miércoles, 20 de diciembre de 2023
Oración del estudiante según Tomás de Aquino OP.
Santo Tomás de Aquino compuso una
oración para los estudiantes, impregnada, como todas las suyas, de buena
teología. Es teología hecha oración y oración hecha de teología. Esta plegaria pide que un rayo de la
claridad divina disipe nuestras tinieblas. En efecto, Dios es luz para
nuestra inteligencia. Uno de los
principales efectos de la fe es iluminar la inteligencia. Porque solo quien
tiene las ideas claras puede obrar rectamente. Solo se puede caminar por allí
donde hay luz.
Tomás de Aquino pide que esta luz disipe los dos obstáculos que
oscurecen nuestra vida: la ignorancia y el pecado. La ignorancia, de
por sí, no es mala ni culpable; es debida principalmente a nuestra limitación.
Hay muchas cosas que no sé y es mejor que no sepa. Y hay muchas cosas que ignoro, no por desidia, pereza o negligencia, sino
debido a mi limitación. La ignorancia es un signo de la imperfección
humana. Sólo Dios es perfecto. Por eso, solo
participando de la perfección divina puede el ser humano elevarse más allá de
su limitación.
El otro obstáculo que oscurece nuestra
vida es el pecado: el pecado siempre es
debido a la libertad humana, que se ha desviado o desencaminado. Santo Tomás
pide a Dios que nos ilumine para volver
al buen camino.
Hay, pues, un obstáculo natural y un
obstáculo personal que dañan nuestra inteligencia. Es importante este matiz: Tomás pide luz para la inteligencia, porque
la fe es un asunto de la inteligencia más que del corazón. Sólo los que
tienen la mente bien iluminada pueden orientar bien su vida. Las ideas rigen la
vida y nos llevan a actuar de un modo u otro. El que tiene las ideas claras obra libre y espontáneamente, no
necesita de coacción alguna para hacer el bien, pues hace lo que piensa y lo
que le nace.
En esta oración, el Santo pide a Dios
que su luz se extienda a todos los momentos de nuestro aprendizaje: atender, entender, retener, comprender e interpretar. Finalmente, Santo
Tomás de Aquino pide gracia abundante para hablar. Porque el estudio, y más el estudio de la teología, está destinado a
transmitirse, a la enseñanza. El estudiante está llamado a ser maestro. Por
eso, una vez que ha aprendido tiene que
saber transmitir. De ahí la gracia abundante para hablar.
ORACIÓN PARA UN
ESTUDIANTE (Santo Tomás de Aquino +1274)
Oh inefable Creador nuestro,
altísimo principio y fuente verdadera de luz y sabiduría,
dígnate infundir el rayo de tu claridad
sobre las tinieblas de mi inteligencia,
removiendo la doble oscuridad con la que nací:
la del pecado y la ignorancia.
instruye la mía, e infunde en mis labios la gracia de tu bendición!
Dame agudeza para entender, capacidad para retener,
método y facilidad para atender, sutileza para interpretar
y gracia abundante para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar y
perfección al acabar
¡Oh Señor! Dios y hombre verdadero, que vives y reinas por los siglos de los
siglos.
Amen
TEMA :
“!HEMOS VISTO COSAS INCREÍBLES!”
FECHA:
HOMILÍA PREMIACIÓN SAINT PETER’S SCHOOL 2023
Buenas tardes: Queridos
padres, niños, jóvenes. En la intimidad que conlleva realizar este acto de
premiación en el patio de nuestro Colegio, hoy hemos tomado el Evangelio que
nos refiere de uno de los milagros obrados por Jesús. Habitualmente la mirada
tendería a centrarse en el Señor y el enfermo de parálisis, mas ahora vemos la
importancia que tuvieron para la sanación aquellos amigos que se detuvieron y
quedaron para ayudar a aquel paralítico.
