miércoles, 22 de noviembre de 2017

“MARÍA DIGNA DE VENERACIÓN”.

MEDITACIÓN DÉCIMO PRIMERA   /   MES DE MARÍA   /   AÑO 2017



1.     Dar a Virgen María el cariño que merece.

¿Qué nos convoca llegar diariamente durante un mes a este lugar sagrado? ¿Qué nos hace dedicar –impostergablemente- una hora al día y colocarnos frente al altar y a la imagen de la Virgen María?

Sin duda, lo mismo que llevó a los apóstoles a cuidar a la Virgen durante su vida en la localidad de Nazaret y de Éfeso; lo mismo que convoca a cada católico a recordar con cariño y llenar de reconocimiento agradecido a la madre de Dios desde hace dos milenios.

El primer reconocimiento lo tributa el mismo Dios a quien elige para ser  la Madre de Jesús, por ello las palabras del Arcángel Gabriel dichas a la Virgen son basilares en la piedad mariana y en darle el título que hoy invocamos: “Madre digna de veneración”.

Una antigua canción mexicana dice: “Amor con amor se paga”, lo cual evidencia que el amor exige una  mutua correspondencia. Y es lo que como creyentes procuramos hacer al tributar un acto de gratitud y culto muy especial en honor a lo que la Virgen María hace y a lo que la Virgen María es ante Dios.

El Arcángel dice a la Virgen: “Ave, Llena de Gracia, el Señor Dios está contigo” (San Lucas I, 42). Fijemos que la palabra “Ave” era el saludo dado a quien tenía un señorío especial, y ocupaba un papel en la sociedad importante, estando reservado para ocasiones especiales y solemnes.

Si invertimos la frase queda el nombre de “Eva”, la cual siendo “madre de vivientes” aceptó la tentación en el paraíso terrenal por el cual entró el pecado en el mundo. “Ave María” implica tributar a la Virgen el reconocimiento en ser considerada como la aurora de la salvación del mundo.

Luego vemos que este saludo del Arcángel tiene un eco en las palabras que profiere Isabel –la madre de San Juan Bautista y prima de Virgen- ante María: “Bendito es el fruto de tu vientre”, y que la Virgen reconoce de inmediato: “me felicitan todas las generaciones” en medio del canto del Magníficat (San Lucas I, 48).


En el calvario Nuestro Señor dijo a San Juan, en quien está la Iglesia representada: “Hijo ahí está tu madre”, y añade explícitamente que el apóstol “la recibió en su hogar”, con lo cual dispensaría todo cuidado, cariño y reconocimiento.

La devoción hacia quien es “digna de veneración” nace del amor a Jesús, toda vez que si el mismo Cristo vivió obediente y cariñoso con su madre durante casi tres décadas  ¿Cuánto más hemos de hacerlo quienes como bautizados deseamos imitar a Jesús en todo? Si amamos al Señor hemos de hacerlo igualmente con su Madre. ¡Si a Cristo! ¡Si a María!

La “veneración” es definida como un sentimiento de profundo respeto y admiración inspirado por la dignidad,  por la grandeza de las virtudes, y por los méritos de una persona, en este caso de la Virgen Santísima.

Si nosotros queremos a nuestros padres, vemos en ellos un conjunto de virtudes, de dignidad y de méritos que les hacen poseedores de todo nuestro cariño, de toda nuestra gratitud, y de todo nuestro servicio. Entonces, si a ellos los “veneramos”  porque nos han transmitido el don de la vida y de la fe,  y son importantes y bondadosos  con nosotros, ¿Con cuánta mayor razón y fuerza no hemos de dejar hacerlo con quienes hemos recibido al autor de la vida y de la fe?

La finalidad de ese acto de veneración consiste en descubrir cómo crecía, cómo se preparaba, cómo respondía nuestra Madre Santísima a lo que Dios le iba pidiendo a lo largo de su vida y que para nosotros es una enseñanza y fuente de sabiduría y santidad.
Desde el año 225 se hace la primera alusión directa de la Virgen María en la celebración de la Santa Misa (a 192 años de la muerte y resurrección del Señor). Desde entonces  son múltiples las celebraciones litúrgicas en las cuales se tributa una veneración especial a la Madre de Dios, a lo largo de todo el Año Litúrgico pues la Iglesia honra a la Virgen en el culto dado a Jesucristo.

