domingo, 15 de julio de 2018

ALIMENTO PARA NUESTRO CAMINAR EN MEDIO DEL MUNDO






TEMA  :  “ALIMENTO PARA NUESTRO CAMINAR EN MEDIO DEL MUNDO”.
FECHA:    DOMINGO  DÉCINO  NOVENO   /   TIEMPO  ORDINARIO   /   2018.


1.        “Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (San Juan).

SACERDOTE JAIME HERRERA
El domingo pasado descubrimos la sorpresa que experimentaron los judíos respecto de las enseñanzas de Jesús…Si conocemos de dónde viene…hemos visto a sus padres…somos vecinos de sus parientes. ¿Cómo va a ser el Mesías alguien que es “un simple hijo de vecino”? Sorpresa, escándalo, molestia,  Jesús era cuestionado.

En la actualidad se duda de la divinidad de Jesús. Como dice el texto bíblico del Antiguo Testamento (Eclesiastés I, 10): “Nada nuevo bajo el sol” (nihil sub sole novum)  si consideramos que así ha sido la actitud permanente de algunos hasta nuestros días, quienes –incluso- luego del burlesco e ignominioso proceso de aquel viernes le pusieron en  una cruz por el solo hecho de declarar explícitamente su origen divino…cualquier otra cosa le habrían permitido pero en modo alguno la blasfemia de asemejarse a Dios e identificarse como el Hijo Unigénito.
El pan que da Jesús sirve para la Vida Eterna, es como un “anticipo del cielo”. En ocasiones se le denomina en algunas oraciones como “viatico” que permite subsistir mientras se está de camino, lo cual nos hace comprender  que la eucaristía dice relación con nuestra condición de peregrinos, hermosamente señalado en el episodio de los dos caminantes a Emaús el día triunfal de la resurrección. Ambos reconocieron a Cristo Eucaristía en la “Fracción del Pan” por lo que la Santa Misa debe ser vista como la presencia necesaria que tenemos en nuestro camino a la santidad. No hay perfección verdadera sin devoción eucarística. ¡No hay cielo sin Misa!
Los Santos han descubierto la grandeza que implica la celebración de la Santa Misa, lo cual no es una “opción”, pues fue directamente instituida por el Señor en la Última Cena con el fin de “estar junto a nosotros” y fortalecernos en la vivencia de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Los milagros eucarísticos nos ayudan a renovar nuestra fe en la presencia real de Cristo en medio nuestro en cada Misa, asumiendo que no es un símbolo, un recuerdo, una apariencia, sino ¡Él mismo!
 Todo su ser presente en las especies eucarísticas, por esto debe ser celebrado con toda dignidad y recibirlo con una conciencia pura toda vez que “este sacramento contiene el misterio de nuestra salvación; por esto se celebra con mayor solemnidad que los demás” (Santo Tomás de Aquino, Suma Theologica 3, q.83,a.4).  
   PADRE JAIME HERRERA CHILE 
Uno de ellos se llevó a cabo en la ciudad de Lanciano, Italia hacia el año 700, en el monasterio de San Longino: En medio de una celebración, un monje tenía ciertas dudas respecto de la presencia real de Cristo en la Santa Misa, y al momento de pronunciar las palabras de la consagración –esto es mi cuerpo y esta es mi sangre- vio que sobre el altar el pan y vino se transformaban en carne y sangre “visibles”, “palpables”, las cuales se han mantenido hasta nuestros días, tal como lo reveló un examen hecho por la Universidad de Siena el 4 de marzo de 1971 lo corroboró para sorpresa de los mayores incrédulos: La carne es verdadera carne, la sangre es verdadera  sangre, la carne pertenece al tejido muscular del corazón (miocardio, endocardio y nervio vago), la carne y la sangre son del mismo tipo AB y pertenecen a la especie humana, igual al grupo sanguíneo  encontrado en la Sábana Santa de Turín; se trata de carne y sangre de una persona viva, ya que la sangre es la misma que se habría podido tomar ese día de un ser vivo;  en la sangre –cinco coágulos que pesan 15, 18 gramos- fueron encontrados, además de las proteínas normales, los siguientes minerales: cloratos, fósforos, magnesio, potasio, sodio y calcio; la conservación de la carne y la sangre, dejados en estado natural por ¡doce siglos! y expuestos a la acción de agentes atmosféricos y biológicos permanece un fenómeno extraordinario.  Por esto los científicos que hicieron el estudio sentenciaron: “Es el Verbo hecho Carne”.
En una oportunidad Jesús dijo: “Bienaventurados los que sin ver crean”, y entre esos sí estamos llamados nosotros, con la ayuda del Magisterio perenne y el testimonio de los santos a través de la tradición viva de nuestra Iglesia, somos parte de quienes participemos de la gracia de las gracias como es poder tener en medio nuestro a Jesús Sacramentado, el “pan del cielo que nos da vida eterna”, permitiéndonos tener -ya en este mundo- y en este tiempo la vivencia del misterio de la Iglesia que peregrina, de la Iglesia que se purifica y de la Iglesia de los santos triunfantes, en una misma realidad cual es ser partícipes de Jesús en medio de nuestros altares.

