coman estos? El pan era el alimento básico que había en Israel,  los pobres comían pan de cebada y los ricos de trigo. En general en los pueblos de Oriente, y particularmente en la Palestina  había un respeto casi sagrado hacia el pan  toda vez que si llegaba una visita y en ese momento se estaba partiendo, debía esperar la visita a la fracción del pan. No se usaba cuchillo sino se trozaba con las manos,  generalmente eran redondos y se preparaba a nivel de familia, no de modo “industrial” como acontece en nuestros días. Incluso había normas legales que establecían que no se colocara carne cruda sobre el pan, no se ubicaran  jarros sobre el pan,  ni un plato caliente a su lado, además,  el pan se preparaba cada dos o tres días. Entre los días de pascua se debía comer pan  sin levadura y el que lo hacía “seria cortado de la comunidad” (Éxodo XII, 18-20), lo cual podía llegar a ser algo literal.
La segunda pregunta, la hacen los Apóstoles, casi cómo lamento de buena crianza: “¿Qué es eso para tantos?”. A los ojos de los hombres las dos preguntas pueden entenderse como algo lógico, aterrizado, y realista. Lo mismo que escuchamos en la primera lectura cuando Baal-Salisá al profeta Eliseo le dicen: “¿Cómo voy a dar esto a cien hombres?” (2 Reyes IV, 43)  y eso que ellos tenían veinte panes.
El denario equivale a tres cuartos de dólar, que llevado a nuestra economía actual, serían unos 500 pesos, por lo que “200 denarios en pan” serían cien mil pesos. Demasiado dinero para gastar en pan de una sola familia pero el evangelista dice que “eran cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”. Entonces, deducimos que el presupuesto eran de unos diez pesos por persona, por cierto muy poquito.  Algo tenían pero era aparentemente insuficiente.
San Pablo equipara el pan ázimo a “la sinceridad y la verdad”, es decir quien coloca su seguridad en la verdad revelada y procura caminar de frente por la vida, sin suspicacias y dobles intenciones, posee un corazón disponible en el cual Dios puede escribir sus designios.

               MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y PECES



El pan ázimo implica la disponibilidad del creyente que deja actuar al Señor en su vida, en toda su vida, sin dejar que las salvaguardas humanas, las aparentes seguridades, los por si acaso, terminen por hacer que el pan sin levadura se descomponga y endurezca como una piedra sobre la cual la gracia que viene de lo alto escurra y pase de largo.
La dureza del corazón hace que el hombre que está lleno de sí mismo cierre su corazón a Jesús, por lo que frente un alma ensimismada Dios no tiene espacio. ¡Abrid las puertas del corazón a Cristo! ¡Abrid las puertas de nuestra vida a Cristo!
Dos lecciones podemos sacar de este milagro:
Dios sabe lo que necesitamos: Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, es decir, “muy parecidos a Él”, siendo la única creatura en la cual Dios ve su rostro…Si la creación nos habla de Dios, en Cristo perfecto Diosa y hombre a la vez, Dios habla de sí de manera definitiva.
Por esto, sabe perfectamente quienes somos y conoce hondamente cómo somos, incluso mejor de lo que cada uno cree conocerse. ¿Cuántas veces después de una expresión o de una acción nos arrepentimos y decimos cómo pude haber hecho eso? ¿Cómo pude pensar de esa manera? Lo cual demuestra que en ocasiones nuestro autoconocimiento no es tan perfecto ni acabado como lo solemos pensar.  Respecto de lo que otros saben de nosotros casi es mejor no profundizar porque es evidente el desconocimiento.  En consecuencia, primero que  nos debe preocupar es cómo nos conoce nuestro Dios. A Él no cautivamos con apariencias ni nuestra imagen cambia con un la aplicación de una fotofancy.
Dios puede más: Por muy adversas que sean las realidades que se nos presenten, en este caso dar alimento a una inmensa muchedumbre que andaba “como ovejas sin pastor” y “hambrientas”, en modo alguno podemos caer en la desesperación de pensar que nada puede cambiar, por el contrario, para un creyente cada momento en gracia es una nueva oportunidad de mejorar, de crecer, de ser más santos, y de ser mejores.
Recordemos lo que solía decir un niño mexicano cuando arreciaba la más cruda de las percusiones que nuestra Iglesia Católica ha padecido en el continente americano: “ánimo, nunca fue más fácil llegar al cielo”. En la actualidad, no se quita la vida a nadie…por el momento, pero se urde el manto de cuestionamiento sobre todos los creyentes, particularmente los consagrados procurando obtener con ello la desafección de unos, el abandono de otros, y el desprecio todos, hasta el extremo de lacerar con insultos a quien no  se conoce por el sólo hecho que hablar de Dios o habla con Dios.
En la primera lectura tomada  del Antiguo Testamento, en plena época de hambruna, donde las necesidades eran muy superiores a las actuales, Dios invita a la generosidad, sabiendo que quien actúa bien en tiempos de carencia recibirá múltiples bendiciones en épocas de abundancia. Por esto, el pan dado al profeta para repartirlo entre cien hombres fue más que suficiente, toda vez que sobró una gran cantidad. Recordemos que Dios siempre puede más, incluso que aquello que siquiera vamos a imaginar en el futuro. De aquí surge la confianza en su providencia, que nos acoge, nos acompaña y nos protege.
El niño descrito en el Santo Evangelio debe haber estado en etapa de crecimiento, pues su madre le preparó una “colación” consistente en “cinco panes de cebada y dos pescados”, alimento que –ciertamente- resultaba más que suficiente para una familia completa. El denominado “pez de pedro” – en árabe muscht- media cuarenta centímetros y pesaba un kilo y medio, bien podemos imaginar a un niño con “con tortillas de rescoldo y tres hilos de pescado” ¡Hambre no pasaría!
En este sentido, al ver que Jesús pide a sus discípulos su colaboración, descubrimos porque San Agustín de Hipona dice: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, por lo que nunca debemos pensar que ese sacrificio hecho, que esa contribución dada, que esa enseñanza impartida caen en el vacío, porque si Dios puede hacer todo de la nada, ¿qué no dejará de hacer desde aquello que ya ha creado? Si tiene incidencia lo que hacemos, entonces: “cuida siempre lo que piensas, porque tus pensamientos se volverán palabras. Cuida tus palabras porque estas se convertirán en tus actitudes. Cuida tus actitudes porque, más tarde o más temprano, serán tus acciones. Cuida tus acciones que terminarán transformándose en costumbres. Cuida tus costumbres, porque ellas forjarán tu carácter. Finalmente, cuida tu carácter porque esto será lo que forje tu destino eterno”…que para ello hemos sido creados y redimidos.
Hermanos, desde que Cristo asume nuestra condición humana, el Buen Dios mira a cada persona valorizada por medio de la sangre derramada por Cristo, lo que confiere a nuestras acciones una nueva condición que va de la mano con la redención, por lo que el acto de “repartir el pan” a una “muchedumbre con hambre”  implica dar a conocer la salvación querida por Dios para todo aquel que reconociéndole le acepte, se convierta sinceramente  y viva verdaderamente según los mandamientos de Dios y de su única Iglesia.
Invoquemos a la Virgen María, que así como precipitó el primer milagro con la transformación del agua en vino en Cana de Galilea haga que aumente nuestra piedad eucariótica en este Año Santo, y asumiendo nuestro apostolado con una urgencia particular de este tiempo de salvación en que estamos inmersos. ¡Que Viva Cristo Rey!

