miércoles, 20 de diciembre de 2023

CANTORAL ADVIENTO AÑO 2023

 




 

Oración del estudiante según Tomás de Aquino OP.

Santo Tomás de Aquino compuso una oración para los estudiantes, impregnada, como todas las suyas, de buena teología. Es teología hecha oración y oración hecha de teología. Esta plegaria pide que un rayo de la claridad divina disipe nuestras tinieblas. En efecto, Dios es luz para nuestra inteligencia. Uno de los principales efectos de la fe es iluminar la inteligencia. Porque solo quien tiene las ideas claras puede obrar rectamente. Solo se puede caminar por allí donde hay luz.

Tomás de Aquino pide que esta luz disipe los dos obstáculos que oscurecen nuestra vida: la ignorancia y el pecado. La ignorancia, de por sí, no es mala ni culpable; es debida principalmente a nuestra limitación. Hay muchas cosas que no sé y es mejor que no sepa. Y hay muchas cosas que ignoro, no por desidia, pereza o negligencia, sino debido a mi limitación. La ignorancia es un signo de la imperfección humana. Sólo Dios es perfecto. Por eso, solo participando de la perfección divina puede el ser humano elevarse más allá de su limitación.

El otro obstáculo que oscurece nuestra vida es el pecado: el pecado siempre es debido a la libertad humana, que se ha desviado o desencaminado. Santo Tomás pide a Dios que nos ilumine para volver al buen camino.

Hay, pues, un obstáculo natural y un obstáculo personal que dañan nuestra inteligencia. Es importante este matiz: Tomás pide luz para la inteligencia, porque la fe es un asunto de la inteligencia más que del corazón. Sólo los que tienen la mente bien iluminada pueden orientar bien su vida. Las ideas rigen la vida y nos llevan a actuar de un modo u otro. El que tiene las ideas claras obra libre y espontáneamente, no necesita de coacción alguna para hacer el bien, pues hace lo que piensa y lo que le nace.

En esta oración, el Santo pide a Dios que su luz se extienda a todos los momentos de nuestro  aprendizaje: atender, entender, retener, comprender e interpretar. Finalmente, Santo Tomás de Aquino pide gracia abundante para hablar. Porque el estudio, y más el estudio de la teología, está destinado a transmitirse, a la enseñanza. El estudiante está llamado a ser maestro. Por eso, una vez que ha aprendido tiene que saber transmitir. De ahí la gracia abundante para hablar.

 

ORACIÓN PARA UN ESTUDIANTE (Santo Tomás de Aquino +1274)

Oh inefable Creador nuestro,
altísimo principio y fuente verdadera de luz y sabiduría,
dígnate infundir el rayo de tu claridad
sobre las tinieblas de mi inteligencia,
removiendo la doble oscuridad con la que nací:
la del pecado y la ignorancia.

¡Tú, que haces elocuentes las lenguas de los pequeños,
instruye la mía, e infunde en mis labios la gracia de tu bendición!

Dame agudeza para entender, capacidad para retener,
método y facilidad para atender, sutileza para interpretar
y gracia abundante para hablar.

Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar
¡Oh Señor! Dios y hombre verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amen

 









 

TEMA  :    “!HEMOS VISTO COSAS INCREÍBLES!”

FECHA: HOMILÍA PREMIACIÓN SAINT PETER’S SCHOOL 2023

Buenas tardes: Queridos padres, niños, jóvenes. En la intimidad que conlleva realizar este acto de premiación en el patio de nuestro Colegio, hoy hemos tomado el Evangelio que nos refiere de uno de los milagros obrados por Jesús. Habitualmente la mirada tendería a centrarse en el Señor y el enfermo de parálisis, mas ahora vemos la importancia que tuvieron para la sanación aquellos amigos que se detuvieron y quedaron para ayudar a aquel paralítico.

Era un joven que solo vivía ensimismado en sus limitaciones: No podía ir al centro púbico de educación como era la sinagoga, quedando al margen de todo acto  cultual por lo que lo que otros aprendían y compartían le resultaba –quizás- incomprensible y extraño, lo que le llenaba el alma de temores y desconfianzas.

Con limitaciones  mucho mayores que en la actualidad un paralítico podría padecer, aquel hombre debía enfrentar algo aun mayor como era ser tenido como “sujeto de pecado”, vale decir, como culpable de su condición a causa de una vida inmoral que llevó él o sus antepasados, todo lo cual,  le llevaba a preferir quedarse en las cuatro paredes de enfermedad.

