jueves, 20 de septiembre de 2018

CONTAGIAR LA MISERICORDIA EN EL MUNDO

            TEMA :  “CONTAGIAR LA MISERICORDIA EN EL MUNDO.
      FECHA: HOMILÍA 45° ANIVERSARIO 11 DE SEPTIEMBRE / 2018

                                                        SACERDOTE JAIME HERRERA CHILE


SANTA MISA PARROQUIA VITACURA




1.     Elegidos por la misericordia de Dios.
Estamos celebrando nuestra Santa Misa en el día once de un gran mes. Es el mes donde se vuelca nuestra mente y corazón para venerar esta “Patria” que Dios nos ha ofrecido como un don y una tarea.
Una misión que en el texto proclamado reciben los Apóstoles como una elección gratuita que hace Jesús de cada uno, sin duda luego de pasar una noche entera en oración, tal como posteriormente lo haría para cada jornada decisiva , recurriendo al cielo para ser fortalecido en las opciones que marcarían indeleblemente su caminar en vistas a salvar al hombre.
La respuesta que cada apóstol dio a Jesús no fue producto de un simple entusiasmo, no respondía a un largo discernimiento como evaluando costos y beneficios para gozar de una plena seguridad, sino que fue la consecuencia de una opción no exenta de riesgo, de incertidumbre, tal como lo experimentarían durante el tiempo que acompañarían al Señor por las tierras de Judea y Palestina.
Nos dice el Evangelio que los discípulos  fueron desafiados por el Señor en este día: En el fondo de sus corazones estaba presente el anhelo de Dios, como algo entitativo de la naturaleza humana que desde su inicio hasta la vida presente nos recuerda la sabiduría de un Padre de la Iglesia: “Inquieto permanece nuestro corazón mientras no descanse en Ti” (Confesiones, San Agustín de Hipona).
Se enfrentaban a las tentaciones de adorar un becerro de oro evidenciando que la  ideología materialista ya estaba incoada en la antigüedad, -entonces- mientras Dios les invitaba a elevar los corazones hacia el lugar del encuentro en lo alto del Sinaí, el desenfreno idolátrico les hundía en la espiral de un egoísmo que parecía no tener fin; aquellos primeros apóstoles enfrentaban el desafío de ir contra corriente ante una sociedad sumergida en la molicie de lo acostumbrado.



Sin duda, el vencimiento interior que tuvieron que experimentan los primeros discípulos fue enorme, porque eran un grupo numéricamente acotado, ¿Qué eran doce para un mundo entero? los cuestionamientos crecerían de manera exponencial, mas con la mente y el corazón puestos en la llamada del Señor fueron capaces desde la generosidad a dar una respuesta favorable a la invitación hecha por Jesús, descubriendo el imperativo de procurar cumplir la voluntad de Dios sobre sus propios deseos, capacidades y limitaciones.
Desde que Jesús les dijo: ¡Síganme! sus dudas fueron evaporándose ante el esplendor de la verdad de Cristo, y los temores fueron sepultados por la certeza de experimentar el amor incondicional de que les llamara “mis amigos”. Fue esto último lo que les llevó a estar disponibles en las horas de mayor sufrimiento hasta preferir dar su propia vida antes que renegar del Señor y de su Iglesia, fue el poder estar con Jesús presente en nuestros altares lo que constituyó motivo de una esperanza enraizada en el amor gratuito de Dios.
Desde un primer momento, comprendieron que el seguimiento de Jesucristo les marcaría para toda la vida, y en toda la vida…Si nada escapa a la mirada de Dios, y su amor no cambia, entonces  “quien a Dios tiene,  nada le falta porque sólo Dios basta” (Santa Teresa de Ávila).
La esperanza y la confianza irán de la mano en la vida de todo aquel que es capaz de mirar a Cristo de frente. El Mes que transcurre evoca motivos de esperanza porque va de la mano  con la llegada de un tiempo nuevo. En efecto, el invierno queda atrás y cede al esplendor de la primavera, hecho que la misma Santa Biblia nos recuerda en uno de sus Salmos.
Para nuestra Patria, este día encierra motivos de confianza y esperanza, las cuales nunca pueden olvidarse en el alma de un creyente, ya que nuestra vida está en las manos de Dios que moldeó nuestro ser, encamina con su gracia nuestros pasos, y nos acogerá justo y misericordioso a la vez cuando dejemos este mundo.  La llamada del Señor les hizo tomar conciencia clara de buscar la santidad estando insertos en el mundo, pero no permaneciendo esclavos de lo mundano, lo que de suyo implica tener anclada nuestra libertad en hacer la voluntad de Dios. El acto fundacional que hace Cristo al elegir a sus apóstoles les hace descubrir que forman parte de un grupo, por lo cual el seguimiento de Jesús implica una vivencia común de la fe que les invita a valorar todo aquello que favorezca compartir el don recibido, particularmente mirando a Dios, la Patria y la Familia.
                                                           FUNDACIÓN PRESIDENTE PINOCHET

