
lunes, 27 de agosto de 2018
viernes, 24 de agosto de 2018
HASTA PRONTO…NOS VEMOS EN EL CIELO
TEMA
: “ HASTA PRONTO…NOS VEMOS EN EL CIELO”.
FECHA:
HOMILÍA EXEQUIAL SRA.CECILIA FICA ESPAÑA / 2018
1.
La
vida fue dada para buscar a Dios.
Queridos
hermanos: En medio de la celebración del Mes de la Caridad Fraterna, donde
hemos ido meditando -día a día- sobre las obras de misericordia que nos propone
nuestra Iglesia, nos reunimos para dar cristiana sepultura al cuerpo de nuestra
hermana Cecilia Fica España, rezando por el eterno descanso de su alma, junto a sus seres queridos que le acompañan. Lo
hacemos a la luz de las palabras del Señor:
“Quien se une a mí con fe viva no muere para siempre”, las cuales resuenan
con mayor fuerza en estas horas en las cuales hemos ido gradualmente asumiendo
lo pasajero que resulta nuestro paso por este mundo a la luz de las promesas de
bienaventuranza eterna hechas por el Señor, quien nos pregunta una vez más: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que
está vivo?”.
Nuestra
mirada se encamina hacia el horizonte donde parece unirse el cielo y la tierra.
¡Tantas veces tenemos la oportunidad de ver los atardeceres a lo largo de
nuestra costa generosa! Y precisamente cuando el sol parece dormir en la línea
del horizonte se produce un efecto inverso emergiendo el mayor destello…Algo
similar acontece con nuestra vida: Mientras se extingue nuestro paso por este
mundo se enciende la luz inexorable de
la eternidad, permitiendo al creyente descubrir el misterio de la muerte no
como una luz que se apaga definitivamente sino como un destello que se proyecta
desde un inicio hasta el fin sin ocaso.
Con
esta celebración dominical, culminamos un mes completo meditando respecto del
capítulo sexto del Evangelio de San Juan, denominado el “Pan de Vida”, que constituye una carta de navegación para cada
creyente. La institución de la Santa Misa, durante la Última Cena es el
misterio central para la vida del creyente pues se trata de la misma persona de
Jesucristo, perfecto Dios y hombre a la vez, que asumiendo la condición humana
se queda “real y substancialmente presente”
en medio nuestro bajo la humilde apariencia de un pan y vino, ahora
transformados en todo Jesús.
Por
ello, al acercarnos a comulgar no vamos
a recibir un trozo de pan que representa el amor de Dios sino que somos participes
–por la gracia- del mismo Cristo. En la Misa no se trata de algo sino de alguien.
Nuestra
hermana difunta convertida al cristianismo desde su infancia, procuró como su santa patrona “llevar siempre consigo el Evangelio”,
tal como lo recordaba respecto de santa Cecilia el actual Sumo Pontífice.
En
efecto, Santa Cecilia es una de las cinco mujeres que resalta el Canon Romano
por la fuerza de su testimonio ante la prueba del martirio prefirió mil muertes
antes que infiel a su fe. Sin duda, como nuestra hermana difunta lo recordaba
durante su estancia en el hospital, tuve oportunidad de bautizar a alguno de
sus hijos, de darles la primera comunión y preparar a sus hijos, de confirmar a
sus hijos, de bautizar a sus nietos, de celebrar el sacramento de la confirmación
y el santo matrimonio de ella, de cuidar
a su retoño varón desde los doce años, hoy
algo crecidito ya por cierto, de darle la extremaunción, y ahora de
celebrar su Santa Misa de exequias. En su lecho de enferma ella me pidió
celebrar esta Misa, la cual hago con fe y esperanza implorando que ahora pueda
no sólo descansar sino gozar de todo lo que Jesús tiene preparado para “quienes procuran serle fieles”.
Sin
duda, es muy distinto asumir la muerte
de un ser querido desde la realidad de un corazón impregnado por la fe que dejado
al desamparo de lo fortuito y finito, tal como nos lo recuerda el Antiguo
Testamento: “A los ojos de los necios
parecen haber muerto, y su partida de este mundo es considerada sólo como una
desgracia” (Sabiduría III, 1-5).
Sabiamente
solía repetir nuestro santo contemporáneo de la Caridad Fraterna –San Alberto
Hurtado Cruchaga- que: “La vida fue dada
para buscar a Dios, la muerte fue dada para encontrarlo y la eternidad para
poseerlo”. Palabras que son una síntesis de lo que ha de ser la vida
espiritual de todo creyente, que procurará buscar el rostro del Señor en cada
acontecimiento incluido el misterio de la partida de este mundo…Si Dios nos dio
la vida de la nada…también, puede tomarla cuando estime oportuno…!Bendito sea su nombre! (Job
I, 21).
Muchas
veces buscamos a Dios, como seres falibles podemos equivocarnos y dar pasos en
falso, pero nunca serán vanos aquellos pasos dados en procurar hacer el bien
desde el seguimiento de los designios dados por Dios en su Palabra, inscritos en la naturaleza y explicitados en
la voz de nuestra conciencia. Es humano equivocarse, es cristiano convertirse y
es divino perdonar, por ello, el juez último
de cada uno de nuestros actos y palabras será el Dios cuyo nombre es Nuestro
Padre, en quien nuestra hermana difunta confió hasta último de sus pensamientos.