Era un joven que solo
vivía ensimismado en sus limitaciones: No podía ir al centro púbico de
educación como era la sinagoga, quedando al margen de todo acto cultual por lo que lo que otros aprendían y
compartían le resultaba –quizás- incomprensible y extraño, lo que le llenaba el
alma de temores y desconfianzas.
Con limitaciones mucho mayores que en la actualidad un
paralítico podría padecer, aquel hombre debía enfrentar algo aun mayor como era
ser tenido como “sujeto de pecado”, vale
decir, como culpable de su condición a causa de una vida inmoral que llevó él o
sus antepasados, todo lo cual, le
llevaba a preferir quedarse en las cuatro paredes de enfermedad.
Mas todo cambió para
aquel hombre cuando con ocasión de la llegada de Jesús al pueblo, un grupo de
sus buenos amigos le condujo a los pies del Señor. Para esto, debieron vencer
una serie de obstáculos: Buscaron hacer una camilla y le trasladaron, no sabemos
la distancia pero bien pudo ser desde la entrada del pueblo lo que significa
eran varias cuadras; luego trataron de introducirle pero hubo dificultad…”había sentados algunos fariseos y expertos
de la ley que provenían de todos los pueblos de Galilea, Judá y Jerusalén”. Sin
duda, intentar pasar en medio de una multitud, de sus bultos (mochilas), y de
su condición resultaba algo infructuoso.
Ante tamaña dificultad,
donde alguno habría dejado al enfermo a su suerte en el suelo, lejos de
abandonarlo buscaron con perseverancia y creatividad en medio más eficaz para
llevar a su amigo enfermo a los pies de Jesucristo. No eran jóvenes que estaban
ahí sólo por cumplir, además, querían hacer lo mejor posible por su amigo, lo
que es prueba de una verdadera y sana amistad que siempre opta por ofrecer el bien mayor que se tiene cual es, la fe en la persona de Jesús, tal como es
aquello que finalmente lograron hacer.
Entonces, surge la
espontaneidad y creatividad hacedora de la juventud, que cuando es en razón de
un bien que se une es capaz de logros tan novedosos. Dice el Santo Evangelio
que “entonces, no encontrando por dónde
meterle, a causa de la muchedumbre, subieron a techo, le bajaron con la camilla
a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús”.
En cualquier trabajo que
hagamos en conjunto con otras personas, para que salga bien conviene colocarse
de acuerdo, organizarse, priorizando y jerarquizando responsabilidades,
pues, como dice un antiguo refrán: “donde todos mandan, nadie obedece”. Lo
anterior nos hace pensar dónde y cómo estaría aquel paralítico en camilla si acaso sus amigos no estuvieran
organizados y ordenados al momento de ir en su ayuda.
Aplicaron lo que Dios nos
pide: “Hacer bien, el bien”. Salieron
del conformismo de saberse con salud y ayudaron al que carecía de ella; se
organizaron para servir al amigo caído, olvidando sus urgencias y necesidades,
en un momento priorizaron el servicio desinteresado hacia el amigo enfermo
haciendo realidad que quien vive para servir sirve para vivir.
Salieron, buscaron y
encontraron los caminos para que su amigo reviviera de su enfermedad, a pesar
de todas las dificultades nada fue suficiente para que el paralitico nuevamente
se pusiera de pie, evidenciando el poder sanador y purificador del Señor: “Para que sepáis que el Hijo del hombre
tiene poder aquí en la tierra para perdonar los pecados, -dijo al paralítico- a
ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.
Quien alguna vez ha
estado convaleciente por una quebradura o alguna operación delicada sabe lo que
implica el período de recuperación, que suele ser lento y a veces doloroso. En
este caso fue una recuperación instantánea lo que asombró a todos que
terminaron alabando a Jesús, incluidos los amigos que le presentaron a sus pies.
Por esto, hoy damos
gracias a Dios por el don de la amistad verdadera, que en este patio tenemos
oportunidad de practicar cotidianamente, que al interior de las aulas podemos
ejercitar de múltiples maneras en bien de quienes comparten el mismo caminar del
aprendizaje y sufren las mismas dificultades y se alegran en los logros
alcanzados tal como es pasar de curso y
eventualmente obtener algún reconocimiento especial, no olvidando que el mejor
premio al que podemos optar es a que Jesús diga un día “Por la fe de estos (buenos amigos) hoy hemos visto cosas maravillosas”.