MISA 11 SEPTIEMBRE 2018 CHILE

2.     Del Amor a Dios, al amor de la Patria y la Familia.
Un día de este mes, el Papa Juan Pablo II colocó una cruz en la Colina de las Cruces de Lituania…Como un estandarte recuerda las cien millones de víctimas que el comunismo ha provocado a lo largo del mundo en el último siglo. Quien habla tenía nueve años en 1973. Como muchos debí hacer largas filas, muy de madrugada para obtener algún alimento; vi en las calles una violencia impensada para los tiempos que vivimos, junto a mis abuelos visite a los camioneros que durante semanas estaban en la parte alta de Reñaca, vi la violencia en la Avenida Valparaíso donde ya era costumbre, a veinte metros de nuestra casa estalló un explosivo que pulverizo los vidrios del hogar, vi a mi padre de noche salir a cuidar como apoderado del colegio de mi hermana para evitar que fuese tomado, a los ocho años escuchaba cantar cada domingo a todo pulmón en la parroquia dedicada a Virgen del Carmen el himno nacional a esas alturas  hecho clamor, el cual por las noches era retomado por las ollas vacías que hacía sonar con el entusiasmo de quien miraba a sus padres hacerlo con fuerza y convicción.
Tengo la certeza que ningún museo que visite me hará jamás olvidar lo que vivimos como familia durante los tres años que precedieron el día once del mes de la Patria del año 1973. El sol no puede taparse con el dedo, ni dejará de iluminar  porque no lo queramos ver durante mucho tiempo, de modo semejante resultan inocuos los intentos de imponer  unilateralmente  una visión tuerta de lo que pasó en Chile desde 1970 en adelante. Sin duda ello hace que no exista una verdadera reconciliación.
 La lógica totalitaria anidada en tantas naciones hace medio siglo, marcó una vorágine de dolor en muchas regiones entre las cuales la nuestra no estuvo exenta durante mil días de incertidumbre, de violencia social y de hambre, que conducía la persistente  incitación hacia una guerra civil que parecía inevitable, la cual finalmente fue providencialmente evitada.
Al igual que a los primeros discípulos, Jesús nos llama a una nueva manera de vivir, superando las barreas del egoísmo, de la venganza y la falta de caridad, que surgen de la ceguera espiritual de no ver con claridad la naturaleza de lo que uno es,  olvidando lo inconmensurable que constituye la misericordia de Dios.

Quien se sabe objeto de la bondad de Dios no olvida -cuando sea necesario- ser sujeto de la misericordia hacia los demás, por lo que la carencia de una vida religiosa consecuente siempre termina ocasionando el debilitamiento del engranaje social y familiar, con las consecuencias que vemos hoy a lo largo de nuestra Patria.
San Francisco de Sales, Patrono de este Templo Parroquial hablaba del escándalo de proscribir el Evangelio de la vida pública: “¿No es una barbaridad querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?” (Introducción a la Vida Devota).
Sin duda nuestra mirada se encamina en estos días a tener presente que “a tales males, tales remedios”, y el absolutismo ideológico solo puede ser solucionado con más libertad, que la sana vivencia de las virtudes cívicas conduzca al crecimiento personal y social. Hace unos días hemos visto que la pobreza en Chile ha ido disminuyendo inexorablemente desde que se buscase vencer la pobreza creando más riqueza, desde que se asumiera que el estado está al servicio de las personas y no las personas esclavas de un estado monstruosamente expandido, desde que se tomase convicción que hay que expandir los propietarios y no los proletarios, desde que la familia fuese puesta como un eje social imprescindible,
La ideología marxista no es inocua para nuestra sociedad, no lo fue, no lo ha sido ni dejará de serlo allí donde se intente implementar porque es “un terrible sistema de violencia totalitaria. Un sistema que pisoteó y humilló al hombre” (Papa Juan Pablo II).
Hacer de Chile una gran Nación sigue siendo una tarea basilar, especialmente para los creyentes, y es lo que hoy destacamos en quienes asumiendo una misión no deseada, buscarían por el camino de la abnegación, sacrificio y trabajo personal, “restaurar el orden institucional y la vida económica del país, tan gravemente alterados” como dijeron los Obispos en Chile en esos mismos días   
Nuestra mirada finalmente se dirige esta tarde hacia la Virgen María.  Fue el rezo incesante del Santo Rosario el que provocó que, al igual que  los pueblos mártires contemporáneos “al resistir la ideología materialista, su mirada permaneciera fija en lo Trascendente; reconociendo en Jesús de Nazaret al Mesías enviado por el Padre, el Verbo eterno hecho carne, el Salvador y Redentor del hombre” (Juan Pablo II, 7 Septiembre 1993, Siluva Lituania). ¡Que Viva Cristo Rey!

