jueves, 30 de mayo de 2024


TEMA  :  “DIOS HA DE SER EL PRIMERO EN SER SERVIDO” (Santa Juana de Arco).

FECHA: HOMILIA ANIVERSARIO  (+) DON CARLOS GOMEZ GÁNDARA/ MAYO 2024

Queridos hermanos: Carlos, Eduardo y María Jesús. Cercanos a lo hora de vísperas de este día, nos reunimos para celebrar la Santa Misa en memoria de Carlos Augusto Gómez Gándara, tal como lo hicimos en este mismo lugar en las exequias donde oramos por su eterno descanso y por el consuelo espiritual de cada uno de sus seres queridos.

Entonces, hace dos años,  imploramos con la confianza puesta en que Dios en su infinito amor concedería  Vida Eterna junto a Él,  a quien en la plenitud de su juventud partía de en medio nuestro para –Dios mediante- morar de manera permanente junto al Señor que prometió en el Santo Evangelio: “Porque de tal manera Dios amó al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda,  sino que tenga Vida Eterna”, por tanto es motivo de esperanza cierta, toda vez que se funda en lo dicho por el mismo Jesús al magistrado judío de nombre Nicodemo: “Es necesario renacer del agua y del espíritu para tener vida verdadera”, el que Carlos Augusto fue tempranamente bautizado en la Capilla San José de Los Ángeles, y desde ese mismo instante,  Dios, Uno y Trino -que honramos esta semana- comenzó a vivir en su alma.

En cada Santa Misa de aniversario hemos procurado destacar algún aspecto específico de la vida de Carlos Augusto, tal como fue su contagiosa alegría como lo hicimos el año anterior.

Hoy el Santo Evangelio culmina con una viva exhortación para tener un espíritu de servicio:  ”El hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir”, con lo cual,  recordamos esta virtud que hemos de procurar practicar para imitar el “estilo” que tuvo el Señor durante toda su vida, tal como lo vieron sus Apóstoles en sus acciones que ratificaba cada una de sus palabras.

En efecto, Jesús dijo: “El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su rostro”: Con ello destacaba la disponibilidad a ayudar permanente lo cual,  implicaba que eran menguadas las horas del descanso necesario por lo que no había espacio ni momento siquiera donde “reclinar el rostro”.

A nuestro amigo –por quien celebramos esta Santa Misa- parecían faltarle horas en vistas a procurar ayudar a los demás, entre los cuales se incluían sus familiares, amigos y toda persona, de cualquier condición, que le necesitase.

Lo anterior implica por tanto muchas veces saber anteponer lo que otros requieren sobre lo que uno quiere. Aquí está la clave de una vida donde el servicio no sea un slogan atractivo sino que sea  una en realidad una acción que requiere gran disciplina, perseverancia  y un no menor  espíritu de sacrificio.

En segundo lugar, el servicio requiere de un cariño al hacerlo, por lo que es inseparable del amor, el cual, “para ser verdadero ha de ser ordenado(San Bernardo de Claraval). En consecuencia, la razón para servir estará indisociablemente unida al amor dado a Dios en primer lugar.

Entendemos que la vorágine de acciones y urgencias de nuestra vida cotidiana son múltiples –trabajos, viajes, estudios, familia, noviazgo, pololeo, andanzas, y atinanzas- pero nunca podremos olvidar que el primero en ser servido ha de ser siempre nuestro Buen Dios, tal como dijo Jesús: “no he venido a hacer mi voluntad sino la voluntad de mi Padre que me ha enviado”.

Servir a Dios no es algo que pueda ser postergado, por el contrario,  es una realidad necesaria, y esto es  lo que han entendido los mejores hijos de la Iglesia que son los santos, auténticos traductores en vida del Evangelio. Uno de ellos, como es Santa Juan de Arco decía: “Dios ha de ser el primero en ser amado, obedecido y servido”. ¡Un verdadero programa de vida para nosotros!

Siendo Carlos Augusto un joven que desplegaba su cercanía en muchos ambientes y compartía con muchísimas personas, no olvidaba aquella realidad de esforzarse por dar la prioridad del amor y servicio a Dios, y luego vivencializando el áureo mandado del Nuevo Testamento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser y al prójimo como a ti mismo”. Que por medio de la intercesión de la Virgen Madre, Carlos Augusto descanse en paz.