CURA DE VALPARAÍSO CHILE

¿Cómo podemos fortalecer nuestro amor a Jesús sacramentado?
Fortaleciendo las visitas a los sagrarios solitarios: ¡Qué cuesta dedicar unos minutos al pasar frente a una Iglesia? Son inmensas las gracias que de este acto podemos recibir… ¡Tanto por tan poco! Hay vidas que han tenido un punto de inflexión, un antes y un después por el sólo hecho de entrar a un templo, de estar unos minutos ante el Santísimo, de rezar arrodillados a imagen del publicano que dice Jesús “no se atrevía ni siquiera alzar su mirada”.
Participando en la adoración al Santísimo: Al inicio de cada mes, los Primeros Viernes votivos del Sagrado Corazón de Jesús, podemos dedicar una Hora Santa para acompañar a Jesús que nos guarda un tesoro en cada entrevista que tendremos con Él cuando se encuentre expuesto de manera solemne sobre nuestros altares, recordando la quemante pregunta que hizo a sus propios discípulos en el Huerto de los Olivos: ¿No pueden velar junto a mí por una hora? Ellos se quedaron dormidos…nosotros, ¿también?
Compañía a Jesús sacramentado de nuestros enfermos: En este Año Eucarístico Nacional es una oportunidad para revitalizar nuestros deseos de estar nuevamente con Jesús sacramentado, tal como fue el día de nuestra Primera Comunión…Aquel día con gozo, pureza, piedad, nos acercamos a recibirle por primera vez, de lo cual han pasado a lo mejor ya tantos años. Puede haber envejecido nuestro cuerpo, pueden haber pasado los años, pero imploremos la gracia de procurar recibirle en cada comunión como si fuese realmente la primera, la única y la última vez de nuestra vida. Si estamos impedidos por salud de ir al templo, si las distancias a los lugares de adoración nos resultan prácticamente insalvables, si estamos postrados,  no olvidemos que si podemos ir espiritualmente a nuestros templos, incluso recordando la ayuda de los medios de comunicación e internet en orden a mirar en vivo (on line) los lugares donde se adora a Jesús.
Promover en los niños y jóvenes el amor a Jesús Sacramentado: Al interior de nuestras familias y en el ámbito de las amistades podemos con creatividad motivar que cuantos no han hecho su Primera Comunión puedan acercarse a comulgar luego de recibir una preparación necesaria y oportuna, sin prisas ni pausas excesivas. Ir por la vida junto a Jesús en el alma nos hace inmunes a muchas de las asechanzas del demonio cuyo gran objetivo es alejar al creyente de su fe, especialmente del objeto mismo de ella, que está presente en los sagrarios y en nuestros corazones.
2.        “El pan que yo les voy a dar es mi carne para la vida del mundo” (San Juan VI, 51).
La “carne para el mundo” es la persona de Cristo, hombre y Dios a la vez que puede hacer divinamente las realidades más simples como hacer misteriosamente que lo más misterioso, sublime y trascendente sea asumido “con diligencia y naturalidad”. Cristo es más íntimo a nosotros que nosotros mismos por tanto no es un añadido a la vida humana, o un complemento, sino que forma parte vital de nuestra misma existencia.
Jesús es la respuesta definitiva que entregó el Padre eterno para el mundo. En Jesús hablo de una vez para siempre, por lo que la revelación escrita se acabó con la venida de Cristo al mundo según lo cual no debemos buscar novedades al margen de la Biblia a la vez de rechazar resueltamente todo aquello que se abrogue la competencia complementaria de “perfeccionar” el Nuevo Testamento.
En medio del mes de Caridad Fraterna al que la Iglesia en Chile nos pide celebrar con el testimonio de San Alberto Hurtado, vemos como hermosamente tipificada en su vida la síntesis de amar a Dios sobre todas las cosas, en medio del culto sagrado fiel a la común tradición y ajeno a la personal inventiva que suele falsear la Sagrada Liturgia en detrimento de la santidad de nuestro Señor y del respeto a la vida espiritual del verdadero pueblo de Dios que es nuestra Iglesia Católica.
En el Nuevo Testamento en las dos ocasiones donde se vincula el amor a Dios y el amor al prójimo, se nos dice primero que el marco de la caridad debe ser “uno mismo”, es decir: lo que nos agrada o molesta. Mas, en la Última Cena el Señor cambió la perspectiva diciendo que procuremos amar al prójimo “como yo os he amado”, con lo cual surge de inmediato la pregunta que hacía a los creyentes hace casi siete décadas atrás San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.
Sin duda las obras de misericordia enseñadas por el Catecismo de la Iglesia tienen plena vigencia en la actualidad, y no son un tema del pasado porque el amor que Cristo muestra hoy, lo hace a través de su Iglesia que procura descubrir su rostro en cada persona que sufre en su cuerpo y en su alma.