 ¿Cómo saludar en este Mes Bendito a quien es “Digna de veneración”?

a). Encomendarnos al despertar y al dormirnos a la Virgen: Como buena Madre Ella desea que toda nuestra jornada diaria esté consagrada a Dios, y nos acompaña con su presencia maternal a lo largo de todo el día.

b). Recordar a la Virgen en sus imágenes: Del material que sean y con el rostro que tengan, las imágenes de la Virgen María siempre son bellas para los hijos, de la misma forma como a nuestra  madre siempre la encontramos bonita –buenamoza- en las fotografías. Nadie deja la foto de su mamá en cualquier parte, y por el contrario, cada vez que mira una de ellas le surgen sentimientos de gratitud y de respeto que,  en el caso de la Virgen Santísima,  constituye  un acto de especial veneración.  Siempre recemos al pasar frente a una imagen.

c) El Rezo del Ángelus: En muchos colegios y templos a las doce del día se interrumpen las actividades y clases para rezar una oración que recuerda la visita del Arcángel Gabriel a la Virgen. Es breve y muy hermosa porque es el texto que indica el momento que Cristo vino al mundo para salvarnos.

c). El rezo del Santo Rosario: Es la oración predilecta de la Virgen María , que solicitó recitar en la última aparición que hizo a los tres pastores de Fátima (Lucía, Francisco y Jacinta). Implica dar un ramo de rosas espirituales a la Virgen. Este Mes Bendito es la oportunidad para aprender a rezarlo.

d). Asistir al Mes de María: Sin duda es un sacrificio grato a nuestra Madre del Cielo ver cómo se le dedica treinta días para decirle que la queremos, que es importante para nosotros y que por Ella vamos hacia Jesús. Es fundamental crecer en las virtudes cristianas durante este tiempo de gracia como este Mes.

e). Uso del Escapulario: La Virgen prometió que quien lo porte no se condenará sino que alcanzará la bienaventuranza eterna. Es como el habito de quien se sabe consagrado a la protección de la Virgen y de quien coloca bajo su manto protector todos los anhelos, proyectos y trabajos. Su uso nos permite poder ser reconocidos como discípulos de María, y es como un “free-pass” a su corazón maternal.

f). Visitar una Gruta y Santuario: A lo largo de nuestras ciudades podemos buscar lugares donde exista una imagen de la Virgen e ir a rezar ante ella. Por ejemplo, tenemos el Santuario de Lo Vásquez; la Gruta de la Virgen en 15 Norte; la imagen de Stella Maris camino a Reñaca; la imagen de Playa Amarilla en Con-Con. Que la Virgen cuente con nuestro afecto y compañía, especialmente en aquellos lugares más distantes. ¿Cuántas bendiciones nos tendrá reservadas allí?  ¡Que Viva Cristo Rey!




“VIRGEN CLEMENTÍSIMA”

 MEDITACIÓN DÉCIMA   /   MES DE MARÍA   /   AÑO   2017


Hoy meditaremos sobre una nueva denominación de la Virgen María. Es la Madre clementísima. ¿Qué implica para nosotros una persona clemente?

Personalmente, tengo tres hermanos: uno partió al cielo a meses de nacer y dos que son mayores, distanciados como peldaños de una escala, un año cada uno. Muchas veces, cuando los padres se veían obligados a aplicar algún castigo por la falta de uno de ellos, pasado un tiempo,  en calidad de hijo mejor,  tenía el poder tácito de interceder para que el castigo impuesto fuese “aminorado”, es decir, que cumplida ya una parte  de la sanción fuese cambiada por otra “forma de sanción”. De algún modo, buscábamos el indulto de nuestros padres.

Indudablemente, hay que reconocer que en toda familia se verifica un antiguo refrán: “niño pequeño, pequeño  problema; niño grande, gran problema”, por lo que una vez aplicado al castigo nos sentíamos llamados  a interceder siempre en favor de nuestros hermanos…y lo hacíamos a pesar que nuestra conducta no era de lo mejor, ni –ciertamente- la más edificante muchas veces.   

Con insistencia, como hermanos intercedíamos para que esa sanción fuese disminuida  (mitigada). Algo semejante suele ocurrir  al interior de una sala de clases: los alumnos de un mismo curso–en general- imploran con una insistencia audaz para que cuantos son merecedores –debidamente- de una sanción disciplinar,  no sufran todo el rigor de lo establecido por el reglamento interno y protocolos de conducta del colegio.

Lo anterior, nos demuestra que quien ama de verdad a una persona no desea que aquella, aun siendo culpable objetivamente, sea rigurosamente castigada. La clemencia es una es una virtud que nace del amor y se nutre de él.

A este respecto diremos que si uno puede interceder siendo un simple “pecador”,   con otra persona, en este caso nuestros hermanos, compañeros de curso, y amigos, ¿Cuánto mas no dejará de hacerlo la Virgen Madre de interceder por quien ha sido merecedor de un castigo?

Recordemos que la Virgen Santísima fue concebida sin pecado original, por lo que en ningún momento estuvo sujeta a falta e imperfección alguna, según lo cual su poder de implorar bendiciones es, por el querer de Dios mismo,  sin duda de un carácter ilimitado.