Es lo que vuestro
maestros, auxiliares y directivos del Colegio pueden decir en cada jornada
cuando ven en los niños y jóvenes la fe
descrita por el Santo Evangelio y que hizo posible el milagro de la sanación
descrita: “por la fe de ellos fue
sanado”. Esa vida nueva que expresan en una sana amistad, en el trato
respetuoso hacia todos ¡grandes y pequeños! es el mayor tesoro que encierra
estar en este lugar pues tiene algo del amor de Dios q2ue es el verdadero
tesoro del corazón de nuestros alumnos por quienes hoy rezamos.
¡Que Viva Cristo Rey!
Lectura
Santo Evangelio San Lucas V, 17-26.
“Un día que Jesús estaba
enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían
venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del
Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos jóvenes trajeron en una camilla
a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no
encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al techo, le
bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante
de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: “Joven, tus pecados te quedan
perdonados.
Los escribas y fariseos
empezaron a pensar: “Quién es este, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Conociendo Jesús sus pensamientos, les
dijo: ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te quedan
perdonados, o decir, ¡levántate y camina!? Pues, para que sepáis que el Hijo
del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, dijo al
paralítico, a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y al instante,
levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa,
glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y
llenos de temor decían: ¡Hoy hemos visto cosas increíbles!”.
TEMA
: “NUESTRA PRIORIODAD ES DAR A CONOCER A
JESÚS”
FECHA:
MES DE MARÍA / DIA XXVII° /
REINA DE LOS APÓSTOLES
Nuestra Madre del Cielo puede ser llamada Reina de los Apóstoles pues como nadie
Ella nos entrega a Jesús. La misión de todo “apóstol” consiste en cumplir el
mandato de Jesús dado a sus discípulos previo a su ascensión: “Id por todo el
mundo enseñándoles todo lo que yo os he enseñado y bautizándoles en el nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Si ser apóstol implica
una elección y envió de parte de Jesús, ¿cómo no ha de ser reconocida como “Reina de los Apóstoles” la Madre de
quien envía?
Si la misión del apóstol
es “formar” a Cristo en el mundo, en
la sociedad, en las almas, quien mejor puede hacerlo es la Virgen porque es la
Madre de Jesús, lo cual implica que es la que primero y mejor lo conoce y por
tanto puede darlo a conocer: ¡Ella nos trajo a Jesús! ¡Ella nos lleva a Jesús!
Un hermoso y serio texto
escrito por Don J.B.Chautard lo título “El
alma del apostolado es el apostolado del alma”, lo que encierra una gran
verdad que evoca la vocación universal a la santidad, la cual no puede
desarrollarse si acaso el bautizado no procura dar a conocer a Cristo a los
demás, si acaso no se esfuerza por hacer que el bien por él descubierto no sea
revelado al prójimo. Por ello, aunque suena fuerte es necesario decir que un
católico que no es apóstol es un apóstata.
Inmersos en la “cultura del individualismo”, donde todo
parece girar sobre cada uno en la búsqueda desenfrenada de la autorrealización,
de la autoformación, de la autosatisfacción, caracterizando nuestro tiempo con un homocentrisno,
el hablar de apostolado a muchos puede parecer algo incomprensible, pues cómo ofrecer un mensaje
que encierra certezas, verdades, tradición, fidelidad, y búsqueda del bien
común y de los demás
Por tanto el apostolado
es una realidad de exuberancia espiritual y personal por lo que “no puede ser verdadero apóstol quien no tiene una personal, profunda, y
ardiente vida espiritual” (S.S. Pablo VI, 31 Enero 1968).
