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domingo, 31 de diciembre de 2017
SOBRADAS RAZONES PARA AGRADECER E IMPLORAR
HOMILÍA MISA AÑO NUEVO 2018 / PARROQUIA PUERTO CLARO.
Dar
gracias a Dios.
Culminando un año
civil, nos reunimos en esta Santa Misa,
experimentando con mayor fuerza la agilidad del tiempo que se mueve con tanta
rapidez como años van transcurriendo…Mientras más años se cumple, se
evidencia aquel antiguo refrán: “un día
más, un día menos”.
Para el católico, un año
que pasa marca estar un paso más cerca de Dios,
sabiendo que lo que se va dejando es pálida
figura de lo que Dios nos ha prometido alcanzar en la Bienaventuranza
eterna:
Es un día de particular
significación toda vez que el paso del viejo al nuevo año es en día domingo, lo
cual lo hacemos celebrando la Santa Misa, que constituye desde la Ultima Cena
el centro de la piedad y el norte de nuestro apostolado.
De algún modo, como
creyentes aplicamos la enseñanza de San Juan de la Cruz: “Donde no hay amor, por amor, y
sacarás amor”. Según lo cual, todo aquello que tiene de bien, de verdad y
de caridad solo proviene de Dios y es reconocible por las almas de quienes le
buscan, y le han encontrado. Por esto, nada resulta casual o fortuito, sino que
tiene un origen muy preciso en la voluntad de Dios, que al descubrirla nos
permite la más plena realización personal y social.
Sin duda, el hecho de celebrar
la llegada de un nuevo año en día domingo, nos ayuda a dar gracias a Dios por
tantos beneficios concedidos a lo largo de todo este tiempo, los cuales
reconocemos que han anticipado nuestras urgencias y colmado tantas necesidades,
tanto en el plano espiritual como material, todo lo cual no puede sino
conducirnos por el camino de la gratitud.
La gracia que viene de lo
alto siempre satisface lo que necesitamos para alcanzar la santidad, en
generosidad Dios no se deja vencer, por lo que aunque nuestros oídos se cierren
a su palabra, ni nuestros ojos descubran la grandeza y bondad de su amor en la
naturaleza, ni nuestras palabras sean
eco de la consecuencia y probidad, el Señor no deja de buscar los medios
adecuados para ofrecernos nuevas oportunidades de conversión y cambio de vida,
como el Buen Pastor que “busca la oveja
descarriada” (San Mateo XVIII, 10-14).
Más aun, Dios muestra
su bondad y poder cuando las “ovejas
descarriadas” (Ezequiel XXXIV, 16) persisten
en el empeño de ir por el carril que
avanza lleno de orgullo hacia el despeñadero, lo cual, por cierto, exuda ejemplos profusamente en la vida actual:
La falta de respeto por el don de la vida; la nula percepción de una vida sobrenatural; el apego ciego de la
voluntad a los vicios desdeñando las virtudes; la doble vida que oculta
sórdidas intenciones alejadas del Santo Evangelio, han hecho cada una y todas
en su conjunto un manto que parece oscurecer la esperanza.
Como creyentes tenemos la
convicción que sobre las miserias presentes subsiste la certeza que Dios
siempre puede más, y por lo tanto, la gratitud hacia sus
beneficios es algo que permanece inalterable, como imagen de su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta
el fin del mundo”… la cual se cumple en cada instante, si consideramos que
hay unos 415.656 sacerdotes (según el último Anuario Pontificio), por lo
menos, hay cinco misas por cada segundo y, cada una de las cuales, tiene para el Cielo un valor infinito…La
gratitud hacia Dios la hacemos desde Dios mismo que se ofrece como víctima
por cada uno de nosotros en cada Misa en la cual se revive el misterio del
Calvario.
Por eso colocó en las manos y corazón de su Iglesia la Santa Eucaristía, prefigurada tantas
veces a lo largo de la Escritura Santa, como el misterio de los misterios,
del cual sus mejores hijos han experimentado en toda circunstancia lo dicho por
Jesús: “Aquel que come de este pan tiene
vida eterna” (San Juan VI, 51).
Al mirar la vida de los
Santos descubrimos con cuánta devoción participaban de cada Santa Misa,
anhelando poder estar, aunque fuese un solo instante ante Jesús Sacramentado,
realidad que en la vida de los mártires de la Iglesia sin duda se acrecentaba.
