Actividades Agosto 2020
lunes, 17 de agosto de 2020
martes, 4 de agosto de 2020
TEMA : “SI EL PAN SE CUIDA A CRISTO SE LE ADORA”.
FECHA: HOMILÍA DOMINGO DÉCIMO OCTAVO T.O /
AÑO 2020
El
episodio escuchado aparece en el relato de los cuatro evangelistas
(San Marcos VI, 35-44; San Lucas IX, 12-17; San Juan VI, 1-14),
lo que denota la relevancia del hecho, dado en un contexto realmente lleno de dramatismo,
toda vez que Jesús recibió el desprecio de los propios habitantes de la región
de Nazaret haciendo que señalara: “Nadie
es profeta bien acogido en su propia casa”. Luego, el momento de la muerte
de Juan Bautista. Era familiar, en su infancia compartió muchos momentos con el,
como lo suelen hacer los primos, luego, el drama de una fiesta que termina en muerte,
en un compartir que culmina en el odio extremado hasta un crimen…qué elocuente
dicotomía entre la fiesta de la muerte respecto de la fiesta de la vida, entre
la cena que da un monarca esclavo del progreso del paganismo con el que invita
el Rey de Reyes con un simple trozo de pan, signo del misterio que
posteriormente instituiría en la Última Cena.
La
historia del Pueblo de Dios está marcada por la personal intervención de Dios
como aconteció en el largo caminar de cuatro décadas desde la esclavitud en
Egipto hasta el arribo a la tierra prometida (Éxodo
XVI), o bien cuando el profeta Eliseo (2
Reyes IV, 42-44) con veinte panes alimento a un
centenar cuya hambre era real y no un slogan.
El
milagro obrado por Jesús es manifiestamente “eucarístico”,
es decir, tiene como finalidad preparar el corazón a la luz de la fe respecto
de lo que implicaría el Milagro de
Milagros como sería la institución de la Santa Misa horas antes de ser
puesto en lo alto de la una cruz. Todo el relato de hoy tiene lo que llamaremos
“un sabor y olor a misa”, pues: El
mismo Cristo, la presencia de los apóstoles, un pan que nutre, una bendición
sobre los panes, los discípulos comparten y reparten el milagro, son parte viva
y activa, no meramente decorativa ni
funcional, menos funcionaria.
Respecto
de esto último, en dos días recordaremos al Patrono de los sacerdotes como es
el san Juan María Vianney, conocido como el Cura de Ars, que era una localidad
de sólo 230 habitantes donde bien se cumplía el refranero popular: “pueblo chico infierno grande”, toda vez
que luego de los estragos de la Revolución Francesa el alma de la Francia
creyente había caído en el desenfreno moral , la violencia, la soberbia, la
burla hacia lo sagrado, entre otras expresiones que evidenciaban que la
sociedad se estaba hundiendo.

Mas,
con la llegada de un sacerdote al que en modo alguno hoy se le concedería una primera plana ni ocuparía un protagonismo
como influencer, que estuvo a punto
de no ser admitido al sacerdocio porque no era dado a la lengua latina, el
pequeño pueblo hoy por hoy, sólo es reconocido por la presencia de quien fue
objeto de la fijación de satanás y sus colaboradores. ¿Qué hizo en aquel lugar?
Nada más ni menos que procurar ser fiel a lo que prometió el día de su
ordenación sacerdotal, y a la gracia venida de lo alto, por medio de una
vocación recibida tempranamente.
Rezaba
diariamente el breviario y el santo rosario, centraba cada jornada en torno a
la Santa Misa…el puntapié inicial constituía la centralidad década jornada,
privilegiaba la visita personal a los hogares de todos los fieles con una
caridad sacerdotal que tendía a enseñarles a llegar al Paraíso. Ninguna necesidad
precedía a la de dar a conocer a Jesús a sus fieles, lo que acontece de manera
sublime al hacerse presente sustancialmente sobre el altar al momento de la transustanciación,
cuando cada sacerdote repite las palabras de la consagración: “Esto es mi cuerpo…Esta es mi Sangre…Haced
esto en mi memoria”.