En una realidad tan
adversa a la fe que el campo del apostolado se expande y hace necesario, por lo
que nadie sobra y todos pueden hacer algo para dar a conocer a Cristo y su obra,
a la vez que con urgencia se requiere la suma de todos cuantos priorizan a Dios
a lo largo de su vida.
En el libro de los Hechos
de los Apóstoles se relata que la Virgen se encontraba en el Cenáculo “con los apóstoles” (I,
14). No
era una reunión de familiares ni de simples amigos, vecinos, conocidos o
“territoriales”, sino que bajo la guía segura de la Virgen María estaban
reunidos como la nueva familia espiritual de Jesucristo, donde los lazos de la
fe y de la gracia resultaban más estables
que los de la carne: “! Aquel que cumpla la voluntad de Dios, ese es mi
hermano, mi hermana y mi madre” (San Marcos III, 34).
A lo largo de toda su
vida la Virgen Santísima no tuvo otro norte que dar a conocer el rostro de Dios
a los demás, no con palabras novedosas ni con actitudes camaleonescas de asemejarse a los tiempos, ni mendigando verdades y
certezas culturales, por el contrario, su vida fue ser testigo de la fidelidad
de Dios, que la eligió para ser la Madre,
que llena de gracia es un imán que atrae con su vida las almas hacia su Hijo
y Dios.
Cómo habrá sido para los
Apóstoles escuchar la voz de la Virgen, el tomo de sus palabras, el lenguaje
empleado, la mirada regada de pureza, que les habrá recordado a Jesús cuando
les hablaba con cariño diciéndoles: “No
os llamo siervos sino mis amigos”. Una madre suelo impregnar de sus
actitudes a sus hijos, sin duda que la Virgen lo hizo en muchos aspectos con
nuestro Señor, por lo que de modo semejante podemos imaginar cómo en los
Apóstoles que durante un tiempo –decisivo por cierto- tuvieron en su hogar a la
Madre de Dios han de haberse imbuido de la personalidad y del amor de la Virgen
Madre que tenía hacia Dios, Por ello, la misión de los Apóstoles tuvo como
fuente de fidelidad a la Virgen que honramos hoy, como “Reina de los Apóstoles”.
El Papa Juan Pablo II
dijo al respecto: “La Virgen se convierte
en educadora del pueblo cristiano en la oración y en el encuentro con Dios,
elemento central e indispensable para que la obra de los pastores y de los
fieles tenga siempre en el Señor su comienzo y su motivación más profunda”
(06 Septiembre 1995).
¡Entendámoslo con claridad! “!Ninguna riqueza mayor que Jesucristo puede darse a este mundo pobre y
orgulloso!” (Beato Santiago Alberione) Para un bautizado dar a conocer a
Cristo nace del conocimiento y del encuentro personal que se tiene con el
Señor, lo que le evitará tener una superficialidad y caer en múltiples infidelidades. El cultivo
de la santidad es el mejor programa para robustecer el apostolado, por lo que
La Virgen, llena de gracia y que vivió santamente por haber sido preservada del
pecado original, ejerce como verdadera Reina de los Apóstoles la misión de
guiar la Iglesia y sus fieles.
TEMA
:
“MARÍA ES REINA ALLI DONDE JESÚS ES REY”.
FECHA:
MES DE MARÍA / DÍA XXVI° / REINA DE LOS ÁNGELES .
Hace 1671 años atrás, un
monje emigró desde Jerusalén hasta la ciudad de Asís en Italia donde trajo unas
reliquias que contenían elementos de la casa de la Virgen María colocándolas en
un templo que se llamó Nuestra Señora de
los Ángeles. Posteriormente, el año 511 aquel templo lo tomo a su cuidado San
Benito de Nursia junto a un grupo de religiosos quienes lo cedieron a San
Francisco de Asís el dos de agosto del 1215. ¡Toda una historia de santos
alrededor de la advocación de la Reina de los Ángeles que hoy honramos!