El Cardenal Francois-Xavier Nguyen Van Thuan mientras estuvo trece años en la
cárcel, en sus manos colocaba unas gotas
de vino y un poco de pan, diciendo de memoria las oraciones de la Santa Misa.
Cardenal de Vietman: Francois Xavier Nguyen
Van Thuan (1928 - 2002)
Sus palabras y actuar
como la de todo buen obispo católico, necesariamente debían oponerse a los criterios
de una ideología materialista y atea, más aún si la Iglesia le recordaba a
aquellos que esa doctrina era “intrínsecamente
perversa” y que lo que todo aquello
que “no responde a la verdad y a
la norma moral no tiene objetivamente ningún derecho a la existencia, ni a la
propaganda, ni a la acción” (Papa
Pío XII).
El Primado de Hungría, Cardenal
Joseph Mindszenty quien se opuso tenazmente a entregar los colegios de la Iglesia
a manos de un estado ateo, fue condenado a pasar largos quince años privado de
liberad diciendo la Misa en su lugar de reclusión. La Hostia Santa en sus
manos y alma le confirió nuevas fuerzas para oponerse a la mentira predicando íntegramente la
verdad de Jesús ante quienes si antes quitaban las iglesias a los fieles
ahora, por medio del progresismo liberacionista imperante, les
quitan los fieles a la Iglesia.
A lo largo de su vida
recibió la gracia de percibir el don de la fe como una misión por la
cual tenía la certeza que valía la pena dedicar cualquier esfuerzo y a sus
hermanos obispos su actuar les enseñó que era mejor quedar mal ante el mundo
por decir una verdad que perder la confianza de sus fieles por mantener a flote
una mentira.
Prefirió ir a la cárcel antes
que mentir para ser liberado: “Me volvieron a la celda, llena de humo y sin ventilación.
Completamente agotado, me tendí en el diván y me volví hacia la pared. Reparé
entonces en un pequeño vaso con vino que estaba en el suelo. Pensé que en aquel
lugar de crueldad y horror había todavía una persona capaz de pensar en el
consuelo que representaba para un sacerdote celebrar la Santa Misa en semejante
situación. Del pan que me dieron para el desayuno, partí un pequeño pedazo y
lo guardé. Cuando los guardianes me dejaron un momento solo, vertí la mitad del
vino en mi vaso de agua, pronuncié sobre
el pan y el vino la fórmula de consagración y comulgué. Me fue posible
celebrar en dos ocasiones la Santa Misa” (Memorias, Cardenal
Josep Mindszenty, página 113).
Pedir
perdón por los pecados.
Frente a la grandeza del
amor de Dios imploramos en este día perdón por los pecados cometidos por cada
uno y por el mundo entero. El acto de marginar a Dios pasa por pretender
hacer ineficaz y sin sentido el misterio de la redención, a la vez de alzar “estandartes ciudadanos” en los cuales
no tenga cabida el Señor ni su Iglesia puesto que“creen que la justicia social resuelve todos los problemas, y no se
dan cuenta que es insuficiente. Sin amor no pasa de ser una nueva opresión. No
habrá justicia social sin amor” (Santa Teresa de
Calcuta).
Sin la gracia del cielo
toda fuerza del hombre resulta finalmente ineficaz, pretender cambiar el mundo
sin la gracia resulta tan absurdo como hacer un castillo de humo. No
lo olvidemos: “En vano se cansan los
albañiles si el Señor no construye la casa”
(Salmo
CXXVI, 1).
Más, reiteradamente nos
empecinamos en dejar a Dios de lado, en pasar a llevar sus preceptos y en
borrar aquella “imagen y semejanza”
que imprimió en cada alma cuando creo al hombre y la mujer. Sin duda nuestro
pecado ensucia el rostro de Dios que se refleja en cada bautizado.
Por eso este día es
ocasión propicia para pedir perdón, que si de algo podemos perdonar a otros de
mucho más quiere el Señor perdonar a cada uno. Saber pedir perdón, en el
momento oportuno es una gracia necesaria y escasa en nuestro tiempo. ! Cuánto
alegra a Jesús, recién nacido, una buena
confesión sacramental en estos días! Sin duda el mejor regalo, que a sus pies
podemos colocar es un corazón arrepentido (Salmo LI, 17).
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SACERDOTE JAIME HERRERA VALPARAÍSO CHILE |
Alabar
a Dios.
