viernes, 7 de julio de 2017

ENCONTRARÉIS DESCANSO PARA VUESTRA ALMA

DOMINGO DÉCIMO CUARTO  /  TIEMPO ORDINARIO  /  CICLO “A”

1.     “Su dominio ira de mar a mar, desde el Rio hasta los confines del mundo” (Zacarías IX, 10).

En esta semana hemos visto una triste realidad en nuestra Patria. De acuerdo a un informe entregado públicamente, se ha constatado que unos mil trescientos  niños entregados para ser custodiados por el Estado perecieron. Una cifra dramática por donde se le mire. Algunos hemos tenido la oportunidad de intervenir para evitar que esa cifra aumentase. Como Cura Párroco me correspondió en una oportunidad acoger durante unos días a un joven que huyó de uno de esos centros para evitar ser violentado por sus pares. Debió saltar un muro de cinco metros para lograr su libertad. Al refugiarse en nuestra comunidad, contando con la autorización de sus padres y de la justicia local,  relató la crudeza de lo que acontecía hace unos veinte años atrás en uno de sus centros más reconocidos.


A esa institución acudían regularmente sacerdotes a confesar,  religiosas a acompañar,  colegios de Iglesia que llevaban a sus alumnos a compartir con los jóvenes internos, dando un barniz de espiritualidad que con sigilo se iba sembrando.

Con el paso de los años esa institución se fue secularizando en la misma medida que las ideologías estatistas marginaban todo auxilio espiritual colocando el inmanentismo en las virtudes teologales. Una mirada jibarizada ocasionó una realidad que prontamente  nivelaba hacia abajo. El abajismo en toda su extensión.  Los más vulnerables de la sociedad terminaban muriendo tempranamente, tal como acontece  con la legislación que quiere imponerse por medio de la legalización del aborto por medio del  pseudo derecho de decidir quién debe morir, cuándo debe morir, y por qué debe morir.

Las vestiduras se rasgan con prontitud ante los jóvenes muertos en el Senane, ¿lo harán también por quienes no están en un frio edificio estatal sino en el cálido vientre materno esperando poder nacer? ¿Serán expulsados del banquete de la vida quienes ya son comensales?

Sin duda,  que la formación parte de una mirada de lo que es el hombre, la familia, la sociedad en relación con Dios.  Esto confiere una antropología que no olvida su origen y su destino trascendente, poseedora de un alma, que es: una,  inmortal e irrepetible.

La primera lectura es esencialmente profética. En ella leemos que: “Él suprimirá los cuernos de Efraín, y los caballos de Jerusalén. Sera suprimido el arco de combate, y Él proclamará la paz en las naciones” (Zacarías IX, 10).

Es una nota característica de quienes seguimos a Jesucristo descubrir en estos anuncios la voluntad de Dios, pues,  ellos forman parte de la revelación. Y la segunda venida de Cristo será precedida de múltiples signos, entre los cuales reinará un tiempo la paz, y toda violencia será desterrada. Por ello, resulta evidente descubrir como un “anticipo” de los signos de los tiempos de Dios el hecho de procurar alejar toda violencia desde el Sagrario de la Vida como es el vientre materno. El oponerse al aborto en favor de la vida forma parte de la enseñanza infalible del magisterio de la Iglesia que, en todo momento llama a defenderla desde su gestación hasta su muerte natural.


La voz de una perversa ideología hizo que las lágrimas  derramadas por la muerte de tantos jóvenes se evaporaran con prontitud; que el delantal usado como vestimenta característica de quien busca la salud de los niños como profesión propiciase -sin miramiento-  leyes que impiden el nacimiento mismo. ¿Qué nombre recibe quien permite que  los instrumentos hechos para proteger una vida sean utilizados para ultimarla?

“Dios sostiene a todos los que caen, a todos los encovados endereza” (Salmo 145, 14).

Los jóvenes y adolescentes que integran los diversos centros del Sename, extendidos a lo largo del país, tienen la posibilidad de salir adelante en diversos hogares dependientes de nuestra Iglesia Católica, tales como: el Refugio de Cristo,  las Aldeas SOS, el Hogar Arturo Prat, el Hogar de la Divina Providencia, el Pequeño Cottolengo, e innumerables centros que bajo el alero de nuestra Iglesia que de una u otra forma se esfuerza en suplir las carencias que conlleva el permanecer internado por las razones que fuere.