No sólo todos cabemos en su corazón, sino que además,  su corazón palpita pidiendo que la misericordia vaya más allá de lo que en estricta justicia merecen nuestros pecados.

En la actualidad,  en la sociedad reina la aplicación de una justicia que promueve el que ojalá (la aplicación del castigo)  sea lo más estricta posible; donde se procura que sea aplicada de manera inflexible y, en ocasiones, hasta se busca un espíritu inmisericorde.  ¡Cuántas veces escuchamos a nuestro alrededor: Ni perdón ni olvido!

Ante la explosión de la violencia y de los delitos muchos claman justicia con el odio en el corazón. Nuestra condición de católicos, que sabemos lo que dice la Santa Biblia y procurarnos identificarnos con la persona de Jesucristo reconocemos que la venganza “nunca es buena consejera” porque “mata el alma y la envenena”...

La clemencia está íntimamente unida a la misericordia: En efecto,  la clemencia es la virtud que templa el rigor de la justicia con la misericordia (Santo Tomas de Aquino), permitiendo conceder el perdón generoso al culpable y la disminución del castigo merecido por las faltas cometidas.

La clemencia es una virtud que nace del amor y se nutre de él, por esto, para el católico es una necesidad nacida del amor a Dios y del amor de Dios el interceder por cuantos, estando de nuestra parte, podemos morigerar los castigos “de este mundo” y “del otro”.

Así, aquí podemos promover que quien merece una pena muy dura, como es la pena de muerte tenga la posibilidad de otra manera de purgar el mal cometido, por grave que éste haya sido; quien padece enfermedad terminal o grave daño psiquiátrico pueda purgar sus delitos en un centro hospitalario, en su hogar. Ensañarse con quien ha cometido un delito grave es moralmente tan grave como el mal cometido, y eso no es propio de quien se llana discípulo de Cristo.  La pregunta que dice la Sagrada Escritura ¿Dónde está tu hermano? No sólo se la hace a quien obra malamente sino que se repite a cada uno de nosotros hoy, al recordar lo dicho por el Señor: “Lo que hicisteis con estos a mi lo hicisteis”

De manera semejante, con las almas de nuestros difuntos hemos de actuar clementemente, pues al orar por ellos e implorar por su eterno descanso, aplicando los méritos obtenidos por el Señor en la Cruz, con la celebración de la Santa Misa, abreviamos sino suprimimos su estada en aquel lugar de purificación como es el purgatorio.

Como esta virtud actúa eficazmente para obtener indulgencia entre una falta y el castigo debido, la Virgen María como madre que es de cada uno es la más virtuosa en lo que se refiere a la clemencia. ¡Nadie la vence en generosidad!

El amor misericordioso de la Virgen es el que permanece más cercano al de su Hijo.  Sin duda, es la que mejor conoce el valor que tiene nuestra alma para Dios….Si le costamos el precio de la sangre que fue derrama en el Calvario por cada uno, “valemos precio de su sangre dice San Pablo.

Entonces cómo no reconocer a la Virgen María como la Madre Clemente si lo único que anhela es que la sangre derramada y los sacrificios hechos por su Hijo y Dios sean eficaces para redimir a cada bautizado.

En algunos países los presidentes pueden indultar a los condenados a muerte, pensemos cómo suplicaría una madre para que su hijo no termine ajusticiado: en una silla eléctrica, en un paredón, o en una horca. ¡Cuánto más insistirá la Virgen Santísima por nosotros si a ella el Padre eterno nada le niega y todo le concede?

Oración: Oh Madre del hijo pródigo, que aprendiste de Jesús a perdonar, a hacer una fiesta cuando éste regresa a casa. Hemos huido de casa muchas veces,  creyendo que la vida sin Dios es más atractiva y emocionante, y hemos regresado cansados y heridos al lugar donde tú nos has recibido, por lo que si en el Corazón de Jesús hay más alegría por un pecador que regresa, en tu alma clementísima, hay fiesta por cada hijo que pasa de la muerte a la vida y le recuperas para el cielo.
¡Que Viva Cristo Rey!





lunes, 20 de noviembre de 2017

“VIRGEN PODEROSA”.

NOVENA MEDITACIÓN   /   MES DE MARÍA   /   AÑO 2017.


Hablar de poder hay encierra múltiples cuestionamientos. Con frecuencia se ve el poder como algo nocivo, que –para muchos- es el origen de los males y perversidades de la vida actual.

Mas, de suyo diremos que el poder ejercido con la humildad y la confianza de un creyente puede ser un medio para obtener muchos bienes, espirituales y materiales, toda vez que si acaso, como dice el Evangelio,  “todo poder viene de Dios” entonces, es necesario recibirlo como una vocación particular que Dios concede a quien quiere.
En cada etapa de nuestra vida donde se presente la oportunidad de cumplir una misión ejerciendo el poder hemos de tener clara conciencia que en su búsqueda, consecución y entrega debemos guiarnos por las enseñanzas de Jesús quien señaló que  “no he venido a ser servido sino a servir”.