Mas todo cambió para aquel hombre cuando con ocasión de la llegada de Jesús al pueblo, un grupo de sus buenos amigos le condujo a los pies del Señor. Para esto, debieron vencer una serie de obstáculos: Buscaron hacer una camilla y le trasladaron, no sabemos la distancia pero bien pudo ser desde la entrada del pueblo lo que significa eran varias cuadras; luego trataron de introducirle pero hubo dificultad…”había sentados algunos fariseos y expertos de la ley que provenían de todos los pueblos de Galilea, Judá y Jerusalén”. Sin duda, intentar pasar en medio de una multitud, de sus bultos (mochilas), y de su condición resultaba algo infructuoso.

Ante tamaña dificultad, donde alguno habría dejado al enfermo a su suerte en el suelo, lejos de abandonarlo buscaron con perseverancia y creatividad en medio más eficaz para llevar a su amigo enfermo a los pies de Jesucristo. No eran jóvenes que estaban ahí sólo por cumplir, además, querían hacer lo mejor posible por su amigo, lo que es prueba de una verdadera y sana amistad que siempre opta por ofrecer  el bien mayor que se tiene cual es,  la fe en la persona de Jesús, tal como es aquello que finalmente lograron hacer.

Entonces, surge la espontaneidad y creatividad hacedora de la juventud, que cuando es en razón de un bien que se une es capaz de logros tan novedosos. Dice el Santo Evangelio que “entonces, no encontrando por dónde meterle, a causa de la muchedumbre, subieron a techo, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús”.

En cualquier trabajo que hagamos en conjunto con otras personas, para que salga bien conviene colocarse de acuerdo, organizarse, priorizando y jerarquizando responsabilidades, pues,  como dice un antiguo refrán: “donde todos mandan, nadie obedece”. Lo anterior nos hace pensar dónde y cómo estaría aquel  paralítico en camilla si acaso sus amigos no estuvieran organizados y ordenados al momento de ir en su ayuda.

Aplicaron lo que Dios nos pide: “Hacer bien, el bien”. Salieron del conformismo de saberse con salud y ayudaron al que carecía de ella; se organizaron para servir al amigo caído, olvidando sus urgencias y necesidades, en un momento priorizaron el servicio desinteresado hacia el amigo enfermo haciendo realidad que quien vive para servir sirve para vivir.

 

 

Salieron, buscaron y encontraron los caminos para que su amigo reviviera de su enfermedad, a pesar de todas las dificultades nada fue suficiente para que el paralitico nuevamente se pusiera de pie, evidenciando el poder sanador y purificador del Señor: “Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder aquí en la tierra para perdonar los pecados, -dijo al paralítico- a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Quien alguna vez ha estado convaleciente por una quebradura o alguna operación delicada sabe lo que implica el período de recuperación, que suele ser lento y a veces doloroso. En este caso fue una recuperación instantánea lo que asombró a todos que terminaron alabando a Jesús, incluidos los amigos que le presentaron a sus pies.

Por esto, hoy damos gracias a Dios por el don de la amistad verdadera, que en este patio tenemos oportunidad de practicar cotidianamente, que al interior de las aulas podemos ejercitar de múltiples maneras en bien de quienes comparten el mismo caminar del aprendizaje y sufren las mismas dificultades y se alegran en los logros alcanzados tal como  es pasar de curso y eventualmente obtener algún reconocimiento especial, no olvidando que el mejor premio al que podemos optar es a que Jesús diga un día “Por la fe de estos (buenos amigos) hoy hemos visto cosas maravillosas”.

Es lo que vuestro maestros, auxiliares y directivos del Colegio pueden decir en cada jornada cuando ven en los  niños y jóvenes la fe descrita por el Santo Evangelio y que hizo posible el milagro de la sanación descrita: “por la fe de ellos fue sanado”. Esa vida nueva que expresan en una sana amistad, en el trato respetuoso hacia todos ¡grandes y pequeños! es el mayor tesoro que encierra estar en este lugar pues tiene algo del amor de Dios q2ue es el verdadero tesoro del corazón de nuestros alumnos por quienes hoy rezamos.

¡Que Viva Cristo Rey!