PADRE JAIME HERRERA  CHILE
                                         

sábado, 1 de septiembre de 2018

Actividades Mes de Septiembre
















LXV° ANIVERSARIO COLEGIO ALBERTO HURTADO (1954-2018)


LXV° ANIVERSARIO COLEGIO ALBERTO HURTADO (1954-2018)


El Colegio Alberto Hurtado está ubicado en el Cerro Mesilla (ex Cerro Las Carretas), perteneciendo a la jurisdicción parroquial de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro. Fundado el año 1953, bajo la conducción de su directora Clara Luz Meneses Gamboa, quien habiendo conocido el testimonio del santo sacerdote de la Congregación la Compañía de Jesús, dio inicio a este Colegio que ha servido a muchas generaciones de alumnos que agradecidos por su formación académica y religiosa se reúnen cada año para renovar el compromiso de crecer en amor a Dios y al prójimo bajo el ejemplo de san Alberto Hurtado. Este año, la Banda de Guerra de los ex-alumnos presentó el estandarte que les acompañará en sus presentaciones a lo largo del año, el cual fue bendecido por el Cura Párroco, Jaime Herrera González. En la actualidad el colegio cuenta con unos setecientos alumnos, y tienen clases de religión católica en todos los cursos, de primero a cuarto año medio. 



















viernes, 24 de agosto de 2018

HASTA PRONTO…NOS VEMOS EN EL CIELO


TEMA  : “ HASTA PRONTO…NOS VEMOS EN EL CIELO”.