El Salmo XXI nos recuerda
“alabar
a Dios” (v.13). En la Escritura Santa se repite 506 veces esta invitación,
un tercio de las cuales está en los Salmos. Por esto diremos que la Santa
Biblia es un libro de alabanzas a nuestro Dios pues, habituados a reducir
nuestras oraciones a las peticiones, se hace necesario enriquecerla con la
alabanza, la cual se reviste en nuestra alma de gratitud, confesión y elogio.
Múltiples son las razones
que tenemos para alabar a Dios. El primer mandamiento nos exhorta a “amar a Dios sobre todas las cosas” (Deuteronomio
VI, 5). Por ser El principio y fundamento de todo, entonces nada
debe anteponerse a muestra alabanza.
Como creyentes debemos
ver la mano de Dios en todo lo que nos pasa, pues nada escapa a los designios
del Cielo, aun en aquellos momentos que nos experimentemos sufrimiento,
dolor e incertidumbre.
Descubrir que Dios nos habla (actúa) en todo, indudablemente nos
permite vivir en la seguridad que entrega aquella cadena interrumpida que une firmemente un extremo a otro…
Nada nos separa del amor de
Dios (Romanos
VIII, 35-39): ¡En el amor de Dios no hay eslabones sueltos! En
el amor de Dios “no hay detalles” (Santo
Tomas De Aquino, S.th. I, 22.2), púes Él, tanto en lo “macro”
como en lo “micro” vela por nosotros siempre, por lo cual, realmente en una actitud
como la de niños confiados nos podemos tomar de su mano divina y vivir el
camino de una verdadera infancia espiritual.
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OBISPADO DE VALPARAÍSO PADRE JAIME HERRERA |
Implorar
a Dios.
Propiciar sus bendiciones
es inclinar la balanza de su misericordia a nuestro favor, para lo cual la Santa
Misa coloca “el peso” necesario con
el cual se aplacan nuestras faltas y las cometidas por el mundo entero. Una
gota de su sangre derramada y una parte de cuerpo lacerado tenía la fuerza
infinita de ser más que el pecado cometido por todos en todo tiempo.
Pedimos en este Año que
iniciamos por la próxima visita del Romano Pontífice que hará a nuestra Patria.
Sin duda, alzado como el Sucesor número 266 de San Pedro, se hace necesario
acrecentar el espíritu de oración por cada una de sus intenciones en medio de
una cultura crecientemente paganizada.
El actual Pontífice visitará
nuestra Patria en un par de semanas, encontrando el cariño de muchos fieles, en una
jornada que estará llena de desafíos a causa de los múltiples cuestionamientos
surgidos fuera y dentro de nuestra Iglesia. Los creyentes tendremos
oportunidad de expresar la fe en nuestros parques y avenidas, luego de
muchos años de transcurrida la recordada visita de San Juan Pablo II.
Pediremos a Dios en este
día por las nuevas autoridades que asumirán sus respectivos cargos a partir del
próximo mes de marzo. Sin duda, la tarea es ardua porque se requiere del
esfuerzo de crear riqueza para evitar el simplismo de repartir pobrezas, a la vez
que es urgente procurar evitar nuevas irregularidades
como las que hemos constatado los últimos años, y que han sido no sólo una
vergüenza sino que han impedido que muchas familias tuviesen lo necesario.
En el contexto de nuestro
continente hemos sido testigos en nuestra Patria de un proceso eleccionario que
se avizoraba con fuerte crispación culminó con un desayuno entre las
autoridades electas y los adversarios que fueron derrotados, lo cual, sin duda lo hemos venido viendo los últimos
treinta años gracias a un marco institucional y constitucional que aunque
perfectible ha resultado adecuado para garantizar cada elección, para morigerar
el ejercicio del poder, y para
salvaguardar la alternancia del mismo sin llegar a recurrir a innecesarios desencuentros
y eventuales violencias, como es el que se constata en tantas otras naciones de
América.
De modo especial al
terminar un año y recibir otro que los buenos recuerdos de lo que dejamos no
superen los ideales y proyectos de bien y santidad que deseamos cumplir a lo largo
del tiempo que se avecina, por eso la compañía de tantos familiares en nuestros
hogares en este día, es una valiosa oportunidad para estrechar lazos y voltear
páginas de distanciamientos, encomendado el Año Nuevo a la maternal protección
de la Santísima Virgen María, siempre atenta a nuestras necesidades. ¡Que Viva
Cristo Rey!
domingo, 24 de diciembre de 2017
HOMILÍA SANTA MISA DE NOCHEBUENA / 24 DICIEMBRE 2017.
“OMNE
VERUM A QUOCUMQUE DICATUR, A SPIRITU
SANCTO EST”.