Ninguna
licenciatura, ni magister, ni doctorado requirió el Santo Cura de Ars para
poder entender que su vida se jugaba
en cada Misa, por ello, colocaba toda su
atención y amor en celebrarla según el querer de Dios y su Iglesia señalando
que “Todas las obras buenas juntas no
equivalen al sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras
la Santa Misa es obra de Dios”.
Desde
esta mirada eucarística, tan propia de las almas santas a lo largo de toda la
historia de la Iglesia, excepto en este tiempo, encontramos la certeza de la
promesa cumplida por Jesús en orden a
estar junto a nosotros presente todos los días de manera física y espiritual
como acontece en el instante de la consagración del pan y vino en el cuerpo y sangre
del Señor, quedando presente en cada especie y partícula por lo que nuestra
adoración manifestada en piedad y cuidado se ha de dar a Cristo total en toda
la hostia y en cada una de sus partes, tal como uno respeta la vida, la
presencia, y el cuerpo de toda persona y
no la secciona en partes.

Nuestra
Iglesia en su sagrada liturgia reserva
una delicadeza especial en todo lo que se refiere al Santísimo: Desde
los vasos sagrados que lo contienen, al lugar donde se reserva como es el
tabernáculo o sagrario, al uso de una patena para evitar que las partes
pequeñas de una hostia caigan por simple descuido, el cual, menester es reconocer que puede a veces,
evidenciar una negligencia, una torcida formación
sacramental y hasta el drama de una debilitada fe en la misma Eucaristía, que
mucho me temo, está muy difundida en
este último tiempo.
Siguiendo
el símil del respeto de la persona, quien habitualmente abusa de las personas y
se acostumbra a faltar el respeto con lo que considera “pequeñeces” no dejará de seguir la espiral del desprecio en cosas aún
mayores, de modo semejante, acontece con
el trato hacia Jesús en la Santa Misa donde bajo la búsqueda de lo simple se
cae en el simplismo, donde la sencillez anhelada deviene en la trivialidad, y
la nobleza se tiñe de lo burdo.
Hace
unos días nuestra ciudad de Valparaíso (Chile) que se encuentra con “confinamiento mayor”, es decir, encierro total, fue testigo de dos hechos sorprendentes: La Sede
del poder legislativo cobijó en su interior a cincuenta invitados más un número
indeterminado en las tribunas, y decenas de periodistas en el acceso principal
como vimos. Luego, en las afueras del recinto, el mismo alcalde que clamaba por
cuarentena total y exigió que cerrasen todos los locales comerciales y educativos,
de la ciudad, sostenía una pancarta
junto a una decena de personas que protestaban. Tuvo tiempo para eso pero no
para revisar que las cajas de alimentos dadas por el Estado llegasen prontamente
a los hogares que con urgencia lo requerían, tuvo tiempo para armar una protesta mientras muchos hogares
que, excepcionalmente no han tenido
necesidad de ello, si recibían mercadería
lo que evidencia una negligencia enorme
e inoperancia.
Pues
bien, como católicos nos hemos visto privados de asistir a la Santa Misa
durante varios meses, porque la autoridad sanitaria del Minsal señala que es
riesgoso para uno y los demás. Más esto, no parece regir para lugares públicos
con personas del servicio público que organizan –como es el caso del alcalde de
Valparaíso- protestas en medio de la mayor crisis de la historia en Chile,
colocando en riesgo sanitario a los que estaban a su alrededor en esos
momentos. ¡Ojala la trazabilidad llegue a ver si uno de ellos enferma luego!

Sin
distraer en lo más mínimo nuestra atención en el episodio señalado, como
católicos estamos molestos y dolidos por el trato dado que a estas alturas
evidentemente es algo abusivo por parte de quienes -sin discernimiento alguno-
han equiparado la necesidad espiritual de estar con Jesucristo con la de abrir
un casino, un bar, o un gimnasio, postergando la apertura de los templos cuya
capacidad promedio no difiere a la hora de albergar menos de cincuenta personas
tal como se hizo en el Congreso, o como aconteció con las doce personas como
las que protestaban junto con el alcalde adolescente de nuestro puerto.