Tengamos presente que al fin de nuestro paso por este mundo seremos juzgamos por las obras que precederán nuestras palabras: ¿Qué hicimos por quien lo necesitaba con urgencia? ¿Qué hicimos por la salvación del alma de nuestros amigos y familiares?
Procurando ser breves…Visitar a los enfermos y a los que están detenidos: Por causas diversas sufren la limitación de no poder moverse con plena libertad. No pueden ir donde quieren, y con el paso del tiempo ambos suelen sufrir el olvido de sus cercanos. Jesús viene en su  busca, dar a conocer un mensaje de esperanza y renovar los corazones enfermos del desprecio y la soledad.
Dar de comer al hambriento y beber al sediento: Es sabido que el alimento producido por el mundo es suficiente para alimentar la población entera, el problema es que se desecha mucha comida y no se comparte lo suficiente para que todos accedan a lo indispensable. Con los índices económicos que tiene actualmente nuestra Patria ninguna persona debería padecer hambre, y si ello ocurre es una realidad que “clama al cielo” y es necesario reparar con urgencia.
Dar consejo al necesitado y corregir al equivocado: Mediante la palabra talismán de tolerancia y las expresiones anglosajonas “no prolem”  se esconden muchas faltas por omisión en la cotidiana vivencia de la caridad fraterna, porque se calla lo debido, se silencia la verdad con el fin de evitar desencuentros con quienes vivimos y compartimos. La verdad tiene su hora pero siempre es necesaria, por esto al momento de ir a enseñar y corregir a otros previamente debemos haber procurado rezar para encontrar las palabras más adecuadas y el momento más oportuno que nunca puede ocultarse en el silencio…!No somos perros mudos¡
Perdonar los defectos y ofensas del prójimo: Hay quienes creen tener un carácter de oro, que por su naturaleza siempre es bien recibido y todos lo  desean como un bien valioso. Pero nuestra personalidad no es así, hay mucho de miseria, mucho de pecado, mucho de debilidades, mucho de superficialidades y torpezas que nos hacen ser no la moneda de oro que creemos sino una moneda de lata que suena pero no tiene gran valor. Por ello, muchos de mucho deben perdonarnos día a día y es lo que en el rezo del Padre Nuestro imploramos colocando como divina hipoteca el perdón dado a otros por la misericordia del Señor que no tiene ocaso. Miremos al rostro de la Virgen Santísima en cuya alma todo ocupamos un lugar especial, para cobijar en el nuestro a quienes más sufren en este tiempo ¡Que Viva Cristo Rey!

sábado, 14 de julio de 2018

“MARIA, CONSAGRADA A DIOS”


 CUARTA MEDITACIÓN NOVENA DEL CARMEN 2018
LA VIRGEN MARÍA CONSAGRADA DESDE NIÑA

La consagración implica que de un todo se separa una parte en exclusiva. Esto aplicado a la fe implica que de todo lo que el creyente dispone elige voluntariamente, en pleno uso de sus facultades superiores como son el intelecto y la voluntad, optar por Dios ¡Vale la pena dedicarse a Dios por completo! Bien podemos preguntarnos: ¿Qué es una vida entera ante la eternidad prometida?

Consagrarse implica estar en las manos de Dios, estar a su servicio, estar disponible a lo que nos pida.

La Virgen estuvo consagrada a Dios desde sus primeros años en virtud de la misión que tenía desde el día de la anunciación. Allí fue reconocida como “la llena de gracia”, que participaba de la bendición de Dios desde su misma concepción, por lo que podemos decir: Después de Dios, la Virgen.

En la Virgen Santísima no hubo pausas,  ni recreos,  ni años sabáticos en su entrega, como una cadena unida por los eslabones su disponibilidad fue ascendente según iba recibiendo las gracias del Señor. No tuvo una vida estática, o plana por el contrario fue una verdadera aventura desde lo que Dios le rebelaba, aquellos momentos de incertidumbre resultaron como un trampolín para sumergirse en la profundidad del amor de Dios.

Esto hace que la vida consagrada a Dios este enriquecida permanentemente por la novedad, por los nuevos caminos que Dios invita a seguir. Lejos del consagrado la monotonía y el quietismo anquilosante que nace de no amar de verdad toda vez que quien lo hace nunca le faltan razones para hacer algo nuevo, para descubrir otros modos de servir, para ahondar en los misterios de la fe.

La consagración implica entrega: Libremente de lo que uno es o tiene, opta por dar a Dios lo que fue, es y será, en un acto sin reservas no como quien entrega algo en custodia. El desprendimiento de los gustos, opciones, deseos, son colocados en las manos del Señor para que sea Él quien dictamine finalmente. Esta entrega libre y perpetua hizo que la Virgen María sea ejemplo para cada creyente que no puede crecer espiritualmente si no acaba de asumir a lo largo de su vida esta dimensión de total disponibilidad. Por esto,  Ella es el modelo perfecto de consagración para quien quiere entregarse a Dios y a su Iglesia totalmente.

La consagración implica comunión: Sin duda,  la Virgen María tuvo una cercanía muy especial –única- con Jesús, verdadero Dios y hombre a la vez. Nadie mejor que Ella conoció los sentimientos del Corazón de Jesús, que luego, palpitaría en la cercanía que tendría la Virgen con la Iglesia naciente fundada por Jesús. A la Virgen la encontramos presidiendo la oración  de los apóstoles al momento de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, y sin duda ocuparía un lugar privilegiado en la vida de las primeras comunidades fundadas por los Apóstoles. De hecho fue en la ciudad de Éfeso donde  la Virgen Santísima fue asunta en cuerpo y alma a los cielos donde san Pablo vivió dos años.

¿Sería espectadora la Virgen de lo que otros hacían en nombre de su Hijo?.  Por cierto que no. Por el contrario, la vemos diligente, audaz, y propositiva al momento de hablar sobre su Hijo y Dios, ajena a los falsos complejos imperantes en nuestros días a causa del espíritu liberal de tantos que hablan  sobre Dios y su Iglesia colocando una escisión cancerígena a la fe como es la pretensión modernista de separar la fe de la vida.

Sin duda la Virgen consagrada a Dios nos invita a crecer en la vida como creyentes, sabiendo que a los que Dios une a si, quiere verlos unidos entre si, para lo cual ha dejado las gracias en manos de la Virgen, para repartirlas en abundancia. Al interior de la vida de la Iglesia, todo bautizado puede estar consagrado a Dios en cualquier estado de vida, incluidos quienes no se han casado ni están ministerialmente consagrados. Así lo enseña el Apóstol San Pablo: “También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada en cambio se preocupa de las cosas de este mundo buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para bien vuestro, no para ponerles un obstáculo sino para que vosotros hagáis lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor” (1 Corintios VII, 34-35).