Lo
anterior nos llena de una confianza fundada en la bondad y misericordia de
Dios, que a lo largo de toda nuestra vida
permanece como mendigo a las
puertas de nuestro corazón esperando que le dejemos entrar para que habite no
como la visita ocasional que viene por un momento y se va, sino para que more
como el huésped permanente en nuestra alma, en la habitación principal de
nuestras intenciones, proyectos y deseos. ¡No releguemos Cristo al baúl de los recuerdos
ni a la despensa de lo accesorio, ni menos a la vitrina de los adornos!
Si,
“tu rostro buscaré, Señor…No me escondas
tu rostro” (Salmo XXVI, 8):
Vale la pena vivir cuando es Dios quien lleva la batuta, cuando es Él quien
guía nuestros pasos, cuando es Él quien inspira nuestras acciones, por lo cual
no dejemos de buscar al Buen Dios que se dado a conocer para ser encontrado…
con el rostro de quien gestado permanece en el vientre materno, con el rostro
del niño que desea crecer y aprender, en el rostro del joven que anhela un
mundo más justo y veraz, con el rostro del anciano olvidado cuya sabiduría
permanece anhelosa de ser descubierta.
2.
La
muerte fue dada para encontrar a Dios.
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LA MUERTE
DESPUNTA LA VIDA
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Madre
de seis hijos, cuyas edades fluctúan actualmente entre las cuatro y dos
décadas, tuvo oportunidad de ver cómo iban creciendo, hasta poder conocer a
cada uno de sus nueve nietos y un bisnietos, verificando en vida la promesa
hecha por Dios en la Santa Biblia: “a los
hijos de tus hijos los verás” (Salmo CXXVIII, 6).
Siguiendo
con la enseñanza de nuestro Santo Chileno, ahora nos recuerda que “la muerte fue dada para encontrar a Dios”,
lo cual emerge desde la convicción que Dios es misericordioso y espera como
aquel padre de la parábola que nuestro
último día en este mundo sea el primero en la eternidad, donde
–entonces- hará una gran fiesta pues su
hijo que todos creían que había muerto está vivo. A ello apunta la expresión
que hemos recordado hace un momento, cuando las mujeres fueron de madrugada al
sepulcro donde habían dejado el cuerpo inerte de Jesús: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”(
San Lucas XXIV, 5).
Como
creyentes confiamos en Jesús que venció la muerte, y creemos que luego de
nuestro paso por este mundo, tan marcado de sinsabores y dificultades, estamos
llamados a resucitar para siempre, participando de un gozo que nada y nadie nos
podrá arrebatar jamás.
En
este mundo las alegrías se suelen extinguir de manera vertiginosa. El espíritu
de la nostalgia y el solo acto de recordar tiempos mejores es prueba de ello,
mas junto a Dios viviremos de manera intensa, plena y perpetua, por lo cual
aunque juntásemos todas las alegrías de toda la vida, éstas serían ínfimas ante
el menor de los gozos que tendremos junto a Dios y nuestros seres
queridos…porque serán eternos y no perecederos como los actuales.
El
acto de encontrar a Dios es algo
definitivo para lo cual debemos prepararnos en la vida presente procurando
vivir en estado de gracia, prefiriendo la amistad de Dios como la más deseable
y entrañable. El encontrar a Dios no
es algo que se pueda improvisar sino que debe ser el resultado de una vida de
permanente búsqueda, donde las virtudes y valores no sean las fantasías
parciales de un mundo caduco sino las que efectivamente conduzcan integralmente
a la felicidad de cada uno y de todos. Digámoslo claramente: ¡La eternidad se
juega aquí y ahora!…mañana puede ser tarde, por eso estamos en los tiempos
favorables para salvarnos, para cambiar radicalmente de vida.
3.
La
Eternidad fue dada para poseer a Dios.
Estamos
en el templo dedicado a Nuestra Madre del Cielo, bajo la advocación de Nuestra
Señora de las Mercedes de Puerto Claro, con el regalo especial de celebrar el
Día del Señor para rezar por nuestra hermana difunta Cecilia Fica España.
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HASTA PRONTO: EN EL CIELO NOS VEMOS
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Imploramos
por aquella que tempranamente creyó en Dios, que cobijó en su vientre a sus
seis hijos que le acompañan, que prodigó cariño hacia cada uno de sus seres
queridos, pueda ahora gozar de una vida en paz, en felicidad, y en amor, lo
cual anheló durante toda su vida y para lo cual ofreció, en la última etapa de
su vida por medio de la enfermedad, sus
dolencias y padecimientos “uniéndolos a
los del Señor en la cruz” (Colosenses
I, 24-28) para
su bien espiritual y el de los suyos, quienes a la luz de la fe ven su partida
como la llegada a destino, como recalar en el Puerto Claro de la Eternidad a la
que todos estamos llamados a participar. (Por esto, si tienen a alguien que
aman en el cielo, tendrán un pedazo del cielo en medio vuestro).
Sea
la Virgen Madre quien tienda su mano abierta la que cubra con su manto de
bondad a nuestra hermana que golpeando las puertas del cielo implora la
misericordia del Señor por medio de la intercesión universal de la Virgen y de
la oración incesante de nuestra Iglesia que clama cotidianamente en nuestros
altares: ¡Que Viva Cristo Rey!
domingo, 29 de julio de 2018
TEMA : “SACERDOTE…SÓLO SACERDOTE”.
FECHA :
HOMILÍA POR LOS CURAS PÁRROCOS JULIO /
2018.
