lunes, 30 de septiembre de 2024

 

TEMA  : “MODO DE HACER EXAMEN” E.E. NÚMERO 43.

FECHA; RETIRO ESPIRITUAL ESTADIO ESPAÑOL 09/2004

Tomemos el texto de San Ignacio: “Modo de hacer examen”, número 43: Contiene en si cinco puntos, El primer punto es dar gracias a Dios nuestro Señor por los beneficios recibidos. El segundo, pedir gracia para conocer los pecados y lanzadlos. El tercero, demandar cuenta al ánima desde la hora que se levantó hasta el examen presente, de hora en hora o de tiempo en tiempo; y primero del pensamiento, y después de la palabra, y después de la obra, por la misma orden que se dijo en el examen particular. El cuarto, pedir perdón a Dios nuestro Señor de las faltas. El quinto, propone enmienda con su gracia.

Pedir a Dios Nuestro Señor tres gracias: En primer lugar, conocimiento interno de la malicia del pecado. Conocer profundamente malicia que rebasa la inteligencia odio profundo al pecado. Sacar un gran amor a Jesucristo y un gran odio al pecado.

¿Cómo lograrlo? Por medio de la oración por ello tomemos el episodio de los diez leprosos. ¿Qué traducción usaremos? La de un sacerdote alemán Juan Straubinger asumiendo previamente que no hay traducción perfecta que pueda trasladar las palabras de un idioma a otro, pero sí es posible reconocer que hay algunas “traducciones” que son más precisas que otras, por eso usamos una y no otras, que no son recomendables, entre ellas la Biblia Latinoamericana y la Biblia de América. ¿Ejemplos? No es lo mismo decir: “llena de gracia” que afirmar: “favorecida de Dios”…o afirmar que “había una muchedumbre  junto a Jesús” que “estaban apelotonados junto a Jesús”. 

“Siguiendo su camino hacia Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Al entrar en una aldea, diez hombres leprosos vinieron a su encuentro, los cuales se detuvieron a la distancia. Y, levantando la voz, clamaron: “Maestro Jesús, ten misericordia de nosotros”. Viéndolos, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y cayó sobre su rostro a los pies de Jesús dándole gracias, y éste era samaritano. Entonces Jesús dijo: ¿No fueron limpiados los diez? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese a dar gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: ¡Levántate y vete; tu fe te ha salvado!”.

La lepra entonces era una enfermedad mortal e incluía un componente social y moral hacia quien la padecía toda vez que un leproso era expulsado de la familia, no podía acercarse a las ciudades, y eran tratados, en el mejor de los casos, como -hoy quizás- se trata a un animal callejero. A la dolencia física terminal se sumaba la exclusión en la vida social porque se le acusaba de padecer un mal merecido, vale decir, la lepra era vista sólo como un castigo divino.

El leproso tiene conciencia de lo que padece: Nadie sabe mejor cómo se siente y los síntomas que el propio enfermo. De modo semejante pasa con nuestro pecado, quien mejor sabe de lo que ha hecho y de las consecuencias del mismo es el mismo pecador. Mas allá que otros sepan lo mal que uno ha obrado, sólo el pecador puede asumir en toda su dimensión lo realizado.

Aquellos leprosos sabían lo que estaban padeciendo. Conocían respecto de las llagas físicas y espirituales. Como los estigmas (heridas de Jesús en la Pasión) ellos sobrellevaban en su corazón los frutos de las faltas de piedad, del egoísmo exacerbado y de las miserias de la concupiscencia.

Tenemos que implorar a Jesús que aumente nuestra fe. Las consecuencias del pecado se vencen con la fe depositada en la persona de Jesús. Por esto es necesario recordar que el efecto de la oración es profundizar la fe. Para abandonar el pecado es necesaria la fe, cuyo objeto es el mismo Jesucristo.

¿Por qué en los vértices del camino se colocaban antiguamente cruces con la frase: ¡Salva tu alma! Porque se asumía que el perdón de los pecados de toda la humanidad y de todos los tiempos fue vencido por Jesucristo en una cruz.

San Pablo dijo: “Valemos el precio de la sangre derramada por Jesús”. En Carta a los Hebreos IX, 26 dice: “En la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado”.

Entonces, a ella (la cruz) no llegó el Señor sólo por las faltas del prójimo, o de quienes vociferaban ¡crucifícale, crucifícale!, sino que subió voluntariamente al madero a causa de nuestros pecados personales. Somos protagonistas y reales ejecutores de aquella sentencia dada desde el pretorio: “! ¡Id a la cruz! Fue la orden de dada por Poncio Pilato.

Siendo creyentes, el hecho de asumir la gravedad de nuestros pecados no puede llevarnos a la desesperación sino mas bien a la sincera y permanente conversión.  

San Francisco de sales solía repetir que los ángeles nos envidian ´porque podemos sufrir por Jesús y con Él. Hay diversas maneras:

Primera forma: Llevar una cruz en la mano. Se complacen contagiosamente en portarla para que otros se sumen, para caminar tras de ella. Se lleva cono algo importante que debe ser comunicado, que debe ser compartido.

La segunda:  Tomarla estrechamente. Son aquellos que abrazaban la cruz tomada firmemente, como unida (pegada) al cuerpo sabiendo respecto del gran valor que esta tiene. Son almas que se complacen en sufrir. Por cierto, es una actitud contraria al mundo que ve en el misterio de la cruz sólo “necedad y locura” (San Pablo Primera carta a los Corintios I, 18:

Permítanme detenerme un momento en el comentario que hace Monseñor Juan Straubingen sobre la locura de la cruz: “Halo como un loco…San Pablo extrema el sarcasmo, diciendo que habría que estar loco para afirmar que tales hombres son ministros de Cristo. A continuación añade el Apóstol una impresionante lista de sus aventuras que podría formar un film maravilloso, titulado el aventurero de Cristo” (cita número 23)

Llevan la cruz en silencio, como los santos y mártires que no hacen ostentación alguna de sus padecimientos mas que para tributar gloria a Dios. Gloriarnos de llevar por Cristo cada cruz.