FECHA: HOMILÍA EXEQUIAL SRA.CECILIA FICA ESPAÑA / 2018

1.     La vida fue dada para buscar a Dios.

Queridos hermanos: En medio de la celebración del Mes de la Caridad Fraterna, donde hemos ido meditando -día a día- sobre las obras de misericordia que nos propone nuestra Iglesia, nos reunimos para dar cristiana sepultura al cuerpo de nuestra hermana Cecilia Fica España, rezando por el eterno descanso de su alma,   junto a sus seres queridos que le acompañan. Lo hacemos a la luz de las palabras del Señor: “Quien se une a mí con fe viva no muere para siempre”, las cuales resuenan con mayor fuerza en estas horas en las cuales hemos ido gradualmente asumiendo lo pasajero que resulta nuestro paso por este mundo a la luz de las promesas de bienaventuranza eterna hechas por el Señor, quien nos pregunta una vez más: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?”.
Nuestra mirada se encamina hacia el horizonte donde parece unirse el cielo y la tierra. ¡Tantas veces tenemos la oportunidad de ver los atardeceres a lo largo de nuestra costa generosa! Y precisamente cuando el sol parece dormir en la línea del horizonte se produce un efecto inverso emergiendo el mayor destello…Algo similar acontece con nuestra vida: Mientras se extingue nuestro paso por este mundo se enciende la luz inexorable  de la eternidad, permitiendo al creyente descubrir el misterio de la muerte no como una luz que se apaga definitivamente sino como un destello que se proyecta desde un inicio hasta el fin sin ocaso.
Con esta celebración dominical, culminamos un mes completo meditando respecto del capítulo sexto del Evangelio de San Juan, denominado el “Pan de Vida”, que constituye una carta de navegación para cada creyente. La institución de la Santa Misa, durante la Última Cena es el misterio central para la vida del creyente pues se trata de la misma persona de Jesucristo, perfecto Dios y hombre a la vez, que asumiendo la condición humana se queda “real y substancialmente presente” en medio nuestro bajo la humilde apariencia de un pan y vino, ahora transformados en todo Jesús.
Por ello,  al acercarnos a comulgar no vamos a recibir un trozo de pan que representa el amor de Dios sino que somos participes –por la gracia- del mismo Cristo. En la Misa no se trata de algo sino de alguien.
Nuestra hermana difunta convertida al cristianismo desde su infancia,  procuró como su santa patrona “llevar siempre consigo el Evangelio”, tal como lo recordaba respecto de santa Cecilia el actual Sumo Pontífice.
En efecto, Santa Cecilia es una de las cinco mujeres que resalta el Canon Romano por la fuerza de su testimonio ante la prueba del martirio prefirió mil muertes antes que infiel a su fe. Sin duda, como nuestra hermana difunta lo recordaba durante su estancia en el hospital, tuve oportunidad de bautizar a alguno de sus hijos, de darles la primera comunión y preparar a sus hijos, de confirmar a sus hijos, de bautizar a sus nietos, de celebrar el sacramento de la confirmación y  el santo matrimonio de ella, de cuidar a su retoño varón desde los doce años, hoy algo crecidito ya por cierto, de darle la extremaunción, y ahora de celebrar su Santa Misa de exequias. En su lecho de enferma ella me pidió celebrar esta Misa, la cual hago con fe y esperanza implorando que ahora pueda no sólo descansar sino gozar de todo lo que Jesús tiene preparado para “quienes procuran serle fieles”.
Sin duda,  es muy distinto asumir la muerte de un ser querido desde la realidad de un corazón impregnado por la fe que dejado al desamparo de lo fortuito y finito, tal como nos lo recuerda el Antiguo Testamento: “A los ojos de los necios parecen haber muerto, y su partida de este mundo es considerada sólo como una desgracia” (Sabiduría III, 1-5).
Sabiamente solía repetir nuestro santo contemporáneo de la Caridad Fraterna –San Alberto Hurtado Cruchaga- que: “La vida fue dada para buscar a Dios, la muerte fue dada para encontrarlo y la eternidad para poseerlo”. Palabras que son una síntesis de lo que ha de ser la vida espiritual de todo creyente, que procurará buscar el rostro del Señor en cada acontecimiento incluido el misterio de la partida de este mundo…Si Dios nos dio la vida de la nada…también, puede tomarla cuando estime oportuno…!Bendito sea su nombre! (Job I, 21).
Muchas veces buscamos a Dios, como seres falibles podemos equivocarnos y dar pasos en falso, pero nunca serán vanos aquellos pasos dados en procurar hacer el bien desde el seguimiento de los designios dados por Dios en su Palabra,  inscritos en la naturaleza y explicitados en la voz de nuestra conciencia. Es humano equivocarse, es cristiano convertirse y es divino perdonar, por ello,  el juez último de cada uno de nuestros actos y palabras será el Dios cuyo nombre es Nuestro Padre, en quien nuestra hermana difunta confió hasta  último de sus pensamientos.
Lo anterior nos llena de una confianza fundada en la bondad y misericordia de Dios, que a lo largo de toda nuestra vida  permanece como mendigo a las puertas de nuestro corazón esperando que le dejemos entrar para que habite no como la visita ocasional que viene por un momento y se va, sino para que more como el huésped permanente en nuestra alma, en la habitación principal de nuestras intenciones, proyectos y deseos. ¡No releguemos Cristo al baúl de los recuerdos ni a la despensa de lo accesorio, ni menos a la vitrina de los adornos!
Si, “tu rostro buscaré, Señor…No me escondas tu rostro” (Salmo XXVI, 8): Vale la pena vivir cuando es Dios quien lleva la batuta, cuando es Él quien guía nuestros pasos, cuando es Él quien inspira nuestras acciones, por lo cual no dejemos de buscar al Buen Dios que se dado a conocer para ser encontrado… con el rostro de quien gestado permanece en el vientre materno, con el rostro del niño que desea crecer y aprender, en el rostro del joven que anhela un mundo más justo y veraz, con el rostro del anciano olvidado cuya sabiduría permanece anhelosa de ser descubierta.

2.     La muerte fue dada para encontrar a Dios.

          LA MUERTE DESPUNTA LA VIDA
Madre de seis hijos, cuyas edades fluctúan actualmente entre las cuatro y dos décadas, tuvo oportunidad de ver cómo iban creciendo, hasta poder conocer a cada uno de sus nueve nietos y un bisnietos, verificando en vida la promesa hecha por Dios en la Santa Biblia: “a los hijos de tus hijos los verás” (Salmo CXXVIII, 6).

Siguiendo con la enseñanza de nuestro Santo Chileno, ahora nos recuerda que “la muerte fue dada para encontrar a Dios”, lo cual emerge desde la convicción que Dios es misericordioso y espera como aquel padre de la parábola que nuestro  último día en este mundo sea el primero en la eternidad, donde –entonces-  hará una gran fiesta pues su hijo que todos creían que había muerto está vivo. A ello apunta la expresión que hemos recordado hace un momento, cuando las mujeres fueron de madrugada al sepulcro donde habían dejado el cuerpo inerte de Jesús: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”( San  Lucas XXIV, 5).
Como creyentes confiamos en Jesús que venció la muerte, y creemos que luego de nuestro paso por este mundo, tan marcado de sinsabores y dificultades, estamos llamados a resucitar para siempre, participando de un gozo que nada y nadie nos podrá arrebatar jamás.
En este mundo las alegrías se suelen extinguir de manera vertiginosa. El espíritu de la nostalgia y el solo acto de recordar tiempos mejores es prueba de ello, mas junto a Dios viviremos de manera intensa, plena y perpetua, por lo cual aunque juntásemos todas las alegrías de toda la vida, éstas serían ínfimas ante el menor de los gozos que tendremos junto a Dios y nuestros seres queridos…porque serán eternos y no perecederos como los actuales.