1.
“Los
que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer” (San Marcos VI, 31).
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SACERDOTE JAIME HERRERA GONZÁLEZ
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Desde
la realidad que se compare podemos hablar de “mucho” o “poco” tiempo, toda vez
que hubo y hay sacerdotes que han permanecido por cuatro décadas como párrocos,
lo cual nos coloca en un tiempo breve; en tanto que si miramos a quienes han
servido en nuestra parroquia la gran mayoría lo ha hecho en tiempos muy
acotados, lo que nos ubica en mucho tiempo.
Lo
cierto es que para un sacerdote diocesano el hecho de ejercer como pastor propio implica el cumplimiento
de su vocación en el sentido que la “pertenencia” o anclaje a una diócesis y a una comunidad determinada, constituye
parte de su consagración y, por tanto,
de su identidad.
Los
criterios aplicados en la actualidad suelen valorar la capacidad de cambio
frecuente. Los jóvenes egresados de una universidad hoy aspiran a estar sólo unos pocos años en cada trabajo, cambiándose con
mucha facilidad. Antes se compraba la casa definitiva, el reloj definitivo, el vehículo para toda la vida y se aspiraba a
estar en un mismo trabajo para toda la vida laboral. Mirada la vida del
sacerdote diocesano, y habida consideración de la habitualidad con que se van asumiendo
y dejando las responsabilidades pastorales, sin duda en tiempos de crisis como
son los que navegamos, resulta
conveniente y hasta necesario una permanencia en el tiempo del clero secular, pues permite a
los fieles tener la seguridad de saber con quién están y al sacerdote poder
conocer a quiénes está llamado a ser el pastor
propius del cual habla el código de derecho canónico.
El
tiempo transcurrido permite macerar
las comidas y evaluar mejor las innovaciones implementadas, una de las cuales
ha sido la aplicación en las últimas décadas de un tiempo de permanencia breve
de los sacerdotes diocesanos en las parroquias, llegando al extremo que algunos feligreses ni se enteraban que
había estado tal sacerdote en sus comunidades.
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PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE
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Es
que “la Caridad de Cristo nos urge” (2
Corintios V, 14) y
los últimos tiempos no están lejanos, por lo cual debemos vivir pensando cada
día como si fuere el primero, el último,
y el único de nuestra vida.
La
maravilla de la vida del creyente es que mirando el acontecimiento de la Encarnación
del Verbo, se produce una realidad donde lo
divino asume lo humano y lo humano se reviste de lo divino, permitiendo que lo que
hacemos cotidianamente no sea monótono ni ordinario puesto que se engasta con
la trascendencia de lo sublime. Entonces, descubrimos que en cada jornada se
juega nuestra eternidad, adquiriendo una novedad que no se agota con la moda y se cansa con el solo paso del tiempo.
¡El que ama en Dios siempre es joven!
Como
sacerdotes estamos insertos en esta realidad que finalmente es la causa
definitiva que sostiene nuestra vida, toda vez que somos puestos como un “puente” que conecta un extremo a otro,
permitiendo que el Señor venga a este
mundo, que por este mismo medio busca, encuentra y vive con Dios y vive de Dios.
Al avanzar por un puente no nos detenemos en él, pasamos por él, entonces, el sacerdote no es referente de sí sino que es
un instrumento puesto al servicio de los fieles y de quienes, por la gracia, están llamados a serlo.
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SACERDOTE
DE VALPARAÍSO CHILE
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De
modo semejante, el sacerdote diocesano es un puente que es alzado para conectar, por lo que debe estar enraizado firmemente a
uno y otro extremo, es decir, a Dios por medio de la fidelidad a los votos
hechos -(promesas sacerdotales) - y a
las almas con todas sus vicisitudes.
El
cultivo de una pastoral con “olor a
ovejas” requiere necesariamente de hacerlo desde la unión con Jesucristo,
el Pastor Bueno, que cuida, acompaña, alimenta, guía. Nunca nos cansaremos de
dar gracias a Dios por el don inmerecido del sacerdocio, que invita a “servir y no ser servido” (San
Mateo XX, 28).
Por
esto, personalmente en cerca ya de tres décadas como sacerdote, y más de dos
como Párroco tengo la certeza de nunca haber rechazado una destinación ni
tampoco de haber siquiera motivado destinación pastoral alguna…!Nada pedir…Nada
rechazar! ¡Todo dar!
Esto
implica que como sacerdote consagrados podemos servir de manera ilimitada, sin
otra condición ni limitación más que la
de procurar imitar a Jesucristo Sumo Sacerdote, quien se hace presente por
medio de nuestra voz, usando nuestra voluntad y libertad, para venir cada día a
nuestros altares, misión que no tiene comparación con ninguna otra realidad en
este mundo.
Sin
duda, se trata de una sublime misión que exige de una inmensa responsabilidad,
particularmente en estos días en los cuales cada sacerdote es fuertemente
cuestionado fuera y dentro de nuestra Iglesia.
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MISA DIÓCESIS DE VALPARAÍSO CHILE
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Que
inmensa alegría constituye el hecho para un sacerdote y Cura Párroco que sean los mismos niños de ayer, quienes hoy
–ya como adultos- me acompañen en esta celebración de la Santa Misa, que
ofrecemos por la vida y ministerio de tantos curas párrocos que en el pasado y futuro dedican sus mejores
esfuerzos por hacer que nuestra sociedad, busque, encuentre y viva según los
mandamientos de Dios y su Iglesia.