La clave es aprender a sufrir sin molestar a los demás, pues aun el mas pequeño sufrimiento ofrecido al Señor por amor suyo sabemos porque Jesús lo dijo que no quedará sin recompensa.

la tercera; Los que parecen arrastrarla. Son aquellos que se quejan cuando llevan la cruz, la impaciencia siempre termina siendo  insoportable para uno y para los demás. Son quienes la llevan con tanta pena y cansancio que, aun siendo de Jesús, se asume quejumbrosamente.

Muchas veces se tiende a comparar las cruces, es decir, los sufrimientos para lo cual, se lleva cuenta de todo, como pretendiendo pasar la factura al mismo Dios. Casi como quien guarda las boletas para obtener reembolso se recuerda cada sufrimiento, pero aumentando los propios y disminuyendo los del prójimo.

Para vencer el pecado se requiere de la oración. San Ignacio de Loyola
escribe sus Ejercicios Espirituales con una prioritaria dimensión de conversión personal. Comprendiendo que no está bien su vida, que no está “enfocado” nos propone un cambio de vida en Cristo por medio de la oración.

El efecto de la oración es profundizar la fe: ¡Que yo conozca lo malo que es pecar! Procurar no perder nunca la gracia. Morir antes que pecar.

Lo anterior, nos hace distinguir entre tener un conocimiento positivo de los pecados: Considerando la gracia santificante que se pierde. En tanto que hay un conocimiento negativo de los pecados: Considerando la malicia en si misma del pecado.

El pecado es como una bomba que detona en toda su fuerza en las puertas del infierno, ese es el derrotero de un pecado mortal no confesado, de un impenitente.

Recordemos que aquel que peca (grave o mortalmente) vuelve a crucificar a Jesucristo. Si tuviéramos más fe nunca pecaríamos. El pecado renueva la causa de la pasión de Cristo. ¿Quién se atrevería a infringir la más pequeña molestia a nuestro Señor?

¿Qué hice por Jesús crucificado desde que tengo uso de razón? ¿Que he hecho a lo largo de toda mi vida consciente?

¿Estoy en gracia de Dios? ¿Qué haré de ahora en adelante?

 Tomemos la cruz de Jesucristo. Yo quiero convertirme…Digamos: Señor yo te amo mucho: pero soy débil; Señor yo te amo, pero soy ciego; Señor yo te amo mucho pero no se amarte.

 Necesitamos crecer en estas tres virtudes: Humildad, mortificación oración. Todas las faltas tienen su origen en la falta de oración. “Quien bien ora bien vive” (San Agustín de Hipona).  Culminemos esta segunda meditación con Jesús: “El que no toma la cruz no es digno de mí”.










 

TEMA  : “DAR GRACIAS POR BENEFICIOS RECIBIDOS”.

FECHA: RETIRO ESPIRITUAL ESTADIO ESPAÑOL 09/2004.

La práctica de participar un retiro espiritual está hecha para mejorar la relación con Dios. Por medio del silencio y la soledad. Es lo que solicitamos al iniciar este retiro…que cada uno en el momento de meditación personal busquemos un lugar “a solas” con el fin de evitar las distracciones externas e internas. No basta con quedarse callados es necesario escuchar lo que Dios, por medio de su Espíritu Santo nos quiere decir.

Son tantas y múltiples las distracciones, la vorágine de las actividades que realizamos cotidianamente, la información y conexión que nos llega ininterrumpidamente por los medios de comunicación y la participación en las redes sociales hacen ver que el tiempo no sólo no se detiene, sino que cada día, cada mes, cada año transcurren con mayor diligencia. Es curioso, constatar que quienes ya tenemos algunos años y las generaciones más jóvenes coinciden ¡por fin en algo! que es la prisa del tiempo.

Junto con ser una oportunidad de estar con Dios, el retiro nos ayuda a discernir. Como un cedazo separa las partes más sutiles de las más gruesas, las impurezas de la harina, de modo análogo, aquí distinguimos y ordenamos según el querer de Dios, evitando hacerlo de acuerdo a nuestros criterios, a nuestros gustos y nuestros proyectos. Dios es quien debe colocar fin, tiempo y medida a nuestros anhelos. Muchas veces tenemos la tentación de ser ángeles olvidando ser buenos hombres.

Creemos tener un globo terráqueo en nuestras manos, y así parece serlo por medio del uso de un celular. ¡El mundo parece estar en nuestras manos! La tentación es pensar como los antiguos…el universo gira en torno nuestro porque creemos estar en el centro del cosmos.

Olvidamos dedicarnos primero a recorrer el camino cercano a nosotros. Buscamos conquistar naciones sin antes encauzar debidamente siquiera nuestros instintos y nuestro corazón. Consentir esta tentación nos puede llevar a ser, en el plano del apostolado, luces para el mundo y oscuridad en el hogar. Por esto es necesario ordenar según Dios el corazón a través del buen uso del discernimiento espiritual.

En aquella gruta de la localidad de Manresa San Ignacio de Loyola se refugio para meditar luego de visitar el Santuario de la Virgen de Monserrat (distante sólo unos treinta kilómetros). Con tres armas muy precisas permaneció once meses luchando al interior de su alma. Por medio de la ayuda de la Santísima Virgen (la Gruta Manresiana mira hacia Monserrat), del ayuno penitencial, la lectura de la Vida de Santos y, de la oración, San Ignacio vivió una aventura mas fascinante que incluso las que tuvo como militar en la batalla donde quedó herido.