A pesar de puntuales deficiencias, sin lugar a dudas,  prima el hecho de procurar hacer el bien a los más pequeños, a  los predilectos de Dios, porque se les mira por su inmensa dignidad que emerge de su condición de hijos de Dios e hijos de su Iglesia, en consecuencia,  se les protege como verdaderos hermanos de cuya formación se dará grave cuenta ante Dios en el juicio final, por lo que es necesario cuidarles como el tesoro que son a los ojos del Señor por quienes se entregó en lo alto de la Cruz.

Por eso,  el cuidado material debe ir de la mano  con la necesaria protección espiritual, toda vez que el cuerpo y el alma del joven avanzan por la misma vereda y no cada uno por su lado…Sin duda, muchos de los dramas escritos al interior de los centros del Sename han partido por una debilitada vida espiritual que, en ocasiones,  ha sido deliberadamente puesta al margen. Los resultados son evidentes, y por ello se debe cambiar el rumbo, no puede seguir experimentándose con los niños ni aplicando sistemas de formación sumergidos en una aparente neutralidad confesional donde se termina alzando el monoteísmo del ateísmo, con sus consabidos resultados.

“No puede dar frutos buenos un mal árbol”: No puede ser presentado como proyecto de educación un sistema que excluya la dimensión religiosa y la vida espiritual de los niños y jóvenes. Ello es una fantasía que inevitablemente terminará transformándose en una pesadilla.


Como católicos debemos optar por la vida, debemos optar por el Evangelio de la Vida, que permite crecer y desarrollarse en la armonía conquistada por Nuestro Señor que se entregó por cada uno de nosotros para purificar y fortalecer nuestra alma. Hoy nos dice: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras amas. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (San Mateo XI, 29-30).

Iniciado el Mes de Nuestra Patrona y Reina como es la Santísima Virgen del Carmen, encomendamos en esta Santa Misa a que bajo su manto protector se cobijen los niños y jóvenes que, por diversas razones, permanecen  actualmente internos en algún hogar en nuestra Patria. Que no falte la mano amiga, el consejo oportuno, la oportuna corrección fraterna, y la plegaria por cada uno de ellos. ¡Que Viva Cristo Rey!
   




sábado, 1 de julio de 2017

“JESUCRISTO EL PRIMER Y MEJOR AMIGO”.

HOMILIA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO APOSTOL 2017.


Cercanos a una elección presidencial y parlamentaria, se hacen encuestas casi de manera permanente. Se le consulta a las personas sobre cuál es su mejor candidato, y luego los noticiarios hacen extensos programas para analizar los resultados. Hacer encuestas hoy es un muy buen negocio que implica una verdadera guerra. Cada uno aspira a los mejores resultados. Pues bien, nuestro Señor este día hizo una encuesta  no de “opinión” sino referida a la “fe”.

Las respuestas genéricas no involucran mayor responsabilidad…si nos preguntan qué dice la gente sobre tal o cual persona, qué dice la mayoría de la gente sobre tal o cual materia, la respuesta no es vinculante, no nos involucra ni deberemos responder por darla. Nada pasa si hablamos en tercera persona: ¡Ellos dicen tal o cual cosa sobre ti!
Entonces, es obvio que al momento de responder nos sentiremos libre de hacerlo porque no asumimos ninguna responsabilidad y  nadie nos cuestiona por ello.


La pregunta que hizo Jesús entonces implicaba un gran desafío responderla, pues era en primera persona: “yo digo esto de ti” porque he visto esto, he experimentado esto, y ocupas un lugar decisivo en mi vida. Tras esa respuesta “Tu eres el Hijo del Dios vivo” era reconocer al Mesías esperado,  era decir que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre a la vez, por lo que tras sus actos palabras y sentimientos podemos encontrar la respuesta a cada una de nuestras necesidades e interrogantes de todos los tiempos.

Jesús es la respuesta definitiva, la Palabra de Dios Padre dicha al mundo para siempre, por lo que no podemos buscar sucedáneos ni bagatelas en personas e ideologías por deslumbrantes y novedosas que nos parezcan. Siempre hubo y no dejará de haber  voces que traten de posponer y relegar la presencia de Jesucristo en el mundo, en ocasiones, no se tratará de negar su existencia sino de menoscabar su grandeza para distorsionar así su presencia y diluir su influencia en la vida pública y social. (Es un Cristo que no cuestiona, no molesta, no interviene, no está en contra de nada y nadie…)

Por esto, la sociedad en la que vivimos suele aceptar a Jesús sólo como una persona “bondadosa”, como alguien “importante” de la antigüedad, como alguien que enseña “cosas hermosas”. Se establece una relación distante, que acepta a Jesús en la puerta de la calle, en el atrio de nuestro hogar, pero que no entre hasta la intimidad del hogar.
El cartero se le recibe en la puerta de la casa, al que es amigo y familiar se le hace entrar: con Jesús pasa algo semejante, el mundo responde que es una persona importante, cuya doctrina es antigua y respetable, pero se le equipara a la de otros personajes de la antigüedad.