Lectura Santo Evangelio San Lucas V, 17-26.

“Un día que Jesús estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos jóvenes trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al techo, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: “Joven, tus pecados te quedan perdonados.

Los escribas y fariseos empezaron a pensar: “Quién es este, que dice blasfemias?  ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo  Dios? Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones?  ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te quedan perdonados, o decir, ¡levántate y camina!? Pues, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico, a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor decían: ¡Hoy hemos visto cosas increíbles!”.







 

TEMA  : “NUESTRA PRIORIODAD ES DAR A CONOCER A JESÚS”

FECHA: MES DE MARÍA / DIA XXVII° / REINA DE LOS APÓSTOLES

Nuestra Madre  del Cielo puede ser llamada Reina de los Apóstoles pues como nadie Ella nos entrega a Jesús. La misión de todo “apóstol” consiste en cumplir el mandato de Jesús dado a sus discípulos previo a su ascensión: “Id por todo el mundo enseñándoles todo lo que yo os he enseñado y bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Si ser apóstol implica una elección y envió de parte de Jesús, ¿cómo no ha de ser reconocida como “Reina de los Apóstoles” la Madre de quien envía?

Si la misión del apóstol es “formar” a Cristo en el mundo, en la sociedad, en las almas, quien mejor puede hacerlo es la Virgen porque es la Madre de Jesús, lo cual implica que es la que primero y mejor lo conoce y por tanto puede darlo a conocer: ¡Ella nos trajo a Jesús! ¡Ella nos lleva a Jesús!

Un hermoso y serio texto escrito por Don J.B.Chautard lo título “El alma del apostolado es el apostolado del alma”, lo que encierra una gran verdad que evoca la vocación universal a la santidad, la cual no puede desarrollarse si acaso el bautizado no procura dar a conocer a Cristo a los demás, si acaso no se esfuerza por hacer que el bien por él descubierto no sea revelado al prójimo. Por ello, aunque suena fuerte es necesario decir que un católico que no es apóstol es un apóstata.

Inmersos en la “cultura del individualismo”, donde todo parece girar sobre cada uno en la búsqueda desenfrenada de la autorrealización, de la autoformación, de la autosatisfacción, caracterizando nuestro tiempo  con un homocentrisno, el hablar de apostolado a muchos puede parecer algo  incomprensible, pues cómo ofrecer un mensaje que encierra certezas, verdades, tradición, fidelidad, y búsqueda del bien común y de los demás

Por tanto el apostolado es una realidad de exuberancia espiritual y personal por lo que “no puede ser verdadero apóstol  quien no tiene una personal, profunda, y ardiente vida espiritual” (S.S. Pablo VI, 31 Enero 1968).

En una realidad tan adversa a la fe que el campo del apostolado se expande y hace necesario, por lo que nadie sobra y todos pueden hacer algo para dar a conocer a Cristo y su obra, a la vez que con urgencia se requiere la suma de todos cuantos priorizan a Dios a lo largo de su vida.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles se relata que la Virgen se encontraba en el Cenáculo “con los apóstoles” (I, 14). No era una reunión de familiares ni de simples amigos, vecinos, conocidos o “territoriales”, sino que bajo la guía segura de la Virgen María estaban reunidos como la nueva familia espiritual de Jesucristo, donde los lazos de la fe y de la gracia resultaban más estables que los de la carne: “! Aquel  que cumpla la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (San Marcos III, 34).

A lo largo de toda su vida la Virgen Santísima no tuvo otro norte que dar a conocer el rostro de Dios a los demás, no con palabras novedosas ni con actitudes camaleonescas de asemejarse a los tiempos, ni mendigando verdades y certezas culturales, por el contrario, su vida fue ser testigo de la fidelidad de Dios, que la eligió para ser la Madre,  que llena de gracia es un imán  que atrae con su vida las almas hacia su Hijo y Dios.

Cómo habrá sido para los Apóstoles escuchar la voz de la Virgen, el tomo de sus palabras, el lenguaje empleado, la mirada regada de pureza, que les habrá recordado a Jesús cuando les hablaba con cariño diciéndoles: “No os llamo siervos sino mis amigos”. Una madre suelo impregnar de sus actitudes a sus hijos, sin duda que la Virgen lo hizo en muchos aspectos con nuestro Señor, por lo que de modo semejante podemos imaginar cómo en los Apóstoles que durante un tiempo –decisivo por cierto- tuvieron en su hogar a la Madre de Dios han de haberse imbuido de la personalidad y del amor de la Virgen Madre que tenía hacia Dios, Por ello, la misión de los Apóstoles tuvo como fuente de fidelidad a la Virgen que honramos hoy, como “Reina de los Apóstoles”.