La
apertura de nuestros templos será gradual, asistiendo un número acotado de
feligreses que suelen ser como “la
primera línea” virtuosa de nuestras parroquias, y cuya participación no se
detiene en ser periférica, eventual ni circunstancial. No es el fiel “cometa” sino el fiel “estrella” que procura ser luz de modo
permanente y que requiere de la Santa Eucaristía como una necesidad esencial,
por lo que no comprende tan extensa privación, y no le ha bastado subsistir en este tiempo con la “aspirina” de poder mirar desde la pantalla de su celular,
de su computador o de su Smart tv la realización de la Misa denominada “on line”.
El
Evangelio señala que Jesús “se apartó de
ellos a un lugar desierto”: Ese contexto fue una preparación para el
milagro que iba a realizar. Nosotros hemos pasado por un desierto en este
tiempo de extendido confinamiento, donde en muchos casos ha sido rigurosamente
seguido, especialmente por nuestros adultos mayores, y por los más pequeños. La
falta de una adecuada movilidad puede ocasionar males aún mayores, los cuales,
desde la realidad de la vida espiritual puede desencadenar en un
anquilosamiento del alma, acostumbrándonos a una relación “pragmática” con
nuestro Dios y a un trato virtual con Jesucristo particularmente en lo que se
refiere al trato con la Santísima Eucaristía.
En
todo este tiempo, como aquella muchedumbre nos debemos preguntar: ¿Hemos tenido
hambre de la Eucaristía? ¿Hemos llegado a las lágrimas ante la privación
durante meses de poder estar con Cristo presente en la Hostia consagrada? ¿Es
Cristo realmente el alimento nuestro?
Sin duda este tiempo de pandemia puede servir para acrisolar nuestras prioridades, necesidades y preocupaciones.

Una
chispa enciende una fogata: De unos pocos panes el Señor ha querido mostrar su misericordia
y poder, pudiendo haber prescindido de
la generosa colación de ese niño que llevo unos tres pescados y cinco panes…También,
a través de la llama humeante, la chispa insignificante, puede hoy el Señor cambiar el corazón de
tantos creyentes y consagrados abducidos por las lógicas liberacionistas, la
ceguera ante la falsedad de los nuevos paradigmas, las razones de mayorías
mutantes (cambiantes), los poderes mundanos que procuran erigirse al margen la
voluntad de Dios, invocando una autonomía cuyo libertinaje será la mayor y más
dramática de la esclavitudes, pues no estarán privados externamente como antaño
sino que además, los corazones lo
estarán. Y de eso, si cuesta salir.
Escuchando
la voz del Santo Cura de Ars, recurrimos a la protección y enseñanza de nuestra
Madre del Cielo, con el fin de asumir que el fundamento de toda caridad y
fraternidad parten del amor a Dios y del amor en Dios, asumiendo que “quien se coloca al alero de la gracia que
viene de lo alto, no tiene por qué errar en la vida”, y puede mirar con
esperanza cada época por adversa que parezca. Ánimo…Cristo vence, Cristo reina,
Cristo impera.
¡Que
Viva Cristo Rey!

martes, 16 de junio de 2020
PROGRAMA
CARIDAD FRATERNA JULIO & DICIEMBRE 2020
CAMPAÑA
BETANIA (abrigo)
Con
frecuencia nuestro Señor visitó el hogar de Betania donde vivía la familia
constituida por Lázaro. María y Marta, quienes recibían al Jesús prodigando el
cariño y afecto a quien era primeramente el objeto de su fe.