En esos meses experimentó lo que luego colocó por escrito y nos ha convocado en esta jornada.

Como san Ignacio podemos constatar que nuestras limitaciones serán fiel compañía hasta la tumba. Hay una cierta constante, una melodía de fondo que marca nuestra vida entera, y que debe ser motivo no de “acostumbrarse” ni de tener una actitud “displicente” como no dando importancia por lo reiterado, sino de combate, de vigilancia permanente.

Previo al tema que nos llevará a mirar la gravedad de nuestros pecados, nos abocaremos a descubrir que, si cada día morimos algo, y ello es un hecho, bien -entonces- nos podemos preguntar ¿Por qué no recordar que resucitamos algo? Habitualmente luego de recibir un saludo muy temprano a quien me traslada cada primer Viernes de Mes a la Santa Misa al Colegio Mackay, donde ejerzo como Capellán, el conductor me dice sonriente: “Un día más, un día menos”.

Hoy nos detenemos en el numero 43 de los Ejercicios Espirituales Inícianos. El primer punto -señala- es “dar gracias a Dios por los beneficios recibidos” …hay que morir para vivir.

Solemos decir que “quien pega primero, pega mas fuerte”. Esto que dice relación con el box o la lucha libre se puede comparar con la disciplina interior de ser agradecidos por todo lo que Dios no ha dejado de darnos.

La experiencia nos muestra que la simple expresión “gracias” tiene la capacidad de cambiar actitudes, abrir puertas, ampliar sonrisas. Sea en un restaurant, en el acceso a un banco, en la portería de un condominio en todo lugar invariablemente habrá un ton o distinto si acaso somos agradecidos con quien nos atiende. Es probable que en la visita siguiente seamos mejor tratados que la primera vez puesto que nadie olvida la palabra “gracias” tan fácilmente.

¡Qué decir de Dios mismo! Él no se deja vencer en generosidad por lo que, si una persona es capaz de modificar su trato permanente porque se le agradece lo hecho, cuánto más Dios mismo, que es bondad infinita y sabiduría eterna no dejará de bendecir a quien le agradece de manera permanente.

Sin duda, San Ignacio de Loyola consideraba como algo fundamental la virtud de la gratitud. En la Gruta de Mantesa durante meses fue recordando cómo Dios le bendijo y el bien que recibió de otros a lo largo de su vida.

Del mismo modo como la gratitud hace crecer el amor a Dios, la ingratitud tiene consecuencias, y es lo que veremos en la segunda meditación de este Retiro Espiritual.

Hemos de repetir en cada meditación la misma petición: ¡Conocimiento! No se trata de un conocimiento “para saber” sino que es un conocimiento “para amar”.

El amor es la imitación del Verbo que por mi (amor) salvación se hizo carne. Este conocimiento sobrepasa la inteligencia y llega al corazón. Unión con nuestro Señor, es un amor de entrega, y de ahí sobreviene la imitación.

Veamos el texto de la Natividad en la traducción de Juan Straubinger tal como nos refieren los Ejercicios Ignacianos:

“En aquel tiempo, apareció un edicto del César Augusto, para que se hiciera el censo de toda la tierra. Este primer censo, tuvo lugar cuando Quirino era gobernador de Siria. Y todos iban a hacerse empadronar, cada uno a su ciudad. Subió -también- José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Betlehem, porque él era de la casa y linaje de David, para hacerse inscribir con María su esposa, que estaba encinta. Ahora bien, mientras estaban allí, llegó para ella el tiempo de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería. Había en aquel contorno unos pastores acampados al raso, que pasaban la noche custodiando su rebaño, y he aquí que un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió de luz, y los invadió un gran temor.

El Ángel les dijo: ¡No temáis! Porque os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. Y esto os servirá de señal: hallaréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre. Y de repente vino a unirse al Ángel una multitud del ejército del Cielo, que se puso a alabar a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres (objeto) de la buena voluntad. Cuando los ángeles se partieron de ellos al Cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Vayamos a Betlehem y veamos este acontecimiento, que el Señor nos ha hecho conocer. Y fueron a prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Y al verle, hicieron conocer lo que les había dicho acerca de este Niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de las cosas que les referían los pastores. Pero María retenía todas estas palabras ponderándolas en su corazón. Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto según les había sido anunciado”.

La traducción tomada incluye entre otras un breve comentario de los Betlemitas: “No hubo lugar en la hostería”. ¿No es ésta una figura del mundo y de cada corazón, donde los otros “huéspedes” no dejan lugar para Él? Aquí vemos que no se distingue entre altos o bajos, ricos o pobres, sino que había otras prioridades, otras necesidades, otras urgencias entre aquellos habitantes que no daban espacio para Jesucristo. ¡No hay sitio en toda aquella ciudad para Dios! ¿lo hay en nuestras ciudades hoy?

Tampoco hay sitio para la gracia que Dios concede a raudales a quien la con persistencia y humildad la implora, como no hay lugar para el amor por lo que los primeros en sufrir las consecuencias son los mas débiles…niños y ancianos.

Pero subyace una gran diferencia entre los betlemitas y nosotros…Aquellos no sabían lo que restaba pasando, pero nosotros si lo sabemos, por tanto, es mucho mayor nuestra responsabilidad, y si de culpabilidad se trata nosotros primeriamos pues al que mucho se le ha dado más aún se le exigirá dice el Evangelio.