El acto de encontrar a Dios es algo definitivo para lo cual debemos prepararnos en la vida presente procurando vivir en estado de gracia, prefiriendo la amistad de Dios como la más deseable y entrañable. El encontrar a Dios no es algo que se pueda improvisar sino que debe ser el resultado de una vida de permanente búsqueda, donde las virtudes y valores no sean las fantasías parciales de un mundo caduco sino las que efectivamente conduzcan integralmente a la felicidad de cada uno y de todos. Digámoslo claramente: ¡La eternidad se juega aquí y ahora!…mañana puede ser tarde, por eso estamos en los tiempos favorables para salvarnos, para cambiar radicalmente de vida.
3.     La Eternidad fue dada para poseer a Dios.
Estamos en el templo dedicado a Nuestra Madre del Cielo, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, con el regalo especial de celebrar el Día del Señor para rezar por nuestra hermana difunta Cecilia Fica España.

HASTA PRONTO: EN EL CIELO NOS VEMOS
Imploramos por aquella que tempranamente creyó en Dios, que cobijó en su vientre a sus seis hijos que le acompañan, que prodigó cariño hacia cada uno de sus seres queridos, pueda ahora gozar de una vida en paz, en felicidad, y en amor, lo cual anheló durante toda su vida y para lo cual ofreció, en la última etapa de su vida por medio de la enfermedad,  sus dolencias y padecimientos “uniéndolos a los del Señor en la cruz”  (Colosenses I, 24-28)  para su bien espiritual y el de los suyos, quienes a la luz de la fe ven su partida como la llegada a destino, como recalar en el Puerto Claro de la Eternidad a la que todos estamos llamados a participar. (Por esto, si tienen a alguien que aman en el cielo, tendrán un pedazo del cielo en medio vuestro).


Sea la Virgen Madre quien tienda su mano abierta la que cubra con su manto de bondad a nuestra hermana que golpeando las puertas del cielo implora la misericordia del Señor por medio de la intercesión universal de la Virgen y de la oración incesante de nuestra Iglesia que clama cotidianamente en nuestros altares: ¡Que Viva Cristo Rey!

domingo, 29 de julio de 2018

TEMA   :    “SACERDOTE…SÓLO SACERDOTE”.
FECHA :    HOMILÍA POR LOS CURAS PÁRROCOS JULIO /  2018.

1.     “Los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer” (San Marcos VI, 31).

SACERDOTE JAIME HERRERA GONZÁLEZ
Queridos hermanos: El Santo Evangelio nos describe lo vertiginosa que era la vida de los doce apóstoles junto a Jesús en esos días. No muy distinto lo es en la actualidad, aunque es evidente que nosotros –unos más que otros- si tenemos tiempo para comer...Del mismo modo que el Señor los invitó “venid vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco” (v.31), cada día nos reunimos para estar con Jesús Sacramentado en la celebración de la Santa Misa, que hoy dedicamos –especialmente-  para rezar por los sacerdotes diocesanos.
Desde la realidad que se compare podemos hablar de “mucho” o “poco” tiempo, toda vez que hubo y hay sacerdotes que han permanecido por cuatro décadas como párrocos, lo cual nos coloca en un tiempo breve; en tanto que si miramos a quienes han servido en nuestra parroquia la gran mayoría lo ha hecho en tiempos muy acotados, lo que nos ubica en mucho tiempo.
Lo cierto es que para un sacerdote diocesano el hecho de ejercer como pastor propio implica el cumplimiento de su vocación en el sentido que la “pertenencia” o anclaje a una diócesis y a una comunidad determinada, constituye parte de su consagración y, por tanto,  de su identidad.  
Los criterios aplicados en la actualidad suelen valorar la capacidad de cambio frecuente. Los jóvenes egresados de una universidad hoy aspiran a estar sólo  unos pocos años en cada trabajo, cambiándose con mucha facilidad. Antes se compraba la casa definitiva, el reloj definitivo,  el vehículo para toda la vida y se aspiraba a estar en un mismo trabajo para toda la vida laboral. Mirada la vida del sacerdote diocesano, y habida consideración de la habitualidad con que se van asumiendo y dejando las responsabilidades pastorales, sin duda en tiempos de crisis como son los que navegamos,  resulta conveniente y hasta necesario una permanencia  en el tiempo del clero secular, pues permite a los fieles tener la seguridad de saber con quién están y al sacerdote poder conocer a quiénes está llamado a ser el pastor propius del cual habla el código de derecho canónico.


