TEMA : “AL
SERVICIO HUMILDE DEL DIOS VERDADERO”.
FECHA: HOMILÍA CUARTO DOMINGO / TIEMPO ORDINARIO 2021
Queridos hermanos:
llegamos a la cuarta semana del tiempo ordinario de nuestro Año Litúrgico.
Hemos visto los primeros convocados al seguimiento como discípulos que hizo
nuestro Señor. Luego de una oración, Jesús va llamando a cada uno por su
nombre, y en algunos casos, por medio del testimonio y gozo contagioso de los
propios hermanos, como es el caso de los hermanos: Simón (Pedro) y Andrés, como
de Santiago y Juan. A pesar de estar inmersos en sus trabajos y acompañando a
los suyos, asumieron de inmediato como prioridad dar respuesta favorable a la
invitación de Jesús por lo que “dejándolo
todo fueron tras Él”.
Esta semana el Santo
Evangelio nos lleva nuevamente a las orillas de un lago.
La ciudad de Cafarnaúm
era, por aquellos años, un lugar donde Jesús se instalará luego de dejar la
localidad de Nazaret donde vivió treinta años junto a su padre y su madre. Era un poblado ubicado a orillas del Mar de Galilea, próspera –los
exégetas lo señalan como de “clase media”-
donde residían varios de los primeros Apóstoles, cuyo oficio de pescador era el
común denominador de la mayoría de ellos.
No era inhabitual que
Jesús ingresara a una sinagoga, toda vez que varios episodios del relato de su
vida en los evangelios acontecen en su interior y alrededores. En algunos casos
realizó notables milagros, tal como es el que acabamos de escuchar donde libera
a un poseso de las amarras de Satanás, aun que en otras ocasiones, sirva ello
de advertencia clara para nosotros, el
mismo Jesucristo no hizo nada a causa de la falta de fe de ellos, tal como
aconteció en la Sinagoga de Nazaret (San Marcos VI, 1-6).
Los fariseos considerarían
a Jesús como la “encarnación” de un sacrilegio
por oponerse a sus modos, a sus creencias y a sus costumbres. Son muchos los
ejemplos del enfrentamiento que hubo, el cual,
sólo terminó en el signo elocuente del
castigo y la muerte que se transforma, desde el sacrificio
voluntariamente asumido por Cristo, en
señal de mérito y vida…
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Capellán Jaime Herrera González 2021 |
La novedad de Jesús es
que enseña con una autoridad propia
emanada de su divina condición, tal como quedó ratificado el día del bautismo
en las riberas del Jordán, cuando Dios se dirige a su Hijo diciendo: “Este es mi Hijo amado”, con lo cual la
grandeza de toda persona, y la vocación de todo bautizado consistirá en crecer o “madurar”
en esa condición recibida, por lo que somos
“hijos en el Hijo”.
Quienes acudían a las
sinagogas y explicaban las Sagradas Escrituras solían hacerlo citando a “otros”, por lo que al momento de reconocer que Jesús “enseña con autoridad”, lo hacen destacando que es no sólo algo
distinto, y novedoso, sino especifico y propio. Ya no se trataba de la
habilidad de citar a otros diciendo: “como
dijo aquel”, ni de credenciales recibidas por otros: La autoridad con la
que Jesús hablaba venia de su condición divina, y era evidente que en nuestro
Señor “salía por los poros”.
La incuestionable existencia del demonio aparece
en el texto de San Marcos con toda su crudeza al no hacer mayor distinción
entre espíritu inmundo y demonio. Algunos biblistas
modernos hijos del liberalismo –y
algunos del libertinaje- suelen colocar al endemoniado del relato que hemos
escuchado como sujeto de una enfermedad física,
otros lo mencionan como una persona que actúa violentamente porque recibió una
formación traumática que le hace responder de esa manera, o a un simple
desorden químico.
A muchos católicos les
incomoda hablar de vida espiritual, de alma, de demonio, de ángeles, porque
están amarrados a la herejía naturalista, que les resulta atractiva porque la
solución en todo depende de cada uno y nada de Dios, que en el mejor de los
casos, ocupa un lugar “cosmético”, de “adorno”
en la vida del creyente (que en este caso no lo es tal).
La ciencia médica no
responde a los problemas del mal. No es problema médico ni es tema del pasado
es tema espiritual y, a ello debe apuntar la búsqueda de una solución a la
medida y realidad del problema. Recordemos siempre que “a
tales males, tales remedios”. Por
ello, el demonio no se doblega con pastillas ni vacunas, sólo se vence con el
poder de Dios tal como acontece en el episodio descrito: “El espíritu inmundo se puso a gritar ¿qué tenemos nosotros que ver
contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quién eres Tú: El
Santo de Dios!”.