¡Que Viva Cristo Rey!










domingo, 26 de mayo de 2024

 

TEMA  :        “!ERES VALIOSO A MIS OJOS!” (ISAÍAS 43,4).

FECHA:  HOMILÍA SOLEMNIDAD SANTÍSIMA TRINIDAD /  2024.

Hoy es el día de las frases cortas e importantes. El Evangelio contiene tres líneas solamente, la segunda lectura de San Pablo a los Romanos es aún más breve, y la primera lectura son unos cuantos versículos. En total menos que el relato completo del episodio de los peregrinos de Emaús, o del relato de la parábola del hijo prodigo.

¿Por qué tan escueta la liturgia de la Palabra de este domingo? Porque las verdades más sublimes son prístinas y parecen no requerir mayor explicación, toda vez que la evidencia de lo que es esencial resulta del todo manifiesto.

Es lo que celebramos hoy en el día del Señor: La Solemnidad de la Santísima Trinidad: La verdad primera, que proclamamos en el Credo de los Apóstoles, que aprendemos en el Catecismo de la Iglesia, y que permanentemente a enseñado la Iglesia como fiel depositaria de una verdad que no ha sido por la sola inteligencia que ha conocido sino por la directa revelación venida de lo alto, según leemos en el episodio de la creación del hombre.

Dios mismo ha querido dejar explicitado que es comunidad de vida eterna y todopoderosa, de tal manera que existe siempre y hace de su obra creada un destello de su amor por lo que sólo podemos decir, al contemplar las grandezas del universo que  “todo lo hecho es bueno”. Dios no hace basura, esta es consecuencia del pecado en la vida del hombre que ensucia con persistencia lo que está de suyo hecho para mantener una relación de amistad con su Creador.

Los niños tiene  una capacidad de soñar una vida siempre mejor, los niños tienen una pureza que fue reconocida por el mismo Cristo, los niños se saben pertenecientes al lado positivo de la balanza por lo que les resulta como “connatural” el procurar ver y hacer el bien, tal como Teresita del Niño Jesús solía repetir con insistencia: “Allí donde no hay amor, pon amor, y sacarás amor”.

El niño tiene esa resistencia a claudicar a la hora de hacer el bien a los demás, un niño habitualmente actuará de manera desinteresada para ayudar a quien más lo necesita, por esto, Jesús los alzó como ejemplo de vida moral al afirmar: “De los que son como ellos es el Reino de Dios”, lo que no apuntaba sólo a una promesa a ser cumplida en la Bienaventuranza eterna, sino ya a dar muestra del Reino de Dios iniciado,   en lo que vivimos cotidianamente.

Como Sacerdote Capellán en los Colegios me toca frecuentemente administrar el sacramento de la confesión y, ahí puedo  percibir que cuando uno les dice a los niños, al momento de cumplir la penitencia,  “ahora colocamos las manos juntas para orar”, ellos cierran los ojos y con toda piedad imploran confiados en la bondad de un Dios que les perdona realmente, con lo cual,  vemos que los niños nos enseñan la claridad de las relaciones con Dios por la piedad, y con el prójimo por la caridad.

El actual Obispo de Roma en la invitación a celebrar la Primera Jornada Mundial de los Niños –como aquella iniciada en 1985 por el Papa Juan Pablo II con los jóvenes- les dijo, luego de enumerar una serie de virtudes propias de la infancia, una frase muy hermosa: “! Yo también espero aprender de vosotros!”, como han procurado hacer tantos niños santos en el pasado, como más cercanamente en el tiempo no nos han faltado aquellas vidas ejemplares de los mejores hijos de la Iglesia en el amanecer de sus vidas.

El himno entonado en esta primera Jornada Mundial de la Niñez en una de sus estrofas dice: “Somos la alegría y la esperanza. Somos la novedad del mundo. Traemos nuestro canto de paz y una sonrisa para los que ya no la tienen”. ¡Todo un programa de vida! para nuestros niños, llamados a ser el centro de nuestras prioridades, de nuestras intenciones y programas, más allá de ser una simple consigna temporal: Los niños deben estar en primer lugar porque son el futuro del mundo y de la Iglesia.