El tiempo transcurrido permite macerar las comidas y evaluar mejor las innovaciones implementadas, una de las cuales ha sido la aplicación en las últimas décadas de un tiempo de permanencia breve de los sacerdotes diocesanos en las parroquias, llegando al extremo  que algunos feligreses ni se enteraban que había estado tal sacerdote en sus comunidades.
PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE
Transcurrido el tiempo más allá del gran número de recuerdos vislumbro que los desafíos son aún mayores, por lo que puedo repetir las palabras del Apóstol San Pablo  “el ánimo esta firme pero el cuerpo es débil” (San Mateo XXVI, 41)  y aunque no puedo bajar corriendo por el cerro a jugar un partido de fútbol en la Cancha La Campana, ni subir sigiloso hasta la de la Plaza Bilbao, sé que en modo alguno podemos bajar la guardia en esta particular hora del mundo y de nuestra Iglesia.
Es que “la Caridad de Cristo nos urge” (2 Corintios V, 14)  y los últimos tiempos no están lejanos, por lo cual debemos vivir pensando cada día como si fuere el primero,  el último,  y el único de nuestra vida.
La maravilla de la vida del creyente es que mirando el acontecimiento de la Encarnación del Verbo, se produce una realidad donde lo divino asume lo humano y lo humano se reviste de lo divino, permitiendo que lo que hacemos cotidianamente no sea monótono ni ordinario puesto que se engasta con la trascendencia de lo sublime. Entonces, descubrimos que en cada jornada se juega nuestra eternidad, adquiriendo una novedad que no se agota  con la moda y se cansa con el solo paso del tiempo. ¡El que ama en Dios siempre es joven!



Como sacerdotes estamos insertos en esta realidad que finalmente es la causa definitiva que sostiene nuestra vida, toda vez que somos puestos como un “puente” que conecta un extremo a otro, permitiendo que el Señor  venga a este mundo, que por este mismo medio busca, encuentra y vive con Dios y vive de Dios. Al avanzar por un puente no nos detenemos en él, pasamos por él, entonces,  el sacerdote no es referente de sí sino que es un instrumento puesto al servicio de los fieles y de quienes, por la gracia,  están llamados a serlo.
  SACERDOTE DE VALPARAÍSO CHILE

Por un puente pasan las familias numerosas, pasan los ancianos a paso cansino, pasan los jóvenes y niños con sus travesuras no exentas de espontaneidad y urgencias, pasan los solitarios, en ocasiones con el murmullo de muchedumbres en otras y en otras con el eco de la soledad. Y, transitan por el puente unos y otros, generaciones que ven en ese puente la certeza de cruzar cuando lo deseen.
De modo semejante, el sacerdote diocesano es un puente que es alzado para conectar,  por lo que debe estar enraizado firmemente a uno y otro extremo, es decir, a Dios por medio de la fidelidad a los votos hechos -(promesas sacerdotales) -  y a las almas con todas sus vicisitudes.
El cultivo de una pastoral con “olor a ovejas” requiere necesariamente de hacerlo desde la unión con Jesucristo, el Pastor Bueno, que cuida, acompaña, alimenta, guía. Nunca nos cansaremos de dar gracias a Dios por el don inmerecido del sacerdocio, que invita a “servir y no ser servido” (San Mateo XX, 28).
Por esto, personalmente en cerca ya de tres décadas como sacerdote, y más de dos como Párroco tengo la certeza de nunca haber rechazado una destinación ni tampoco de haber siquiera motivado destinación pastoral alguna…!Nada pedir…Nada rechazar! ¡Todo dar!
Esto implica que como sacerdote consagrados podemos servir de manera ilimitada, sin otra condición  ni limitación más que la de procurar imitar a Jesucristo Sumo Sacerdote, quien se hace presente por medio de nuestra voz, usando nuestra voluntad y libertad, para venir cada día a nuestros altares, misión que no tiene comparación con ninguna otra realidad en este mundo.
Sin duda, se trata de una sublime misión que exige de una inmensa responsabilidad, particularmente en estos días en los cuales cada sacerdote es fuertemente cuestionado fuera y dentro de nuestra Iglesia.
MISA DIÓCESIS DE VALPARAÍSO CHILE
Una vez más, pasados veintitrés años desde que asumí la cura de almas de esta parroquia reitero: Vale la pena dedicar y una y mil vidas por la conversión de una y mil vidas, pues más allá de las miserias de los hombres subyace incólume la santidad de nuestra Iglesia como anticipo de una realidad que imploramos día a día y que es el lema de toda mi vida sacerdotal: ¡Adveniat Regnum Tuum!
Que inmensa alegría constituye el hecho para un sacerdote y Cura Párroco  que sean los mismos niños de ayer, quienes hoy –ya como adultos- me acompañen en esta celebración de la Santa Misa, que ofrecemos por la vida y ministerio de tantos curas párrocos que en el pasado y futuro dedican sus mejores esfuerzos por hacer que nuestra sociedad, busque, encuentre y viva según los mandamientos de Dios y su Iglesia.