 

 

 

Hay un texto del Apocalipsis que siempre me ha llamado la atención. Está lleno de esperanza porque el Señor muestra su divina y humana disponibilidad para venir a nuestra vida con la exquisita delicadeza de no dejar de esperar nuestra respuesta, que Él sostiene, en todo momento, con su gracia. Por ello, nuestra gratitud debe ser total y permanente.

“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos” (Apocalipsis III, 20). De este versículo algunos pintores han plasmado su visión y perspectiva. Uno de ellos, don William Holman Hunt (1827-1910) se cuenta que al momento presentar su óleo   recibió una pregunta que a muchos sorprendió pues evidenciaba que la puerta no tenia manilla, por lo que era imposible entrar.

Con presteza el pintor respondió: “Tiene razón que nos ninguna manilla ni llave alguna para entrar, porque la puerta del corazón sólo se puede abrir desde el interior. Dios nunca fuerza la entrada, ni se impone, ni nos obliga a aceptarle. Él llama a la puerta y espera, pero si no queremos abrirle, no entrará. Dios respeta nuestra libertad al máximo, y quiere obtener con su amor nuestra confianza y gratitud. Por eso la puerta no tiene picaporte ni manillas. Jesús sólo puede entrar si le dejamos”.

Entonces, recordamos la sabiduría del Sumo Pontífice Benedicto XVI que dijo: “Dios no es rival de nuestra libertad sino su primer garante”.   Según esto, el acto de abrir la citada puerta desde el interior es parte de la gracia de Dios que debe ser implorada.  

Ahora, tendremos una media hora de oración personal en silencio. Meditaremos de las gracias recibidas, Nos detendremos en qué actitud habríamos tenido al ver llegar a la familia de peregrinos en Belén…¿Hay lugar para Jesús en nuestro interior?

Igualmente, ¿Cuántas veces hemos dejado al Señor esperando fuera de nuestra vida, fuera de nuestra familia, fuera de nuestro trabajo?

 






Este cuadro está relacionado con el pasaje bíblico que identifica a Cristo con la frase «yo soy la luz del mundo, aquel que me siga no andará en las tinieblas, pues tendrá la luz de la vida» (Juan, 8:12). Cristo llama a una puerta que representa el alma humana y lleva un farol como representación física de esta luz simbólica.​ El hecho de llamar a la puerta se corresponde con otra cita bíblica: «¡Mira! Estoy de pie a la puerta y toco. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis, 3:20).

La figura de Jesús es una mezcla iconográfica de profeta, rey y sacerdote,​ vestido con una larga túnica blanca y una capa roja con filigranas abrochada en la parte superior del pecho con un broche de joyas; lleva una corona y su cabeza resplandece con un halo luminoso. En la mano izquierda lleva un farol cuyo resplandor se refleja sobre la túnica y en la puerta a la que llama con la mano derecha. Esta puerta representa el alma humana, sobre la que han crecido zarzas y ortigas, simbolizando la cerrazón de los que se obstinan en escuchar el mensaje de Cristo. En la esquina inferior derecha hay varias manzanas tiradas en el suelo, símbolo del pecado.​ Tras la figura de Jesús aparecen unos árboles en una ambientación nocturna, con un cielo de iluminación lunar de color azul verdoso, en el que titilan varias estrellas. Es conocida la anécdota que Hunt pintó este cuadro a medianoche, iluminado por una lámpara de aceite.

Las escena tiene dos focos de luz, que fueron analizados por John Ruskin en una carta en The Times el 5 de mayo de 1854: una es la del farol, de un tono rojizo, que simboliza la conciencia y la revelación del pecado; la otra es la de la aureola en la cabeza de Cristo, de tono amarillo, que simboliza la paz y la salvación.​

La imagen, como en el resto de obras de Hunt, tiene una factura meticulosa y detallista, ya que este pintor gustaba de recrear sus escenas hasta el más nimio detalle, con una precisión casi fotográfica. También como es habitual en su estilo el cromatismo es intenso, casi estridente, con un especial interés por los efectos luminosos, otro de los sellos distintivos del artista, que estudió con profundidad la luz artificial, como se denota en otras obras suyas ambientadas en escenarios nocturnos, como Puente de Londres en la noche del matrimonio del príncipe Carlos (1863-1866, Ashmolean Museum, Oxford).​

La imagen, en su parte superior, tiene forma semicircular y en las enjutas, de color dorado, figura la inscripción latina Me non praetermisso, Domine! («No me pases por alto, Señor»). Asimismo, en la esquina derecha, figura la firma W. Holman Hunt. La pintura fue considerada por muchos como la representación de Cristo más importante y culturalmente influyente de su tiempo.







domingo, 15 de septiembre de 2024

 

TEMA  :     “VER LAS COSAS SEGÚN LA MIRADA DE DIOS”

FECHA:  HOMILÍA  DOMINGO   XXIV° /  SEPTIEMBRE  2024

En la imaginería religiosa, que deviene de la piedad, a veces distorsionada, solemos ver a Jesús representado como una persona pusilánime, particularmente en lo que se refiere a enfrentar determinadas situaciones adversas. En la prensa liberal se mostraría como un “open mind” (mente abierta) que ensalzaría la tolerancia y falta de prejuicios, presentando positivamente la ausencia de opciones definitivas, de juicios y principios solidos donde afirmarse.

Mas los evangelios no silencian -en modo alguno- la fuerza interior y el carácter firme de Jesús, particularmente en defensa de lo referido a las “cosas de su Padre de los Cielos”. Así, en su adolescencia cuando es encontrado luego de tres días por sus padres responde: “¿No sabían que debía preocuparme en las cosas de mi Padre?”, dejando atónitos a José y su madre la Virgen. Luego ante los escribas -expertos en la “escritura” los biblistas de la época…junto a los fariseos les llamó “sepulcros blanqueados”.