Parroquia Nuestra Señora de Puerto Claro |
A horas de entrar en el Portal
de Belén, quiero recordar un pequeño chiste que contó un amigo a miembros de la
curia hace un tiempo durante una visita que hizo a la Santa Sede. Dos hijos de
Israel, de nombre Efraín y Asael después de una vida de gran esfuerzo, luego de
terminada la Segunda Guerra Mundial lograron viajar a conocer Europa, y entre
los lugares visitados estaba El Vaticano. A la entrada del templo, Asael que
era agricultor le dice, con ojos vidriosos y lleno de emoción a Efraím: mira aquí está la papa…por fin
hemos descubierto…aquí está la papa!
Efraín que era un gran profesor de universidad le dice en tono
académico: “Efraín no se dice la papa,
sino el Papa”. A lo cual su amigo insiste: ¡Aquí está la papa! Entre toda
la muchedumbre, de gente que iba y venía, su amigo le dijo: “¿Por qué dices que está aquí si yo no lo
veo?”...A lo que Efraín responde: “Mira si estos comenzaron con un establo y
después de dos mil años están aquí, aquí está la papa”.
Y debemos decir que así
es: “aquí está la papa”, lo que para
nosotros es una verdad evidente, una verdad incuestionable que se tiene como un
don de Dios que es preciso implorar con insistencia.
Por ello, un creyente
lejos de dejarse avasallar por la falta de amor a la verdad en la vida actual, asume con valentía y
convicción la misión encomendada por el Señor al momento de subir a los Cielos
en el día de la Ascención: “Id al mundo
entero…enseñando todo lo que yo les he enseñado” (San
Marcos XVI, 15).
Los primeros misioneros
que fueron los apóstoles recorrieron diversos lugares. No tuvieron la
oportunidad de acudir a acabadas academias ni recibir grados ni posgrados ni doctorados. A diferencia
del primer mundo actual, sólo hablaban –quizás- una lengua, y no tuvieron
clases de gramática para hilvanar sus escritos ni de lógica para argumentar ordenadamente,
ni de estadística para programaciones y evaluaciones, ni de cálculo para poder
llegar a fin de mes…Peso a todo, contra toda previsión humana se cumplió la
promesa hecha por el Arcángel Gabriel a la Virgen el día de la Anunciación: “Para Dios nada es imposible”, por lo
que todo es posible para aquel que se confía en Dios y sigue a Cristo: “El Camino, la verdad y la Vida” (San
Juan XIV, 4).
Y recorrieron “mundos
desconocidos” y culturas en las cuales el poder, el conocimiento, y el progreso
eran profusamente idolatrados, con lo cual,
por medio de su testimonio de vida de creyentes convencidos fueron capaces
de ser convincentes y doblegar la fuerza de un imperio entero donde el sol no
parecía ponerse; a la vez que supieron hacer resonar su voz insertos en
culturas donde la sabiduría hinchaba insospechadamente el alma de orgullo, la soberbia del progresismo de alzar una
sociedad sin Dios se rendía ante la evidencia de una vida donde se repetía en
palabras y acciones la invitación hecha:
“te basta mi gracia” (2 Corintios XII, 9).
Y fueron por todos los
rumbos, encontrando respuestas generosas, suspicacias y dudas, desconfianzas y
persecuciones, animosidad e incomprensión, lo cual no amaino su espíritu de ir
tras la oveja perdida, tras aquellos que permanecían sumergidos por décadas en
fantasías que prometían un nuevo mundo,
lo cual, inevitablemente, entrañaba un alma envejecida donde los
recuerdos de épocas mejores superaba a los sueños de construir un mundo para
Jesucristo.
Nada detuvo ese ímpetu.
La fe se mostró en sus obras hasta el punto que los vecinos decían: “Miren cómo se tratan” (Hechos
de los Apóstoles II, 47). Una fe virtuosamente contagiada y
contagiosa que se expandió por el mundo entero entregando una nueva manera de
vivir.
En caridad:
Con perdón, generosidad e iniciativa, una lógica que desde el Sermón de las
Bienaventuranzas suena a unos que es “locura”
y a otros que es “simple necedad” (1 Corintios I, 18).
El mundo no puede
comprender desde su “lógica” cómo
Dios actúa porque no mira desde la fe, entonces esta cultura está llena de
resentimientos, de venganzas, de individualismos que descartan de su entorno
vital a los más necesitados, no sólo en el plano material sino en plano
espiritual, moral y virtuoso. ¿Cómo encontrarán a Dios
si nadie les habla? ¿Cómo dignificar a aquel que se subvalora ante el abajismo cultural que impera a su
alrededor?