Y esto tiene incidencia en la vida espiritual, en nuestra relación con Dios, en el modo como le manifestamos nuestro cariño y reconocimiento filial. ¿Qué amistad verdadera puede darse cuando a alguien se le atiende afuera de la casa? ¿Qué nivel de confianza hay con quien no visitamos, no sabemos su número de teléfono, no sabemos su nombre? Si lo anterior puede darse respecto de la relación entre personas, en nuestra vida de creyentes igualmente puede darse ese trato distante con el Señor, donde hay apariencia de fe pero ella no tiene mayor incidencia real en nuestra vida. En muchas partes se vive una religiosidad de cáscara, de apariencia, que el espíritu mundano ve con buenos ojos porque en nada modifica nuestra vida y la de la sociedad,  las cuales permanecen impermeables al amor gratuito de Dios.

Una amistad que no se cultiva se enfría y se termina diluyendo. Nuestra vida como bautizados no puede reducirse a simplemente saber un poco sobre nuestra fe, a poseer ciertas nociones históricas y comparadas con diversas creencias de la antigüedad, porque el acto de creer implica una relación verdadera que nace del pleno asentimiento dado a lo que Dios ha manifestado de sí mismo.

Así lo dice San Pedro en este día: “¿Dónde podemos ir?  ¡Solo tú tienes palabras de Vida Eterna!”  Es decir, el hecho de creer en Dios es más que saber sobre Dios, a la vez que el acto de confianza en Dios, involucra todos los aspectos de nuestra vida, por lo que no se puede creer parceladamente o  de manera fragmentaria.

Por esto, la profesión de fe hecha por los Apóstoles en Cafarnaúm, en la voz de San Pedro –nuestro santo patrono- marca un punto de inflexión, un antes y un después en sus vidas, tanto en la relación con Jesucristo como en la vida de la Iglesia naciente. Nada será igual, todo es diferente cuando se reconoce la primacía de Cristo en la vida personal y en la vida comunitaria, pues los referentes y medidas no son los anhelos, gustos e intereses personales sino el programa de vida propuesto por el mismo Señor en el Santo Evangelio.

Como colegio, los fundadores del establecimiento, sabiamente eligieron a San Pedro para que intercediera ante Dios por él, a la vez que no se restaron de sacar de sus enseñanzas y de su vida las mejores lecciones, llenas de tradición y genuina actualidad, lo cual ha servido para enfrentar los múltiples desafíos que todo proceso educativo encierra.

¿Qué mejor marco educativo y programa  de enseñanza podemos encontrar que la propia vida de aquel pescador a quien Jesucristo dijo: “sobre ti edificare mi Iglesia”? ¿Qué mejor formación obtendremos que aquella que nos llega por mediación de quien fue mandatado por el mismo Señor para “confirmar en la fe a tus hermanos”?

La vida de San Pedro nos habla de un sencillo pescador de Galilea, que siguió a Jesús de manera inmediata cuando lo llamó: “Ven y sígueme”. Así debe ser nuestra respuesta a todo lo que Jesús, sin dilaciones ni prisas, ya que la vocación a seguir sus pasos e identificarnos con su vida, es lo único primordial y vital que existe, y nada puede anteceder al hecho de procurar   permanecer en su gracia.

Enseñaba el Papa Juan Pablo II que “La fe se fortalece dándola”. De manera semejante, la amistad conlleva a fortalecer el vínculo con los demás. Las amistades cerradas no terminan bien, porque sabido es que  “es bueno que lo bueno se comunique”, según enseña el gran Santo Tomás de Aquino: “el bien es esencialmente difusivo”, entonces,  las amistades deben tender a ser –especialmente- integradoras, abiertas a quienes están a nuestro alrededor. El desconfiado no tiene amigos, y su cercanía se reviste siempre de apariencias. No basta la simple simpatía para ahondar en la amistad, porque la amistad se nutre de fidelidades que permanecen y no de entusiasmos que se evaporan ante las dificultades.