El que manda debe procurar comportarse como el que sirve, lo que conlleva una serie de virtudes que son necesarias para el ejercicio cristiano del poder. Sin el ejercicio de las virtudes irremediablemente el poder se termina transformando en un abuso.
Hay más alegría en dar que en recibir: La historia nos entrega múltiples ejemplos de quienes alcanzaron la santidad por medio de una vida colmada de virtudes en el ejercicio del poder.

En este día, al comienzo de una nueva semana del Mes de María, recordamos la letanía que dice: “Madre poderosa”, con la cual reconocemos que en virtud de haber sido constituida como la “llena de gracia” y a causa del papel insustituible como medianera universal de toda gracia que cumple en el camino de la redención,  ella todo lo que pide a Dios le es concedido, de modo similar a cómo una súplica materna recibe una respuesta favorable inmediata de un buen hijo.

Cuando los Apóstoles perciben (toman conciencia)  del valor de la oración al ver a Jesús rezar en todo momento, entonces el Señor les dice: “Todo lo que pidan en mi nombre con fe os será concedido”, añadiendo que hemos de implorar “con la certeza que lo solicitado ya nos ha sido ya concedido”.

Entonces, si esto lo aplicamos al valor de la plegaria de la Virgen en orden a obtenernos una gracia especial para cada día de este Mes Bendito, estamos seguros que le será totalmente concedido, pues –como dice hermosamente San Bernardo de Claraval- “nunca se ha oído decir que quien recurriese a la Bienaventurada Virgen María, su oración haya sido desatendida”.

El poder que la Virgen tiene es por participación. Porque ha sido elegida por el mismo Dios para ser reconocida como su madre, y habiendo permanecido tres décadas sujeto a la voluntad de sus padres en Nazaret, podemos decir que no hay una persona que haya sido participe de mayor poder que la Virgen María, y no la habrá por el hecho que solo Ella fue alzada por el Cielo como la Madre del Mesías anhelado y recibido en medio nuestro…! Jesús vino a los suyos y está en medio nuestro como el que sirve!

Por lo anterior, la Virgen María tiene poder porque Dios a Ella no le niega nada, tal como aconteció en el primer milagro realizado por el Señor en las Bodas de Caná de Galilea (San Juan II, 1-12).

Sin duda, una de las características de la maternidad es desvivirse por sus hijos, procurando darles lo mejor en todo aquello que sea posible. El espíritu de sacrificio de las madres llega frecuentemente al mismo heroísmo y en ocasiones hasta el martirio. La Liturgia en uno de sus himnos e imágenes propiamente eucarísticas suele representar a Dios como aquel “pie pelicane” (pelicano bueno) que de sus entrañas es capaz de alimentar a sus crías. Es lo que hace una buena madre, y que la Virgen cumple perfectamente con el encargo dado por su hijo en lo alto del Calvario: “Mujer, ahí está tu hijo” (San Juan XIX, 26).

Desde ese instante en el corazón de la Virgen esta la Iglesia entera, en cada uno de sus miembros bautizados, y cuantos están llamados a serlo, ejerciendo un particular cuidado en vistas al bien espiritual y material de sus hijos: “Semper vivens ad interpellandun pro fillis suis”…Su viva son sus hijos…Su vida es la Iglesia…Su vida somos cada uno.

La maternidad de la Virgen María es el fundamento de su poder: En el plano espiritual, como Reina del Cielo nos obtiene todas las gracias que son más necesarias para alcanzar la eterna salvación. Hay cosas que en ocasiones pueden parecernos necesarias y deseables pero que no necesariamente van a terminar favoreciendo nuestra perfección, nuestro crecimiento en una vida virtuosa, y nuestra llegada al Cielo.

Por eso, dejemos en manos de la Virgen Poderosa lo que sea imprescindible para que nuestra identidad católica recibida en el sacramento del bautismo…Ella nos conoce….Ella sabe lo que es necesario.