Recientemente el mundo ha
dado primeras portadas a la desnutrición de un oso polar que infructuosamente buscaba
alimento, pero ese mismo mundo progresista que rasga vestiduras por tales dramas de la fauna animal permanece
indemne frente a las tragedias de la vida espiritual, relativizando lo que de
suyo es eterno y esencial.
Impone con ello una
verdadera dictadura que no ve más allá de sus narices, y no va más allá de lo
que sus pasos le permiten dar, olvidando que “el hombre fue creado para: buscar a Dios, para encontrar a Dios y para
vivir en Dios” (San
Alberto Hurtado).
La caridad brilla en esta
Noche Buena porque Dios, que es amor ha nacido en medio nuestro, dando
cumplimiento definitivo a las promesas hechas desde la antigüedad. ¡De una vez
para siempre habló por medio de Él al mundo! Y esa voz es la que debemos
descifrar para que el mundo entero pueda
reconocer a su Dios presente desde hace más de dos mil años.
Sin duda, la vivencia
de la caridad hace presente el aroma del Cielo, y predispone buenamente a los
creyentes a una mayor perfección y a quienes están llamados a creer les abre la
oportunidad de un cuestionamiento en torno a sus humanas seguridades, poderes y
placeres. Surge la interrogante desde la Buena Noticia que nos ha nacido: “¿De qué le sirve al mundo ganar el mundo
entero si pierde su alma?” (San Mateo XVI, 26).
La indigencia y
fragilidad de un recién nacido hoy es capaz de cuestionar los poderes del
mundo, y de cautivar la sabiduría de pastores y reyes, cercanos y lejanos, de
nuestro hogar y fuera de él. El universo, expectante de su venida, ahora
canta de gozo ante su presencia pues “una
gran alegría nos ha nacido”.
La caridad verdadera es
contagiosa, visible, procura actuar no para ser reconocida sino para hacer
partícipe de la bendición de Dios que,
como brisa que sobreviene, lo impregna todo suavemente, no irrumpiendo
con la estridencia del orgullo ni con la
sagacidad de aquel que oculta segundas intenciones en velada mentira.
Es que al demonio siempre le gusta o el ambiente del ruido y o el del
ocultismo, que es enemigo de puertas abiertas.
¡Abramos las puertas del
corazón al Redentor del Mundo! Exhortaba en su Misa inaugural el recordado Papa
Juan Pablo II. ¡No teman, abran las
puertas!
En verdad: Con certezas,
con doctrina segura y común enseñada por los apóstoles y sus legítimos
sucesores, y firmeza en la humilde exposición, de toda verdad cuya fuerza,
finalmente radica en que… es verdad.
El mundo de hoy se coloca
nervioso ante el tema de la verdad.
En muchos aspectos podemos decir que estamos frente al intento de la
eliminación de la verdad por medio de la predicación del relativismo. Resulta
curioso que la única verdad inmutable para algunos es que la verdad no existe.
Uno de los signos
evidentes de una desacralización, nacida “puertas
adentro” y fomentada “puertas
afuera”, es la denominada “cultura
del feísmo”, en la cual, se mezclan
lo grotesco, lo violento, y lo impuro. Lejos de cualquier
mayor análisis, podemos afirmar que debemos estar entre las naciones donde el
leguaje está cruzado por el uso frecuente del garabato; a pesar de lo mucho que
se ha tratado del bulling y de la
frecuente condena a los abusos de menores, este año aumentó en Chile el 20%
el número de niños maltratados por sus pares;
el fomento de un ambiente sexista y libertino cuya condena suele ser
motejada por la prensa liberal de “cartucha”,
ha ocasionado el mayor fracaso de una política pública de salud al prescindir
del compromiso fiel y exclusivo, del espíritu de sacrificio, del
fortalecimiento de la voluntad, de la virtud de la castidad y pureza, todo lo
cual, marca el camino para frenar una
pandemia que ha crecido un 34% este año siendo el país con mayor aumento en toda
América, y cuyas consecuencias, por ejemplo, económicas, son realmente desastrosas. ¡Qué decir a nivel
espiritual, social y moral!