Así lo dice el Antiguo Testamento: “En todo tiempo quiere el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia” (Proverbios XVII, 17).
Queridos niños y jóvenes: ¡No nos confundamos!: No es lo mismo el compañero con el cual se comparte unos años de formación, no es lo mismo el camarada con quien se comparte una ideología afín; no es lo mismo un colega con quien compartimos un trabajo por un tiempo; no es lo mismo un vecino con quien compartimos un barrio común. Jesús quiere ser infinitamente más que un compañero, que un camarada, que un colega, que un vecino, pues un día dijo a San Pedro: “Ya no te llamo siervo sino mi amigo” (San Juan XV, 12-15).


Como en el origen de la Iglesia, en nuestro siglo que amanece,  la fe se propagará por el contagio de quienes opten por ser fieles a Jesucristo a todo evento, no preocupándose de qué hacen y dicen los demás sino de lo que cada uno hace y dice por amor a Dios y su única Iglesia, procurando llevar un estilo de vida donde los criterios de Cristo, el modo de vivir y tratar a los demás, sea el que guie cada uno de nuestros pasos, palabras y acciones.

Sin duda, el hablar con Dios en la oración es un buen síntoma de nuestra verdadera amistad con el Señor Jesús. Los amigos no sólo confían entre ellos, también,  conversan de todo con respeto reciproco a la verdad. ¡Los amigos nunca se mienten! Debemos crecer en espíritu de oración con el Señor, solo así sabremos qué quiere de cada uno y desharemos los nudos de rencor, de envidia, de impurezas, de tibieza espiritual, que hay en nuestro corazón. ¿Quién no se siente liberado cuando se desahoga con sus amigos de un problema? Si el compartir una dificultad se sana diciéndola a los demás… ¿Cuánto bien no dejaremos de experimentar  al confiar nuestras cosas al Buen Dios en la oración? Recordemos a este respecto lo que enseñó San Alfonso María de Ligorio: ¡El que reza se salva, el que no reza se condena! 




Nuestra mirada se dirige a la imagen de la Santísima Virgen del Carmen, Patrona de Nuestra Patria, que un día a San Simón Stock entregó el escapulario para que le protegiese en todo momento, especialmente para llevarle al Cielo con prontitud y seguridad. Suba nuestra plegaria como un día salió de labios del santo carmelita inglés; “Flor del Carmelo, Viña Florida, Esplendor del Cielo, Virgen fecunda y singular, oh Madre dulce”. Que la Virgen guie nuestro caminar ahora y siempre. ¡Que Viva Cristo Rey!

martes, 20 de junio de 2017

A seguir luchando por la Vida, Carta del Obispo Stegmeier

A SEGUIR LUCHANDO POR LA VIDA
 “Hermanas y hermanos en Jesucristo:
El Gobierno volvió a darle suma urgencia al trámite de la ley “Bachelet”, por la que se quiere asesinar a los niños, abortándolos. La intención es llegar al aborto libre, es decir, que la mujer decida matar a su hijo porque ella así lo quiere. La legalización del aborto es la tragedia más grande que puede acaecerle a un país, con la agravante de que será con el voto decisivo y mayoritario de diputados y senadores “católicos” de la Democracia Cristiana.
Frente a la posibilidad de aprobar esta ley, todavía queda mucho por hacer. Lo más importante es continuar orando al Señor, para que Él convierta a nuestras autoridades y legisladores, dándoles su sabiduría a fin de que se den cuenta que la misión de la ley es defender al más débil del poderoso, y no al revés, como pasa con esta ley. Además, hemos de seguir manifestándonos en privado y en público a favor de la vida y en contra de la muerte. Por último, en las elecciones que vienen tenemos que votar por los candidatos pro vida y pro familia. Es una obligación grave de conciencia no votar por los abortistas y anti familia. Si a nosotros nos duele el aborto, a ellos les duele el voto.
Tenemos que informarnos en profundidad qué ley se está aprobando. El Papa Francisco ha repetido que es la aprobación de un asesinato. Además, cuando se lee el texto, uno se queda horrorizado al comprobar que será una de las peores leyes posibles. Así, entre otros, se establece que si el niño brutalmente abortado nace vivo, el médico debe dejarlo morir. ¿Acaso no es esto infanticidio?
Al personal médico se le obliga a practicar el aborto, aunque eso vaya contra sus más íntimas convicciones. De no hacerlo, se le discriminará injustamente y se le obligará a dejar su trabajo. En nombre del falso derecho de la mujer de decidir si abortar o no, se le impide al personal de salud el legítimo derecho a decidir en conciencia a no colaborar en el aborto. Nadie puede obedecer el mandato de matar a un ser inocente e indefenso. Ante una ley así, hay que responder como los Apóstoles: ”¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!” (Hechos de los Apóstoles  V,29).