La letanía “Virgen poderosa” encierra una riqueza para nuestra vida espiritual, especialmente para estos días del Mes de María.

a). Vivir confiados: El hijo (creyente) de Dios y de la Virgen María, sabe que nada ocurre que Dios no lo permita, y por tanto que su madre no deje de velar por cada uno de nosotros. La nostalgia, el abajismo espiritual no deben tener cabida en el almas de quien se sabe protegido por la Virgen poderosa que todo lo obtiene de Dios Padre Todopoderoso. ¿Confías en Dios? ¡Pues, hazlo –también- en su Madre Santísima¡ Recordemos siempre que la ternura de la Virgen es el terror del infierno, porque por medio de Ella vino al mundo nuestro Divino Redentor.

b). Aprender a rezar el Santo Rosario: Para muchos parece ser la oración de nuestros antepasados y de los que llegan antes de iniciar la Santa Misa…Y es verdad, pero –también- ha de ser importante que aprendamos a rezarlo porque es la oración predilecta de la Virgen –Ella lo dijo en Fátima-…Es la oración predilecta de los Sumos Pontífices –así lo han dicho- …y es una oración que ha sanado enfermedades terminales, que ha convertido almas endurecidas y cegadas por el odio y la mentira, que ha sido más poderosa que las armas y ha evitado guerras. En realidad, es el arma mariana más efectiva que está puesta en nuestras manos e inserta en nuestros corazones.

Oración: “Virgen poderosa que con tu pie aplastas la cabeza de la serpiente tentadora: Haz que cumpla día tras día la promesa bautismal de rechazar a Satanás, a sus obras y seducciones, y sepa dar al mundo un ´gozoso testimonio de esperanza cristiana. Te pido, Madre Buena, que con el pode que Dios te ha dado, me acompañes al caminar y no me dejes solo nunca, así el mal nunca tocará mi alma, porque no puede acercarse a ti. Poderosa Madre y Reina del Cielo y de la tierra, cúbreme con tu manto bendito, bendíceme y lléname de gracia, para parecerme más a ti, fortalece mi fe para que yo pueda decir si a la voluntad de Dios como tú lo hiciste y a la hora de mi muerte llévame al gozo eterno del Cielo”. ¡Que Viva Cristo Rey!

                                                     




domingo, 19 de noviembre de 2017

“MADRE DEL SALVADOR”

 MEDITACIÓN SÉPTIMA / MES DE MARÍA / AÑO 2017

1.     La Virgen en el Salvador es salvadora.




El canto con que habitualmente terminamos cada Santa Misa, y que entonan con tanto fervor, está dedicado a la Santísima Virgen. En parte del estribillo dice: “Madre del Salvador”. Esta denominación reza una de las letanías lauretanas dedicadas a María.
El nombre de Jesús significa “Salvador”, y lo encontramos al menos unas 540 veces repetido a lo largo de  la Santa Biblia. En efecto, una vez que Jesús nació en Belén, el Ángel del Pesebre les dijo a los pastores: “Les traigo una gran alegría, que es para todo el pueblo, pues os ha nacido hoy un salvador que es el Mesías Señor” (San Lucas II, 10).  
La expresión “salvación” es fundamental en toda la Sagrada Escritura. Ella, en todo momento dice relación con el acto de “escapar” o de “ser liberado de un peligro”, que de suyo es considerado como una realidad importante y nociva, puesto que encierra un cierto grado de peligro de muerte.

Sabiendo que como consecuencia desde el pecado original cometido por nuestros primeros padres, entró el mal en el mundo, uno de los cuales es el sin fin de cadenas que atan nuestra alma. Pues bien,  la primera y mayor esclavitud de la que debemos ser rescatados es la del pecado, las cuales  son  aquellas ofensas conscientemente cometidas que ofendan a Dios y terminan afectando a la sociedad.

En efecto, cuando el pecado anida en nuestro corazón reina la tristeza, la división, y la mentira. Por ello,  es necesario salir de esa realidad por medio de la recepción frecuente del sacramento de la confesión. 

Nada hay más urgente para nosotros y los demás que permanecer en estado de gracia de Dios o recuperarla una vez que la hemos perdido a causa de un sólo pecado grave.

Un gran santo devoto de la Virgen María fue Santo Domingo de Guzmán. Hacia el año 1208 se encontraba  predicando en la región de Languedoc (Francia), al interior de una pequeña localidad donde no sacaba ningún provecho aparentemente: Apatía, frialdad, persecución, desconfianza, desenfrenos, y sobre todo, persistentes herejías.

Todo ello provocó en el corazón de Santo Domingo un espíritu de desolación, ante lo cual, como creyente que era, una vez más suplicó a la Santísima Virgen.

La respuesta no tardó. Llegó prontamente.  Y, la Virgen le respondió que su oración predilecta era el Santo Rosario y el rezo del Ave María. Así lo hizo, y prontamente se puso a rezarlo, obteniendo –con ello- numerosas conversiones y descubrió que las controversias puestas a los pies de la Virgen simplemente desaparecían.

Es que una madre siempre procura que sus hijos vivan inmersos en la verdad despreciando la mentira, una madre en todo momento desea que los hijos permanezcan unidos en la confesión de una misma fe. ¡Qué bien viven los hijos así! Para ello es necesario “mirar juntos lo mismo” y “vivir del mismo espíritu” practicando con plena fidelidad y sin recortes antojadizos aquella fe recibida en el bautismo.