Con
el tiempo fueron asumiendo que nada era más importante que estar con Jesús,
toda vez invita tan explícitamente en su
vida, como leemos en San Mateo XXV, 35-45: “
En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun
a los más pequeños, a mi lo hicisteis: Porque tuve hambre y me disteis de
comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, estaba desnudo
y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Los
hermanos de Betania –Marta, María y Lázaro-
que recibían a Jesús aprendieron a dar la primacía de los afectos y
atenciones al Señor “eligiendo la mejor parte” y con ello, dando atención a todo
lo demás, puesto que, la caridad para
ser verdadera debe ser ordenada. ¡Servían porque creían!
Lo
anterior lleva a comprender que no basta con la vivencia de determinadas
virtudes si acaso no está el amor de Dios en su origen y finalidad, pues “en vano se cansan los albañiles si el Señor
n o construye la casa”. El apóstol San Pablo nos dice que una persona puede
hasta entregar todos sus bienes y hasta ofrecer la vida misma, pero si no es
por amor a Dios “de nada le vale”.
En
consecuencia, la caridad verdadera nace
de una conversión y se nutre de una comunión, de la cual es signo visible del
amor a Dios, por ello, en todo momento
hemos de evitar tapar nuestros pecados e incongruencias con obras que no
conlleven un cambio de vida ni nace de la confianza en Dios sino de mundanas
consideraciones y segundas intenciones.
Acompañar
a lo largo de cada mes, inicialmente desde
Julio a Diciembre, a personas de tercera (más de 60 años) y cuarta edad (más de 75 años) o postrados
que necesiten la visita para asistencia integral en número de 30 personas. Se
buscará satisfacer necesidades de calefacción, vestuario, y salud de acuerdo a las posibilidades
de nuestra parroquia, sumada la asistencia del sacerdote con los sacramentos y oración
en cada casa, privilegiando la consagración del hogar al Sagrado Corazón
durante todo el Mes de Junio.
Para
financiar la actividad de hará venta y subastas de garaje (on line) con
donaciones de bienhechores y una Cena Temática a fin de año en dependencias
de la Parroquia.
EL
Cura Párroco cederá a la campaña Betania
la totalidad del aporte mensual de $ 50.000
que entrega la oficina de administración del Obispado de Valparaíso al
sacerdote como sueldo (asignación) del
Cura Párroco de Puerto Claro durante los meses de julio a diciembre del 2020.
JESÚS VISITA CASA DE BETANIA
CAMPAÑA TIBERIADES (víveres)
El
Señor Jesús realizó milagros cuya finalidad era fortalecer la fe, en tanto que
como distintivo para ser reconocidos como verdaderos creyentes nos invita a la práctica
de las obras de caridad, primero espirituales y luego corporales. Entre estas
está “dar alimento (pan) a quien no lo tiene”, lo que en los meses más
críticos referidos a la falta de trabajo y recursos como serán julio a
diciembre, se organizará la recolección de víveres, entre familias concretas
que vayan en auxilio directo a personas que lo necesiten con urgencia.
Consiste
en proveer de cajas de mercadería a 24 familias del sector parroquial de manera
mensual por un valor de $ 20.000 cada una. La campaña será implementada
inicialmente entre los meses de julio a diciembre. La nómina será entregada por
el Grupo de Acción Social de la Parroquia, por directa información de
feligreses activos de la comunidad, y
aprobada por Consejo de Pastoral Parroquial (CPP).
Teniendo
presente que el segundo semestre del año en curso será particularmente más
complicado en el aspecto económico local, afectando hondamente a algunos
hogares de nuestra parroquia, en la cual, vive un
número considerable de personas de la tercera edad y que viven de una
jubilación, no podemos obviar el hecho
que muchos feligreses son funcionarios y dependientes de empresas y pymes cuya viabilidad está
actualmente seriamente tensionada. Lo
anterior explica que para esta ocasión se haya buscado la opción de
colaboradores que participan ocasionalmente de la Santa Misa en rito
extraordinario. Durante el Mes de Septiembre se celebrara el décimo aniversario
desde que se implementó en nuestra Parroquia la Misa en Latín a la cual asisten feligreses que no teniendo
residencia en la jurisdicción han podido participar del rito al que Su Santidad
Benedicto XVI invitó a retomar desde el año 2007.