La alegría de los niños va más allá de ser un sentimiento pasajero, que se tiene por un rato y luego se pasa. La verdadera alegría del cristiano tiene  gran sintonía con la virtud de la fe: No está encerrada sólo en los momentos favorables, sino que puede mantenerse y ser descubierta en medio de las mayores adversidades, por eso,  la alegría no es una moda, que suele ser sólo un recuerdo luego del paso de una temporada…La fe es resiente ante la adversidad, y la verdadera alegría lo es ante las calamidades exteriores e interiores.

Muchas veces, los padres al llegar a casa cansados luego de una agobiante jornada laboral, descubren en la gracia y chispeza de los niños (sus hijos) que los males se “evaporan”  tras una simple sonrisa. La irrupción de los niños en la vida pública de Jesucristo siempre fue en momentos donde merodeaban los rostros severos y los seños fruncidos.

 

Así por ejemplo, cuando los Doce Apóstoles discutían sobre quién sería el más importante en el Reino de Dios, y cada uno sacaba a relucir lo que habían hecho por Jesús, lo que habían dejado por seguirle, lo que cada uno poseía y sobresalía del resto es en ese preciso momento cuando el Señor coloca a un menor en medio de ellos y les dice: “De los que  son como ellos es el Reino de los cielos”.

En el Santo Evangelio Jesús nos enseña que el criterio esencial para ser grande es hacerse pequeño, doblegando la lógica ilógica del mundo al ámbito de lo necio, surgiendo de inmediato una pregunta: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. ¡Mal negocio es invertir todo por una simple bagatela, como lo es –también- el acto de desperdiciar una eternidad por un instante!

Por esto, diremos que “servir es reinar” según lo cual,  quien si vive para servir, si sirve para vivir, y en este ámbito  se ubican nuestros niños, a los que la Iglesia en el mundo entero no deja de reconocer sus virtudes y de enviar a ser testigos de la alegría de quienes creen en Dios, que no permanece alejado y ajeno a nuestra vida sino, que se ha mostrado como cercano, al punto de hacerse en todo semejante  nosotros menos en el pecado, siendo “tan Dios y tan hombre a la vez”.

“Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”: Con esta frase cierra Jesús sus palabras, lo cual nos revela en su mayor plenitud  a un Dios que no juega a las encendidas con quien le busca con sinceridad, que no se oculta ante la pureza y avidez de quien procura mantener un  alma de niño confiando en Dios –especialmente- en aquellos momentos que se nos presentan cuesta arriba.

Sin duda, recuerdo aquel estribillo de un conocido cantautor de la Madre Patria, que decía:   ¡Vamos subiendo mi cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta! El corazón del creyente comprende que a pesar de lo escarpado de las dificultades que se puedan presentar Dios no cansa, Dios no agobia, Dios no oprime, por el contrario: Infunde una fuerza nueva a los debilitados, clarifica con un permanente amanecer a quien vive en la incertidumbre y, como enseñaba el gran Papa Benedicto XVI: “Dios nunca es rival de nuestra libertad sino que es su primer garante”. A la Virgen María: Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo imploramos, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad por la santidad, por la fe y por la caridad de los niños en el mundo entero que hoy celebran su Primera Jornada Mundial. ¡Que Viva Cristo Rey!














miércoles, 1 de mayo de 2024

 TEMA  : “LO QUE DIOS HA UNIDO NO LO SEPARE EL HOMBRE”.

FECHA: HOMILÍA  BODAS  DE  ORO CATEDRAL VALPARAÍSO  /  2024

Queridos hermanos, estimados esposos Juan y María, con gran alegría nos reunimos para celebrar las Bodas de Oro de vuestro matrimonio, lo cual han querido hacerlo en medio de la celebración de la Santa Misa, repicando con esto las palabras del Apóstol San Pablo: “El que se case, se case en el Señor”.  Sin duda ello nos lleva a recordar que todo ser humano está llamado destellar como un “Dei capax”. La única creatura que lleva inscrito en su ser más íntimo, en su corazón, la huella de dónde proviene y el medio por el cual ha de  alcanzar la plenitud sin límite, que es la bienaventuranza eterna.