miércoles, 27 de junio de 2018

: “!YO TE LO ORDENO SAL DE VALPARAÍSO¡”

TEMA  DE  FORMACIÓN  MES  DE  JUNIO  DEL  2018.

Los testimonios impactantes que se han recordado de los hechos acontecidos en nuestra diócesis con  la secta Antares de la luz nos llevó a ver el testimonio de uno de los involucrados que reconoció la imagen del maligno en medio de las llamas el día que sacrificaron un recién nacido de dos meses. Sin duda fue un acto criminal, cuyo origen está  puesto en Satanás.

Hace unos días, en los mismos momentos que desde la santa sede se daba a conocer la aceptación de la renuncia del obispo en Valparaíso y anunciaba el administrador interino, un rayo cayó sobre Valparaíso que hizo retumbar varias localidades, haciendo percibir el sonido de alarmas por gran parte de la ciudad. Sin duda para un no creyente solo fue un signo climático no frecuente, pero para un creyente, de ayer y hoy, tomando los signos de los tiempos vinculados a la escritura santa, no puede pasar desvinculado el hecho de ser como un poderoso llamado de atención respecto de los graves acontecimientos sucedidos al interior de la nuestra diócesis de Valparaíso en las últimas décadas, particularmente originadas al interior del seminario diocesano desde el año 1992 en adelante. Las páginas más tristes pueden ser escritas en estos días al repasar tanta miseria de victimarios y sufrimiento de innumerables víctimas.



El demonio anda como “león rugiente buscando a quien devorar”. “sobre los techos de los conventos” sostuvo la gran Teresa de Ávila. Seria simplista decir que los desvíos son consecuencia de lo que es la sociedad, toda vez que en el fondo ha sido por no dedicarse,  no aceptar,  no vivir “modo fiel a Dios” y su Iglesia que ha sobrevenido una debacle, un derrumbe en la vida espiritual y por esto social.