LA VIRGEN MARÍA: PERTENENCIA DE DIOS



La ejemplaridad de la Virgen María para la consagrada y para todos aquellos que participan de la misión apostólica de la Iglesia adquiere una luz particular cuando se presenta en las actitudes espirituales que la han caracterizado. María, la Virgen en la escucha, María la Virgen en la oración, se ofrece como modelo excelente de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo, es decir, de aquella disposición interior con la cual la Iglesia, esposa amante, se halla estrechamente unida al Señor, lo invoca y, por mediación suya, rinde culto al Padre Dios. ¡Que Viva Cristo Rey!.

  

MARÍA, ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO


 MEDITACIÓN TERCERA NOVENA DEL CARMEN 2018


                                                                                           ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO


En este tercer día de preparación a la Solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, Reina y Madre de Chile, la veneramos bajo la denominación de “Esposa del Espíritu Santo”, la cual tiene una vigencia muy especial en nuestro tiempo.

Desde el primer instante de su existencia, la Virgen estuvo llena del Espíritu Santo, por esto fue preservada del pecado original, y en vistas a que sería quien en su cuerpo llevaría al Divino Redentor del Mundo, estuvo unida permanentemente al Espíritu Santo, recibiendo gracias abundantes hasta el mismo día en que Jesús permaneció en sus entrañas fue llamada por el Arcángel Gabriel como “la llena de gracia”, vale decir: Totalmente amada y protegida por Dios.

Actualmente, muchas personas miran la relación esponsal desde una perspectiva utilitarista. Si los cónyuges son vistos como algo “usable” entonces pueden ser objeto de compra, de uso,  y de desecho, lo que hace que la vida matrimonial sea tenida como algo circunstancial, cuya esencia puede ser modificada según los sentimientos y gustos pasajeros, lo que en el ámbito de la verdadera dictadura del relativismo lleva a la permisividad de las mayores aberraciones las cuales siempre fueron tenidas como tales y que ahora, mañosamente,  se presentan como buenas y hasta dignas de orgullo.

Durante la visita que hizo el actual Sumo Pontífice a nuestra Patria, invitó a hacer una pregunta que San Alberto Hurtado realizó a los jóvenes: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?” La respuesta la encontramos en todas las enseñanzas del Nuevo Testamento, y la vemos en la concordancia de un Magisterio de la Iglesia a lo largo de una tradición de ya dos milenios. Por desgracia la teología liberacionista tiene “manos y pies de tijera”, es decir, sin asco recorta antojadizamente los evangelios, de la misma manera que no se enrojece –aunque rubicundo sean-  de parcializar la doctrina de la Iglesia según intereses particulares e ideológicos, los cuales se oponen a los designios de Dios.


Siglos atrás la aberración que constituye la unión y relación corporal de dos personas de igual sexo ha llevado a la debacle a muchas sociedades en el pasado, lo cual nuestra Iglesia Católica en su Magisterio perenne siempre ha condenado todas aquellas  conductas que traen tanto mal a los hogares y a las naciones.

Por esto resulta incomprensible que en Suecia –por ejemplo- los pastores luteranos sean obligados a dar “bendiciones” a pseudomatrimonios de personas de igual sexo, como que, en la Iglesia nuestra subsistan iniciativas que promuevan lo que los apóstoles denominaron “abominaciones” con pastorales del orgullo gaycista. ¡San Pablo de esto habló claramente! (1 Corintios VI, 9-10).

También,  en este caso tiene vigencia que no es moralmente aceptable y no se consigue el bien por medio de la aceptación de un mal objetivo, y toda pastoral encaminada hacia personas que  reconozcan una tendencia  homosexual tienen derecho a ser escuchados, a participar de la vida –litúrgica, caritativa, formativa, misionera, y pastoral- de la Iglesia, a contar con el apoyo y cercanía de los consagrados, en tanto cuanto viviendo la virtud de la castidad y buscando la santidad en la vida cotidiana, acepten las enseñanzas de la Iglesia fundamentadas en el Credo, en la Tradición viva y en el Magisterio de siempre.

Por cierto, la sola verificación de un hecho que se constate aunque sea masivo, no dice relación con lo que sea propio de la vida de un católico del siglo XXI: Lo que fue condenado por Dios en la revelación escrita no puede ser borrado por el espíritu relativista (dictatorial) imperante en nuestros días. Fuimos creados libres no para ser esclavos de las modas pasajeras ni de las conductas contrarias a lo escrito por Dios en la humana naturaleza.

En esto son los mismos santos quienes con su vida nos enseñan los criterios y modos de actuar ante los desafíos de la vida actual. Para que se convierta quien se ha alejado no se requiere incentivar su espíritu evasivo incentivando el extravío sino ofreciendo el verdadero cambio de vida y conversión que lleva esforzarse por ser fiel a Dios.

Lo anterior hace que –en ocasiones- el matrimonio no sea ya visto como la unión perpetua de un hombre y una mujer que a los pies del altar imploran la bendición de Dios, sino que sea una supuesta convivencia hasta que resulte. Seamos claros: Dios no bendice a los esposos con fecha de vencimiento, lo hace de una vez para siempre. No borra con el “codo” lo que escribe con su diestra.