Como una forma de gratitud se organizará una
colecta especial con lo cual se financiarán
las canastas de alimento con 24 nuevos
erogantes de Fondos Libre Disposición (FLD) entre los meses de julio a diciembre
del año 2020. Las cajas de alimentos
deberán considerar: Edad de los
integrantes del hogar, número de miembros cada la familia, y enfermedades
preexistentes que informe el dueño de casa. Especial cuidado se tendrá respecto
de fecha de vencimiento de cada alimento aportado, lo cual será supervisado por
voluntario que deberá ser técnico en alimento (nutricionista).
JESUS
ALIMENTA A FIELES
CAMPAÑA
NAZARET (personas sin trabajo).
Teniendo
presente que Nuestro Señor pasó tres décadas en la localidad de Nazaret, donde
aprendió el oficio de su padre, santificando
con ello, toda labor realizada
por el hombre, dando un nuevo espíritu al trabajo como medio de perfección y
santidad.
Las
personas se sorprendían de la sabiduría y poder milagroso de Jesús
considerando que desde los doce hasta
los treinta años lo vieron como “el
carpintero”, el hijo de José de igual oficio que abarcaba desde el mobiliario del hogar hasta los arados y
utensilios de trilla (2 Samuel XXIV, 22).
Bajo
inspiración de San José Trabajador (San Mateo I, 19) se
busca coordinar el empleo de 30 feligreses entre quienes colaboran y aportan con
nuestra parroquia. Se buscará en la medida de lo posible que el trabajo sea lo más
similar en actividad y remuneración al que se tenía previo a la pandemia viral
y social.
Una
vez coordinada la entrevista con el Cura Párroco, las personas que hayan
perdido su trabajo podrán entregar personalmente su historial laboral (CV) en oficina
parroquial para ser entregado a un equipo
que coordinará la búsqueda de empleo integrado por un ingeniero
comercial, un psicólogo laboral y un abogado, para emitir un informe el cual será entregado al Cura Párroco para avalar a
quien solicita empleo y gestionar con aquellos bienhechores de nuestra
parroquia que dispongan de plazas de empleo en sus empresas y prioricen su
postulación.
Esta
campaña “Nazaret” apunta principalmente a servir al segmento de personas que
actualmente carezcan de otro empleo ni tengan posibilidad de optar a
ingresos anexos permanentes. Las
prioridades apuntarán a: Perdida de fuente laboral previo, carencia de todo
trabajo alternativo; edad de la persona; cargas imponibles; residencia en
jurisdicción o territorio parroquial; salud física y psicológica compatible con
cargo al que se postula.
El
proceso de recolección de datos, postulación, y resultado sólo será entregado
al interesado y a las partes involucradas directamente, manteniendo en reserva
los resultados.
JESUS
TRABAJÓ EN NAZARET
TEMA : “LA OBLIGACIÓN DE HACER EL BIEN A LOS FIELES”
FECHA: HOMILÍA
SOLEMNIDAD PENTECOSTÉS /
MAYO 2020
La
primera lectura dice algo que nos puede resultar muy actual: “Al llegar el día de “pentecostés” estaban todos
reunidos en un mismo lugar, lo que
acontece, en mayor o menor medida, en muchos
hogares en estos días como consecuencia de la medidas a las que el Ministerio
de Salud ha invitado a seguir. Sin duda, en algunos casos ha servido para el
reencuentro de la vida familiar que suele deambular por la diáspora del activismo actual y en la
vorágine del anhelo de agregar horas a cada jornada.
Sin
duda, quienes estaban reunidos –entonces- en el Cenáculo de Jerusalén, es porque fueron convocados por nuestro Señor,
lo cual, ahora no podemos sino verlo
como manifestación de su providencia que así lo ha establecido. Si de algo
estamos seguros los creyentes es que no es casualidad.