En primer lugar, la
Iglesia siempre ha reconocido a la Virgen como Reina, por ser Madre de
Jesucristo, que dijo claramente ante Poncio Pilato: “Yo soy Rey y para esto he venido al mundo”, revistiéndose de los
tres signos de realeza como fueron: la corona de espinas, la caña en sus manos
como cetro de poder y el manto de color purpura que fue su sangre que cubría
todo su cuerpo. La designación de la realeza de la Virgen está unida a la
realeza que ejerce sobre el universo.
Todo poder de Dios Padre
es participado a su Hijo, y por esto, la Virgen es llamada Reina, de todo lo
creado, en la tierra –la Iglesia, los Apóstoles, la familia- y en las
realidades celestiales –el cielo, la gracia, las almas, y los ángeles).
Así como la madre goza al
interior del hogar y la familia de un lugar principal, ejerciendo con
sabiduría, permanencia, y bondad su rol de mujer, esposa, madre y abuela, la Santísima Virgen, como
Reina de los Ángeles cumple la misión, desde su Asunción al Cielo en cuerpo y
alma, de regir -por legación divina- en misericordia la justicia en bien de
nuestra bienaventuranza eterna. En este mundo nadie puede querer lo mejor para
nosotros y saber cómo obtenerlo, como lo conoce nuestra Madre y Reina de los Ángeles, por esto, podemos acudir en todo momento a Ella
–particularmente- en el umbral de la vida misma.
El rol que cumple nuestra
Madre del Cielo es único e insustituible, porque fue asociada, de una vez para
siempre el día de la Encarnación del Verbo, a la Redención, por lo que Ella
interviene en todo momento no sólo con la bondad de una madre, que lo es, sino
–además- como Reina poderosa, que lo es.
Hay tres momentos donde
los Ángeles están sirviendo alrededor de la Virgen María: Cuando el Arcángel
Gabriel le anuncia que será la Madre del Mesías; cuando nace Jesús en Belén un
coro de Ángeles entonó en Cielo: “Gloria
a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”; y,
cuando la Virgen fue asunta en cuerpo y alma a los cielos.
Sin duda, los Ángeles que
adoran permanentemente a Dios y hacen en todo momento, y por toda la eternidad,
sólo lo que Dios quiere, honran de manera especial a la Madre de Dios, con más
fervor que el que cualquier creatura en este mundo pueda profesar.
El amor de los Santos
hacia la Virgen es enorme: San Maximiliano Kolbe dijo que: “La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo así
podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante
reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado,
el cual es todo bondad. Tenemos que
ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los
tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de
Jesús. Por eso, nuestro ideal debe ser influenciar todo nuestro alrededor para
ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que
viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a
la Inmaculada sin límites ni reservas”.
San Luis María Grignion
de Montfort dice: “María es la Reina del
Cielo por gracia, como Cristo es su Rey por naturaleza y por conquista. Ahora
bien, así como el Reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o
interior del hombre, según estas palabras: “El reino de Dios está en medio de
vosotros” del mismo modo, el reino de la Virgen está principalmente en el
interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada sobre todo en
las almas juntamente con su Hijo más que en todas las criaturas visibles, de
modo que podemos llamarla con los Santos: ¡Reina de los corazones!”.
El magisterio pontificio
ejercido por el Beato Pio IX encierra para nuestra comunidad parroquial una vital
importancia, pues él definió el dogma de la Inmaculada Concepción y celebró la
Santa Misa ante la imagen Patronal que
estaba en el altar principal del primer templo porteño: “Escuchen estas nuestras palabras todos nuestros queridos hijos de la
católica Iglesia, y continúen con fervor cada vez más encendido de piedad,
religión y amor, venerando, invocando, orando a la Santísima Madre de Dios, la
Virgen María, concebida sin mancha de pecado original, y acudan con toda
confianza a esta dulce Madre de la Misericordia y Gracia en todos los peligros,
angustias, necesidades, y en todas las necesidades y en todas las situaciones
oscuras y tremendas de la vida.