  


Por muy extendido que se encuentre  un error no podemos callar una sola coma de lo que Cristo nos ha enseñado y de lo que la Iglesia ha enseñado siempre, por esto es el camino de la fidelidad la genuina novedad que los católicos debemos ofrecer para nuestros días. Eso espera Dios, y eso necesita el hombre de hoy. En consecuencia,  oponerse a los dictámenes mundanos que hablan de “géneros”,  de “gaycismo” es un mperativo para quien desee ser apóstol, discípulo, y misionero.

Al contemplar a la Virgen María como “Esposa del Espíritu Santo” imploramos en este día tercero de la Novena a la Virgen del Carmen, para que la vida matrimonial en nuestra Patria se viva de acuerdo a la grandeza que Dios inscribió en el hombre y la mujer para ser anuncios vivos de su amor divino en el mundo de hoy, del cual la Santísima Virgen es un ícono perfecto,  a la que honramos como la “Esposa del Espíritu Santo”. ¡Que Viva Cristo Rey!

jueves, 12 de julio de 2018

MARÍA: LA MADRE DEL HIJO


MEDITACIÓN SEGUNDA NOVENA DEL CARMEN 2018.

  ¡MADRE DEL HIJO!
Uno de los nombres basilares que recibió la Virgen María de los primeros creyentes fue: “Madre de Jesús”. Durante la vida pública los vecinos de Nazaret y otros lugares se preguntaban: “¿No es este el hijo de María?”.  Lo que les parecía un escándalo, toda vez que no comprendían cómo tales milagros y enseñanzas proviniesen de quien “no llamaba la atención” porque era una persona “común y corriente”…No había participado en reconocidas escuelas de liderazgo rabínico  ni exhibía títulos ni condecoraciones por doquier. Era visto como un hijo más de una joven doncella, que dio a luz a Luz del mundo en un establo para animales en la localidad de Belén, mismo lugar en la cual siglos atrás había nacido el rey David. Pero, este Jesús sólo tenía a María como su Madre. En la pregunta hecha por los nazarenos ¿No es este el hijo de María? Subyace el germen de lo que será el fundamento de toda piedad hacia la Virgen hecha veneración y reconocimiento a Jesús, el Hijo Unigénito de Dios por medio de María Santísima…La Madre del Hijo.

La maternidad de la Virgen es reconocida por los Apóstoles que “oran junto a Ella” y  “la reciben en su hogar” pues Jesús fue engendrado en el vientre de María, y durante meses se gestó y desarrolló ininterrumpidamente  como cada uno de nosotros lo hizo en el cuerpo de nuestras madres durante nueve meses.

No se trata sólo de una maternidad biológica, sino que Nuestro Señor recibió de la Virgen, su Madre verdadera,  todas las lecciones propias de cada una de las etapas de crecimiento, y no por un tiempo limitado por una mayoría de edad que tanto se suele anhelar en la actualidad  a causa del espíritu autonomista, sino que durante tres décadas vivió sujeto, escuchando y siguiendo lo que sus padres le indicaban.

En efecto, leemos que luego se ser encontrado por sus padres -José y María-  en el templo de Jerusalén, rodeado de maestros que preguntaban y escuchaban con asombro,  el joven Jesús –de sólo doce años- regresó con ellos y vivió “obediente” a su padre y su madre. Esto confiere al amor filial un valor enorme a los ojos de Dios, toda vez que si queremos imitar a Jesús, si queremos seguir al pie de la letra sus enseñanzas sería fantasioso no hacerlo respecto del amor y servicio hacia nuestros padres.

Sin duda,  la Virgen Santísima con su piedad humana respondió a Dios a la medida de Dios, lo que la llevó a  “guardar todo en su corazón” y a responder con diligencia al programa de vida, que de manera inesperada le proponía  Dios Padre. Así vemos que, el día de Anunciación pregunta: ¿Cómo será si no conozco varón?...Ante la respuesta del Arcángel la Virgen señala: “Hágase en mi según tu palabra”. Luego,  ante la realidad de dar a luz en un pesebre la Virgen responde cobijando a Jesús entre sus brazos y cubriéndolo en pañales; a los pocos días debe partir a Egipto al exilio para proteger a su Hijo y Dios a quien la sociedad y sus autoridades querían eliminar por sus leyes y protocolos… ¿Qué hizo María?  ¡Defendió al Hijo!

Jesús, en virtud del misterio de la Encarnación asumió en todo la condición humana menos el pecado, por esto,  cumplió los Diez Mandamientos, el cuarto de los cuales nos dice: “Honrarás al padre y a la madre”. No se puede ser hermano en Cristo sino se reconoce primero la maternidad de María. Así como no se habla de ser madre sin referencia al hijo, del mismo modo no se entiende ser hijo sin referencia a la madre, la cual –en el caso de la Virgen- es única tal como su Hijo y Dios lo es.

MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

Como la Virgen enseñó a Jesús,  de la misma manera las madres deben procurar ser fieles en transmitir la doctrina y el estilo de vida, que el Señor le encomienda de manera indelegable, particularmente en medio de la tempestad de apostasía en que estamos inmersos. Por cierto, María,  Madre del Hijo nos recuerda que no se puede cambiar una ley moral de origen divino, del mismo modo que no se puede cambiar las leyes de la física. Tales leyes inscritas por Dios en la naturaleza nos evidencian una gran verdad: que cuando el hombre juega a ser Dios lo termina pagando caro siempre.

