martes, 14 de noviembre de 2017

“MADRE DEL CREADOR”.

MEDITACIÓN  SEXTA   /   MES  DE  MARÍA   /   AÑO  2017

¿Cuándo hablamos de crear? …Primero cuando nuestros padres fueron dóciles a la voz de Dios y nos llamaron a la vida;  cuando un artista “pinta” una obra original; cuando se escribe un texto;  cuando se dice –por extensión- respecto de una edificación de relieve que permanece en el tiempo. Algo “creado” no dice relación sólo con lo nuevo sino –también- con  lo único.

Siempre que el hombre hace algo, por novedoso que sea, hay que tener presente  que Dios, a quien con propiedad y en exclusiva se le aplica el carácter de creador, pues hace todo de la nada. El hombre sólo puede hacer “creativo”  de elementos preexistentes, no así en el caso de nuestro Dios, quien es el único a quien podemos llamar “creador”.

El Rey David se portó muy mal con Dios, por esto reconoció que después de pecar “me vi reducido a la nada”, por lo que la salvación obtenida por el sacrificio de Jesús en la Cruz, aplicado a nosotros, realmente es como una nueva creación.

El perdón de Cristo, dado en el bautismo y la confesión sacramental  hace del hombre una nueva creatura.

Cuando decimos a la Virgen María que es la “Madre del Creador”,  recordamos el misterio de la Santísima Trinidad. Un solo Dios tres personas divinas distintas. Único e indiviso. Así, la Virgen es Madre de Cristo en todo su ser: su divinidad y su humanidad. Si Cristo es uno solo, entonces, María ha de ser reconocida como la Madre del Creador.

PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE

Sin duda es un misterio que nuestro Dios creador haya permitido ser creado en su naturaleza humana, por lo que requirió de una madre que le dio la naturaleza humana y el cuerpo de hombre. Cuántas veces encontramos parecido un hijo a sus padres, en el caso de Jesucristo, por el hecho de haber recibido la carga genética sólo de la Virgen María,  deducimos que el rostro de Jesús ha de haber evidenciado mayormente las diversas características del rostro de la Virgen Madre…mirada, tono de voz, tez, color del pelo, color de ojos. Todo en Jesús habla de su Madre, y todo en la Virgen María habla de Jesús.

Para quienes se acercaban al Señor era fácilmente perceptible descubrir en su rostro el de su Madre, verificando perfectamente aquella antigua expresión “a Jesús vamos por medio de María”.

Cada uno de nosotros sabe perfectamente que fueron nuestras madres quienes nos enseñaron a caminar, a decir las primeras palabras, a rezar, a crecer en virtudes, a buscar la santidad.  El “parentesco” de la Virgen con la Trinidad santa es único: Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo.

La Santa Biblia enseña que “por medio de Jesús fueron hechas todas las cosas y sin Él no se hizo nada de cuanto existe” (San Juan I, 3). Esto nos lleva a tener presente que así como la Virgen es la Madre de Cristo…y como por El y en El fueron creadas todas las cosas, entonces, María Santísima verdaderamente toma parte en la obra de la creación.
La maternidad de la Virgen María es ejercida igualmente porque su hijo y Dios, Jesucristo, nos obtuvo la salvación al morir en la cruz y resucitar al tercer día. A lo largo de toda su vida, nuestro Señor destacó la presencia y poder de intercesión de la Virgen, la cual en esta “segunda creación” como es la redención del mundo, puede ser llamada con toda propiedad como la Madre del Creador, que hizo y rehízo todas las cosas.

Recordemos que cuando “Dios hizo de la nada todas las cosas” en el Antiguo Testamento leemos: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, es la misma expresión que luego tomamos al inicio del Nuevo Testamento, en momentos que el Arcángel Gabriel le anuncia a María que será la Madre de Dios, a lo cual la Virgen responde “! Hágase en mi según tu palabra!”.

Con ello la Virgen colabora eficazmente en devolver al hombre su perfección original. Sin el primer “hágase” nada habría existido; sin el segundo “hágase” el hombre habría permanecido sumergido en la oscuridad del pecado.

Debemos esforzarnos por tener una plena amistad con Dios, es decir, en estado de gracia, para que inmersos en la  obra creada por  Dios,  vivamos a “imagen y semejanza” suya, procurando  vivir unidos a Él procurando llevar una vida santa.

a). Amor a Dios Creador: Así como de manera especial amamos a nuestro padre y nuestra madre porque “nos trajeron al mundo”, de modo semejante amamos a Dios primero y sobre todo porque nos hizo (creó) de la nada. El solo hecho de existir es –para nosotros- fuente de alabanza a Dios, porque un día pensó en cada uno, y nos creó, y si existimos hoy es una prueba que Dios nos sigue amando. Cuando en la liturgia nos arrodillamos para saludar al inicio y fin de la Santa Misa, como a lo largo de la consagración, tengamos en la memoria las palabras del salmista: “Venid, arrodillémonos por tierra bendiciendo al Señor Creador nuestro(Salmo XIVC, 6)

b). Admiración y cuidado de la creación: Es curioso verificar cómo el pecado frecuentemente nos hace olvidar las grandezas que hay a nuestro alrededor en el universo y la creación. ¡Todo parece malo, todo parece feo! Un alma creyente sabe descubrir con gozo la mano de Dios en toda la creación, tal como sostuvo Santa Teresa de Los Andes: “Todo lo que veo me lleva a Dios”. Este mes aprendamos a mirar y agradecer lo que Dios ha puesto en nuestras manos para cuidar y hacer producir por medio del trabajo bien hecho. Salmo XIL: ¡Qué magnificas son tus obras, Señor!”.
San Francisco de Asís solía decir: Si las cosas que vemos son inmensas…las altas montañas, los abismos del mar…la fragancia, colorido y variedad  de la vegetación…Si todo es bueno, “Aquel que lo ha hecho de la nada es infinitamente mejor”…Si ello es bueno, Dios es mejor.

c). Aversión al pecado: El relato de la creación nos recuerda que el hombre y la mujer fueron creados por Dios en el día sexto, como coronación de la obra creada, por lo que hemos de ejercer un dominio sobre las cosas, excluyendo todo abuso y maltrato de la obra hecha por Dios…Nuestras manos no pueden destruir lo que las manos de  Dios no dejaron de crear, y en nuestros días de cuidar providencialmente.
 IGLESIA PUERTO CLARO CHILE


En este tercer día del Mes bendito de María, honramos a la Virgen como Madre del Creador implorando que nuestro trabajo, que nuestro estudio, que nuestro deporte, y que nuestra diversión  estén a la altura  de lo que Dios quiere para nosotros y para el mundo ¡Que Viva Cristo Rey!

PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE

  

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