El Papa Juan Pablo II dijo al respecto: “La Virgen se convierte en educadora del pueblo cristiano en la oración y en el encuentro con Dios, elemento central e indispensable para que la obra de los pastores y de los fieles tenga siempre en el Señor su comienzo y su motivación más profunda” (06 Septiembre 1995).

¡Entendámoslo  con claridad! “!Ninguna riqueza mayor que Jesucristo puede darse a este mundo pobre y orgulloso!” (Beato Santiago Alberione) Para un bautizado dar a conocer a Cristo nace del conocimiento y del encuentro personal que se tiene con el Señor, lo que le evitará tener una superficialidad y  caer en múltiples infidelidades. El cultivo de la santidad es el mejor programa para robustecer el apostolado, por lo que La Virgen, llena de gracia y que vivió santamente por haber sido preservada del pecado original, ejerce como verdadera Reina de los Apóstoles la misión de guiar la Iglesia y sus fieles.




 

TEMA  :      “MARÍA ES REINA ALLI DONDE JESÚS ES REY”.

FECHA: MES DE MARÍA /  DÍA XXVI° /  REINA DE LOS ÁNGELES .

Hace 1671 años atrás, un monje emigró desde Jerusalén hasta la ciudad de Asís en Italia donde trajo unas reliquias que contenían elementos de la casa de la Virgen María colocándolas en un templo que se  llamó Nuestra Señora de los Ángeles. Posteriormente, el año 511 aquel templo lo tomo a su cuidado San Benito de Nursia junto a un grupo de religiosos quienes lo cedieron a San Francisco de Asís el dos de agosto del 1215. ¡Toda una historia de santos alrededor de la advocación de la Reina de los Ángeles que hoy honramos!

En primer lugar, la Iglesia siempre ha reconocido a la Virgen como Reina, por ser Madre de Jesucristo, que dijo claramente ante Poncio Pilato: “Yo soy Rey y para esto he venido al mundo”, revistiéndose de los tres signos de realeza como fueron: la corona de espinas, la caña en sus manos como cetro de poder y el manto de color purpura que fue su sangre que cubría todo su cuerpo. La designación de la realeza de la Virgen está unida a la realeza que ejerce sobre el universo.

Todo poder de Dios Padre es participado a su Hijo, y por esto, la Virgen es llamada Reina, de todo lo creado, en la tierra –la Iglesia, los Apóstoles, la familia- y en las realidades celestiales –el cielo, la gracia,  las almas, y los ángeles).

Así como la madre goza al interior del hogar y la familia de un lugar principal, ejerciendo con sabiduría, permanencia, y bondad su rol de mujer, esposa,  madre y abuela, la Santísima Virgen, como Reina de los Ángeles cumple la misión, desde su Asunción al Cielo en cuerpo y alma, de regir -por legación divina- en misericordia la justicia en bien de nuestra bienaventuranza eterna. En este mundo nadie puede querer lo mejor para nosotros y saber cómo obtenerlo, como lo conoce nuestra  Madre y Reina de los Ángeles, por esto,  podemos acudir en todo momento a Ella –particularmente- en el umbral de la vida misma.

El rol que cumple nuestra Madre del Cielo es único e insustituible, porque fue asociada, de una vez para siempre el día de la Encarnación del Verbo, a la Redención, por lo que Ella interviene en todo momento no sólo con la bondad de una madre, que lo es, sino –además- como Reina poderosa,  que lo es.

 

Hay tres momentos donde los Ángeles están sirviendo alrededor de la Virgen María: Cuando el Arcángel Gabriel le anuncia que será la Madre del Mesías; cuando nace Jesús en Belén un coro de Ángeles entonó en Cielo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”; y, cuando la Virgen fue asunta en cuerpo y alma a los cielos.

Sin duda, los Ángeles que adoran permanentemente a Dios y hacen en todo momento, y por toda la eternidad, sólo lo que Dios quiere, honran de manera especial a la Madre de Dios, con más fervor que el que cualquier creatura en este mundo pueda profesar.