Entonces, no es lícito “hacer el mal para que venga un bien” (Romanos III, 8). Y como toma madre la Virgen Santísima por cierto “aprendió de Jesús” –como los que escuchaban atentos en el templo cuando se extravió por tres días-, mas,  por particular designio divino,  fue Ella la que enseñó a Jesús a caminar, a ponerse de pie, a jugar, a visitar habitualmente a sus abuelos –Joaquín y Ana- a balbucear las primeras palabras, a fortalecer los vínculos familiares, como con Juan Bautista, y sus demás primos descritos en el Evangelio.

LA VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS

La “normalidad” de Jesús que para algunos era sorprendente fue dada en parte por aquella que las generaciones y generaciones no han dejado de reconocer como “Madre del Hijo” ¡Que Viva Cristo Rey!

                

lunes, 9 de julio de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, HIJA DEL PADRE


 DÍA PRIMERO SANTA NOVENA / 9 DE JULIO DEL 2018


                                                     VIRGEN MARÍA: ¡HIJA DEL PADRE!


Iniciamos este día la preparación para la celebración de la Solemnidad de Nuestra Reina y Madre, la Virgen del Carmen, que desde el inicio de la historia patria ha ocupado un lugar principal en la devoción de los creyentes y ha sido un vínculo insustituible de unidad en momentos de mayor dificultad.

La condición de “Hija del Padre” emerge directamente por un acto de amor de Dios Padre que, llegada la plenitud de los tiempos, viendo el desvarío de la humanidad,  envía a su Hijo unigénito al mundo con el fin de reconciliar al hombre con Él.

La grandeza sin par del misterio de la encarnación del verbo, nos hace descubrir la presencia de María con su Iglesia, que emerge el mismo día que Cristo viene al mundo, se inicia la Iglesia y la Virgen es reconocida como la hija de Dios Padre, por tanto no se comprende una Iglesia huérfana de madre porque la Virgen es su Madre desde el primer instante de vida.

Sin duda la experiencia que cada uno ha tenido en la condición como hijo nos lleva a mirar cómo Dios  Padre ha visto a su hija predilecta…”es la niña querida” del cielo y de la tierra, que vive consagrada a Él desde su primera infancia, y no dejará de estarlo hasta el día de su asunción en cuerpo y alma, donde es coronada como “Reina del Universo”.

En los últimos meses hemos visto, a interior de nuestra Patria una corriente ideológica que ha querido imponer una visión reductiva de la grandeza del ser femenino como opuesto al hombre, a quien se le presenta como un rival que prácticamente hay que eliminar. De hecho algunas pancartas exhibidas dicen: “mata al macho” lo que se opone a los designios divinos que al comienzo de creación hizo de la nada al hombre y la mujer a su imagen y semejanza es decir, muy parecidos a Él. Sin duda,  la aversión hacia una supuesta cultura patriarcal no sólo suele exigir la muerte del hombre sino también de toda realidad que hable de paternidad y obediencia hacia los padres.

Contra todo lo que suele ser reconocido en el slogan del denominado “feminismo profundo”, la debilidad formativa en nuestra realidad social –en general- es una madre que “manda” y un padre que obedece.

Lo anterior entra en grave conflicto cuando vemos en el Evangelio que toda la vida de Jesús, a quien procuramos imitar en sus mismos sentimientos y acciones, hizo el camino de su “realización” el cumplir en todo la voluntad del Padre que está en los cielos. Aún más, la misión de Cristo fue dar a conocer al Padre, con quien estaba permanentemente unido: “Yo y mi Padre somos uno”…”Quien me ve a mí,  ve al Padre”.

El cuestionamiento a la figura paternal actualmente en boga, marca un quiebre con la enseñanza de la Iglesia y contribuye a que muchos bautizados terminen  desfigurando la imagen de Jesucristo que en todo momento honró a su padre cumpliendo lo que  le pedía.

Un padre que nos invita al crecimiento espiritual por medio del sacrificio, con las demás virtudes de abnegación, y perseverancia. En la vida sabemos que las cosas cuestan obtenerlas, y las que más apreciamos son las que más esfuerzo nos han exigido.

El Padre eterno previendo desde la eternidad la ruina lamentable de quienes desde Adán se alzaron contra sus designios permitió que su Hijo Unigénito fuese el Redentor del género humano. La ruina de la sociedad actual,  marcada por la falta de piedad y violento egoísmo, encuentra en el desprecio a la paternidad providente una de sus primeras causas. En efecto la Biblia enseña que quien honra y obedece a sus padres vive largo tiempo: “Honra a tu padre y tu madre para que prolongues tus días sobre la tierra que tu Dios te va a dar” (Éxodo XX, 12) , lo cual no sólo se refiere a los años  numéricamente entendidos sino a la satisfacción que hay en vivirlos…no más años de vida sino más vida en los años…”Honra a tu padre y a tu madre  tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida” (Efesios VI, 1-3 y Deuteronomio V, 16).

La Virgen María vivió consagrada y obediente a los designios de Dios Padre, descubriendo su mejor intérprete en la presencia de San Joaquín –su papá- y en Santa Ana –su mamá- por lo que la Virgen nos puede enseñar con autoridad de lo que Ella vivió cotidianamente. En circunstancia que el mundo insiste en autonomías, independencias y libertinajes, la Virgen con su vida con enseña una y otra vez que Dios Padre no es rival de la humana libertad sino su primer garante.