En el episodio de la expulsión de los que profanaban el templo y de quienes negligentemente lo permitían, con tono severo Jesús les recriminó que “han transformado la casa de mi Padre en cueva de ladrones”( San Mateo XXI, 13).

Considerando la fuerza de las palabras de Jesús precedentes, en modo alguno son comparables con el llamado de atención que hace hoy a Simón Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!”.

La pregunta surge de inmediato ¿Por qué tanta severidad? La respuesta es escueta: Porque a tales gracias, tales responsabilidades, tal como señala el Evangelio: “Al que mucho se le ha dado, aun mas se le exigirá” (San Lucas XII, 8), por ello, las bendiciones, las gracias, y los dones dados por Dios exigen al creyente tener una vida de acuerdo a lo recibido, por lo que somos permanentes deudores de Dios, nos debemos al modo como El nos ha tratado. Si Dios nos ha amado ilimitadamente, al punto de entregar a su propio Hijo Jesucristo, cómo vamos a responderle con bagatelas y mezquindades. Él nos ama con la fuerza de un océano, nosotros le respondemos con cuentagotas.

En efecto, basta tener presente el tiempo que dedicamos a satisfacer nuestros gustos personales en cualquier orden de cosas: Deportes, hobbies, relaciones afectivas, comidas, distracciones, viajes, en fin, en cualquier orden de cosas que hacemos pareciera ser que son más importantes que cualquier realidad referida a nuestro Señor, olvidando que Él es quien debe recibir lo primero y lo mejor de nuestra parte, incluido nuestro tiempo, afectos y atenciones.

No ver las cosas según Dios sino según lo ven los hombres implica tratar como “pariente pobre” a quien es el Rey del Universo, el mismo que nos ha dicho en las alturas del Monte Sinaí en la primera de las normas del Decálogo dado al patriarca Moisés: “Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás otros dioses ajenos a Mí” (Éxodo XX, 6-7).

En este sentido, en la plenitud de los tiempos, fue el mismo Jesús quien explicitó el precepto inaugural del Decálogo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y más grande mandamiento” (San Mateo XXII, 37).

Con frecuencia hemos señalado que los dones de Dios no son un tesoro que ha de ser enterrado en el metro cuadrado de nuestra vida, sino que son regalos que Dios nos entrega en beneficio de quienes están a nuestro alrededor, por lo cual, se requiere de la actitud de diligencia y del espíritu generoso que tienda  como instintivamente a buscar el bienestar de quienes están a nuestro alrededor antes que procurar la satisfacción personal, pues -tal como dice Jesús- “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos de los Apóstoles XX, 35).

Esta lógica es muy distinta a la que reina en el corazón del mundo actual. Y esto conlleva que si dejamos al Creador de lado ¿Qué lugar postergado no ha de ocupar la obra hecha por Él?

Con frecuencia vemos la liviandad con que se menosprecia al prójimo, la facilidad con la que se insulta o  calumnia a cualquier persona, particularmente,  en los medios de comunicación y en las redes sociales que lo facilitan en virtud del anonimato con que se puede hacer.

 

 

El trato al prójimo es consecuencia de lo que se cree, pues si tenemos a Dios como centro y juez definitivo de nuestros actos, estos devendrán del “santo temor de Dios” que tengamos, en tanto que, la decisión de optar por una vida de espaldas a Dios, negando hasta su propia existencia,  hará que nuestro entorno se vuelva carente de esperanza y lleno de egoísmo, lo cual es lo que experimentamos en la sociedad actualmente.

Entonces, el Evangelio de hoy nos coloca en la disyuntiva de optar por el señor mediante un acto de fe, que no responde a un sentimiento pasajero ni a una mentalidad deducida, sino que es consecuencia del don de Dios que nos permite afirmar lo que Él nos ha revelado con una certeza mayor que la que las argumentaciones de la razón nos entregan.

¿Quién dices que soy yo? Es una pregunta lacerante que nos hace el Señor hoy. En parte se responde por el lugar que damos a Dios en nuestro tiempo, en nuestras acciones, en nuestros proyectos, también en ámbito de la vida pública, laboral y educativa, en los cuales suele quedar marginada nuestra condición espiritual y nuestra vida con proyección de trascendencia, viviendo a “ras de tierra”, como el resto de las creaturas.

En este día domingo la Iglesia celebra a Nuestra Señora de los Dolores, dando inicio a la Noven a de preparación a la festividad patronal de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, a quien honramos como Patrona de  nuestra Parroquia y de nuestra ciudad de Valparaíso. Sin duda, toda una bendición que este año nos permitirá comenzar a preparar el gran Jubileo de la Redención que iniciaremos en Nochebuena.

Durante un año el cielo estará abierto para dar lluvia de bendiciones por medio de una tormenta del Cielo, en tanto que tendremos oportunidad de recibir la indulgencia plenaria para nosotros y nuestros fieles difuntos.

¡Que Viva Cristo Rey!

 

 

 

jueves, 12 de septiembre de 2024

 

TEMA   :     “NUESTRO SELLO, NUESTRA IDENTIDAD”.

FECHA: CONSEJO PROFESORES SAINT PETER´S    09/2024

Estos últimos días hemos visto muchos análisis de expertos referidos al desastroso resultado de la selección nacional de futbol en medio del proceso de para lograr un cupo al Campeonato Mundial a desarrollarse en América del Norte el año 2026. A ello se suma la locuacidad de los que ven futbol y opinan profusamente. Unos y otros, suelen clavar unívocamente sus dardos acusadores en el entrenador.