El abajismo impuesto por la ideología
progresista disemina el feísmo y mutila de verdadera creatividad cegando
los ojos del cuerpo y del alma hacia aquella capacidad de descubrir “la belleza que es el esplendor de la verdad” (Santo Tomás de
Aquino). Un alma ensimismada no es capaz de abrirse
hacia lo que trae la paz, el bien, la verdad, la belleza y por cierto, será monotemática, será un arte de blancos y
negros.
En esperanza: Con la confianza
que Dios no camina para atrás en sus decisiones, esperamos a Aquel que siempre cumple…lo que dice lo hace. ¡Qué diferente
suele ser nuestro obrar!
Si algo
caracteriza la esencia de una vida “al
modo católico” es que vive en esperanza porque sabe que las promesas de
Dios se cumplen, porque sabe que el bien es difusivo y por tanto, el Reino de
Cristo ya iniciado no puede sino llegar a su plenitud en el tiempo establecido
por el mismo Dios,
por lo que realmente vivimos expectantes por los tiempos no sólo mejores
sino plenos que vendrán.
Es una esperanza
que va más allá de los buenos propósitos, de las buenas intenciones y de los
simples entusiasmos. ¿La razón? Porque Cristo es la esperanza, que: “vino” (Belén), “viene” (Eucaristía),
y “vendrá”
(Parusía).
Hermanos: Los
tiempos que vivimos son desafiantes para la fe. Y un católico nunca se deja
avasallar por la oscuridad de una noche puesto que, sabe que sobreviene pronto una alborada, un
nuevo amanecer, para lo cual debe estar preparado en todo momento.
La esperanza
invita a vivir la fe, con convicción, en
certeza, invitando a quienes están a nuestro alrededor por medio de un
apostolado proactivo, que busque con afán la conversión de un mundo “cara a Dios”, subiendo que, en
ocasiones, “quien dice verdades pierde amistades” (Santo Tomás de Aquino), lo cual incluye el
precio de la ingratitud, del menosprecio, de la exclusión, y en más de una
oportunidad, el camino del martirio ofrecido y asumido.
A los pies de
Jesús, recién nacido, una vez más estamos contemplando sobrecogidos el día que el Cielo bajó a la tierra y la tierra subió
al Cielo…asumiendo que la verdad del amor es el amor a aquella verdad
que nos colma de una sólida esperanza, aun cuando en esta Noche Santa un
miembro de nuestra familia, o una amistad cercana ya mire el rostro de Cristo
desde lo alto del Cielo; o alguno lo haga desde su lecho de enfermo acompañado
por el silencio de tanto sufrimiento e incertidumbre; o se encuentre recluido a
causa del exceso de una violencia, un vicio o un mal hábito adquirido que la ley exige reparar; o quizás, de quien
como el hijo pródigo se fue a un lugar lejano,
y aun tarda en regresar al hogar.
La señal que Dios
nos da esta Noche, es la misma que descubrieron los humildes pastores de Belén y
los sabios provenientes del Oriente: “Verán
un Niño envuelto en pañales” (San Lucas II, 11). Ellos vieron y
creyeron, este es el mismo itinerario que nos invita a seguir el Señor en este día, con la
certeza que no somos mendigos de esperanzas, no somos mendigos de verdades, no
somos mendigos de amores, porque hoy nos ha sido dado por medio de una Virgen
Madre. “El Mesías, el Señor”. ¡Que Viva
Cristo Rey!
viernes, 15 de diciembre de 2017
DONDE QUIERA QUE ELLA ESTUVIERA SE ENCONTRABA EL PARAÍSO
MATRIMONIO / PARROQUIA
ÁNGELES CUSTODIOS / DICIEMBRE 2017
En el atardecer del día de la Inmaculada Concepción,
en medio de la celebración de la Santa Misa, con gran alegría y una fe engalanada
de esperanza, nos hemos reunido para participar del santo matrimonio, de
Ignacio y María Paz, quienes han acogido la llamada del Señor en vistas a
constituir una nueva familia, sobre la sólida base que da la presencia del
Señor por medio de su gracia.
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MISA EN LO VASQUEZ 2017 |
En efecto, son ustedes, queridos novios, quienes de modo libre y
consiente en unos momentos más, manifestarán públicamente la mutua
aceptación para vivir el resto de los días que Dios les conceda no sólo
bajo un mismo techo sino que siendo participes de un mismo pensar, un mismo
sentir, y una misma fe, lo cual, nos hace descubrir esta unión como
exclusiva e indivisa: En Dios, con todo, para toda la vida juntos.