Ciertamente, estar en este lugar sagrado dispone de una manera más fácil nuestra alma para recordar aquellas realidades que no pasan, no se pierden ni se hurtan, como son las que se refieren a nuestra vida espiritual que tiende en todo momento a una mayor perfección y amistad con Dios, que se ha comunicado y revelado para dar sentido a toda nuestra existencia.

Hace cinco décadas, ante el altar de Dios quienes eran novios prometieron mutuamente vivir unidos “siendo fieles, con salud o enfermedad, para así amarse y respetarse todos los días de la vida”, con lo cual, sus almas quedaron perpetuamente unidas, según el designio original dado por Dios, y que fue explicitado por Jesús: “El hombre tiene que dejar a su padre y a su madre  se unirá a su mujer y no serán sino una sola cosa, de tal manera que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”(San Mateo XIX, 5-6).

Contraviniendo el refranero popular que repite “en martes no te cases ni embarques”, desafiaron a los augurios de la cabalística en el año iniciado un martes, colocaron sus confianzas en la voluntad de Dios, recibiendo el santo matrimonio, que hoy con aún mayor certeza renuevan no desde los sueños y deseos sino apoyados en la madurez que deviene del camino mutuo recorrido.

Como hicieron los gentiles ante el testimonio dado por los Apóstoles que nos relata la Primera lectura, hoy –igual como entonces- nos alegramos y glorificamos la Palabra del Señor, pues nuestra celebración eucarística tiene en todo momento como centro la persona de Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, que ofrece su vida para nuestra salvación y gloria del Padre Eterno.

 

El camino recorrido por ambos en cinco décadas es motivo para dar gloria a Dios que “todo lo ha hecho bien”, en tanto que para las generaciones “emergentes” constituye una prueba irrefutable que el amor para toda la vida existe porque Dios no deja de conceder su bendición a quienes la imploran ni los esposos olvidan que “si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles”.

En una cultura que vive lo inmediato, que todo marca como transitorio, estamos habituados a normalizar la fragilidad de las relaciones signándolas con un carácter quebradizo, lo cual,  se ha llegado a legalizar en directa oposición a lo que el Señor Jesús indica: “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”.

Ambos –Juan y María- son una predicación elocuente, puesto que,  al venir voluntariamente a renovar las promesas del santo matrimonio le enseñan a todos lo que estamos aquí,  que lo dicho por el Señor, lejos de ser algo bonito y pasado, es actual, creíble y posible. Por ello, como Iglesia estamos muy felices en esta mañana –vísperas del día del Señor- de celebrar en esta Catedral las Bodas de Oro tal como el Papa Juan Pablo II nos invitaba a hacerlo en su recordada Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio” (22 Noviembre 1981).

La mutua entrega, en medio de vicisitudes favorables y adversas, ha permitido avanzar juntos hasta llegar hoy no a la meta de una cumbre lograda  sino al punto de partida de un camino nuevo, que implica la grandeza del descubrimiento que cada jornada, cada acontecimiento, y por qué no decirlo, cada acción,  ha de revestirse del carácter sublime que implica la vida mutua cuando el Señor está presente en medio del hogar.

Mas, no sólo la enseñanza se dirige a vuestra familia inmediata como son hijos y nietos, sino a toda la sociedad que ve en este ejemplo una realidad, necesaria para enmendar el rumbo incierto en el que se encuentra sumergida. Conviene a este respecto recordar las palabras que el Santo Padre pronuncio en Rodelillo en la Santa Misa a la que probablemente muchos de los presentes estuvimos presentes:   “La familia es el punto de apoyo que la Iglesia necesita hoy para encaminar el mundo hacia Dios y para devolverle la esperanza que parece haberse difuminado ante sus ojos(Juan Pablo II, Misa a la Familia en Rodelillo, 2 abril 1987). Invoquemos a la Virgen María que nos obtenga la bendición para quienes en un momento renovarán las promesas matrimoniales. ¡Que Viva Cristo Rey!