TEMA :
“DIOS HA DE SER EL PRIMERO EN SER SERVIDO” (Santa Juana de Arco).
FECHA: HOMILIA
ANIVERSARIO (+) DON CARLOS GOMEZ
GÁNDARA/ MAYO 2024
Queridos hermanos: Carlos,
Eduardo y María Jesús. Cercanos a lo hora de vísperas de este día, nos reunimos
para celebrar la Santa Misa en memoria de Carlos Augusto Gómez Gándara, tal
como lo hicimos en este mismo lugar en las exequias donde oramos por su eterno
descanso y por el consuelo espiritual de cada uno de sus seres queridos.
Entonces, hace dos años, imploramos con la confianza puesta en que Dios
en su infinito amor concedería Vida Eterna
junto a Él, a quien en la plenitud de su
juventud partía de en medio nuestro para –Dios mediante- morar de manera
permanente junto al Señor que prometió en el Santo Evangelio: “Porque de tal manera Dios amó al mundo que
ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga Vida Eterna”, por tanto es
motivo de esperanza cierta, toda vez que se funda en lo dicho por el mismo
Jesús al magistrado judío de nombre Nicodemo:
“Es necesario renacer del agua y del espíritu para tener vida verdadera”,
el que Carlos Augusto fue tempranamente bautizado en la Capilla San José de Los
Ángeles, y desde ese mismo instante, Dios, Uno y Trino -que honramos esta semana-
comenzó a vivir en su alma.
En cada Santa Misa de aniversario
hemos procurado destacar algún aspecto específico de la vida de Carlos Augusto,
tal como fue su contagiosa alegría como lo hicimos el año anterior.
Hoy el Santo Evangelio culmina
con una viva exhortación para tener un espíritu de servicio: ”El hijo
del hombre no ha venido a ser servido sino a servir”, con lo cual, recordamos esta virtud que hemos de procurar
practicar para imitar el “estilo” que
tuvo el Señor durante toda su vida, tal como lo vieron sus Apóstoles en sus
acciones que ratificaba cada una de sus palabras.
En efecto, Jesús dijo: “El Hijo
del hombre no tiene dónde reclinar su rostro”: Con ello destacaba la disponibilidad
a ayudar permanente lo cual, implicaba
que eran menguadas las horas del descanso necesario por lo que no había espacio
ni momento siquiera donde “reclinar el
rostro”.
A nuestro amigo –por quien
celebramos esta Santa Misa- parecían faltarle horas en vistas a procurar ayudar
a los demás, entre los cuales se incluían sus familiares, amigos y toda
persona, de cualquier condición, que le necesitase.
Lo anterior implica por tanto
muchas veces saber anteponer lo que otros requieren sobre lo que uno quiere.
Aquí está la clave de una vida donde el servicio no sea un slogan atractivo
sino que sea una en realidad una acción
que requiere gran disciplina, perseverancia
y un no menor espíritu de
sacrificio.
En segundo lugar, el servicio
requiere de un cariño al hacerlo, por lo que es inseparable del amor, el cual, “para ser verdadero ha de ser ordenado”
(San
Bernardo de Claraval). En consecuencia, la razón para servir estará
indisociablemente unida al amor dado a Dios en primer lugar.
Entendemos que la vorágine de
acciones y urgencias de nuestra vida cotidiana son múltiples –trabajos, viajes,
estudios, familia, noviazgo, pololeo, andanzas, y atinanzas- pero nunca podremos olvidar que el primero en ser
servido ha de ser siempre nuestro Buen Dios, tal como dijo Jesús: “no he venido a hacer mi voluntad sino la
voluntad de mi Padre que me ha enviado”.
Servir a Dios no es algo que
pueda ser postergado, por el contrario, es una realidad necesaria, y esto es lo que han entendido los mejores hijos de la Iglesia
que son los santos, auténticos traductores en vida del Evangelio. Uno de ellos,
como es Santa Juan de Arco decía: “Dios
ha de ser el primero en ser amado, obedecido y servido”. ¡Un verdadero
programa de vida para nosotros!
Siendo Carlos Augusto un joven
que desplegaba su cercanía en muchos ambientes y compartía con muchísimas
personas, no olvidaba aquella realidad de esforzarse por dar la prioridad del
amor y servicio a Dios, y luego vivencializando
el áureo mandado del Nuevo Testamento: “Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser y al
prójimo como a ti mismo”. Que por medio de la intercesión de la Virgen
Madre, Carlos Augusto descanse en paz.
¡Que Viva Cristo Rey!