Pues
nada se ha de temer, de nada hay que desesperar, si ella nos guía, patrocina,
favorece, protege, pues tiene para con nosotros un corazón maternal, y ocupada
en los asuntos de nuestra salvación, se preocupa de todo linaje humano,
constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y colocada por encima
de todos los coros de los Ángeles y coros de los santos, situada a la derecha
de su unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, alcanza con sus valiosos ruegos
maternales y encuentra lo que busca y no puede quedar decepcionada”
(Bula
Ineffabilis Deus, S.S. Pío IX, 8/12/1958).
El hecho que la Virgen
haya sido reconocida como Reina nos recuerda que Ella permanentemente ejerce
como tal, no teniendo pausa en su atención, diligencia y servicio, en beneficio de las almas ni en el ejercicio
de su reinado maternal. Intercede constantemente y sin descanso por sus hijos,
hecho que los ángeles reconocen y honran perpetuamente, por lo que con toda
propiedad muestra Madre del Cielo puede y debe ser reconocida como “Reina de los Ángeles”.
En efecto, la Virgen
envía a los ángeles a hacer los “mandatos de misericordia” para convertir a los
pecadores con inspiraciones angélicas y para frustrar los engaños del Maligno.
Nuestra Iglesia Católica en la tierra es un amplio reino de almas que tienen
múltiples necesidades, con una misión divina a realizar en medio de una cruda
guerra espiritual. Nuestra Señora es la Reina de la Iglesia, que dispone todo
el ejército de los ángeles del cielo que el Señor ha puesto a su disposición
para el cumplimiento de su voluntad.
¡Que Viva Cristo Rey!
TEMA :
“MARÍA ES UNA ALEGRIA QUE NO PASA DE LARGO”
FECHA:
MES DE MARÍA / XXI° DÏA / CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA
Una de las virtudes más
apreciadas por todos respecto de las demás personas es la alegría. Una persona
alegre suele atraer y convocar a su alrededor como el imán lo hace con el
metal. Nuestra Madre del Cielo es la “Causa
de la Alegría” porque durante nueve meses tuvo en su vientre virginal a
Jesús, perfecto Dios y hombre, por lo que su vida cambió para cambiar la de
quienes estaban a su alrededor.
En efecto, con una
diligencia no exenta de sacrificio fue hacia la ciudad de Ain Karem a colaborar
con su tía anciana Isabel y Zacarías durante sus tres últimos meses de embarazo
en la espera de San Juan Bautista. Allí llenó de ayuda ese hogar, como también,
lo regó con el bálsamo de la alegría desde un primer momento tal como describe
San Lucas en el Evangelio: “El niño (Juan
Bautista) saltó de alegría cuando llegó la Virgen a ese hogar”. La Virgen llega a ese lugar. A ese hogar, a esa
familia, sólo para colocarse a su servicio y ayudar: es un mundo por conocer,
un lenguaje por aprender, una mirada por encontrar, un sentir por percibir, una
nueva visión de la vida por acoger, una fe por interpretar y un espacio por
explorar…Los tres meses que permaneció allí, lejos de su hogar de Nazaret, con
su presencia transformó aquel hogar vetusto, marcado por el temor y la soledad, en una realidad de esperanza y
gozo porque el Señor Dios estaba en medio de ellos.
De igual modo, con su
perseverancia e intercesión obtuvo que el ambiento de incertidumbre y tristeza
reinante en las bodas de Cana de Galilea se renovara como describe el
evangelista San Juan. La falta de vino haría suspender la fiesta y tener que
enviar a cada uno de regreso anticipadamente a sus lugares de origen, con todo
lo que ello entrañaba. Gracias a las palabras y súplica de la Virgen hacia
Jesús obtuvo la anticipación del primer milagro realizado por nuestro Señor.
La causa de la alegría de
la Virgen tiene su origen en que Dios vive en Ella, por lo que la gracia
recibida es la que le lleva a “contagiar” al mundo con la dicha más permanente
que se puede tener como es ser partícipe de la vida divina, tal como lo dijo
Jesús mismo: “Si alguno me ama, guardará
mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él, y haremos morada en él” (San
Juan XIV, 23).