San
Pablo nos recuerda que “nuestra lucha no
es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las
potestades, contra las dominaciones de este mundo tenebroso, contra los
espíritus del mal que están en las alturas”, (Efesios
VI, 12-13) en
consecuencia “a tales males tales remedios” por eso la fuerza del
sacerdote diocesano permanece anclada sobre nuestros altares, y en cualquier
lugar donde encontremos, la mirada de la
fe se hunde en nuestros sagrarios, donde Jesús está en medio de nuestro templo,
en medio de nuestras comunidades y en medio de nuestra vida sacerdotal.
Tengo
la certeza que como sacerdote, no fui constituido como un gestor cultural, ni
como un gerente de asistencia social, tampoco como director de un museo que
conserva valiosas antigüedades, ni como vendedor de novedades, simplemente
tengo la convicción que “un pastor según
el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a
una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina” (San
Juan María Vianney), por lo que inmerecidamente
consagrado, procuraré hasta el último instante en este mundo proclamar de
palabra y acción que el sacerdocio católico es la dignidad más excelsa que
existe sobre la tierra, el gran don de Dios que el Señor se digna conceder a
pobres creaturas, saturadas de defectos y miserias. ¡Ya sabía Él que así
éramos! Y, a pesar de ello, nos ha hecho
partícipes de poderes y gracias que ni a los mismos ángeles otorgó, llegando a
la realidad que cada día pasa en nuestra parroquias, en orden a confiarnos
poderes sobre la persona de su Divino Hijo, de tal manera que allí donde existe
un sacerdote aparece Cristo Sacramentado, como alimento y vida de nuestras
almas.
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| PUERTO CLARO VALPARAÍSO CHILE |
domingo, 22 de julio de 2018
TUVO COMPASIÓN PORQUE ESTÁN COMO OVEJAS SIN PASTOR
TEMA : “TUVO COMPASIÓN PORQUE ESTÁN COMO OVEJAS SIN PASTOR”.
FECHA: HOMILÍA MISA EXEQUIAL
EDUARDO HENRIQUEZ SEVERIN JULIO / 2018
Queridos
hermanos: Estamos celebrando nuestra Misa Exequial por el descanso eterno del
alma de don Eduardo Henríquez Severin, nacido el 22 de Agosto del año 1934, y
que falleció a la edad de 82 años.
Nuestra
mirada se dirige hacia el centro del altar, donde vemos la imagen de Jesús crucificado,
como signo visible de lo que en unos momentos contemplaremos no de modo figurado
sino real y sustancial como es la presencia de Jesús Sacramentado cuyo año
santo celebramos en nuestra patria. Esto marca una realidad, pues la partida de
este mundo forma parte del designio que Dios Padre tiene para cada uno de
nosotros por lo que ni un minuto antes ni después de lo establecido por el
Cielo nos presentaremos ante Él para enfrentar el momento decisivo de nuestra
existencia, para el cual la vida presente es una preparación y la celebración
eucarística un anticipo.
Así
lo han experimentado los santos a lo largo de su vida, para quienes el poder
estar en Misa constituye algo vital, sin la cual no se puede vivir
verdaderamente. Por esto los primeros creyentes, enfrentados ante recias
persecuciones se reunían diariamente a revivir el misterio iniciado en la
Ultima Cena cuando Jesús tomo un pan y dijo: “tomen es mi cuerpo” y luego con el cáliz en sus manos señaló: “Beban esta es mi sangre que es derramada
para el perdón de los pecados”, dando el mandato final: ¡Hagan esto en mi memoria! Desde ese
momento, cada creyente descubre a lo largo de su vida la presencia e
importancia que tiene estar en comunión con Dios, uno y trino.
Incorporado
tempranamente al sacramento del bautismo, Don Eduardo pudo vivir la fe de la
Iglesia al interior de su hogar, constituido por sus padres y seis hermanos, en
su condición del “benjamín” de la
casa, es decir, el menor de los hijos nacidos, lo cual le haría tener algunas
regalías especiales a la vez de ser el último y más protegido, no sólo por sus
padres sino –también- por sus hermanos. Probablemente esto hizo que cuando muy
joven ingresara a la Escuela Naval provocase que su familia se trasladase hasta
nuestra región con el fin de acompañarlo, lo que le llevó a experimentar
aquello que los padres son capaces de
enseñar en primera persona en orden a
que “nadie tiene amor más grande que el que da la
vida por los suyos” (San
Juan XV, 13) como
habitualmente lo suelen hacer padres y madres en bien de cada uno de sus hijos.
Por
esto, al momento de fundar su nuevo hogar dedicó los mejores esfuerzos en vistas
a custodiar a la mujer que no descansó hasta conquistarla como su esposa, y en
prodigar su afecto a sus dos hijos que ahora le acompañan con su plegaria:
Brenta y Luis, y por cierto a sus cinco nietos.
Llamado
por Dios en el umbral de cumplir seis décadas de vida matrimonial, no podemos
dejar de destacar que para llegar a esa fecha fue necesario la asistencia de lo
alto. En efecto, la gracia recibida
desde el bautismo no desdeña la naturaleza sino que la eleva y perfecciona, haciendo
posible que afloren las fortalezas necesarias para enfrentar la grandeza de la
vida matrimonial, que ahora las generaciones emergentes ven como realizable y
no una sentimental ilusión. Sí, es posible el amor para toda la vida, Si, vale la pena cualquier sacrificio para que
prime la fidelidad, tal como enseñó el recordado Sumo Pontífice Juan Pablo II: “El amor vence siempre, el amor es más
fuerte, el amor siempre puede más”.