¡Sin duda un proyecto de vida desafiante, en medio de
un mundo que se alza como si Dios no existiera! Por tanto, se requiere de un
alto grado de docilidad a los designios de Dios, una “determinada determinación” (Teresa de Ávila) para oponerse a los antivalores del mundo, aprendido -en parte- por el novio en su adolescencia y
juventud bajo el lema institucional de su Colegio: “Vincit qui ci vincit”. Por la sola voluntad no se alcanza la
santidad, pero sin ella, tampoco. Por esto, ambos se esforzarán como uno
solo (que son) para dar cumplimiento a lo que Dios les pida
de ahora en adelante.
En este templo, en más de una ocasión habrán resonado
las palabras de San Alberto Hurtado Cruchaga, cuando le hablaba a los jóvenes
seminaristas del entonces Pontificio
Seminario de los Santos Ángeles Custodios, o cuando quizás bendijo algún
matrimonio como el vuestro -lo es- en este hermoso día. En medio de uno de
ellos, les dijo a los novios: “Que su
nuevo hogar en estos tiempos de disolución de la familia, de tanta corrupción
familiar, sea un ejemplo, tanto más visible, cuanto mas destacada es la
situación vuestra. Que su hogar refleje la austeridad de los antiguos hogares
chilenos que hicieron la grandeza de
nuestra Patria”.
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SACERDOTE JAIME HERRERA
DIÓCESIS VALPARAÍSO CHILE
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Sin duda, la
simpleza y la virtud de la austeridad resultan un imperativo en medio de la
cultura del exitismo, donde el tener tantas veces suplanta al ser, como
consecuencia de un mundo donde la materia pisotea el espíritu, y la vida
interior pareciera no tener lugar en las preocupaciones de nuestra vida cotidiana.
Vuestro matrimonio lo celebran en una época muy
especial del año, lo hacen en medio de la primavera donde observamos cómo los
arboles crecen en directa relación hacia el sol. Responde a su naturaleza ser
buscadores de luz y agua; eso explica su forma o deformidad…de modo similar, desde
que hemos nacido, se ha ido desplegando en cada uno, una tendencia hacia la
complementariedad, hasta el punto, que la persona humana puede ser
comprendida por su carácter relacional.
La fuerza individualismo que impera en nuestra
sociedad de suyo es antinatural, porque lo propio de la persona es darse a
conocer….El ser es una creatura esencialmente manifestativa.
El actual catecismo enseña muy sintéticamente la
definición de lo que es el hombre: “Dei
Capax”…Un ser con capacidad de Dios, de amar a Dios y de ser amados por
Dios. Es nuestra relación con Dios, nuestra
religiosidad lo que finalmente confiere entidad a todas nuestras acciones
y palabras
Ambos han experimentado a lo largo de vuestra vida
esta doble llamada que Dios les ha hecho: A estar en comunión con El por medio
de una vida verdaderamente cristiana, por lo cual, un día fueron bautizados, recibieron la
confesión sacramental y, la primera
comunión; junto a lo cual, han descubierto
la riqueza de la vida junto a los demás: en la familia, en el colegio,
en la universidad y en el mundo del trabajo.
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PADRE JAIME HERRERA GONZÁLEZ |
Por estas dos razones, descubrieron un día la
necesidad de asumir el compromiso definitivo de donarse mutuamente asumiendo
que este camino es el que les conduce a la verdadera santidad, aquella que fue
descrita por el Señor: “Sed perfectos
como mi Padre de los cielos es perfecto” (San Mateo V, 48).
Sin adornos, sin terminologías ambiguas, debemos
decirlo con claridad: ¡Si se casan, se casan para ser santos!. Esa es la esencia de la vida matrimonial,
que tiene como consecuencia: que procurarán ser felices, que vivirán perpetuamente
unidos, que expresarán el amor con la generosidad, Dios mediante, de una numerosa descendencia, que compartirán múltiples
virtudes y sobrellevaran eventuales defectos. ¡Una vida juntos! ¡Una vida
para ayudarse a ser santos!
Así se lo dijo San Alberto Hurtado, cuando recordaba
la oración de un novio: “Permíteme
compartir la vida con la que amo, para
ser mejor junto a ella, y que ella sea mejor junto a mí”.