La Torre de Babel se derrumbó porque hubo falta de sintonía, solo la división propia del Maligno hizo que el edificio se derrumbara,  de modo semejante ha acontecido al interior de una comunidad diocesana hondamente fraccionada que pretendió alzarse al margen de lo que Dios quiere. En el Antiguo Testamento se dice que “en vano se cansan los albañiles si Señor no construye la casa”, lo que evidencia la esterilidad de todo esfuerzo que margina a Dios, en su inicio y fin. Lo que para unos suena pretérito y hasta suele ser  tenido como mitológico, el verdadero creyente no deja de asumir que entre los hechos de la Iglesia, anunciados en los santos evangelios, están las consecuencias de un mundo alzado desde el orgullo y la soberbia que se desentiende de Dios, de uno mismo, del prójimo y de su entorno. 


JUGAR A SER DIOS SE PAGA CARO

El colapso de la Torre de Babel fue ruina para todos los que estaban en su interior de modo semejante la irrupción del maligno por las ventanas, puertas y rendijas de nuestra Iglesia local, sin duda es causa de males en todo ámbito de la vida humana, habida consideración que habiendo sido alzado como “imagio Dei” con su conducta a terminado reflejando el espíritu de las tinieblas con su tono indiferente ante las necesidades del prójimo y activista en todo aquello que trata de dar la  espalda a Dios y sus designios.

¡Si hasta los equipos locales de fútbol están ubicados en el fondo de la tabla de sus respectivas categorías! Igual cosa acontece con la delincuencia desatada, el altísimo índice de suicidios juveniles, la creciente tasa de nulidades, amén de una economía local muy contraída desde hace ya demasiado tiempo para los que la han debido esforzadamente  sobrellevar.

El demonio permitirá que hagamos cualquier cosa con el fin de no servir ni reconocer la primacía del Señor Jesús en nuestra vida y sociedad. Lo expuesto por San Pablo hace dos milenios tiene plena vigencia en nuestros días: ya podemos dar todos nuestros bienes, colocar techos,  usando jeans, poncho y calamorros, ya podemos sacrificarnos por largo tiempo en algo que implica despojarse de tantas cosas, pero si no hay amor en ello,  no vale de nada. Sin duda, la cultura actual ve con ojos favorables todo aquello que le acerque a las fronteras del neo-politeísmo y de una crisis social cuya raíz es espiritual.

En nuestro templo solemos cantar: “Si yo no tengo amor yo nada soy Señor”. Y es verdad: ¿Qué queda de nosotros si el amor desaparece? La respuesta es evidente al ver un noticiero nacional cada noche, el cual cada vez se extiende más y que parece no tener límite en la truculencia de crímenes y maldades.

Por esto, gratamente percibí el mensaje dado por el Administrador Diocesano en Valparaíso al decir en parte de su homilía a Satanás “¡Yo te lo mando, sal de Valparaíso!”, por lo cual,  asumimos una verdad: El demonio ha puesto su pie en nuestra ciudad, en nuestra región. Evidentemente esas palabras no fueron noticia en nuestros diarios, no fueron incluidas en el mensaje oficial publicado por Iglesia.cl, y sólo pueden ser escuchadas en el audio de la radio del Obispado porteño “Stella Maris” de aquel día.

Entonces, tan necesario como urgente hay que desterrar al Demonio por las armas que nos ha dado el Señor, por medio de nuestra Madre y Maestra, la Iglesia,  por medio de los sacramentos, de la oración, de la vivencia de la caridad fraterna,  del espíritu de penitencia, de un plan de vida ordenada hacia la santidad y  el crecimiento de las virtudes.

¡A tales males, tales remedios!  Un conocido sacerdote jesuita chileno, presenta “aspirinas” para que se remedie la extendida lacra del abuso, llegando a insinuar el fin del celibato. No dudo que San Alberto Hurtado, San Agustín Pro, o el mismo San Francisco Javier o San Ignacio de Loyola nunca hayan sabido de eventuales formas de abuso a lo largo de sus vidas, pero jamás habrían dado como solución el fin de una promesa de consagración hecha libremente hacia Dios y recibida por Dios libérrimamente; olvidando a su vez que si los fieles tienen alguna consideración hacia un sacerdote no es sino por lo que la fe les mueve a recibir su testimonio venido del Señor a quien “representan” como Alter Chistus particularmente en las celebración de los sacramentos, en la plegaria incesante, humilde y confiada, y en la asistencia a los más necesitados.

                                                                          

Nada nuevo bajo el sol…Al comienzo de la humanidad hubo un hermano (Caín)  que mató a otro (Abel)  por la envidia de entregar lo mejor para Dios; Cristo fue vendido por quien se escandalizó un día porque un pecador ungió los pies del Señor con un aroma escaso  y valioso…Sería bueno que de una vez por todas escuchemos a quien no actúa con doblez: “Cálices de oro y sayales roídos” solía decir San Francisco de AsísUna cosa es el debido esplendor de la liturgia, que nace de la convicción de tratar a Dios en medio nuestro y otra es la necesaria humildad de quien se sabe puesto como instrumento de la misericordia y presencia de Dios en medio del mundo pero…¡sin ser mundano!
¡Que Viva Cristo Rey!