Esa
misma gracia permite vislumbrar cada acontecimiento de nuestra vida no como
producto de un ciego azar sino como parte del cuidado providente de nuestro
Dios, que no toma recreo ni pestañea cuando se refiere respecto del bien de nuestra salvación, cuyo precio lo
canceló Jesús en lo alto del Calvario.
Por
eso, es en cada Santa Misa donde “comemos
y bebemos el precio de nuestra redención”, donde alabamos su grandeza,
agradecemos su bondad, imploramos su misericordia e inclinamos su bendición en
bien de nuestro hermano que ha partido de este mundo.
Es
Jesucristo, la palabra definitiva del Padre Eterno, quien explica todas las
interrogantes más hondas que subyacen en nuestro interior. Todos los ¿por qué?,
los ¿hasta cuándo?, los ¿para qué?, hoy los vemos explicados en el crucifijo
que se alza sobre nuestro altar, lo encontramos en los santos evangelios, y lo
develamos en la Hostia Santa –que es el mismo Cristo- que nos muestra toda su grandeza, todo su
poder, y toda su eternidad.
Por
esto, ¡Que distinto es enfrentar este momento teniendo fe que careciendo de
ella! ¡Qué diferente resulta ver las páginas del dolor y la enfermedad no como
el olvido sino como la voz del Buen Dios que susurra silencio y paz!
El
Señor nos concede las gracias de múltiples maneras una de las cuales la
percibimos en la armonía, que está inscrita en la naturaleza, en el cosmos, en
una vida ordenada, y por cierto en las notas de una simple melodía.
Ya
en el Antiguo Testamento vemos que a quienes Dios ha llamado, no dejan de
alabar y agradecer con hermosos “himnos” cuya
vigencia tiene más de tres milenios: Los israelitas entonaban canticos para
celebrar el paso durante cuarenta años por el desierto hasta llegar a la tierra
prometida (Éxodo XV, 1-21);
Moisés escribió una canción para exhortar al pueblo de Israel
(Deuteronomio XXXII, 1-43); el Rey David escribió
varios salmos acompañados por instrumentos, en uno de los cuales leemos: “Dios es mi fuerza, y con mi canción lo
elogiaré” (Salmo XXVIII, 7).
Sin
duda, la música suele ser como el “celular”
que Dios la usa para que podamos hablarle en la liturgia y por medio de la cual
Él nos habla.
Una
de las pasiones que tuvo nuestro hermano difunto fue la de escuchar música
clásica y folclórica, que interpretaba por medio del piano, del violín y guitarra. Esto le permitía alegrar y alegrarse
a través de la música descubierta como una bendición de Dios.
La
vida del creyente debe ser como una armonía, que por medio de la disponibilidad
total a Dios, Él pueda “cantar sus
bendiciones” al mundo a través de
cada uno de sus hijos, toda vez que la estridencia e impudicia del ruido
mundano actual, son expresión de lo amarga que resulta la vida cuando esta se
vive de espaldas a Dios.
Finalmente,
nuestra mirada se dirige hacia la Bienaventurada Virgen María, bajo la
advocación del Carmen, que como “música
de Dios”, nos invita con su dulzura no exenta de claridad, a escuchar la
voz de su Hijo y Dios, tal como lo señaló en medio de las Bodas de Caná en
Galilea, cuando invitó a “hacer todo lo
que Jesús nos diga”, lo cual pasa por buscar la santidad en las cosas
simples de la vida, para que un día, no lejano podamos presentarnos revestidos
por las obras realizadas, ante el Buen Dios, cuyo nombre es Padre. ¡Que Viva
Cristo Rey!
domingo, 15 de julio de 2018
ALIMENTO PARA NUESTRO CAMINAR EN MEDIO DEL MUNDO
TEMA :
“ALIMENTO PARA NUESTRO CAMINAR EN MEDIO DEL MUNDO”.
FECHA: DOMINGO DÉCINO NOVENO / TIEMPO ORDINARIO
/ 2018.
1.
“Si
uno come de este pan, vivirá para siempre” (San
Juan).
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| SACERDOTE JAIME HERRERA |
El
domingo pasado descubrimos la sorpresa que experimentaron los judíos respecto
de las enseñanzas de Jesús…Si conocemos de dónde viene…hemos visto a sus
padres…somos vecinos de sus parientes. ¿Cómo va a ser el Mesías alguien que es “un simple hijo de vecino”? Sorpresa,
escándalo, molestia, Jesús era
cuestionado.
En
la actualidad se duda de la divinidad de Jesús. Como dice el texto bíblico del
Antiguo Testamento (Eclesiastés I, 10):
“Nada nuevo bajo el sol” (nihil sub
sole novum) si consideramos que así ha
sido la actitud permanente de algunos hasta nuestros días, quienes –incluso-
luego del burlesco e ignominioso proceso de aquel viernes le pusieron en una cruz por el solo hecho de declarar explícitamente
su origen divino…cualquier otra cosa le habrían permitido pero en modo alguno
la blasfemia de asemejarse a Dios e identificarse como el Hijo Unigénito.
El
pan que da Jesús sirve para la Vida
Eterna, es como un “anticipo del cielo”.