El impulso espontáneo de toda persona normal es tratar de salvar por todos los medios posibles la vida de quien está en peligro de perderla, por ejemplo, si se está ahogando, incluso sabiendo que puede morir en el intento. Más aún, un cristiano, a semejanza de Cristo, está dispuesto a morir para que otro viva y prefiere morir antes que matar. La ley del aborto inducirá a la mujer a ir contra lo más profundo de su instinto maternal, con las traumáticas secuelas que con el pasar del tiempo irán aflorando en ella”.

+Francisco Javier Stegmeier Sch.  Obispo de Villarrica, Chile.


     



SIN DIOS…ADORARÁN LAS BESTIAS Y MATARAN A LOS NIÑOS

  TEMA DE FORMACIÓN  JUNIO DEL 2017


Desde la primera mitad de la década del noventa en nuestra Patria hemos visto la permanente incursión de quienes han promocionado una legislación abortista. En 1989, con ocasión de grandes discusiones que se daban –especialmente- en Europa sobre la píldora microabortiva conocida posteriormente como del ”día después”,  el poder legislativo de la época en nuestra Patria,  consideró necesario explicitar  que todo aborto era un crimen, por lo que el maquíllate añejo de “terapéutico” debía sacarse de la legislación y suprimirse definitivamente. Así, desde ese tiempo,  ha pasado mucha agua bajo el rio…en los últimos veintiocho años.

Estamos insertos en una nueva sociedad, que tiene una nueva mentalidad se nos dice con insistencia, para la cual debemos acomodarnos. En el plano eclesial y social se pide colocarse de rodillas ante el proceso secularizador imperante, como si acaso nada pudiésemos hacer para modificarlo. Según esto, nos podemos preguntar: ¿Fue Cristo condescendiente con los criterios y valores de su tiempo? ¿Aceptó las leyes que la mayoría imponía? ¿Habrían muerto martirizados los apóstoles si hubiesen adecuado la predicación a los oídos de quienes fueron llamados a evangelizar? ¿Habría tenido mártires nuestra Iglesia en el pasado?... ¿Los tendrá en el futuro?

En todos estos años,  con frecuencia,  por hechos dolorosos de la vida pasada se ha enarbolado el slogan de “nunca más”…tortura….discriminación…muerte, pero no podemos olvidar que la legislación abortista implica expandir ilimitadamente el “crimen abominable” (Concilio pastoral Vaticano II) que incluye en el vientre materno: tortura, discriminación y muerte. Esto, indudablemente, ocasionará un mal moral, social, y espiritual de insospechadas consecuencias, tal como lo experimentamos de múltiples formas por tantos males que nos resultan  evidentes.  

Si todo concurre para el bien de quienes aman, para los que obran el mal, y propagan el odio de la muerte,  todo deviene en mal…aumenta la crispación y la degradación social. ¡Obvio!... si acaso  no se respeta al inocente que está por nacer, entonces, ¿qué garantía tendrán los que ya nacieron y están en condiciones irremediablemente debilitadas?

Nuestros  ancianos, cuyo número se multiplica exponencialmente,   ¿qué seguridad tendrán en el futuro de ser debidamente protegidos cuando resulten poco rentables?  Sabido es que  sus gastos de salud aumentarán pues –objetivamente- vivirán más años, y luego cuando en los enfermos terminales no haya posibilidad de recuperación…a no dudarlo serán puestos fuera de las murallas de la ciudad…serán desechados descartados como inviables aplicándose la eutanasia consentida por medio del suicidio o de la eutanasia impuesta que siempre es un crimen. En cualquier caso, es la muerte la última palabra de muchos hoy.

En el horizonte del abortismo sólo despunta el misterio de la muerte. La solución final que un día fue usada contra una raza hoy se aplica con los no nacidos a causa de “cómo” fueron gestados, debiendo pagar con su propia vida inocente el acto repudiable de abuso  culpable de otro;  inmolando su vida martirialmente por ser considerado un problema insalvable  la causa de su inviabilidad. En el colmo del desquicio moral de algunos legisladores de nuestra Patria se ha llegado a dejar por escrito que si acaso un niño sobrevive al intento de un aborto éste será dejado morir sin la asistencia médica debida. ¿Qué falta ha hecho un niño en el vientre materno para merecer ese trato insano y cobarde?