Nuestra Señor por medio de su Pasión y Muerte nos ha salvado y liberado de la culpa del pecado.  Nuestra culpa hizo subir a Cristo en la cruz, su gracia desde allí nos perdonó pagando con su sangre el precio de nuestra libertad.      
                                                  
Por ser Madre de Dios, es Madre de Cristo que nos salva…entonces, con toda propiedad  la llamamos -bajo el título de su misión en medio de nuestro- como: “La Madre del Salvador”.

En el momento cumbre en la cumbre (del Calvario), hay un antes y un después en la realidad del pecado y de la gracia. Allí se ejecuta la redención del hombre donde Jesús paga a Dios Padre por cada uno de nosotros, por eso une a su Madre en el misterio “perdonador” y “sanador”.  Santa María asiste a su Hijo y Dios al pie de la Cruz: Le acompaña, le anima, le fortalece de manera eficaz y en silencio. En ese momento es corredentora, es decir salva con su Hijo, redime con su Hijo, ama con su Hijo.

Un discípulo de Santo Domingo, en un hermoso texto señala “cómo la plenitud de la gracia aumentó en la Virgen considerablemente en los diversos misterios de la vida de Jesús,  y cuando asistía y comulgaba en la Santa Misa de san Juan”. (“La Madre del Salvador y Nuestra Vida Interior”, de Reginald Garrigou-Lagrngr, O.P página 131). Si en Ella, la realidad del mismo sacrificio  del Calvario y de la misa,  le obtuvieron tantas bendiciones, ¿cuántas no dejaremos de recibir si acaso somos fieles y piadosos a todo este Mes Bendito?

Nuestros actos de piedad se diferencian respecto a quien lo tributamos: A Dios, a la Santísima Virgen, a los Ángeles, a los Santos. El amor a Dios Padre,  Hijo y Espíritu Santo es primero y único, es un acto de adoración –pues solo Dios es adorable- al que llamaremos “culto de latría”; el acto de veneración dado a la Virgen es “muy especial” por ello lo llamamos “hiperdulía”, y el tributado a los Santos y ángeles es de “dulía” (particular, especial, específico), por la grandeza de sus virtudes.  

El amor dado a la Virgen nos aparta efectivamente del pecado, nos aleja de la tentación, y nos incita a realizar -como espontáneamente- más obras de caridad, sin que cueste en demasía dar de nuestro tiempo y de nuestros bienes. La Virgen nos invita a ser generosos con todos y en todo lo que se refiera a buscar la salvación de los demás.

Cada uno de nosotros le fue encomendado a la Santísima Virgen por Jesús desde la Cruz cuando dijo: “Mujer ahí está tu hijo, y el apóstol la recibió en su hogar”. ¡En este mes completo recibimos a la Virgen María en nuestro corazón!


2.     ¿Cómo ayudar en la salvación de nuestros amigos y familiares?

a). Participando de los sacramentos: Cuando uno viaja en avión las azafatas le dicen a los pasajeros que van con niños que primero se coloquen el oxígeno los adultos y luego lo hagan a los niños ¿Por qué? Porque una persona no puede rescatar a otra en medio de una emergencia sin acaso no está seguro de poder hacerlo. Dice Jesús que “un ciego no puede guiar a otro ciego, pues ambos caerán a un hoyo”. De modo similar hemos de comulgar pidiendo por nuestra salvación primero, e inmediatamente por la de los demás, entendiendo que mientras más cerca estemos del Señor en la Santa Eucaristía obraremos mejor con el prójimo. ¡Cercanos para acercar y testigos para testimoniar!

b). Rezando por ellos: Si Dios nos da esta oportunidad tan hermosa de tener la Santa Misa y el rezo del Mes de María de manera diaria, es porque nos quiere mucho, y por tanto, espera mucho de cada uno de nosotros.

Recordemos que la Misa es como una “explosión de bendiciones” que Dios da al mundo entero. Todos los días podemos rezar por un familiar, un compañero, un amigo, o un vecino…por alguien que necesita de esa plegaria. Tan simple como hacer una lista diaria de intenciones…y finalizaremos este Mes de María habiendo rezado por muchos de ellos. ¡El rezo del Ave María acorta la distancia del cielo a la tierra!

c). Ofreciendo sacrificios: Durante este Mes de María, podemos aprender a sacrificarnos en pequeños detalles por la salvación de nuestros amigos. Pensemos que si estuviera de nuestras manos evitar que un compañero de curso quede repitiendo, qué cosa no dejaríamos de hacer para que ello no ocurriera. Quizás,  haber puesto más atención en clases, no haber distraído en la sala al que le iba mal, haber hecho el esfuerzo de estudiar en grupos. Por otra parte, en este Mes Bendito hemos de ayudar más en la casa en las labores propias del hogar, toda vez que se debe notar que quienes rezamos, comulgamos, también leemos en la Santa  Biblia que “Jesús no vino a este mundo a ser servido sino que vino a servir”.

d). Organizando actividades novedosas: Aquí aplicamos el criterio distinto al de los aviones…usamos ejemplo  de los barcos que se hunden…Si…”los demás primero“ al momento de subir a los botes, esto quiere decir que,  nuestros “gustos” y “ganas” expuestas ante la salvación de los demás se deben posponer por el bien superior que es la salvación del alma.