La Santa Misa desde los
inicios de nuestra Iglesia ha sido motivo de alegría para quienes participan en
ella porque es verdaderamente el encuentro y momento de mayor cercanía con el
señor que podemos tener en este mundo. Jesús
enseñó en el extenso sermón del Pan de Vida: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida Eterna, y Yo le
resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es
verdadera bebida. El que come mi carne y
bebe mi sangre permanece en mí y yo permanezco en él” (San Juan VI, 57). La
misma alegría que nos llena estar a los pies de Jesús sacramentado frente a
nuestros altares y sagrarios nos lleva a recordar el gozo de la Virgen, llena
de gracia que es llamada como el “primer
sagrario” viviente, que hizo de aquella peregrinación desde Nazaret a Ain
Karem la “primera procesión”
eucarística, que llevó alegría a todos los rincones de aquel hogar.
De modo semejante la
Virgen María quiere ser “Causa de nuestra
alegría” verdadera porque esta nace de un alma en amistad con Dios, de una
vida conducida por la gracia del Señor
que es capaz de llenar de esperanza y fe los ambientes más fríos y renuentes.
Durante este Mes de María
al hacer buenos y nuevos propósitos de perfección cristiana, al procurar
mantener nuestra alma en estado de gracia permanente, al buscar una conversión
para abandonar los criterios del secularismo y del liberacionismo que tanto mal
hacen a la vida de la Iglesia en sus comunidades y hogares llenándolos de
tristeza, soledad y miseria. Es el Mes de María una oportunidad que el Señor
nos concede cada año para crecer en fe y vivir
en la verdadera alegría que nace de una vida construida en la amistad
con Dios.
Si los amigos verdaderos
son capaces de estar horas juntos en gozo ¡cuánto mas no hemos de estar
nosotros que tenemos a un Dios que ha querido llamarnos “sus amigos” para vivir una alegría fundada en la pureza, la verdad
y el amor. Por tanto, para desterrar toda tristeza tenemos a la Virgen como “Causa de nuestra Alegría” que nos puede
obtener del cielo toda gracia puesto que nada niega un buen Hijo –como Jesús lo
es- a la mejor de las Madres –como María lo es- por lo que con perseverancia
imploremos para nosotros y nuestros hogares el gozo de vivir la fe en cada uno
de los ambientes donde estemos.
Muchas veces hay personas
que nos encontramos deambulan apesadumbradas por el agobio de la vida cotidiana, teniendo fácilmente el camino precioso
para convertir la tristeza en gozo: El Señor Jesús te ama y la Virgen María te
cuida, por ello, Ella es “Causa de
nuestra Alegría”. ¡Que Viva Cristo Rey!
TEMA : “
SERÉ BIENAVENTURADA PARA TODAS LAS GENERACIONES”
FECHA
: MES DE MARÍA / DÍA DÉCIMO SEXTO / DIGNA DE VENERACION
El acto de veneración se
tributa a una persona que sobresalle en alguna virtud o característica. El acto
de honrar a la Virgen en modo alguno se opone a la acusación que suele hacer el
mundo evangélico en orden a culpar al católico de rendir “adoración a una persona”. Mas, el primer precepto indica que hemos
de “adorar a Dios sobre todas las cosas”,
y luego en el libro del Deuteronomio se explicita en vistas a no hacer figuras
lo cual, tenía un sentido de prevención para evitar la idolatría a cosas, tal
como se hacía con frecuencia en los pueblos de Medio Oriente.
En efecto, los
egiptólogos cuentan hasta 1400 figuras adoradas de los cuales nueve son los
principales; griegos tributaban adoración a doce dioses que gobernaban el mundo
desde el Olimpo, en tanto que en
Mesopotamia había culto idolátrico a catorce dioses, para evitar la tentación
de idolatría tan extendida por entonces, existió la normativa de no hacer
figuras lo cual, incluso el mismo Dios dará luego prescripciones de
confeccionar figuras de ángeles que custodien el arca y de una serpiente para
que eviten morir en medio del desierto.