En ocasiones se le denomina en algunas oraciones como “viatico” que permite
subsistir mientras se está de camino, lo cual nos hace comprender que la eucaristía dice relación con nuestra
condición de peregrinos, hermosamente señalado en el episodio de los dos
caminantes a Emaús el día triunfal de la resurrección. Ambos reconocieron a
Cristo Eucaristía en la “Fracción del
Pan” por lo que la Santa Misa debe ser vista como la presencia necesaria
que tenemos en nuestro camino a la santidad. No hay perfección verdadera sin
devoción eucarística. ¡No hay cielo sin Misa!
Los
Santos han descubierto la grandeza que implica la celebración de la Santa Misa,
lo cual no es una “opción”, pues fue directamente instituida por el Señor en la
Última Cena con el fin de “estar junto a
nosotros” y fortalecernos en la vivencia de la fe, de la esperanza y de la
caridad.
Los
milagros eucarísticos nos ayudan a renovar nuestra fe en la presencia real de
Cristo en medio nuestro en cada Misa, asumiendo que no es un símbolo, un
recuerdo, una apariencia, sino ¡Él mismo!
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PADRE
JAIME HERRERA CHILE
|
Uno
de ellos se llevó a cabo en la ciudad de Lanciano, Italia hacia el año 700, en
el monasterio de San Longino: En medio de una celebración, un monje tenía ciertas
dudas respecto de la presencia real de Cristo en la Santa Misa, y al momento de
pronunciar las palabras de la consagración –esto es mi cuerpo y esta es mi
sangre- vio que sobre el altar el pan y vino se transformaban en carne y sangre
“visibles”, “palpables”, las cuales se han mantenido hasta nuestros días, tal
como lo reveló un examen hecho por la Universidad de Siena el 4 de marzo de
1971 lo corroboró para sorpresa de los mayores incrédulos: La carne es
verdadera carne, la sangre es verdadera
sangre, la carne pertenece al tejido muscular del corazón (miocardio,
endocardio y nervio vago), la carne y la sangre son del mismo tipo AB y
pertenecen a la especie humana, igual al grupo sanguíneo encontrado en la Sábana Santa de Turín; se
trata de carne y sangre de una persona viva, ya que la sangre es la misma que
se habría podido tomar ese día de un ser vivo; en la sangre –cinco coágulos que pesan 15, 18
gramos- fueron encontrados, además de las proteínas normales, los siguientes
minerales: cloratos, fósforos, magnesio, potasio, sodio y calcio; la
conservación de la carne y la sangre, dejados en estado natural por ¡doce
siglos! y expuestos a la acción de agentes atmosféricos y biológicos permanece
un fenómeno extraordinario. Por esto los
científicos que hicieron el estudio sentenciaron: “Es el Verbo hecho Carne”.
En
una oportunidad Jesús dijo:
“Bienaventurados los que sin ver crean”, y entre esos sí estamos llamados
nosotros, con la ayuda del Magisterio perenne y el testimonio de los santos a
través de la tradición viva de nuestra Iglesia, somos parte de quienes
participemos de la gracia de las gracias como es poder tener en medio nuestro a
Jesús Sacramentado, el “pan del cielo que
nos da vida eterna”, permitiéndonos tener -ya en este mundo- y en este
tiempo la vivencia del misterio de la Iglesia que peregrina, de la Iglesia que se
purifica y de la Iglesia de los santos
triunfantes, en una misma realidad cual es ser partícipes de Jesús en medio
de nuestros altares.
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CURA DE VALPARAÍSO CHILE
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¿Cómo
podemos fortalecer nuestro amor a Jesús sacramentado?
Fortaleciendo las visitas a los sagrarios solitarios:
¡Qué cuesta dedicar unos minutos al pasar frente a una Iglesia? Son inmensas
las gracias que de este acto podemos recibir… ¡Tanto por tan poco! Hay vidas
que han tenido un punto de inflexión, un antes y un después por el sólo hecho
de entrar a un templo, de estar unos minutos ante el Santísimo, de rezar
arrodillados a imagen del publicano que dice Jesús “no se atrevía ni siquiera alzar su mirada”.
Participando en la adoración al Santísimo:
Al inicio de cada mes, los Primeros Viernes votivos del Sagrado Corazón de
Jesús, podemos dedicar una Hora Santa para acompañar a Jesús que nos guarda un
tesoro en cada entrevista que tendremos con Él cuando se encuentre expuesto de
manera solemne sobre nuestros altares, recordando la quemante pregunta que hizo
a sus propios discípulos en el Huerto de los Olivos: ¿No pueden velar junto a mí
por una hora? Ellos se quedaron dormidos…nosotros, ¿también?
Compañía a Jesús sacramentado de nuestros enfermos:
En este Año Eucarístico Nacional es una oportunidad para revitalizar nuestros
deseos de estar nuevamente con Jesús sacramentado, tal como fue el día de
nuestra Primera Comunión…Aquel día con gozo, pureza, piedad, nos acercamos a
recibirle por primera vez, de lo cual han pasado a lo mejor ya tantos años.
Puede haber envejecido nuestro cuerpo, pueden haber pasado los años, pero
imploremos la gracia de procurar recibirle en cada comunión como si fuese
realmente la primera, la única y la última vez de nuestra vida. Si estamos
impedidos por salud de ir al templo, si las distancias a los lugares de
adoración nos resultan prácticamente insalvables, si estamos postrados, no olvidemos que si podemos ir espiritualmente a nuestros templos, incluso recordando
la ayuda de los medios de comunicación e internet en orden a mirar en vivo (on line) los lugares donde se adora a
Jesús.