El amor de los Santos hacia la Virgen es enorme: San Maximiliano Kolbe dijo que: “La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad.  Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso, nuestro ideal debe ser influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas”.

San Luis María Grignion de Montfort dice: “María es la Reina del Cielo por gracia, como Cristo es su Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el Reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior del hombre, según estas palabras: “El reino de Dios está en medio de vosotros” del mismo modo, el reino de la Virgen está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada sobre todo en las almas juntamente con su Hijo más que en todas las criaturas visibles, de modo que podemos llamarla con los Santos: ¡Reina de los corazones!”.

 

El magisterio pontificio ejercido por el Beato Pio IX encierra  para nuestra comunidad parroquial una vital importancia, pues él definió el dogma de la Inmaculada Concepción y celebró la Santa  Misa ante la imagen Patronal que estaba en el altar principal del primer templo porteño: “Escuchen estas nuestras palabras todos nuestros queridos hijos de la católica Iglesia, y continúen con fervor cada vez más encendido de piedad, religión y amor, venerando, invocando, orando a la Santísima Madre de Dios, la Virgen María, concebida sin mancha de pecado original, y acudan con toda confianza a esta dulce Madre de la Misericordia y Gracia en todos los peligros, angustias, necesidades, y en todas las necesidades y en todas las situaciones oscuras y tremendas de la vida.

Pues nada se ha de temer, de nada hay que desesperar, si ella nos guía, patrocina, favorece, protege, pues tiene para con nosotros un corazón maternal, y ocupada en los asuntos de nuestra salvación, se preocupa de todo linaje humano, constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y colocada por encima de todos los coros de los Ángeles y coros de los santos, situada a la derecha de su unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, alcanza con sus valiosos ruegos maternales y encuentra lo que busca y no puede quedar decepcionada” (Bula Ineffabilis Deus, S.S. Pío IX, 8/12/1958).

El hecho que la Virgen haya sido reconocida como Reina nos recuerda que Ella permanentemente ejerce como tal, no teniendo pausa en su atención, diligencia y servicio,  en beneficio de las almas ni en el ejercicio de su reinado maternal. Intercede constantemente y sin descanso por sus hijos, hecho que los ángeles reconocen y honran perpetuamente, por lo que con toda propiedad muestra Madre del Cielo puede y debe ser reconocida como “Reina de los Ángeles”.

En efecto, la Virgen envía a los ángeles a hacer los “mandatos de misericordia” para convertir a los pecadores con inspiraciones angélicas y para frustrar los engaños del Maligno. Nuestra Iglesia Católica en la tierra es un amplio reino de almas que tienen múltiples necesidades, con una misión divina a realizar en medio de una cruda guerra espiritual. Nuestra Señora es la Reina de la Iglesia, que dispone todo el ejército de los ángeles del cielo que el Señor ha puesto a su disposición para el cumplimiento de su voluntad.

 

¡Que Viva Cristo Rey!







 

 

TEMA  :    “MARÍA ES UNA ALEGRIA QUE NO PASA DE LARGO”

FECHA: MES DE MARÍA / XXI° DÏA / CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA

Una de las virtudes más apreciadas por todos respecto de las demás personas es la alegría. Una persona alegre suele atraer y convocar a su alrededor como el imán lo hace con el metal. Nuestra Madre del Cielo es la “Causa de la Alegría” porque durante nueve meses tuvo en su vientre virginal a Jesús, perfecto Dios y hombre, por lo que su vida cambió para cambiar la de quienes estaban a su alrededor.

En efecto, con una diligencia no exenta de sacrificio fue hacia la ciudad de Ain Karem a colaborar con su tía anciana Isabel y Zacarías durante sus tres últimos meses de embarazo en la espera de San Juan Bautista. Allí llenó de ayuda ese hogar, como también, lo regó con el bálsamo de la alegría desde un primer momento tal como describe San Lucas en el Evangelio: “El niño (Juan Bautista) saltó de alegría cuando llegó la Virgen a ese hogar”. La Virgen llega a ese lugar. A ese hogar, a esa familia, sólo para colocarse a su servicio y ayudar: es un mundo por conocer, un lenguaje por aprender, una mirada por encontrar, un sentir por percibir, una nueva visión de la vida por acoger, una fe por interpretar y un espacio por explorar…Los tres meses que permaneció allí, lejos de su hogar de Nazaret, con su presencia transformó aquel hogar vetusto, marcado por el temor  y la soledad, en una realidad de esperanza y gozo porque el Señor Dios estaba en medio de ellos.