Ahora
bien, estar reunidos puede hacerse de muchas maneras, y no significa necesariamente
que prevalezca el mejor de los ánimos ni emerjan los más nobles sentimientos,
puesto que, para ello se requiere tener
un espíritu común que haga “nuevas todas
las cosas”.
Si
Dios no se hace presente en la vida del hombre y de la sociedad, estar
confinados bajo un mismo techo o en un mismo lugar, puede empeorar lo que previamente se tenía.
Mas, si se estamos juntos en el Espíritu Santo que unifica, da vida y fuerza,
la convivencia entre hermanos, entre cónyuges, entre hijos y padres, se cristaliza en la vivencia cotidiana de las
virtudes necesarias para santificarnos.
Cuando
Dios creó al hombre lo hizo un ser de “carne
y hueso”, que tiene un alma que le confiere una condición espiritual, lo que
ha de ser tenido como algo esencial, diferenciándose del resto de las creaturas
del resto del universo.
Siendo
el alma, el santuario de Dios en cada
persona, tal como pregunta el Apóstol ¿No
sabéis acaso que sois templo de Dios?, podemos decir que la razón de su dignidad y vocación emerge de
la unión que tenga cada uno con Dios, de quien proviene y hacia quien se
encamina cada uno de nuestros pasos, pues, es voluntad de Dios, es deseo del Señor, que todos alcancemos la santidad lo cual,
pasa por creer en todo aquello que cree nuestra Iglesia, convertirnos
permanentemente y procurar abandonar el pecado para vivir en estado de gracia.
Con
frecuencia el Señor Jesús exhortaba a cada uno de sus discípulos a interiorizar
su mensaje, a sanar el corazón: iluminando su conciencia por medio de cada palabra
y cada gesto, del que fueron testigos presenciales no virtuales a largo de su
vida pública antes y después de su muerte y resurrección. Aquellos cuarenta
días y los siguientes esperaron con expectación el cumplimiento de la promesa en vistas al “envío de un Defensor”. Recordaban en esos días, las dudas,
vacilaciones, traiciones, negaciones, promesas incumplidas, cobardías que
hicieron en un momento decir a Jesús: “Sois
tardos de entender… ¡Hasta cuándo tengo que soportaros!”.
Desde
un inicio los apóstoles comprendieron que debían cultivar la piedad, el espíritu
religioso, la intimidad con Jesucristo en la oración, la comunión con los
sentimientos de su Sagrado Corazón del que les costaba sintonizar hasta el punto que el Señor les dijo: “¡Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón!”, añadiendo como fue profetizado que al ser
puesto en la cruz “mirarán todos su Corazón
traspasado”.
SOLEMNIDAD
DE PENTECOSTÉS 2020
Este
día de Pentecostés coincide con el inicio del mes que honramos al Sagrado Corazón
de Jesús. Sin duda, no es algo fortuito,
particularmente a estas horas y en estos de días donde nuestra sociedad parece
deambular como a tientas, sin saber cómo y por dónde caminar, generando un espíritu
de temor, incertidumbre, que no deja de mostrar signos evidentes de desolación,
violencia, y desconfianza tanto por el presente como por el futuro.
Llevamos
meses de desencuentro a causa del estallido violentista cuyas huellas
encontramos a diario en el centro y periferia de las ciudades, afectando el
emprendimiento, la educación, la vida familiar, y hasta el culto religioso
mismo con las dos pandemias que han sobrevenido los últimos siete meses,
culminado con una corona cuyas
consecuencias mostrarán su crudeza , en unos meses, pero que sabemos dejarán
huellas imborrables en las personas, familias y sociedad.
Hemos
experimentado que el espíritu del mundo actual, ante quien adora hasta la
saciedad gran parte de la sociedad, en
la exacta medida que ha ido desplegando los placeres ha ido replegando los
deberes hacia Dios, llegando a expulsarlo de su vida olvidándolo en sus
prioridades e intereses cotidianos, haciéndolo prácticamente un “paria” de la cultura. ¿Qué diremos? Con el
Evangelio en la mano: “No tentarás al
Señor tu Dios”.