Promover en los niños y jóvenes el amor a Jesús
Sacramentado: Al interior de nuestras familias y
en el ámbito de las amistades podemos con creatividad motivar que cuantos no
han hecho su Primera Comunión puedan acercarse a comulgar luego de recibir una
preparación necesaria y oportuna, sin prisas ni pausas excesivas. Ir por la
vida junto a Jesús en el alma nos hace inmunes a muchas de las asechanzas del
demonio cuyo gran objetivo es alejar al creyente de su fe, especialmente del
objeto mismo de ella, que está presente en los sagrarios y en nuestros
corazones.
2.
“El
pan que yo les voy a dar es mi carne para la vida del mundo”
(San Juan VI, 51).
La
“carne para el mundo” es la persona
de Cristo, hombre y Dios a la vez que puede hacer divinamente las realidades más
simples como hacer misteriosamente que lo más misterioso, sublime y trascendente
sea asumido “con diligencia y naturalidad”.
Cristo es más íntimo a nosotros que nosotros mismos por tanto no es un añadido
a la vida humana, o un complemento, sino que forma parte vital de nuestra misma
existencia.
Jesús
es la respuesta definitiva que entregó el Padre eterno para el mundo. En Jesús
hablo de una vez para siempre, por lo que la revelación escrita se acabó con la
venida de Cristo al mundo según lo cual no debemos buscar novedades al margen
de la Biblia a la vez de rechazar resueltamente todo aquello que se abrogue la
competencia complementaria de “perfeccionar” el Nuevo Testamento.
En
medio del mes de Caridad Fraterna al que la Iglesia en Chile nos pide celebrar
con el testimonio de San Alberto Hurtado, vemos como hermosamente tipificada en
su vida la síntesis de amar a Dios sobre todas las cosas, en medio del culto
sagrado fiel a la común tradición y ajeno a la personal inventiva que suele
falsear la Sagrada Liturgia en detrimento de la santidad de nuestro Señor y del
respeto a la vida espiritual del verdadero pueblo
de Dios que es nuestra Iglesia Católica.
En
el Nuevo Testamento en las dos ocasiones donde se vincula el amor a Dios y el
amor al prójimo, se nos dice primero que el marco de la caridad debe ser “uno mismo”, es decir: lo que nos agrada
o molesta. Mas, en la Última Cena el Señor cambió la perspectiva diciendo que
procuremos amar al prójimo “como yo os he
amado”, con lo cual surge de inmediato la pregunta que hacía a los
creyentes hace casi siete décadas atrás San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.
Sin
duda las obras de misericordia enseñadas por el Catecismo de la Iglesia tienen
plena vigencia en la actualidad, y no son un tema del pasado porque el amor que
Cristo muestra hoy, lo hace a través de su Iglesia que procura descubrir su
rostro en cada persona que sufre en su cuerpo y en su alma.
Tengamos
presente que al fin de nuestro paso por este mundo seremos juzgamos por las
obras que precederán nuestras palabras: ¿Qué hicimos por quien lo necesitaba
con urgencia? ¿Qué hicimos por la salvación del alma de nuestros amigos y
familiares?
Procurando
ser breves…Visitar a los enfermos y a los que están detenidos: Por causas
diversas sufren la limitación de no poder moverse con plena libertad. No pueden
ir donde quieren, y con el paso del tiempo ambos suelen sufrir el olvido de sus
cercanos. Jesús viene en su busca, dar a
conocer un mensaje de esperanza y renovar los corazones enfermos del desprecio
y la soledad.
Dar
de comer al hambriento y beber al sediento:
Es sabido que el alimento producido por el mundo es suficiente para alimentar
la población entera, el problema es que se desecha mucha comida y no se
comparte lo suficiente para que todos accedan a lo indispensable. Con los
índices económicos que tiene actualmente nuestra Patria ninguna persona debería
padecer hambre, y si ello ocurre es una realidad que “clama al cielo” y es necesario reparar con urgencia.
Dar
consejo al necesitado y corregir al equivocado: Mediante la palabra talismán de
tolerancia y las expresiones
anglosajonas “no prolem” se esconden
muchas faltas por omisión en la cotidiana vivencia de la caridad fraterna,
porque se calla lo debido, se silencia la verdad con el fin de evitar
desencuentros con quienes vivimos y compartimos. La verdad tiene su hora pero
siempre es necesaria, por esto al momento de ir a enseñar y corregir a otros
previamente debemos haber procurado rezar para encontrar las palabras más adecuadas
y el momento más oportuno que nunca puede ocultarse en el silencio…!No somos
perros mudos¡
Perdonar
los defectos y ofensas del prójimo:
Hay quienes creen tener un carácter de
oro, que por su naturaleza siempre es bien recibido y todos lo desean como un bien valioso. Pero nuestra personalidad
no es así, hay mucho de miseria, mucho de pecado, mucho de debilidades, mucho
de superficialidades y torpezas que nos hacen ser no la moneda de oro que
creemos sino una moneda de lata que suena pero no tiene gran valor. Por ello,
muchos de mucho deben perdonarnos día a día y es lo que en el rezo del Padre
Nuestro imploramos colocando como divina hipoteca el perdón dado a otros por la
misericordia del Señor que no tiene ocaso. Miremos al rostro de la Virgen
Santísima en cuya alma todo ocupamos un lugar especial, para cobijar en el
nuestro a quienes más sufren en este tiempo ¡Que Viva Cristo Rey!