Recordemos que el “apostolado del alma es el alma de todo apostolado”, por lo que nuestro tiempo lo colocamos al servicio de acercar a nuestros amigos a Jesús, a la Virgen  y a nuestra Iglesia. Y lo haremos de modo creativo buscando oportunidades, para insertar el deporte, la acción, con la piedad y el espíritu de sacrificio.

Recuerden que el mejor apóstol de los niños, son los mismos niños; que el mejor apóstol de un joven es otro joven que no se avergüence de manifestar en primera persona su identidad de católico, no a la manera de sí mismo sino a la manera de Cristo y de su Iglesia. ¡El católico a su manera no es católico!

Finalmente, acudamos confiadamente a los pies de la imagen de la Virgen María, Madre de este  Salvador que si salva, que si redime, que si nos da la gracia de la verdadera libertad ¡Que Viva Cristo Rey!
      
      




“VUESTRAS OBRAS OS PRECEDERÁN”

 HOMILÍA MISA EXEQUIIAL  /  SRTA. VANIA MELINA  ARAYA  /  NOVIEMBRE  2017



Queridos hermanos: Don Alberto Godoy Jiménez y doña María Araya de Godoy; estimadas: Eyleen, Yennifer, Melani; y Matías. Queridos miembros del Colegio Alberto Hurtado.

Hace unos días veíamos por televisión la entrevista del hombre más anciano del mundo, que vive en Chile. Al ser consultado sobre cómo había llegado a cumplir casi ciento veinte  años. Respondió que para ello tomaba un vaso de Coca Cola al día. Si fuese tan fácil vivir tanto tiempo ¿Por qué no hacer todos lo mismo? Ciertamente, hace falta tener algo más que una gaseosa no para vivir más años sino para tener vida verdadera.

Bien sabemos que no es importante la cantidad de años que se cumplan sino la capacidad de fidelidad con Dios lo que valoriza –finalmente- nuestras acciones y palabras, tal como leemos en la Santa Biblia: “Vuestras obras os precederán”…”por sus frutos los conoceréis” (San Lucas VI, 43-44). En efecto, “en el atardecer de nuestra vida seremos juzgados por el amor” (San Juan de la Cruz).

Por una parte está el anhelo por alcanzar una vida trascendente y por otra la inminencia de constatar diariamente lo perecedero de nuestras acciones, las cuales en el contexto de los que son nuestros días insertos en el universo,  no pasan de ser un instante. Bellamente señala el salmista que nuestros días son como “flor del campo” (Salmo CIII, 15) un día está y al siguiente ya ha partido.

Todo lo que perciben nuestros sentidos es perecedero, tienen un comienzo que tempranamente indica su término. Las evidencias de nuestra vida pasajera son múltiples, una de las cuales es la que experimentamos al contemplar los ecos de la partida de un ser querido, con todo lo que ello implica.

De pronto, cuando creemos lo que por todas partes se nos anuncia, en orden a realizar nuestra vida como para definitivamente instalarnos en este mundo que pasa, despertamos y constatamos que realmente no es así, y que nuestra vida es un caminar breve que pasa por la apertura de la puerta que deja entrever la realidad que hoy nos ha convocado a este lugar sagrado: rezar por el eterno descanso de un ser querido.

Múltiples cuestionamientos surgen en nuestro corazón a esta hora. Asumiendo que no iremos un segundo antes ni después de lo que el Señor disponga, entendemos que no hay una época determinada para partir de este mundo, pues dependiendo de dónde nacemos hay más posibilidades de vivir más tiempo, de hecho hay treinta años más de vida en un continente en relación al que tiene menos y,  quienes llevamos un tiempo generoso en esta querida comunidad parroquial de barrio,  hemos visto en dos décadas morir a recién nacido, a niños pequeños, a adolescentes y jóvenes como es el caso de nuestra hermana Vania. Sin duda, los padres y mayores siempre pensamos partir antes que las generaciones que nos anteceden.