Queridos novios, han sido convocados en este día
para ser partícipes del proyecto de vida que Dios les confió, el cual es
tan sublime, que estuvo reservado sólo para ser manifestado al momento en que
el Señor Dios habló de sí mismo, de su vida íntima trinitaria. Así, cuando
forma al hombre y la mujer los hace “muy
parecidos a Él”, utilizando el autor sagrado el recurso literario de un plural
mayestático: “Hagamos” y “a nuestra”, lo cual es una evidente
expresión de la persona del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
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SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS 2017 |
Y los creó iguales en dignidad, y complementarios en dones y naturaleza, de tal
manera que el crecimiento de uno va de la mano, de la mente, del corazón, con el otro, por ello es fundamental
entender que el camino de la perfección y de la felicidad ya tiene un rostro,
una voz, y una mirada. Y ello es definitivo, por esto importa elegir
con los criterios del Evangelio ajenos a los del mundo que
son…cáscara…condiciones…clausulas…tiempo.
Por ello, vuestro matrimonio ha de fundarse sobre roca, es decir, sobre la persona
de Cristo tal como lo hicieron aquellos novios en Caná de Galilea, los
cuales invitaron a Jesús al inicio de su vida como esposos, la cual se vio
no solo enriquecida sino hasta posibilitada gracias a la intervención del Señor
en aquel primer milagro a solicitud de su madre la Virgen María.
Hoy, igualmente el Señor Jesús se hace presente, en
su Palabra y en su presencia eucarística, con el fin de acompañarlos desde el
inicio de esta aventura de amor, en la cual Cristo caminará con vosotros
permanentemente. Reiterando la senda trazada por nuestro Santo chileno
diremos: “Que vuestro nuevo hogar sea un
hogar modelo de hogares cristianos donde el cuadro del Sagrado Corazón que
lo presidirá, no sea un símbolo desprovisto de realidad, sino el programa que
se realiza cada día en la vida íntima,
un hogar fundado en el amor a Dios, a su Ley, sobre todas las cosas y al
prójimo como Cristo lo amó” (San
Alberto Hurtado).
Hasta ahora hemos esbozado hacia donde van, el norte
de vuestra matrimonio, ahora nos detendremos en el camino, en las etapas, en
los medios necesarios para para llegar a
buen puerto como esposos. Para ello, recuerdo la frase dicha por el
famoso escritor Mark Twain al referirse
a su amada esposa: “Donde quiera que ella
estuviera, allí se hallaba el paraíso”. Ciertamente, sólo un
enamorado pudo decir algo así.
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MATRIMONIO CATÓLICO CHILE |
Muchos en nuestra juventud leímos sus libros, o vimos
alguna película de los mismos: “Príncipe
y Mendigo”; “Las aventuras de Tom Sawyer”. Bueno, hay un libro muy
simpático que tituló “El diario de Adán y Eva”…Allí Adán escribe: “Esta nueva creatura se entromete bastante.
Siempre está merodeando y me sigue por todas partes. Esto no me gusta; me estoy
habituando a la compañía. Preferiría que se quedara con los otros animales. Hoy
esta nublado, hay viento Este; creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos?
¿Nosotros? ¿De dónde saqué esta palabra?...ahora lo recuerdo la usa la nueva
criatura. Pero, Eva también escribe: “Toda la semana lo seguí
y trate de entablar relación con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque
él es tímido, pero no me importa.
Parecía complacido de tenerme alrededor”.
En ocho líneas se describe como el hombre sorprendido
ante la presencia de la mujer se alegra y descubre que toda su vida estará marcada por el “nosotros”, con lo cual, ya no hay un proyecto de vida solitario,
sino en común, donde las decisiones propias
de la vida conyugal, de toda índole, se conversen y se asumen bajo un mismo
pensar y en un mismo sentir. Jesús lo dijo claramente: “ya no son dos sino uno solo” (San Mateo XIX, 6), por lo que así han de esforzarse en llevar la vida
familiar.
El “Yo quiero,
yo puedo, yo tengo, yo voy”, dará paso a: “queremos, podemos tenemos e iremos”.
Dice el escritor respecto “de aquella creatura que siempre está merodeando y me sigue por todas
partes”: En la actualidad se da frecuentemente la tentación que los
solteros vivan como casados y los casados vivan como solteros. Aprendan a
confiar mutuamente y verán cómo para quienes aman de verdad no requieren de
alzar banderas independentistas, pues el ser amado no es rival de la libertad
sino su garante, y buscará siempre la felicidad y santidad del corazón en
quien se realiza y desea pasar el resto de los días que Dios les conceda.
Que la Virgen María, en cuya solemnidad han querido
contraer santo matrimonio les bendiga en esta tarde, y les conceda una
familia creyente bajo su manto protector de madre, maestra y reina. ¡Que
Viva Cristo Rey!
martes, 12 de diciembre de 2017
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