Curiosamente, los jugadores pasan a un segundo plano a pesar de ser ellos quienes juegan en la cancha y profitan fuera de ella. Ninguna culpa real es reconocida, pues con un lenguaje envolvente terminan no asumiendo las responsabilidades.

Recuerdo que en el Colegio con insistencia se invitaba a asumir las responsabilidades de nuestras acciones aunque estas fueran gravosas: lo primero, la verdad. Ahí se terminaba dando la cara ante los padres cuyo actuar era eco de las palabras del inspector de turno, que no dudaba en hacer realidad lo anunciado con frecuencia: el que iba de una llamada de atención verbal, una anotación o un castigo sabatino.

Mas, en la actualidad, constatamos que asumir responsabilidades no goza de prestigio, por el contrario, hay una cultura que promueve la evasión a la hora de enfrentar los actos personales, diluyendo las consecuencias en medio de diversas corazas.

La primera:  Una “moral laxa” emanada de la denominada “teoría de las circunstancias”, que son tantas que al final nunca se termina siendo responsable de nada. Toda culpa sobreviene en que “se dieron las cosas” por lo que nunca uno es culpable de algo.

En segundo lugar, la “elasticidad etaria” de la infancia y adolescencia, llegando al extremo de hablar de “niños” cuando ya han egresado del aparataje escolar. Los medios de comunicación y comentarios de redes sociales suelen referirse a una niñez mayorcita como segundo escudo exculpatorio. Hace unos días vi en un canal nacional a una conocida periodista evitar nombrar como delincuente a quienes ya poseían mayoría de edad. Era unos niños veinteañeros que habían ultimado a una persona para robarle.

En tercer lugar, subyace profundamente una mentalidad del “buen salvaje”. Término que algunos adjudican al primer filósofo griego Hesíodo (700 años antes de Cristo), y que suele hacer referencia a una supuesta bondad natural que sería mancillada con la influencia de otros individuos y culturas. Es como una especie de talibanismo ecológico aplicado a la vida moral de la persona, donde se impone una mentalidad que se es “naturalmente bueno” y es la sociedad la que corrompe o ensucia una prístina conciencia, mentalidad con la cual se pretende “derogar” las consecuencias del pecado original presentes en nuestra naturaleza.

Se argumenta que los niños son generosos, bondadosos y veraces, aplicando unas pautas formativas que prescinden de toda precaución, salvedad, aviso, y ¡qué decir! de una sanción o un castigo.

El hecho que los padres de familia envíen a sus hijos a nuestro Colegio y no otro dice relación porque libre e informadamente han tomado esa determinación. Lo han hecho por las características que nuestro plan formativo encierra, que es distinto al de otros establecimientos.

El que nuestro establecimiento haya celebrado el pasado mes de Junio ciento seis años de vida ininterrumpida, el que crecientemente sea poseedor en el tiempo de muy buenos resultados académicos, el que los alumnos se vean distintos en ceremonias y actividades interescolares,  y que tenga nuestro Colegio un signo religioso en su vida, escudo e historia, muestra un sello distintivo que debemos procurar no sólo mantener sino acrecentar.

El conformarse con lo hecho puede hacernos olvidar que el agua para mantenerse fresca debe correr como un canal evitando quedarse estancada. De modo semejante, no basta con no hacer las cosas malamente, lo que de suyo está bien, sino que la perfección personal e institucional apunta a positivamente hacer el bien cada vez mejor.

En la Festividad del Dulce Nombre de María recordamos especialmente el testimonio que dio Miss Mary Cook de Wilkins como directora durante cinco décadas. Una vida entera dedicada a la formación de nuevas generaciones, recordando que entre sus alumnos estaban insertos sus propios hijos, lo que daba un tono muy especial a la educación impartida caracterizada por un “señorío maternal”.






miércoles, 11 de septiembre de 2024

 

TEMA  :     “MIRAR LA SOCIEDAD A LA LUZ DE LA FE”

FECHA: HOMILIA DÍA MIERCOLES 11 SEPTIEMBRE 2024

“Y Él, alzando los ojos hacia sus discípulos, dijo: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora porque seréis saciados” (San Lucas VI, 20-26)

Queridos hermanos: El mensaje del Evangelio de este día nos ubica en el contexto del primer mensaje dado por Jesús, cuyo encabezamiento nos recuerda el llamado universal a la santidad. De algún modo la identificación con cristo por medio de la gracia va de la mano siempre con la invitación al apostolado. Quien busca la santidad no queda encerrado en una autosatisfacción ciega, sino que procura buscar que el mayor número posible alcance el bien al que aspira.  No esconde el tesoro encontrado de la fe sino la difunde como prioridad.

El odio, la segregación, y la mentira son el aroma pestilente y frecuente de una sociedad que se ha edificado al margen de la voluntad de Dios. El Antiguo Testamento nos muestra tres momentos donde el hombre y la sociedad se han alzado contra Dios:

Adán y Eva, la primera comunidad decide mutuamente no obedecer los dictámenes de Dios, quien los creó a su imagen y semejanza, quien conversaba con ellos demostrando una cercanía especifica a diferencia del resto de las creaturas. Nunca parece ser suficiente para un corazón que se llena de sí mismo, por lo que todo pasa a un segundo plano ante el reinado del orgullo. Por eso, al creerse superiores y autónomos, desechando los dictámenes de Dios, terminaron experimentando las inevitables consecuencias del acto de sublevarse contra Dios.