Es un hecho que hoy asumimos, pues,  la voluntad de Dios nos habla con la partida de la joven Vania, en orden a centrar nuestra vida en lo que no pasa de moda, en lo que no tiene límites, en lo que no tiene duración, es decir,  en el amor de Dios que siempre puede más, y que ha vencido de una vez para siempre el aparente poder omnímodo de la muerte.

Si hermanos: La muerte no tiene la última palabra, porque Cristo la venció al resucitar al tercer día y mostrarse vivo en medio nuestro,  tal como lo hizo ante sus discípulos el primer día de la semana.

Cada uno de los que estamos aquí podemos vernos reflejados en la actitud de quienes al tercer día del episodio del calvario vieron el sepulcro vacío: ellos “vieron y creyeron”, sus vidas tuvieron un cambio definitivo. Las dudas, las tristezas, los temores quedaron atrás una vez que vieron al Señor y le dejaron entrar en sus vidas, no de manera figurada sino “real y substancial” tal como acontece en cada celebración eucarística.

De modo especial, lo constatamos en el episodio de los jóvenes peregrinos de Emaús que develan su desazón ante los acontecimientos de aquel Viernes Santo…”van tres días y nada ha pasado y nada ha pasado”. Hoy, hemos visto transcurrir varios días desde que nuestra hermana salió de su hogar, y las lágrimas de dolor sólo pueden cambiar en nuestros ojos por la esperanza de la bienaventuranza prometida por Jesús en vistas a que “todo aquel que crea con fe vida vivirá para siempre”.

En la habitación de Vania hay un crucifijo artesanal, salido de las propias manos de ella. Un día en sus manos sostuvo este sencillo pero elocuente signo, que antaño fue de dolor y sufrimiento y que teniendo a Cristo pendiente en él se nos muestra como “estandarte de victoria” y “árbol de la vida” perenne.

Desde la cruz entendemos la vida humana en todos sus misterios, puesto que  Jesús es quien descifra nuestras dudas y responde a cada una de nuestras inquietudes. Por eso, con fuerza repetía Santa Teresa de Calcuta que “cuando una persona sufre no es alguien a quien Dios abandonó sino que es alguien en quien Dios habló”.

Y, ahora nos habla en vistas a edificar nuestras vidas colocando la presencia de Jesús y su Palabra en el primer lugar y en todas nuestras actividades. El Señor  no quiere ser un peregrino o forastero más que llegue ocasionalmente a nuestra vida,  sino que quiere “permanecer unido a nosotros”. ¡Huésped,  no visita!

Jesús nos habla para que aprendamos a crecer juntos en la fe, con el fin que su luz irradie lo más recóndito de nuestra conciencia e impregne con su fuerza tantos rincones de nuestra sociedad en los cuales  el nombre de Cristo permanece casi proscrito.

Asumamos a esta hora el desafío de dar a conocer un estilo de vida nuevo, donde nuestra realización pase por la gradual configuración con la persona de Jesucristo, hasta poder decir un día, junto con el Apóstol San Pablo: “Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gálatas II, 20).

Así, revestidos de los sentimientos y acciones del Señor,  la pretensión de alzar un mundo separado de Dios será superada por la humilde pero perseverante confesión de fe que nos hable en la vida presente de aquella que es para siempre.

Entonces, el hecho de “pensar en el cielo” y “en la vida eterna” no es marginarse de la actualidad, como evadiéndola y menospreciándola,  sino, por el contrario, es darle su real importancia y trascendencia, hasta descubrir que en cada jornada, que en cada acción se juega nuestra eternidad, tal como nos recordaba el fundador de nuestro Colegio, San Alberto Hurtado: “La vida fue dada para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo y la eternidad para poseerlo”.


En medio de esta búsqueda cada creyente está llamado a ser apoyo para los que vamos de camino, particularmente a los más débiles, a los más enfermos, a los más lejanos, haciendo realidad la invitación del Señor que “no vino a ser servido sino a servir” (San Marcos X, 45).

Nuestra hermana Vania, por la que rezamos hoy, fue presidenta de curso, para lo cual, en todo momento,  tuvo una actitud proactiva para lo cual: colaboraba en cuanto taller podía, organizaba diversos eventos, donde su identificación con el Colegio Alberto Hurtado estuvo signada por el espíritu de servicio que para ella fue permanentemente un imperativo.

Invoquemos a la Virgen María, ante cuya imagen patronal celebramos nuestra Misa de Exequias, y en cuyo manto protector de Nuestra Señora del  Perpetuo Socorro fue incorporada al sacramento del bautismo, que goce de la paz de los bienaventurados, tenga el Señor misericordia de sus faltas, y conceda consuelo espiritual a sus familiares y amigos que tan numerosamente –con tanta piedad y respeto-  la han querido acompañar con su plegaria y sacrificios en este día. ¡Que Viva Cristo Rey!

SRTA. VANIA ARAYA ( QEPD  +14/11/2017)