Algo de esto hemos
visto cuando hace unos días un obispo de sur de nuestra Patria hizo, lo que denominó un “exorcismo” sobrevolando una ciudad y, la reacción de la prensa y de la gran mayoría
de las personas entrevistadas fue muy adversa, ridiculizando la acción como
algo perteneciente al pasado, indicando que era propio de una caricatura
mitológica. Mas, la persona del Maligno como ser angelical, de naturaleza espiritual
es real, y es el que en nuestro tiempo busca hacer lo mismo que hizo en el Paraíso
hacia nuestros primeros padres Adán y Eva, y ha hecho desde entonces: contagiar
su vida odiosa, lo cual, entre otras señales se experimenta en nuestros días,
de manera diversa pero elocuente y persistente, tanto en la vida personal como
en la vida de nuestra sociedad.
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Obispado Valparaíso Pbro. Jaime Herrera |
Adoración al exitismo: Para obtenerlo se sacrifica tiempo, vocaciones,
principios, y afectos. Todo parece valer cuando algo se asume con un valor
supremo que “todos” desean alcanzar.
El éxito no se concibe como el desarrollo de lo que buenamente podemos alcanzar
sino que se mide por cuantos van quedando atrás y bajo nuestro. El humo
aromático de la santidad se consume ante la tentación de lograr posesionarse
sobre todos los demás, olvidando que no
es sinónimo de ser número uno que ser el mejor. La cualidad no se mide con una
regla, por lo que el éxito no es subir una escala sino que es la consecuencia del mejor esfuerzo seguido
por el mejor camino. La adoración del “éxito” es una característica en nuestra
sociedad del siglo veintiuno, y en su pretendida búsqueda se entrelazan
sinnúmero de envidias y orgullos malsanos emanados de quiméricas comparaciones
inconducentes para un creyente. Nuestro consejo es simple: Haz lo que debes
(con Dios), y vive en paz.
Culto al individualismo: En este tiempo de pandemia como nunca antes ha
tenido un crecimiento exponencial el individualismo que constituye una fantasía
que busca prescindir de la vida en sociedad. Con un móvil (celular) inteligente, con aplicaciones que ni siquiera
se usan, con una accesibilidad a información que llevaría varios siglos poder
conocer una mínima parte, el hombre actual sigue las incidías del demonio por
el camino de una autonomía que parece olvidar que aquel que hoy cree no
necesitar de nadie, nadie necesitará de él mañana.
El culto al
individualismo lleva necesariamente a una vida solitaria, que vivirá
rivalizando a Dios y buscará con denuedo destruir la base de la sociedad como
es la familia, distorsionando su origen, finalidad y composición: es decir, no se reconoce como obra maestra de Dios, no
se busca la perfección y santidad de cada uno de sus miembros a imagen de la Santísima
Trinidad, y no teniendo claro de dónde viene y a dónde va, prostituye y
banaliza quienes la componen, al extremo que estamos a un punto de permitir
llamar “familia” a personas y animales. No faltará un “pobrecito mortal” que desde el parlamento promueva el reconociendo
de mascotas como parte de una familia. ¡Bien
saben quiénes me conocen lo que cuido a la mascota de nuestra parroquia, pero
nunca la equipararía a un solo miembro de mi familia! El quiebre de la vida en
sociedad es consecuencia de un individualismo salvaje donde la relación con
Dios ha diluido la dimensión comunitaria
de nuestra fe.
Reverencia a la masividad: Para muchas personas nacidas en
las últimas décadas, la vida fuera de las Redes Sociales no existe. Si se
carece de vida “redal” (Redes
Sociales) no se tiene vida social.
Subyace en nuestra cultura una suerte de idolatría hacia lo que la mayoría
estima, tiene y utiliza. Esto que suele ser una característica en acotadas
etapas de nuestra vida nos hace descubrir actualmente una adolescencia
extendida de manera impropia en virtud de las redes sociales, En estas, el valor de lo “conocido” suele ser sinónimo de veracidad. La verdad está
esclavizada a su masivo reconocimiento, por ello, es bueno recordar que la mentira es mentira
incluso si todos lo creen, en tanto que la verdad, es verdad aunque nadie la
crea.
Nuestro Señor nos
invita a amar apasionadamente la verdad, más allá de lo que el mundo, las Redes
Sociales (Facebook y Twitter) –que develaron su voraz y mortal talón de Aquiles
al censurar burdamente las opiniones
publicadas por un mandatario hace unas semanas- los diversos Medios de
Comunicación (Mass Media) sujetos a
intereses ideológicos y económicos, puedan promover en medio nuestro. La verdad
de Dios no necesita de propaganda como sí lo hacen las Redes Sociales que viven
de ello y viven para ello. Recordemos lo que nos dice la Santa Biblia: “! La Verdad os hará libres!”.
Debemos pedir al Señor
en este día domingo que nos libere de las amarras de la masividad, que no
cedamos ante el error de muchos ni que los respectivos humanos cohíban en modo
alguno a ser testigos valientes, de primera
línea , de lo que Nuestro Señor Jesús hoy quiere decir al mundo
entero.
¡Que Viva Cristo Rey! Amén.
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Padre Jaime Herrera Chile 2021 |