San Pablo nos recuerda que “nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra las dominaciones de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas”, (Efesios VI, 12-13)  en consecuencia  “a tales males tales remedios”  por eso la fuerza del sacerdote diocesano permanece anclada sobre nuestros altares, y en cualquier lugar donde encontremos,  la mirada de la fe se hunde en nuestros sagrarios, donde Jesús está en medio de nuestro templo, en medio de nuestras comunidades y en medio de nuestra vida sacerdotal.
Tengo la certeza que como sacerdote, no fui constituido como un gestor cultural, ni como un gerente de asistencia social, tampoco como director de un museo que conserva valiosas antigüedades, ni como vendedor de novedades, simplemente tengo la convicción que “un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina” (San Juan María Vianney), por lo que inmerecidamente consagrado, procuraré hasta el último instante en este mundo proclamar de palabra y acción que el sacerdocio católico es la dignidad más excelsa que existe sobre la tierra, el gran don de Dios que el Señor se digna conceder a pobres creaturas, saturadas de defectos y miserias. ¡Ya sabía Él que así éramos! Y,  a pesar de ello, nos ha hecho partícipes de poderes y gracias que ni a los mismos ángeles otorgó, llegando a la realidad que cada día pasa en nuestra parroquias, en orden a confiarnos poderes sobre la persona de su Divino Hijo, de tal manera que allí donde existe un sacerdote aparece Cristo Sacramentado, como alimento y vida de nuestras almas.

PUERTO CLARO VALPARAÍSO CHILE

Por esto, los invito a rezar por cada Cura Párroco de nuestra Diócesis,                       -especialmente-  por todo el clero diocesano,  colocando sus vidas bajo la luz y guía segura de la Virgen María, puesto que nadie como Ella conoce de sus necesidades y debilidades, para encaminarnos al puerto claro de la bienaventuranza eterna. ¡Que Viva Cristo Rey!

domingo, 22 de julio de 2018

TUVO COMPASIÓN PORQUE ESTÁN COMO OVEJAS SIN PASTOR


TEMA    :  “TUVO COMPASIÓN PORQUE ESTÁN  COMO OVEJAS SIN PASTOR”.