Los
grandes conflictos religiosos de cruzadas y persecuciones, sumados al
surgimiento de herejías y apostasías que persisten hasta nuestros días, palidecen
ante los males del mundo presente, puesto que si antiguamente se combatía al
Dios y sus creyentes, en la vida presente simplemente no se persigue, no se
margina, sino que se prescinde, señalando que no es tema relevante la religión
y la fe.
Más
grave aún es el hecho que el virus secular está incubado en parte de nuestra
Iglesia misma, tal como lo hemos visto
con ocasión de la pandemia donde se ha llegado a cerrar templos innecesaria e
inoportunamente, se ha negado el acceso a la comunión de los enfermos, se ha
obligado a fieles comulgar en la mano, todo lo cual nos lleva a implorar que la
misericordia de Dios este un paso más adelante que su justicia.
Sabemos
que el valor de cada Santa Misa es infinito. Una sola gota derramada por Cristo
en el Calvario, y que se hace presente en cada altar, tiene a los ojos de Dios Padre y de su
Iglesia, una dimensión sublime, que los ángeles pueden percibir pero no
recibir de modo real como nosotros al momento de comulgar presencialmente,
haciendo que el Cuerpo de Cristo sea
nuestro alimento y no nuestro sólo deseo
como sería en una comunión virtualizada, que, siendo meritoria y deseable, nunca será
comparable con nutrirnos eucarísticamente con quien es el Pan de Vida.
Entonces,
nos podemos preguntar al respecto: ¿Cuántas gracias posibles no han sido
recibidas en estos 73 días?…¿Cuántas benditas almas de purgatorio ven retrasada
su libertad de aquel lugar, a causa que
no se han ofrecido sufragios por ellos?...¿Cuantos pecados graves impiden poder
hacer una comunión presencial reparadora y recibir los beneficios de la
comunión espiritual, inocua a causa del
falta de la gracia?
Cada
interrogante suplica del Cielo la gracia
que antes que termine la pandemia se ilumine la mente y corazón de los todos
los fieles (sin excepción por cierto) en orden a valorar en justicia a Aquel
que se recibe en cada Santa Misa teniendo presente que, con dolor es menester reconocer que, para muchos
bautizados hoy, la Eucaristía no pasa de
ser un pan bendito, colocado sobre una mesa, ubicada en un lugar de reunión, en
la cual participan creyentes o no, que asisten si están con ganas de acudir.
¿Estos son los criterios para tratar al Señor Jesús? Sabiendo todo lo que hizo
por nosotros y que lo vive en cada Santa Misa hoy?
Queridos
hermanos: El mayor acto de caridad de un sacerdote es ofrecer a los fieles el
mayor de los bienes como es el que cada día viene en nuestras manos a los
altares para “dar vida en abundancia2. Este es el punto esencial de una
necesidad esencial que tiene cada fiel y cada comunidad que no comprende cómo
se priva de un bien tal que el mismo Cristo dijo “el que come de este Pan vive para siempre”.
Es
verdad, nadie está moralmente obligado a
lo imposible. El Evangelio, el catecismo y las normas pontificias dadas
respecto de la vida litúrgica señalan claramente cuáles son las exigencias y
condiciones para comulgar debidamente, debiendo abstenerse quien no esté preparado
y en conciencia no debe comulgar sacramentalmente. Desde niños sabemos que no
comete falta aquel feligrés que está
gravemente enfermo y debe de modo impostergable cuidar a un enfermo.
Aquí
entra el caso de no asistir a la Misa si existe certeza o alto grado de
contagiar o contagiarse de una enfermedad grave. Respecto de tener certeza, ello es imposible en la actualidad, aun tomando toda precaución como es el caso de
tantos facultativos, servidores de sanidad que se han contagiado, incluso como
sacerdotes sabemos de enfermos que se contagian en los hospitales en los pabellones
quirúrgicos habida consideración que se vuelve a operar en ellos en unas horas,
porque se toman las oportunas medidas de
sanitización y esterilización, a pesar que la posibilidad
de contagio intrahospitalario siempre permanece, más los hospitales no son
cerrados…menos por tres o cuatro meses, tal como sucede con la Casa de Dios.