El desenfreno al que conduce un mundo sin Dios nos lleva prontamente a detenernos en el episodio de los vetustos poblados de Sodoma y Gomorra, sobre las cuales Dios hace caer fuego para hacer desaparecer sus abominaciones. A este respecto, diremos que el Señor Dios merece todo respeto, obediencia y el primero de nuestros afectos, por lo que nunca se puede pasar a llevar sus mandamientos sin no experimentar la consecuencia de ello, tal como lo experimentaron los habitantes de aquellas ciudades citada.

 

En igual sentido escribía en una de sus homilías San Juan Maria Vianney, el Santo Cura de Ars: “Quítenle a Dios al pueblo y se comportarán como bestias”. Eso es lo que pasa con los pecados que claman al cielo.

El tercer episodio que recordamos en esta tarde es aquel donde un pueblo quiso rivalizar con Dios alzándose por medio de una edificación que parecía no tener otro limite que la aspiración humana de pretender superar a su Dios. Es la consabida historia de Babel, ubicada en una llanura de la tierra de Sinaí. Etimológicamente aquella torre dice relación con la confusión surgida que hace finalmente colapsar la pretensión de ser rival de Dios.

Y, como dijo Su Santidad el Papa en su homilía a los jóvenes en Chile el año 1987 en el Estadio Nacional: “El hombre por un tiempo puede construir un mundo sin Dios, pero prontamente ese mundo se vuelca contra el hombre mismo”.

Es lo que experimenta nuestra sociedad cuando no acoge la llamada a la santidad, cuando no reconoce la primacía de la voluntad de Dios en su alma personal y social, haciendo que el crecimiento tenga “piernas costas” y pronto sea sobrepasado por la miseria y la violencia como los frutos inmediatos del secularismo impuesto. ¡Que decir del respeto a la persona humana si no se respeta a su mismo Creador!

Lo anterior, resulta importante destacar pues como sabiamente describiera el pensador católico hispano Salvador Donoso Cortes en su libro sobre el cristianismo: “Tras cada política subyace una teología”. Hay una visión de Dios en el trasfondo de la vida del hombre en sociedad que resulta imposible desconocer, por lo que,  más temprano que tarde,  aflora o el amor a Dios prioritario o la postergación de Dios y su obra.

Sin duda, cuando hoy recordamos lo acontecido en Chile hace más de cinco décadas, tenemos presente lo dicho por el Papa Pio XI respecto de una ideología que fue categóricamente definida como “intrínsecamente perversa”, tal como lo han experimentado tan dramáticamente aquellas naciones que han permanecido por décadas bajo su influjo pestilente del cual, nuestra Patria se vio liberada en el mismo umbral.

 

Nuestra mirada como creyentes nos permite valorar en real justicia y verdad lo que ha significado aquel día undécimo de un gran mes, donde se produce una inmediata transformación significada en el masivo uso del emblema Patrio, como signo de unidad. Nadie puede negar que las banderas rojas fueron prontamente abandonadas dando paso al tricolor del mes que nos trae la primavera con su aroma y luminosidad.

El florecimiento de una nueva manera de procurar ordenar la sociedad surge de la mano con la invocación recurrente a Dios, y particularmente a la Virgen Santísima en orden a dar su gracia en las diversas iniciativas implementadas.

Por eso, la visión del hombre, de la familia y de la Sociedad surge desde una previa concepción de Dios presente en medio de nosotros.

Aquellos tres años previos sirvieron definitivamente para descubrir que el hombre con sus proyectos ateos puede sumergirse en la orfandad,  pero Dios -finalmente- siempre  está pronto a atender al primer clamor de quienes le reconocen como su Padre, por lo que este día, nuestro Señor -como sentenció en una oportunidad el recordado arzobispo obispo en Valparaíso (Emilio Tagle Covarrubias)- actuó “providencialmente” haciendo encender en nuestros corazones una llama de amor y libertad que permanece inalterable en el tiempo tal como nuestra fe en Dios se fortalece con tantas bondades que nos concede día a día.

En esta tarde, invocamos a Nuestra Señora del Carmen que nos obtenga del Cielo la protección a cada hijo de esta tierra, toda vez que previo a esta jornada y luego de ella,  se alzaron miles de rosarios para obtener nuestra Segunda Independencia Nacional, la cual, no se obtuvo sin el sufrimiento, dolor y sacrificio que nos invita al compromiso de estar siempre al servicio de Dios primero y de esta Nación, llamada un día a reconocerle como prioridad, confesando su Nombre Santo.

Este Año celebramos las Bodas de Oro del cumplimiento de la promesa hecha a la Virgen del Carmen por nuestro primer Padre de la Patria Bernardo O? Higgins en campo de batalla de Maipú. Es una oportunidad para renovar nuestra piedad y obediencia hacia la Madre de Dios y Madre nuestra.

¡Virgen del Carmen Reina de Chile, Salva a tu pueblo que clama a ti!








lunes, 2 de septiembre de 2024

 

TEMA  :    “UNA SOCIEDAD CON EL EVANGELIO EN SU ALMA”

FECHA: HOMILÍA / DOMINGO XXII°  / SEPTIEMBRE / 2024

Celebrando nuestra Santa Misa correspondiente al Domingo Vigésimo Segundo del tiempo común del Año Litúrgico, iniciamos el Mes de Septiembre, en el cual, desde hace varios años celebramos el Mes de la Biblia. De modo especial, rezaremos cada día a la Virgen Patronal de la Parroquia y de la Ciudad de Valparaíso, por las necesidades espirituales y materiales del Chile empobrecido y violentado en una espiral que se inició por la implementación de leyes nacidas de un espíritu manifiestamente anticristiano.