Es cierto, ello nace porque no se considera vida humana al no nacido….También, en el pasado hubo quienes no consideraron verdaderamente personas a los que tenían un color de piel distinto, a quienes hablaban un idioma distinto, o a quienes pertenecían a una raza determinada…la lista es casi interminable.  En todo el mundo ello fue lo normal, debiendo pasar siglos para que el respeto a la persona fuese aceptado integralmente, para lo cual, nuestra Iglesia cumplió un rol decisivo por medio de la evangelización de las costumbres, verificándose en el tiempo que del modo como Jesucristo fue más conocido y aceptada su enseñanza,  declinó el menosprecio de la persona humana.

Hoy la descristianización reinante de la sociedad hace que la persona sea menospreciada, que mientras se alzan los estandartes de “nunca más” constatamos que siempre hay más desprecio del hombre allí donde mayoritariamente se menosprecia a Dios y su Iglesia.

Con frecuencia un crimen atroz es noticia en nuestra Patria. Y uno queda impresionado de hasta dónde puede llegar la maldad humana. Recordemos que cuando aconteció lo de los psicópatas en Viña del Mar, deambulaba poca gente en las calles, las personas caminaban temerosas por semanas en la ciudad, el ambiente social estaba marcado por la penumbra,…y ello por unos crímenes en serie atroces….¿Qué sucede en un país donde la muerte del inocente se hace ley?…¿Qué no dejará de pasar allí donde una persona puede decidir respecto de la vida de otra?…Simplemente es aceptar la ley de la selva,  del más fuerte sobre el que es más débil….

En la actualidad una mujer puede gritar por su derecho a abortar,  pero el niño al interior del vientre materno no lo hace, no sale a las calles, no participa en las redes sociales…su grito es silencioso y las consecuencias de su muerte cruel sin duda no permanecerán mucho tiempo ocultas, y serán evidentes para toda la sociedad porque el mal moral que conlleva la muerte de inocentes trasciende generaciones mancillando hondamente el alma de la Patria.

Una ley injusta siempre hay que evitarla y si acaso existe, `porque los legisladores de turno la han aprobado,  es necesario hacer todo esfuerzo por derogarla luego, lo antes posible.  Su eventual aprobación más que deberse al ímpetu del espíritu de Babel se ha permitido por quienes un día estuvieron en el cenáculo y lo olvidaron.  

Con justa razón, para todo el mundo católico, que se ve azotado tan fuertemente por las ideologías de turno reinantes, resulta del todo incomprensible que haya parlamentarios que se reconozcan como católicos, y que siendo miembros de partidos de una supuesta inspiración cristiana,  aprueben leyes que se oponen en una realidad tan determinante  como es el respeto a la vida humana.



Ahora no se trata de personas que por venganza y cerrazón del corazón maltraten a otros en circunstancias históricas de violencia, sino que se propicia una acción que directamente apunta a quitar la vida a un inocente no nacido.

Se equivocan quienes argumentan desde el progresismo que vamos por una espiral de aceptación de correr cercas, las naciones sin aborto no son las últimas sino las primeras en oponerse al imperio del más fuerte sobre el más débil, del que cree poder decidor si uno puede nacer o debe morir antes. Caín decidió que su hermano Abel debía morir…David opto por provocar la muerte de Urías, hoy nuevos caines hacen preguntar: ¿Dónde está tu hermano, al que le has impedido nacer?

Ante Dios daremos cuenta de todo lo que hemos hecho…de lo que otros han hecho incentivados por lo que hemos permitido. Es audaz la actitud temeraria aún más de quien cree poder responder por sí y por los demás…la sangre de los inocentes clamará en el juicio final y ahí ya no importaran más las estadísticas…

A esta altura ya nadie duda de la relación causa efecto que han tenido las diversas reuniones realizadas en el pasado del Cairo (Septiembre de 1994) donde la ideología del género y el feminismo autónomo han colocado el tema del aborto como uno de sus principales objetivos desvinculando el ser femenino del don maravilloso de la maternidad, por medio de la cual la mujer es el futuro del mundo.

“Hay que excluir absolutamente, como vía licita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas” (S.S. Pablo VI).

“El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente” (S.S. Juan Pablo II).

“El aborto no puede ser un derecho humano, es totalmente opuesto. Es una gran herida en la sociedad” (S.S. Benedicto XVI).

“Una legislación que no protege la vida favorece una “cultura de la muerte” (S.S. Francisco).

PADRE JAIME HERRERA GONZÁLEZ / DIÓCESIS DE VALPARAÍSO / CHILE
    





lunes, 12 de junio de 2017

¿UN MUNDO PARA DIOS O UN DIOS PARA EL MUNDO?

 SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD AÑO 2017



Entre las diversas celebraciones de este tiempo litúrgico post pascual, tan especial, donde se concatenan una serie de grandes fiestas litúrgicas, hoy contemplamos aquella que se refiere al misterio más importante  de nuestra fe católica como es “mirar” y “vivir” la insondable realidad de la intimidad de la  vida divina.

En efecto, si bien por medio de  nuestra inteligencia podemos descubrir la existencia de Dios y los diversos atributos que le son propios, la interioridad de la vida de Dios sólo podríamos haberla conocido por un acto de la libérrima voluntad divina de darse a conocer a nosotros.

Dios, sin otra necesidad más que aquella que emerge del amor, no sólo nos dice quién es, sino que nos invita a participar de su misma vida, nos llama a permanecer unidos a su amor. Toda una enseñanza pues,  en su nombre, en su persona, y en su gracia podemos revelar su presencia y su vida en el mundo actual. No hay otro camino: si el fruto no permanece unido a la vid se seca, si el apostolado no está inmerso en el poder de Dios nunca será fecundo, por el contrario permanece estéril.

Para ser partícipe de la vida divina, y vivir la inhabitación trinitaria se requiere:
a). Vivir en gracia. Nada sacamos si no estamos unidos a la red de la gracia. A este respecto morir antes que consentir un pecado mortal…sin duda es algo fuerte, pero nada lo es si se trata de la eternidad  y de quién es Dios. Nada más importante y necesario para el bautizado que estar en permanente amistad con Dios. Hay que cultivar la cercanía con Dios, como uno riega una planta para que permanezca con vitalidad,  del mismo modo la gracia aumenta con la fidelidad, la amistad con Dios crece con el paso del tiempo. La misma experiencia nos lo indica: el conocido, el vecino, el colega, el compañero de curso, no son lo mismo que quien es propiamente un amigo.

No podemos llamar “amigo” a aquel que tarde mal y nunca vemos; no podemos tratar de “amigo” a aquel con quien sólo mantenemos puras diferencias;  no podemos tratar de “amigo” a quien no nos interesa hablar ni visitar…los amigos no se hacen los desconocidos… como cuando escondemos nuestra identidad católica porque nos resulta socialmente favorable hacerlo, o por simple cobardía ante los respetos y poderes de un mundo renuente a Dios, la religión y a nuestra Iglesia.

b). Cumplir los mandamientos de Dios: Jesús ha dicho con claridad “si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amara, y vendremos a él, y haremos morada en él” (San Juan XIV, 23). Por esto, el hecho de cumplir lo que Dios nos pide no es una opción que pueda ser tenida como facultativa, ni vista como un simple consejo a seguir. Para el bautizado es una obligación, necesaria para alcanzar la salvación y conveniente para el bien común, por lo que quien procura hacer lo que el Señor le pide contribuye eficazmente a edificar una sociedad donde la virtud prime sobre los vicios, la fidelidad sobre la infidelidad, y la interioridad sobre la superficialidad.

La manifestación de amor hacia la Santísima Trinidad, el acto de fe ha de impregnar nuestras actitudes en un verdadero seguimiento a Jesucristo, procurando cumplir la voluntad de Dios en todo y permanentemente. Sin duda, hay épocas a lo largo de la historia de la Iglesia donde el “tono” de la sociedad ha sido que todos reman a favor de la voluntad de Dios y no contra sus designios tal como acontece actualmente.

Para nadie debiese ser sorpresa constatar que en muchos ambientes al interior de la Iglesia y por cierto fuera de ella, se oculta, se desprecia, de deja de lado todo lo que se refiere a Dios, llegando, en ocasiones,  al colmo de tenerlo como el origen de las divisiones de la vida presente…de todo se puede hablar, de moda, de farándula, de deporte, de música, de arte, de política, menos de nuestra fe, que cada vez está más arrinconada al interior de  las conciencias, en el silencio de  las sacristías, y en los añosos salones episcopales. Es fuerte la tentación de recluir a Dios creando una vida eclesial y pastoral que se amolde a los juicios humanos, así, una religiosidad  moldeada por el espíritu mundano es a fin de cuentas un nuevo becerro, al que se le rinde culto y adora falsamente.

En realidad, la vida actual en su conjunto constituye una verdadera blasfemia al arrinconar a Dios al mundo de lo intrascendente y sin importancia. En las redes sociales los links de me gusta giran en torno a cualquier vaguedad menos en aquello que es decisivo en el fortalecimiento de nuestra vida espiritual. Todo importa, todo es urgente, todo es necesario, siempre que no diga relación con Dios y lo que es atingente a su vida Divina y Trinitaria.