El acto de rendir culto y
tener veneración por alguien, en este caso la Virgen María nunca constituye un pecado, porque nada tiene que ver con darle Adoración.
Los católicos solo adoramos a Dios, a la Virgen expresamos un amor preferencial
y único por ser sólo Ella la única Madre de Dios,
La Santa Biblia cuenta y ensalza en siete
ocasiones diversas hazañas hechas por Dios por medio de quienes fueron fieles a
Él. Muchas veces leemos elogios a quienes vivieron santa y obedientemente a los
mandamientos de Dios. El libro de Proverbios señala que la mujer que teme a Dios “merece
alabanza, cántenle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben
en público” (XXXI, 30-31).
A lo largo de su vida
nuestro Señor no ocultó su cariño y obediencia hacia su Madre, al punto que
leemos que por ello será “ensalzada de
generación en generación”. Si nuestra santidad consiste en pareceremos cada
día mas a Jesús en sus sentimientos y acciones, y sabiendo que Él vivió “obediente en todo a su padre y madre”,
los cristianos veríamos mutilado nuestro
seguimiento a Jesús si acaso prescindimos de tributar el debido reconocimiento
a la Virgen por medio de nuestra devoción.
San Gabriel de la
Dolorosa, un religioso pasionista escribió en sus propósitos personales: “Ningún día pasará sin que ofrezca flores de
virtud que puedan coronar la cabeza virginal de mi Madre”. La oración
Inicial de cada día del más, nos recuerda que las mejores flores, las que la
Virgen más agradece, son el ejercicio perseverante de aquellas virtudes gratas
a los ojos de María nuestra Madre. Estos días son un período de conversión
donde podemos hacer propósitos de vida para crecer y mejorar en muchos aspectos:
en nuestra vida espiritual, en el apostolado, en la vida escolar, en la vida familiar,
y en el mundo laboral. Si buscamos, siempre encontraremos algo que mejorar.
Un signo característico
de este tiempo es colocar flores junto a la imagen de la Virgen Santísima, como
signo visible de cariño y reconocimiento: “Quisiera ser una flor, una flor sobre el
altar, para poder así sobre tu corazón reposar, oh flor del cielo, María, con
tu hijo divino, haz que yo sea siempre una flor en tu jardín” (antiguo
canto italiano).
El Catecismo de la
Iglesia enseña que los católicos damos “culto
de adoración” solo a Dios, reconociendo su grandeza, su bondad, su
eternidad. Como hay un solo Dios, existe solo una forma de culto que se llama “adoración”, y a nadie más se le da, lo
que implica estar a su servicio y ser obediente a todos sus preceptos sin
excepción, teniendo a Dios como lo primero en todo.
Hay una segunda forma de
veneración, que sólo se dirige a la Virgen María, que es digna de ser
reconocida como “llena de gracia” y “bendita entre todas las mujeres”. Este
acto de culto mariano se llama “culto de
hiperdulía”, palabra que significa “más
que de simple dulía”, lo cual, hace
mención a la excelencia y perfección de la Virgen sobre el resto de los santos.
Rendimos un respeto profundo y tributamos gran admiración por las obras que
Dios hizo en Ella, por lo cual se cumple la promesa hecha en orden a que “todos
la llamarán bienaventurada”. Hiper (sobre
todo), doulos (hacerse siervo) recuerda
las palabras la Virgen Santísima al
Arcángel Gabriel: “He aquí la esclava del
Señor”.
Y la tercera forma de
culto es el tributado a los santos denominado “Dulía”, que es reconocer la
gracia de Dios en la vida de los mejores hijos de la Iglesia que son los santos
y beatos, a quienes mostramos reconocimiento y cariño especial como ejemplos de
santidad y en cuanto intercesores eficaces en el Cielo.
¡Que Viva Cristo Rey!