Dice un antiguo refrán que “la mentira tiene piernas cortas”, por lo que que  se descubre con prontitud, tal como por ejemplo lo hemos visto en las noticias donde abundan los fraudes, colusiones, y una violencia que parece incontrolable.

En ocasiones, cuando hablan de los males nuestros mayores -a quienes seguimos en sus años de modo irremediable- suelen repetir otro refrán ante un mal mayor inesperado: “! Esto es acabo de mundo!”. En realidad, qué podríamos decir si vemos que el bien se muestra como el mal y el mal como el bien, pues madres que eliminan a sus hijos, padres que olvidan a sus hijos, hijos que se colocan de acuerdo para eliminar a su padre, hijo que roba el celular de su madre para enviar wasap pidiendo dinero, jóvenes que consumen droga y alcohol llegando a ser el país con mayor consumo en América del sur.

Percibimos cotidianamente las consecuencias de erigir una sociedad que se levanta de espaldas a Dios, no sólo con el barniz del indiferentismo sino ya -a rostro descubierto- de explicita aversión contra todo lo que tenga que ver con Dios.

La pregunta que escuchamos en la primera lectura del libro del Deuteronomio devela la sabiduría de quienes se sabían elegidos y beneficiados por el Señor al decir: “¿Hay alguna Nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor nuestro Dios siempre que le invocamos?” (Deuteronomio IV, 7).

 

A lo largo de nuestra vida, hemos experimentado de muchas maneras cómo el Señor ha cuidado de nosotros. Lo ha hecho de manera paternal, por lo que, con su grandeza, su iniciativa, y su bondad ha cubierto de cada uno de nuestros pasos. Se ha presentado previniendo nuestras caídas y levantándonos en medio de los tiempos recios de la duda, la incertidumbre y la persecución. No ha desatendido ninguna de nuestras plegarias, particularmente cuando nuestros proyectos parecían derrumbarse, verificando  lo que sentencia el Salmo XV en este día: “Con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen al Señor Dios” (Salmo XV, 4).

Los que confían en el Señor habitualmente tenderán a estar en sintonía fina con los preceptos de Dios. Quien teme al Señor andará por el “carril” de la voluntad de Dios, evitando descarrilar por un camino distinto. ¡Todos sábenos a qué lleva avanzar por carriles propios!

Es lo que pretendieron hacer quienes en la antigüedad alzaron una torre en Babel que fuese rival de Dios. Pretérita es la audacia humana de prescindir de los dictámenes del Señor para cada uno y nuestra sociedad, constatando que el podemos “por un tiempo alzar un mundo sin Dios, pero ese mundo pronto se vuelca contra el hombre”.

Si miramos a uno y otro lado de nuestra sociedad verificamos la sabiduría de las Palabras del Papa que vino de un lugar lejano. Sin duda, son muchos los signos de indignidad que constatamos en la sociedad nuestra en la actualidad.

Hace unos días hubo un dirigente local que sostenía que no había hecho nada malo, ni había robado y que tenía las manos limpias. Mas, la Sagrada Escritura invita no sólo a evitar hacer lo malo sino a positivamente hacer el bien, por lo que la actitud de sólo no hacer el mal es objetivamente una actitud mediocre, que esteriliza el bien. Por tanto, aplicado este principio a la vida publica ocasiona el incumplimiento del bien debido que extiende la miseria. No hacer el bien debido a quien corresponde es hurtar con guante blanco, con el agravante que no se nota el mal cometido con un bien debido no realizado. Es lo que ha pasado en nuestra ciudad de Valparaíso: La inacción evidente de las autoridades comunales ha ocasionado un creciente empobrecimiento local y una migración de empresas y familias desde hace ocho años, al punto de ser una ciudad que ha perdido parte importante de su población.

El Evangelio de hoy nos invita a purificar nuestros corazones, pues el Él recibimos la gracia de Dios y en ese corazón pueden despertar los malos sentimientos que se exteriorizan en las acciones desordenadas descritas por el Señor: “Del interior del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (San Marcos VII, 21).

¿Cuáles son?: “Fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez…Todas estas perversidades salen del interior (del corazón) y contaminan al hombre” (San Marcos VII, 21).

No basta con el hecho de promover una debida ecología respecto de la naturaleza que no puede ser tratada de cualquier manera y con ligereza, además, y, sobre todo, urge promover una “ecología moral” en la vida de los creyentes insertos en la sociedad.

Sólo de esta manera, quienes temen a Dios, reconocen su soberanía y supremacía sobre todas las cosas, recibirán la bendición del Señor a lo largo de su vida y servirán más eficazmente orden a la edificación de la ciudad (sociedad) donde Dios impere, lo que traerá un clima de paz cívica, de honradez en las costumbres, de progreso espiritual y material, que tan necesario resulta a la hora presente en nuestra deprimida ciudad.

Con frecuencia hemos dicho que los santos son los mejores constructores de la sociedad, por lo que todo lo que apunte a fortalecer la vida espiritual, a estrechar los vínculos religiosos, a acrecentar la caridad fraterna, más allá de un espíritu altruista espurio, tenderá al crecimiento y progreso de nuestra comunidad. Recordemos las palabras de Apóstol Santiago que hemos escuchado: “La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo” (Santiago I, 27).

Al inicio del Mes de la Patrona de nuestra Parroquia, la Virgen de las Mercedes de Puerto Claro, presente en nuestra ciudad de Valparaíso desde el Siglo XVI, y alzado como Patrona de Valparaíso, imploramos nos obtenga del Cielo la gracia de fidelidad a Dios con el fin de poder servir mas y mejor a quienes mas lo necesiten a lo largo del Gran Mes de Nuestra Patria donde celebramos nuestra Primera Independencia Nacional. ¡Que Viva Cristo Rey!