De igual modo, con su perseverancia e intercesión obtuvo que el ambiento de incertidumbre y tristeza reinante en las bodas de Cana de Galilea se renovara como describe el evangelista San Juan. La falta de vino haría suspender la fiesta y tener que enviar a cada uno de regreso anticipadamente a sus lugares de origen, con todo lo que ello entrañaba. Gracias a las palabras y súplica de la Virgen hacia Jesús obtuvo la anticipación del primer milagro realizado por nuestro Señor.

La causa de la alegría de la Virgen tiene su origen en que Dios vive en Ella, por lo que la gracia recibida es la que le lleva a “contagiar” al mundo con la dicha más permanente que se puede tener como es ser partícipe de la vida divina, tal como lo dijo Jesús mismo: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él, y haremos morada en él” (San Juan XIV, 23).

 

La Santa Misa desde los inicios de nuestra Iglesia ha sido motivo de alegría para quienes participan en ella porque es verdaderamente el encuentro y momento de mayor cercanía con el señor que podemos tener en este mundo.  Jesús enseñó en el extenso sermón del Pan de Vida: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida Eterna, y Yo le resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera  bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo permanezco en él” (San Juan VI, 57). La misma alegría que nos llena estar a los pies de Jesús sacramentado frente a nuestros altares y sagrarios nos lleva a recordar el gozo de la Virgen, llena de gracia que es llamada como el “primer sagrario” viviente, que hizo de aquella peregrinación desde Nazaret a Ain Karem la “primera procesión” eucarística, que llevó alegría a todos los rincones de aquel hogar.

De modo semejante la Virgen María quiere ser “Causa de nuestra alegría” verdadera porque esta nace de un alma en amistad con Dios, de una vida conducida por  la gracia del Señor que es capaz de llenar de esperanza y fe los ambientes más fríos y renuentes.

Durante este Mes de María al hacer buenos y nuevos propósitos de perfección cristiana, al procurar mantener nuestra alma en estado de gracia permanente, al buscar una conversión para abandonar los criterios del secularismo y del liberacionismo que tanto mal hacen a la vida de la Iglesia en sus comunidades y hogares llenándolos de tristeza, soledad y miseria. Es el Mes de María una oportunidad que el Señor nos concede cada año para crecer en fe y vivir  en la verdadera alegría que nace de una vida construida en la amistad con Dios.

Si los amigos verdaderos son capaces de estar horas juntos en gozo ¡cuánto mas no hemos de estar nosotros que tenemos a un Dios que ha querido llamarnos “sus amigos” para vivir una alegría fundada en la pureza, la verdad y el amor. Por tanto, para desterrar toda tristeza tenemos a la Virgen como “Causa de nuestra Alegría” que nos puede obtener del cielo toda gracia puesto que nada niega un buen Hijo –como Jesús lo es- a la mejor de las Madres –como María lo es- por lo que con perseverancia imploremos para nosotros y nuestros hogares el gozo de vivir la fe en cada uno de los ambientes donde estemos.

Muchas veces hay personas que nos encontramos deambulan apesadumbradas por el agobio de la vida cotidiana, teniendo fácilmente el camino precioso para convertir la tristeza en gozo: El Señor Jesús te ama y la Virgen María te cuida, por ello, Ella es “Causa de nuestra Alegría”. ¡Que Viva Cristo Rey!









 

TEMA   :  “ SERÉ BIENAVENTURADA PARA TODAS LAS GENERACIONES”

FECHA : MES DE MARÍA / DÍA DÉCIMO SEXTO / DIGNA DE VENERACION

El acto de veneración se tributa a una persona que sobresalle en alguna virtud o característica. El acto de honrar a la Virgen en modo alguno se opone a la acusación que suele hacer el mundo evangélico en orden a culpar al católico de rendir “adoración a una persona”. Mas, el primer precepto indica que hemos de “adorar a Dios sobre todas las cosas”, y luego en el libro del Deuteronomio se explicita en vistas a no hacer figuras lo cual, tenía un sentido de prevención para evitar la idolatría a cosas, tal como se hacía con frecuencia en los pueblos de Medio Oriente.