Los designios de Dios Padre no son una imposición esclavizante,   venida de fuera sino que constituyen la senda de la libre realización que emerge de la condición de hijos de un Padre que nos ama y protege permanentemente, tal como la Virgen María vivió su libertad de hija desde el pleno cumplimiento de todos y cada uno de los mandamientos de Dios.


                                                        PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE  


La Virgen por su obediencia filial nos conduce hacia el Padre: Cumpliendo el rol dado por Dios de ser “Madre de Jesús” y teniendo presente que por la sangre de Cristo corría la sangre de su madre, que al presentarse con las heridas visibles ante el Padre Eterno, el ADN inscrito en ellas era el de su Madre Santísima, la hija predilecta del Padre porque cumple una función única –inigualable- de ser aquella que más pronta y fácilmente con ayuda a llegar al Padre por medio de su Hijo y Dios.

Según esto, la enseñanza de los mandamientos de Dios y de su Iglesia forma parte del apostolado que todo bautizado está llamado a realizar en primera persona. La búsqueda del fortalecimiento de la familia repercute siempre en la solidez de la sociedad, toda vez que siendo la célula fundamental, con las características propias que tiene la naturaleza, que fue  inscrita por Dios, confiere a cada uno un carácter insustituible.

Muchas veces hemos recordado que “el alma del apostolado es el apostolado del alma”, realidad que al hacerla extensible a la familia nos lleva a develar la urgencia pastoral de dar a conocer que el proyecto divino de buscar la santidad de  cada bautizado y de la sociedad pasa por dar a conocer fielmente todo aquello  que nuestra Iglesia enseña respecto a la vida del hombre y de la familia.

Para esto, no son los libros de sociología, de autoayuda o de sicología los que deben guiar nuestra enseñanza sino que nuestra seguridad ha de apoyarse en lo que Dios ha dicho en la Sagrada Escritura y ha hablado por medio de la creación, respecto de lo cual ¡Dios no puede engañar ni ser engañado!

La Virgen como hija del Padre es primera e inigualable a la hora de considerar la virtud de la obediencia, servicio, y cariño atento –hecho piedad- hacia su Padre del Cielo y sus padres en la tierra, fieles intérpretes del amor de Dios.

En estos días de la Santa Novena a la Virgen del Carmen recordamos que el primer templo dedicado a la Virgen María fue el que se erigió en el Monte Carmelo, pues los primeros cristianos vislumbraron que los paganos solían colocar pergaminos como hijo de tal persona, más la Virgen por antonomasia puede ser llamada por todos y en todo tiempo como la “Hija del Dios Padre”.

Con este título se refería un santo contemporáneo en uno de sus libros: “Dios te salve, María, hija de Dios Padre; Dios te salve, Madre de Dios Hijo; Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo…! Más que tú, sólo Dios! (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, número 496)
¡Que Viva Cristo rey!

 

domingo, 8 de julio de 2018


TEMA   : “AQUEL QUE TE CREO SIN TI NO SE SALVARÁ SIN TI”.

FECHA : DOMINGO DÉCIMO SÉPTIMO TIEMPO ORDINARIO/ 2018MILAGRO DE JESÚS
La comida es una característica de los pueblos. De algún modo  la historia del sabor da sabor a la historia. En la antigüedad –griega por ejemplo- el hombre era definido como un “comedor de pan”, así lo dijo Homero (Odisea IX, 191)  no el de Springfield para los más jóvenes.

En el Evangelio de este domingo vemos que hay dos preguntas: La primera dice: ¿Dónde vamos a comprar pan  para que coman estos? El pan era el alimento básico que había en Israel,  los pobres comían pan de cebada y los ricos de trigo. En general en los pueblos de Oriente, y particularmente en la Palestina  había un respeto casi sagrado hacia el pan  toda vez que si llegaba una visita y en ese momento se estaba partiendo, debía esperar la visita a la fracción del pan. No se usaba cuchillo sino se trozaba con las manos,  generalmente eran redondos y se preparaba a nivel de familia, no de modo “industrial” como acontece en nuestros días. Incluso había normas legales que establecían que no se colocara carne cruda sobre el pan, no se ubicaran  jarros sobre el pan,  ni un plato caliente a su lado, además,  el pan se preparaba cada dos o tres días. Entre los días de pascua se debía comer pan  sin levadura y el que lo hacía “seria cortado de la comunidad” (Éxodo XII, 18-20), lo cual podía llegar a ser algo literal.
La segunda pregunta, la hacen los Apóstoles, casi cómo lamento de buena crianza: “¿Qué es eso para tantos?”. A los ojos de los hombres las dos preguntas pueden entenderse como algo lógico, aterrizado, y realista. Lo mismo que escuchamos en la primera lectura cuando Baal-Salisá al profeta Eliseo le dicen: “¿Cómo voy a dar esto a cien hombres?” (2 Reyes IV, 43)  y eso que ellos tenían veinte panes.
El denario equivale a tres cuartos de dólar, que llevado a nuestra economía actual, serían unos 500 pesos, por lo que “200 denarios en pan” serían cien mil pesos. Demasiado dinero para gastar en pan de una sola familia pero el evangelista dice que “eran cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”. Entonces, deducimos que el presupuesto eran de unos diez pesos por persona, por cierto muy poquito.  Algo tenían pero era aparentemente insuficiente.
San Pablo equipara el pan ázimo a “la sinceridad y la verdad”, es decir quien coloca su seguridad en la verdad revelada y procura caminar de frente por la vida, sin suspicacias y dobles intenciones, posee un corazón disponible en el cual Dios puede escribir sus designios.

               MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y PECES



El pan ázimo implica la disponibilidad del creyente que deja actuar al Señor en su vida, en toda su vida, sin dejar que las salvaguardas humanas, las aparentes seguridades, los por si acaso, terminen por hacer que el pan sin levadura se descomponga y endurezca como una piedra sobre la cual la gracia que viene de lo alto escurra y pase de largo.
La dureza del corazón hace que el hombre que está lleno de sí mismo cierre su corazón a Jesús, por lo que frente un alma ensimismada Dios no tiene espacio. ¡Abrid las puertas del corazón a Cristo! ¡Abrid las puertas de nuestra vida a Cristo!
Dos lecciones podemos sacar de este milagro:
Dios sabe lo que necesitamos: Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, es decir, “muy parecidos a Él”, siendo la única creatura en la cual Dios ve su rostro…Si la creación nos habla de Dios, en Cristo perfecto Diosa y hombre a la vez, Dios habla de sí de manera definitiva.
Por esto, sabe perfectamente quienes somos y conoce hondamente cómo somos, incluso mejor de lo que cada uno cree conocerse. ¿Cuántas veces después de una expresión o de una acción nos arrepentimos y decimos cómo pude haber hecho eso? ¿Cómo pude pensar de esa manera? Lo cual demuestra que en ocasiones nuestro autoconocimiento no es tan perfecto ni acabado como lo solemos pensar.  Respecto de lo que otros saben de nosotros casi es mejor no profundizar porque es evidente el desconocimiento.  En consecuencia, primero que  nos debe preocupar es cómo nos conoce nuestro Dios. A Él no cautivamos con apariencias ni nuestra imagen cambia con un la aplicación de una fotofancy.
Dios puede más: Por muy adversas que sean las realidades que se nos presenten, en este caso dar alimento a una inmensa muchedumbre que andaba “como ovejas sin pastor” y “hambrientas”, en modo alguno podemos caer en la desesperación de pensar que nada puede cambiar, por el contrario, para un creyente cada momento en gracia es una nueva oportunidad de mejorar, de crecer, de ser más santos, y de ser mejores.
Recordemos lo que solía decir un niño mexicano cuando arreciaba la más cruda de las percusiones que nuestra Iglesia Católica ha padecido en el continente americano: “ánimo, nunca fue más fácil llegar al cielo”. En la actualidad, no se quita la vida a nadie…por el momento, pero se urde el manto de cuestionamiento sobre todos los creyentes, particularmente los consagrados procurando obtener con ello la desafección de unos, el abandono de otros, y el desprecio todos, hasta el extremo de lacerar con insultos a quien no  se conoce por el sólo hecho que hablar de Dios o habla con Dios.
En la primera lectura tomada  del Antiguo Testamento, en plena época de hambruna, donde las necesidades eran muy superiores a las actuales, Dios invita a la generosidad, sabiendo que quien actúa bien en tiempos de carencia recibirá múltiples bendiciones en épocas de abundancia. Por esto, el pan dado al profeta para repartirlo entre cien hombres fue más que suficiente, toda vez que sobró una gran cantidad. Recordemos que Dios siempre puede más, incluso que aquello que siquiera vamos a imaginar en el futuro. De aquí surge la confianza en su providencia, que nos acoge, nos acompaña y nos protege.
El niño descrito en el Santo Evangelio debe haber estado en etapa de crecimiento, pues su madre le preparó una “colación” consistente en “cinco panes de cebada y dos pescados”, alimento que –ciertamente- resultaba más que suficiente para una familia completa. El denominado “pez de pedro” – en árabe muscht- media cuarenta centímetros y pesaba un kilo y medio, bien podemos imaginar a un niño con “con tortillas de rescoldo y tres hilos de pescado” ¡Hambre no pasaría!
En este sentido, al ver que Jesús pide a sus discípulos su colaboración, descubrimos porque San Agustín de Hipona dice: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, por lo que nunca debemos pensar que ese sacrificio hecho, que esa contribución dada, que esa enseñanza impartida caen en el vacío, porque si Dios puede hacer todo de la nada, ¿qué no dejará de hacer desde aquello que ya ha creado? Si tiene incidencia lo que hacemos, entonces: “cuida siempre lo que piensas, porque tus pensamientos se volverán palabras. Cuida tus palabras porque estas se convertirán en tus actitudes. Cuida tus actitudes porque, más tarde o más temprano, serán tus acciones. Cuida tus acciones que terminarán transformándose en costumbres. Cuida tus costumbres, porque ellas forjarán tu carácter. Finalmente, cuida tu carácter porque esto será lo que forje tu destino eterno”…que para ello hemos sido creados y redimidos.
Hermanos, desde que Cristo asume nuestra condición humana, el Buen Dios mira a cada persona valorizada por medio de la sangre derramada por Cristo, lo que confiere a nuestras acciones una nueva condición que va de la mano con la redención, por lo que el acto de “repartir el pan” a una “muchedumbre con hambre”  implica dar a conocer la salvación querida por Dios para todo aquel que reconociéndole le acepte, se convierta sinceramente  y viva verdaderamente según los mandamientos de Dios y de su única Iglesia.
Invoquemos a la Virgen María, que así como precipitó el primer milagro con la transformación del agua en vino en Cana de Galilea haga que aumente nuestra piedad eucariótica en este Año Santo, y asumiendo nuestro apostolado con una urgencia particular de este tiempo de salvación en que estamos inmersos. ¡Que Viva Cristo Rey!