FECHA: HOMILÍA MISA EXEQUIAL EDUARDO HENRIQUEZ SEVERIN JULIO /  2018

Queridos hermanos: Estamos celebrando nuestra Misa Exequial por el descanso eterno del alma de don Eduardo Henríquez Severin, nacido el 22 de Agosto del año 1934, y que falleció a la edad de 82 años.
Nuestra mirada se dirige hacia el centro del altar, donde vemos la imagen de Jesús crucificado, como signo visible de lo que en unos momentos contemplaremos no de modo figurado sino real y sustancial como es la presencia de Jesús Sacramentado cuyo año santo celebramos en nuestra patria. Esto marca una realidad, pues la partida de este mundo forma parte del designio que Dios Padre tiene para cada uno de nosotros por lo que ni un minuto antes ni después de lo establecido por el Cielo nos presentaremos ante Él para enfrentar el momento decisivo de nuestra existencia, para el cual la vida presente es una preparación y la celebración eucarística un anticipo.
Así lo han experimentado los santos a lo largo de su vida, para quienes el poder estar en Misa constituye algo vital, sin la cual no se puede vivir verdaderamente. Por esto los primeros creyentes, enfrentados ante recias persecuciones se reunían diariamente a revivir el misterio iniciado en la Ultima Cena cuando Jesús tomo un pan y dijo: “tomen es mi cuerpo” y luego con el cáliz en sus manos señaló: “Beban esta es mi sangre que es derramada para el perdón de los pecados”, dando el mandato final: ¡Hagan esto en mi memoria! Desde ese momento, cada creyente descubre a lo largo de su vida la presencia e importancia que tiene estar en comunión con Dios, uno y trino.
Incorporado tempranamente al sacramento del bautismo, Don Eduardo pudo vivir la fe de la Iglesia al interior de su hogar, constituido por sus padres y seis hermanos, en su condición del “benjamín” de la casa, es decir, el menor de los hijos nacidos, lo cual le haría tener algunas regalías especiales a la vez de ser el último y más protegido, no sólo por sus padres sino –también- por sus hermanos. Probablemente esto hizo que cuando muy joven ingresara a la Escuela Naval provocase que su familia se trasladase hasta nuestra región con el fin de acompañarlo, lo que le llevó a experimentar aquello  que los padres son capaces de enseñar en primera persona en orden a que  “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los suyos” (San Juan XV, 13) como habitualmente lo suelen hacer padres y madres en bien de cada uno de sus hijos.
Por esto, al momento de fundar su nuevo hogar dedicó los mejores esfuerzos en vistas a custodiar a la mujer que no descansó hasta conquistarla como su esposa, y en prodigar su afecto a sus dos hijos que ahora le acompañan con su plegaria: Brenta y Luis, y por cierto a sus cinco nietos.
Llamado por Dios en el umbral de cumplir seis décadas de vida matrimonial, no podemos dejar de destacar que para llegar a esa fecha fue necesario la asistencia de lo alto.  En efecto, la gracia recibida desde el bautismo no desdeña la naturaleza sino que la eleva y perfecciona, haciendo posible que afloren las fortalezas necesarias para enfrentar la grandeza de la vida matrimonial, que ahora las generaciones emergentes ven como realizable y no una sentimental ilusión. Sí, es posible el amor para toda la vida, Si,  vale la pena cualquier sacrificio para que prime la fidelidad, tal como enseñó el recordado Sumo Pontífice Juan Pablo II: “El amor vence siempre, el amor es más fuerte, el amor siempre puede más”.
Esa misma gracia permite vislumbrar cada acontecimiento de nuestra vida no como producto de un ciego azar sino como parte del cuidado providente de nuestro Dios, que no toma recreo ni pestañea cuando se refiere respecto del  bien de nuestra salvación, cuyo precio lo canceló Jesús en lo alto del Calvario.
Por eso, es en cada Santa Misa donde “comemos y bebemos el precio de nuestra redención”, donde alabamos su grandeza, agradecemos su bondad, imploramos su misericordia e inclinamos su bendición en bien de nuestro hermano que ha partido de este mundo.
Es Jesucristo, la palabra definitiva del Padre Eterno, quien explica todas las interrogantes más hondas que subyacen en nuestro interior. Todos los ¿por qué?, los ¿hasta cuándo?, los ¿para qué?, hoy los vemos explicados en el crucifijo que se alza sobre nuestro altar, lo encontramos en los santos evangelios, y lo develamos en la Hostia Santa –que es el mismo Cristo-  que nos muestra toda su grandeza, todo su poder, y toda su eternidad.
Por esto, ¡Que distinto es enfrentar este momento teniendo fe que careciendo de ella! ¡Qué diferente resulta ver las páginas del dolor y la enfermedad no como el olvido sino como la voz del Buen Dios que susurra silencio y paz!
El Señor nos concede las gracias de múltiples maneras una de las cuales la percibimos en la armonía, que está inscrita en la naturaleza, en el cosmos, en una vida ordenada, y por cierto en las notas de una simple melodía.
Ya en el Antiguo Testamento vemos que a quienes Dios ha llamado, no dejan de alabar y agradecer con hermosos “himnos” cuya vigencia tiene más de tres milenios: Los israelitas entonaban canticos para celebrar el paso durante cuarenta años por el desierto hasta llegar a la tierra prometida (Éxodo XV, 1-21); Moisés escribió una canción para exhortar al pueblo de Israel (Deuteronomio XXXII, 1-43); el Rey David escribió varios salmos acompañados por instrumentos, en uno de los cuales leemos: “Dios es mi fuerza, y con mi canción lo elogiaré” (Salmo XXVIII, 7).
Sin duda, la música suele ser como el “celular” que Dios la usa para que podamos hablarle en la liturgia y por medio de la cual Él nos habla.

Una de las pasiones que tuvo nuestro hermano difunto fue la de escuchar música clásica y folclórica, que interpretaba por medio del piano, del violín y  guitarra. Esto le permitía alegrar y alegrarse a través de la música descubierta como una bendición de Dios.

La vida del creyente debe ser como una armonía, que por medio de la disponibilidad total a Dios, Él pueda “cantar sus bendiciones” al  mundo a través de cada uno de sus hijos, toda vez que la estridencia e impudicia del ruido mundano actual, son expresión de lo amarga que resulta la vida cuando esta se vive de espaldas a Dios.




Finalmente, nuestra mirada se dirige hacia la Bienaventurada Virgen María, bajo la advocación del Carmen, que como “música de Dios”, nos invita con su dulzura no exenta de claridad, a escuchar la voz de su Hijo y Dios, tal como lo señaló en medio de las Bodas de Caná en Galilea, cuando invitó a “hacer todo lo que Jesús nos diga”, lo cual pasa por buscar la santidad en las cosas simples de la vida, para que un día, no lejano podamos presentarnos revestidos por las obras realizadas, ante el Buen Dios, cuyo nombre es Padre. ¡Que Viva Cristo Rey!