En efecto, los egiptólogos cuentan hasta 1400 figuras adoradas de los cuales nueve son los principales; griegos tributaban adoración a doce dioses que gobernaban el mundo desde el Olimpo,  en tanto que en Mesopotamia había culto idolátrico a catorce dioses, para evitar la tentación de idolatría tan extendida por entonces, existió la normativa de no hacer figuras lo cual, incluso el mismo Dios dará luego prescripciones de confeccionar figuras de ángeles que custodien el arca y de una serpiente para que  eviten morir en medio del desierto.

El acto de rendir culto y tener veneración por alguien, en este caso la Virgen María nunca constituye un  pecado, porque nada tiene que ver con darle Adoración. Los católicos solo adoramos a Dios, a la Virgen expresamos un amor preferencial y único por ser sólo Ella la única Madre de Dios,

 La Santa Biblia cuenta y ensalza en siete ocasiones diversas hazañas hechas por Dios por medio de quienes fueron fieles a Él. Muchas veces leemos elogios a quienes vivieron santa y obedientemente a los mandamientos de Dios. El libro de Proverbios señala que la mujer que teme a Dios “merece  alabanza, cántenle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en público” (XXXI, 30-31).

A lo largo de su vida nuestro Señor no ocultó su cariño y obediencia hacia su Madre, al punto que leemos que por ello será “ensalzada de generación en generación”. Si nuestra santidad consiste en pareceremos cada día mas a Jesús en sus sentimientos y acciones, y sabiendo que Él vivió “obediente en todo a su padre y madre”, los cristianos veríamos  mutilado nuestro seguimiento a Jesús si acaso prescindimos de tributar el debido reconocimiento a la Virgen por medio de nuestra devoción.

San Gabriel de la Dolorosa, un religioso pasionista escribió en sus propósitos personales: “Ningún día pasará sin que ofrezca flores de virtud que puedan coronar la cabeza virginal de mi Madre”. La oración Inicial de cada día del más, nos recuerda que las mejores flores, las que la Virgen más agradece, son el ejercicio perseverante de aquellas virtudes gratas a los ojos de María nuestra Madre. Estos días son un período de conversión donde podemos hacer propósitos de vida para crecer y mejorar en muchos aspectos: en nuestra vida espiritual, en el apostolado, en la vida escolar, en la vida familiar, y en el mundo laboral. Si buscamos, siempre encontraremos algo que mejorar.

Un signo característico de este tiempo es colocar flores junto a la imagen de la Virgen Santísima, como signo visible de cariño y reconocimiento:  “Quisiera ser una flor, una flor sobre el altar, para poder así sobre tu corazón reposar, oh flor del cielo, María, con tu hijo divino, haz que yo sea siempre una flor en tu jardín” (antiguo canto italiano).

El Catecismo de la Iglesia enseña que los católicos damos “culto de adoración” solo a Dios, reconociendo su grandeza, su bondad, su eternidad. Como hay un solo Dios, existe solo una forma de culto que se llama “adoración”, y a nadie más se le da, lo que implica estar a su servicio y ser obediente a todos sus preceptos sin excepción, teniendo a Dios como lo primero en todo.

Hay una segunda forma de veneración, que sólo se dirige a la Virgen María, que es digna de ser reconocida como “llena de gracia” y “bendita entre todas las mujeres”. Este acto de culto mariano se llama “culto de hiperdulía”, palabra que significa “más que de simple dulía”, lo cual,  hace mención a la excelencia y perfección de la Virgen sobre el resto de los santos. Rendimos un respeto profundo y tributamos gran admiración por las obras que Dios hizo en Ella, por lo cual se cumple la promesa hecha en orden a que “todos la llamarán bienaventurada”. Hiper (sobre todo), doulos (hacerse siervo) recuerda las palabras la Virgen Santísima  al Arcángel Gabriel: “He aquí la esclava del Señor”.

Y la tercera forma de culto es el tributado a los santos denominado “Dulía”, que es reconocer la gracia de Dios en la vida de los mejores hijos de la Iglesia que son los santos y beatos, a quienes mostramos reconocimiento y cariño especial como ejemplos de santidad y en cuanto intercesores eficaces en el Cielo.

¡Que Viva Cristo Rey!