La semana anterior recibimos la irrupción del Espíritu Santo, como el alma de nuestra alma y el alma de la Iglesia, bajo el signo elocuente del fuego encendido, tal como aconteció en el Cenáculo el día de Pentecostés. Si acaso cambió la vida de los apóstoles reunidos junto a la Virgen María esa noche fue precisamente porque sus almas gozaron de la presencia del Dios, uno y trino que vino a ellos a “tomar morada” a “habitar”.

El fuego nos evidencia el misterio de Dios uno y trino: la llama no puede subsistir sin la luz, y esta no puede a su vez ser luz que irradia sin dar el calor a lo que se está a su alrededor. Llama, luz y calor forman parte de una misma realidad, semejante a las tres personas divinas de la Santísima Trinidad que son un solo Dios.

Entonces, vivir el misterio de la inhabitacion trinitaria implica dejarse conducir en toda circunstancia por los designios que Dios Padre disponga en lo que denominaremos una espiritualidad providencial, luego, incluye procurar imitar a Jesucristo no sólo como modelo perfecto de santidad sino como la fuente de toda gracia, es lo que llamaremos espiritualidad cristiana, y finalmente, tal como ahondamos el domingo recién pasado, si deseamos crecer interiormente no podemos hacerlo al margen de lo que el Espíritu Santo habla en nuestra alma, es lo de reconocemos como vida en el Espíritu.


c). Crecer en caridad: “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado a nosotros” (San Juan IV, 12-13). No hay que tener vergüenza de reconocer cuál es la vocación que Dios nos ha dado. No hay que rebajar el horizonte hacia el cual nos encaminamos, pues somos “portadores de Jesucristo” y “theoforos” ¡portadores de Dios!

Esto hace que podamos gozar de manera especial la presencia de Dios constituyendo un anticipo real de lo que obtendremos y poseeremos en la bienaventuranza eterna,  no ya por un tiempo,  sino para siempre.

Esta “vivencia trinitaria” nos hace percibir su presencia que completa y responde toda necesidad, pues sólo en la vida divina el hombre encuentra lo más hondo de su identidad y se descifra todo misterio de su vida humana, toda vez que, como sabiamente escribe San Agustín : “nos hiciste para ti Señor, por ello nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en Ti” (Confesiones, San Agustín de Hipona).

Así, esta festividad litúrgica nos hace mirar a lo largo de nuestra vida y descubrir que Dios nada ha dejado al azar como recuerda un santo: “¿Qué tenéis hambre? …vuestro es mi cuerpo y sangre. ¿Qué teméis olvido?…vuestro es mi corazón. ¿Qué teméis miserias? vuestra es mi divinidad”.

Por ello, si donde hay caridad allí está Dios, entonces hemos de crecer en ella diariamente procurando seguir los pasos, repetir las palabras y abrigar nuestro corazón con lo que Cristo hizo, con lo que Cristo dijo, con lo que Cristo es: amor…!Donde hay amor, Dios está allí!

d). Procurar llevar una vida pura: El Apóstol San Pablo dice. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?...El templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros” (1 Corintios III, 16-17).

Entonces, porque Dios inhabita trinitariamente en cada bautizado es que debemos hacer realidad una de las bienaventuranzas proclamadas por nuestro Señor en el Sermón de la Montaña: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (San Mateo V). Entendámoslo de una vez: Jesús no es nuestro mejor vecino, sino que más bien, es parte de nuestra vida porque, en el alma en gracia, “mora en nosotros” (2 Timoteo I, 14).  
  


¡Dios habita en los santos!...”por medio de su gracia, está en el alma del justo en forma más íntima e inefable, como en su templo”. Por esto, si bien muchas personas –incluso no creyentes y adversas a la fe- pueden dar vestigios del poder y de la sabiduría de Dios, es propiamente en la caridad, vivida en la virtud de la Santa Pureza donde descubrimos una característica propia de la vida trinitaria que tan solo aquel que procura vivir en gracia santificante  participa verdaderamente.
Imploremos a la Santísima Virgen, que llena del Dios uno y trino, canto las alabanzas con gozo verdadero que contagie nuestra vida personal y eclesial con el altissimi donum Dei…Dulcis hospes animae. ¡Que Viva Cristo Rey! Amén.

     



PADRE JAIME HERRERA / CURA PARROCO DE PUERTO CLARO / CHILE