sábado, 14 de julio de 2018
“MARIA, CONSAGRADA A DIOS”
CUARTA MEDITACIÓN NOVENA DEL CARMEN 2018
![]() |
| LA VIRGEN MARÍA CONSAGRADA DESDE NIÑA |
La consagración implica
que de un todo se separa una parte en exclusiva. Esto aplicado a la fe implica
que de todo lo que el creyente dispone elige voluntariamente, en pleno uso de
sus facultades superiores como son el intelecto y la voluntad, optar por Dios
¡Vale la pena dedicarse a Dios por completo! Bien podemos preguntarnos: ¿Qué es
una vida entera ante la eternidad prometida?
Consagrarse implica estar
en las manos de Dios, estar a su servicio, estar disponible a lo que nos pida.
La Virgen estuvo
consagrada a Dios desde sus primeros años en virtud de la misión que tenía
desde el día de la anunciación. Allí fue reconocida como “la llena de gracia”, que participaba de la bendición de Dios desde
su misma concepción, por lo que podemos decir: Después de Dios, la Virgen.
En la Virgen Santísima no
hubo pausas, ni recreos, ni años sabáticos en su entrega, como una
cadena unida por los eslabones su disponibilidad fue ascendente según iba recibiendo
las gracias del Señor. No tuvo una vida estática, o plana por el contrario fue
una verdadera aventura desde lo que
Dios le rebelaba, aquellos momentos de incertidumbre resultaron como un
trampolín para sumergirse en la profundidad del amor de Dios.
Esto hace que la vida
consagrada a Dios este enriquecida permanentemente por la novedad, por los
nuevos caminos que Dios invita a seguir. Lejos del consagrado la monotonía y el
quietismo anquilosante que nace de no amar de verdad toda vez que quien lo hace
nunca le faltan razones para hacer algo nuevo, para descubrir otros modos de
servir, para ahondar en los misterios de la fe.
La
consagración implica entrega: Libremente de lo que uno
es o tiene, opta por dar a Dios lo que fue, es y será, en un acto sin reservas
no como quien entrega algo en custodia. El desprendimiento de los gustos,
opciones, deseos, son colocados en las manos del Señor para que sea Él quien
dictamine finalmente. Esta entrega libre y perpetua hizo que la Virgen María
sea ejemplo para cada creyente que no puede crecer espiritualmente si no acaba
de asumir a lo largo de su vida esta dimensión de total disponibilidad. Por
esto, Ella es el modelo perfecto de
consagración para quien quiere entregarse a Dios y a su Iglesia totalmente.
La
consagración implica comunión: Sin duda, la Virgen María tuvo una cercanía muy especial
–única- con Jesús, verdadero Dios y hombre a la vez. Nadie mejor que Ella conoció
los sentimientos del Corazón de Jesús, que luego, palpitaría en la cercanía que
tendría la Virgen con la Iglesia naciente fundada por Jesús. A la Virgen la
encontramos presidiendo la oración de
los apóstoles al momento de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, y sin
duda ocuparía un lugar privilegiado en la vida de las primeras comunidades
fundadas por los Apóstoles. De hecho fue en la ciudad de Éfeso donde la Virgen Santísima fue asunta en cuerpo y
alma a los cielos donde san Pablo vivió dos años.
¿Sería espectadora la Virgen
de lo que otros hacían en nombre de su Hijo?.
Por cierto que no. Por el contrario, la vemos diligente, audaz, y
propositiva al momento de hablar sobre su Hijo y Dios, ajena a los falsos
complejos imperantes en nuestros días a causa del espíritu liberal de tantos
que hablan sobre Dios y su Iglesia
colocando una escisión cancerígena a
la fe como es la pretensión modernista de separar la fe de la vida.
Sin duda la Virgen
consagrada a Dios nos invita a crecer en la vida como creyentes, sabiendo que a
los que Dios une a si, quiere verlos unidos entre si, para lo cual ha dejado
las gracias en manos de la Virgen, para repartirlas en abundancia. Al interior
de la vida de la Iglesia, todo bautizado puede estar consagrado a Dios en
cualquier estado de vida, incluidos quienes no se han casado ni están
ministerialmente consagrados. Así lo enseña el Apóstol San Pablo: “También la mujer soltera, lo mismo que la
virgen, se preocupa del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el
espíritu. La mujer casada en cambio se preocupa de las cosas de este mundo
buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para bien vuestro,
no para ponerles un obstáculo sino para que vosotros hagáis lo que es más
conveniente y se entreguen totalmente al Señor” (1
Corintios VII, 34-35).
![]() |
| LA VIRGEN MARÍA: PERTENENCIA DE DIOS |
La ejemplaridad de la
Virgen María para la consagrada y para todos aquellos que participan de la
misión apostólica de la Iglesia adquiere una luz particular cuando se presenta
en las actitudes espirituales que la han caracterizado. María, la Virgen en la
escucha, María la Virgen en la oración, se ofrece como modelo excelente de la
Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo,
es decir, de aquella disposición interior con la cual la Iglesia, esposa
amante, se halla estrechamente unida al Señor, lo invoca y, por mediación suya,
rinde culto al Padre Dios. ¡Que Viva Cristo Rey!.
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