En
cuanto al “alto grado posible” en
relación al costo beneficio de la medida es incomparable colocar en balanza una
realidad como es Cristo como alimento del alma con la incertidumbre de aquello
que puede o no suceder. Hay quienes juegan con las cifras en la prensa: el 80%
de los contagiados vive en Santiago el resto en todo el país de Arica a la
Antártica. El 70% de los contagiados tiene menos de 50 años –la base de contaminante
es centenial y milenials- y el 90% de los fallecidos son mayores de 75 años.
Respecto
de la fe y la practica sacramental, incluida la confesión, la gran mayoría son personas
mayores y el grado de incredulidad se ubica en los segmentos más nóveles. Con
el acto de prohibir el culto presencial total se priva a quienes sí asisten y
colaboran en la comunidad que libremente han elegido.
SANTA
MISA PUERTO CLARO CHILE
La
gravedad de la medida tomada en diversas partes del mundo es muy distinta: en
algunos países se hizo consulta a los párrocos sobre la medida; en otras como
en Chile se dictó por un anuncio dado por el Comité Permanente del Episcopado
(cinco de ellos) que indicaron que obedeciendo las directrices del Ministerio
de Salud se suprimía el culto público a partir del 19 de marzo hasta la fecha.
Mas personalmente he buscado y no he encontrado ningún texto ministerial
(Minsal) que indique prohibición de clausurar
los templos en nuestra Diócesis a la fecha,
por el Corvid 19, lo que me hace incomprensible una norma que se funda
en un supuesto inexistente: afirmando algo que no aparece en el Diario Oficial
de Chile hasta ahora.
Mas,
el problema es más hondo, porque, -finalmente- se aplica una medida general que
no considera (no escucha porque no consulta) las realidades locales, muy
diversas unas de otras. Ello evidencia una falla estructural en la orgánica
pastoral que es urgente modificar y se refiere al rol más protagónico que debe
tener cada obispo en su propia diócesis. El Obispo es el Pastor de cada
diócesis, nadie mejor que él puede conducir el rebaño encomendado puesto que desde su fidelidad goza más hondamente del
Espíritu de Dios. ¡Nuestra Iglesia se divide en diócesis no en federaciones!
En
Italia murieron a la fecha más de un centenar de sacerdotes (120) , volver a
tener un número semejante implica “gestar” al menos 360 jóvenes seminaristas
porque la proporción de ordenados que llegan a la meta es de un tercio solamente. En nuestra Patria esto seria
lapidario por la agudeza de la crisis vocacional que se arrastra desde hace
casi tres décadas, pero como creemos en un Dios que no delega su primacía en
bondad y generosidad, estamos ciertos que premiará aquellas comunidades
creyentes donde la primera línea incluyó
a consagrados, tal como fue un día un frente de batalla, una peste, una persecución
donde “la sangre derramada por los mártires
fue semilla de nuevos cristianos”.
Intuyo
que para quien no le interesa que haya nuevos creyentes, o que aquel que estime
innecesaria la conversión no tenga cabida el martirio, el sacrificio la oración
y la penitencia, pero para quienes nos sabemos deudores de la misericordia de
Dios no es opción callar, cerrar, ni escondernos, menos ahora en medio de la
batalla. Por esto, dar la cara a Dios
presencialmente aquí en esta diócesis no es una actitud de ir “porfiando” sino de ir “per-fe-ando”…aquello de que hay que
obedecer a Dios antes que a los hombres, fue valido y lo es en el presente. ¡Que Viva Cristo Rey!
Padre Jaime Herrera González / Cura Párroco de Nuestra Señora de las
Mercedes de Puerto Claro / Diócesis Valparaíso
/ Chile
MISA ANIVERSARIO PADRE JAIME HERRERA
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